Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia

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 Montevideo - Uruguay 


"Siempre he pensado que, sean cuales sean las circunstancias a las que me enfrento, es simplemente cuestión de seguir viviendo y no dejar que lo que no puedo hacer defina lo que puedo hacer"
Brooke Ellison, tetrapléjica, licenciada en Harvard 
 
"No es que nos falte valor para emprender las cosas porque sean difíciles,
sino que son difíciles precisamente porque nos falta valor para emprenderlas"
Séneca
CONTENIDO


Publicación Nº 06/02

EDITORIAL

 
EN EL DÍA DEL NIÑO POR NACER
 
El 25 de marzo, se celebró el Día del Niño por Nacer. En algunas naciones, este día es oficialmente reconocido por decreto del gobierno o por decisión parlamentaria. En nuestro país -y en muchos otros- ni el gobierno ni el parlamento han oficializado esta fiesta. Pero igual la celebramos, entre amigos, en silencio, en la intimidad de nuestros hogares y de nuestros corazones. Porque la vida, no necesita decretos para celebrarse.
El tema del aborto está en el tapete en muchas naciones, incluida la nuestra. Algunos buenos amigos nos han dicho que debemos ejercer una labor docente, dar argumentos a favor de defensa de la vida. Aquí vamos, en el entendido de que no son argumentos para debatir -porque los derechos humanos no se plebiscitan-, sino que son la verdad. No nuestra verdad, sino la verdad a secas, sin componendas, sin maquillaje, sin alteraciones. Decía Santo Tomás de Aquino que "la verdad es la adecuación de la inteligencia a la realidad". Pues de eso se trata: de ver la realidad tal como es y de adecuar humildemente, nuestra inteligencia a ella, en lugar de pretender adaptar la realidad a nuestra ideología.
La procreación
El comienzo de la vida, tiene lugar en la fecundación. Un espermatozoide penetra en un óvulo y lo fecunda. El ADN haploide de los gametos -el óvulo y el espermatozoide cuentan con la mitad de los cromosomas que el individuo original- se recombina y da lugar a un ADN original, irrepetible. Lo que antes eran gametos sueltos, ahora se unen, se fusionan y constituyen una nueva vida, un nuevo ser humano con un mapa genético original y distinto: se ha producido lo que en filosofía clásica se conoce como un "cambio sustancial".
El individuo en desarrollo
Desde la concepción hasta la muerte natural del individuo, no se produce en la persona ningún otro cambio sustancial: se puede desarrollar más o menos rápido, puede ser más grande o más chico, puede vivir en el útero materno o fuera de él, puede ser alimentado por la sangre o por la leche de la madre, pero en nada cambia: la sustancia "hombre" o la sustancia "mujer" que fue concebida dentro de la madre. El embrión es un ser humano, y no porque lo haya reconocido así el Senado de los Estados Unidos, sino porque tiene un mapa genético propio, distinto del de los padres.
Alguno podrá objetar que esa vida no puede valerse por si sola, que depende en todo de la madre. Pues el bebé recién nacido también. Y cuando crecemos, también dependemos de los demás: nadie es Robinson Crusoe, al que dicho sea de paso, le vino muy bien encontrarse con Viernes... Cerca de la muerte, volvemos a depender casi exclusivamente de los otros; pero esta dependencia, es accidental, contingente, y no implica cambio sustancial alguno.
Otros dirán que sólo somos personas cuando tenemos conciencia de ello. Si esto fuera así, no deberíamos proteger a los  niños recién nacidos, a una buena cantidad de enfermos psiquiátricos, a quienes están en estado de coma, a los que duermen, a quienes sufren desmayos o ataques de epilepsia, etc. Y sin embargo, los médicos ayudan a quienes padecen distintas enfermedades que implican pérdida de conciencia, a restablecerse. Porque digan lo que digan, el ser humano es persona siempre, no hay lugar para paños tibios, nadie es persona hoy sí y mañana no -a menos que muera, por supuesto-. 
La madre lo sabe
Toda madre, sabe que lleva una vida en su vientre. No es una mera "construcción cultural", como sí lo es suponer que el embrión es una masa de células. En mi país, a este tipo de "construcciones culturales", solemos llamarles "invento chino"...
La madre sabe que "espera un hijo", que no se va a crear como por arte de magia luego del parto, o a partir del tercer mes, sino que se está desarrollando en su seno. Por eso va al ginecólogo, por eso cuando se le hace una ecografía al bebé -luego de unos meses- los amigos preguntan: "¿Ya saben qué es?" "¿Es nena o varón?" A la noticia de que en el vientre de una madre existe -y se desarrolla- un nuevo ser humano, sigue la noticia de qué es, en relación a su sexo. Y como nadie puede dar lo que no tiene, se deduce que el sexo venía determinado en los genes, y por tanto, el varón o nena no es a partir de la ecografía donde se vieron -o no- los genitales, sino a partir del momento de la concepción.
Hace unos años, en un debate, una militante provida se encontró con una de las más recalcitrantes feministas-proabortistas de nuestro medio. Estaba embarazada de mellizos. A la pregunta sobre qué eran, la feminista respondió que todavía no sabía de qué sexo eran, que debía hacerse la amniocintesis. De haber sido coherente con la línea de pensamiento que las feministas defienden, debió haber dicho que en su vientre tenía un par de informes masas de células; porque según se sabe, sexo tienen los seres vivos, no el hígado, el riñón o el tejido adiposo; y como no es posible -al menos hasta ahora- que un ser humano conciba un ser de otra especie, se sigue que en el vientre de la feminista, como en el de cualquier otra mujer, existían dos seres humanos de los que aún no se conocía el sexo. En resumidas cuentas, al momento de la verdad, y cuando se trata de los hijos propios, hasta las feministas a ultranza dejan de lado los "inventos chinos" -léase "construcciones culturales" y reconocen la realidad.
La desesperación, madre de todos los abortos
En la mayor parte de los casos, la desesperación, fruto de las presiones del ambiente, de la falta de apoyo para llevar adelante un embarazo sorpresivo en medio de una situación difícil, hace que algunas madres -y algunos padres- piensen que el aborto puede ser la solución a sus problemas. Por eso es necesaria -mucho más que las declaraciones oficiales en reconocimiento del Día del Niño por Nacer, cuyo valor no negamos- la creación de centros de ayuda para mujeres y/o parejas en situación desesperada. La labor que se puede hacer con estas personas, generalmente desorientadas, confundidas, náufragas en un mar de incertidumbres, es imponente.
Aprovechamos la oportunidad para hacer un llamado a las conciencias sobre la necesidad de este tipo de servicios en todos los países del mundo. Estas iniciativas sólo pueden llevarse a cabo con la generosa colaboración de quienes, comprometidos con la defensa de la vida, decidan apoyar con su dinero y con su esfuerzo centros donde no sólo se ayude a las madres a recapacitar sobre la vida incipiente que llevan dentro, sino también a salir adelante, a decir la verdad a los padres -dificultad que a muchos les parece insalvable y que conduce a no pocos abortos-, a conseguir un trabajo, a tener lo mínimo indispensable durante los primeros meses de vida del bebé, etc. Toda actividad tendiente a eliminar la desesperación, a allanar los caminos, a dar fuerza, coraje, apoyo y sobre todo cariño a una madre que ha pensado en abortar, es un paso hacia la vida. Del hijo, y de la madre.
Los riesgos para la madre
Es bastante común entre los cirujanos que van a realizar una operación, advertir a sus pacientes que toda operación implica un riesgo. Lo mismo sucede con el aborto: antes de entrar a juzgar su moralidad, podemos concluir que todo aborto -desde el más pulcro y aséptico hasta el que se realiza en peores condiciones- es una operación que implica un riesgo.
Ciertamente, el parto puede tener sus complicaciones. Pero salvo en caso de cesárea, debemos admitir que no es una operación, por lo que el riesgo para la madre es menor. Sería bueno poder comparar el número de muertes maternas por parto o cesárea en sanatorios y hospitales habilitados con el número de muertes maternas en clínicas abortivas, para tener una idea del riesgo que enfrenta la madre ante distintas circunstacias: un aborto, o un parto. Claro que sin "truchar" las cifras, como habitualmente sucede. 
Si de lo que se trata con algunas leyes de despenalización del aborto, es reducir el riesgo de muerte de la madre, pues optemos por la alternativa menos riesgosa entre todas las que existen: evitemos el aborto -educando desde la infancia- y apoyemos a las madres necesitadas de ayuda para que tengan a sus hijos en condiciones dignas. Estas medidas parecen ser mucho más sensatas que despenalizar el aborto y  establecer "controles de calidad" para las clínicas abortistas.
Un problema ideológico
No seguimos abundando en detalles, porque sobre este tema se han escrito ríos de tinta. Quien tenga interés real en encontrar argumentos a favor de la vida, no tiene más que buscarlos en Internet, en distintos sitios web dedicados parcial o totalmente a la defensa de la vida.
Pero antes de terminar, queremos señalar que, a la luz de lo expuesto, quienes promueven el aborto no hacen otra cosa que esconder la cabeza en un pozo para no ver la realidad; lo único que terminan viendo -además de gusanos y otras alimañas que pueblan el subsuelo-, son sus propias "construcciones culturales", sus "inventos chinos". Es lo que tienen las ideologías fundamentalistas, como la del género: impiden la adecuación del entendimiento a la realidad. Claro que esto tiene sus consecuencias. Al decir del cantor argentino José Larralde:
 
"Cuando no se quiere ver,
no hay más que cerrar los ojos,
pero no es bueno a mi antojo,
ser ciego por voluntad,
castiga más la verdad,
en rancho que usa cerrojo"
 
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
SAN JOSÉ, UN EJEMPLO PARA TODO PADRE
 
Palabras del pontífice antes de rezar la oración del «Angelus» el domingo. Ciudad del Vaticano, 17 marzo 2002.
 
¡Queridos hermanos y hermanas!
1. Pasado mañana, 19 de marzo, celebraremos la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María, y patrón de la Iglesia universal. La extremada discreción con que José desempeñó el papel confiado por Dios subraya aún más su fe, que consistió en ponerse siempre a la escucha del Señor, tratando de comprender su voluntad, para obedecerla con todo el corazón y con todas sus fuerzas. Por este motivo, el Evangelio lo define como hombre «justo» (Mateo 1, 19). El justo, de hecho, es una persona que reza, vive de fe, y trata de hacer el bien en toda circunstancia concreta de la vida.
La fe, alimentada por la oración: este es el tesoro más precioso que nos transmite san José. En su senda se han puesto generaciones de padres que, con el ejemplo de una vida sencilla y laboriosa, han impreso en el espíritu de sus hijos el valor inestimable de la fe, sin el cual cualquier otro bien corre el riesgo de ser vano. Ya desde ahora quiero asegurar una oración especial a todos los papás, en su día: pido a Dios que sean hombres de robusta vida interior para cumplir de manera ejemplar su misión en la familia y en la sociedad.
2. En la tarde del jueves próximo, 21 de marzo, primer día de primavera, tendré la alegría de encontrarme con los jóvenes de Roma, que se reunirán en la plaza de san Pedro del Vaticano en preparación del Domingo de Ramos y de la Jornada Mundial de la Juventud. Invito a los chicos y chicas de todas las parroquias de la diócesis a esta cita. Juntos reflexionaremos sobre el mandato que Jesús confía a todo bautizado: «Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo» (Mateo 5, 13-14).
3. Mientras pensamos en estas próximas citas eclesiales, la mirada se proyecta ya hacia la Semana Santa, y hacia los solemnes ritos del Triduo Pascual.
Que la Virgen María nos acompañe en estos últimos días de Cuaresma y nos haga experimentar su consoladora protección. Que todo creyente encuentre en ella una guía dulce y fuerte para encontrarse con renovado fervor con Cristo, en el misterio de su muerte y resurrección.
 
www.fluvium.org
 

 
¿SEXO EN LAS AULAS?
 
Marta Rodríguez
 
Para acabar con la discriminación sexual, algunos proponen que los niños y las niñas no reciban una educación idéntica… ¿educación paralela o mixta?
 
Evelyn Voshege, directora de los servicios suplementarios de la escuela secundaria Mooroolbark Heights, se ha convertido en una heroína de la educación en Australia. Ante una situación desesperante (8 de cada 10 chicos suspendían la materia de literatura), Voshege decidió comenzar su gran experimento: dividir la asignatura en clases por sexos. Para sorpresa de la comunidad educativa, los resultados de los alumnos mejoraron notablemente. 
Australia no es el único país que está convenciéndose de la eficacia de la educación separada. Este verano, David Blunkett, Secretario para la educación en Inglaterra, anunció que los planes piloto de educación estatal dividirían en clases de chicos y chicas algunas asignaturas básicas. Algo semejante puede decirse de Estados Unidos. 
Resulta una tendencia curiosa si se tiene en cuenta cuántos esfuerzos han sido necesarios para garantizar el derecho de las mujeres a recibir la misma educación que los hombres. 
La educación mixta o coeducación se presentaba como el camino más adecuado para alcanzar la igualdad entre los sexos y eliminar el así llamado “gender gap”. De hecho, los argumentos que la apoyan tienen un peso considerable. Se dice, entre otras cosas, que prepara mejor a los alumnos para integrarse e interrelacionarse en una sociedad formada por hombres y mujeres. También contribuye a la eliminación de estereotipos sexuales, y a la ruptura de esquemas por parte de los estudiantes a la hora de elegir una profesión. 
Sin embargo, continúan abriéndose paso los argumentos contrarios. Muchos expertos consideran que los niños y las niñas necesitan distintos estilos de enseñanza para alcanzar un rendimiento pleno, y que la enseñanza mixta dificulta la labor de los profesores. Los resultados de los estudios al respecto son elocuentes: por ejemplo, Lee y Bryk descubrieron efectos positivos de la educación separada en los dos sexos, a partir de una muestra de 1.807 alumnos de 75 escuelas de High School en Estados Unidos (1). Los estudiantes que recibían una educación paralela demostraban un mayor rendimiento académico y aspiraciones más altas, siendo el efecto mayor aún en el caso de las niñas. Ellas dedicaban más tiempo a su tarea escolar, y mostraban más entusiasmo en la literatura y en las matemáticas. 
También Graham Able, director del Duilwich College de Londres, halló que los estudiantes obtenían mejores calificaciones en el caso de la enseñanza paralela. Los resultados de las niñas eran entre un 3.3 y un 5% mejores en este caso. 
¿A qué se debe esto? Tanto niños como niñas reducen su atención y participación, y aumentan su indisciplina cuando se encuentran en clases mixtas. ¿Por qué? Seguramente, por una confluencia de factores. 
Es sabido que la maduración física y psicológica de hombres y mujeres sigue un ritmo muy distinto. Esto supone que en ciertas edades se dé un verdadero desequilibrio en el grado de madurez de los dos sexos, que hace necesaria un trato y un modo de enseñanza distintos (2). 
Además del desarrollo madurativo, existen diferencias psicológicas (personalidad, afectividad, voluntad, etc.) y psíquicas (forma de pensar) permanentes en ambos géneros. El estudio de Kraemer antes citado es original en este sentido: expone cómo muchas de las diferencias entre hombre y mujer tienen una base genética, que se manifiesta morfológica y fisiológicamente desde las etapas más tempranas del desarrollo embrionario. 
Tanto la coeducación como la educación paralela tienen sus pros y sus contras. De ahí que se estén sugiriendo planes que pretenden combinar lo mejor de ambas, presentando la modalidad mixta para ciertas asignaturas y la paralela para otras. Sea cual sea el tipo de educación por el cual se decante cada uno, todos debemos tener presente que niños y niñas no son iguales, y que no pueden ser enseñados de la misma manera. Una educación será verdadera si atiende a cada una de las facetas de la persona humana, respetando sus particularidades propias, potenciando sus capacidades y completando sus deficiencias. 
 
NOTAS
 
(1) Lee and Bryk, A.S. (1986) Effects of single-sex secondary schools on student achievement and attitudes. Journal of Educational Psychology, 78, 381 – 195
(2) A este respecto puede consultarse el estudio del psiquiatra infantil Sebastián Kraemer: “The Fragile Male”, publicado en el British Medical Journal 1609-1612, 23.12.2000. 
 
www.mujernueva.org
 

 
LONGEVIDAD Y FAMILIA NUMEROSA
 
José Luis Olaizola (*)
 
Cada día me cuesta más envejecer. Nos cuesta porque no nos deja nuestra numerosa prole.
 
Cada día me cuesta más envejecer, y a mi mujer no digamos. Nos cuesta porque no nos deja nuestra numerosa prole. A nosotros nos encantaría ser un matrimonio que, llegada la edad senatorial, se pasea al sol en invierno y a la sombra en verano, y que en la temporada baja se permite el lujo de pasarse quince días en las islas Canarias. Pero con una familia tan numerosa no queda más remedio que retrasar el envejecimiento todo lo que se pueda.
No se trata de una peculiaridad nuestra; según leo en una de esas revistas que cuentan cosas raras, las tres personas más ancianas del mundo son tres mujeres que han tenido de doce hijos para arriba y una infinidad de nietos. La más anciana de todas parece ser que es una mexicana, a la que se le calculan unos ciento veinte años, que en cada cumpleaños es entrevistada por la prensa para que cuente la impresión que le ha producido el cumplir un año más. Este año, un periodista, supongo que aburrido de preguntarle siempre lo mismo, le dijo: «Oiga, ¿pero es que usted no piensa morirse nunca?» « No puedo -se excusó la mujer humildemente-; ahora tengo un bisnieto con problemas que me necesita mucho.»
Es sobradamente conocido que la vida media de la mujer supera a la del hombre en media docena de años. Hasta hace poco, los malpensados lo atribuían a que las mujeres se dan mejor vida y por eso les dura más; pero la sociología moderna ha demostrado que duran más porque son más necesarias. El hombre resulta de cierta utilidad durante un determinado período de su vida; la mujer, siempre.
Ciñéndonos al caso que nos ocupa, que es el nuestro, la situación es la siguiente: mis hijos varones, ya hombres hechos y derechos, hace un montón de años que no me consultan sobre lo que deben hacer en su trabajo profesional. Por contra, es impensable que mis hijas tomen decisiones sin consultarlas previamente con su madre. Excepto preguntarle con quién deben de casarse, que eso lo hacen con quien les da la gana, el resto pasa por el tamiz materno: desde si van a dar a luz con epidural, hasta el color de los baldosines del nuevo cuarto de baño.
Cuando digo todo, es todo y con carácter exclusivo. Por ejemplo, telefonea una de mis hijas casadas y tomo yo la llamada: «Hola, papá, ¿está mamá?» « No, hija, ha salido. ¿Querías algo?» Respuesta: «Sí, quería consultarle una cosa.» «¿Y no puedo ayudar yo?», me ofrezco amablemente. La voz al otro lado de la línea vacila, para acabar diciendo: «No, tú no lo vas a saber. Llamaré más tarde.» Reconocerán ustedes que es duro llegar a mi edad sin que se me conceda la oportunidad de poder evacuar una consulta a mis hijas. Con la cantidad de cosas que sé, nunca sé lo que ellas necesitan saber. También es mala suerte.
Una recientísima llamada telefónica de una lectora de Telva me confirma la teoría que estoy formulando sobre que la longevidad de las personas está en relación directa con su imprescindibilidad. Se trata de una señora de Dos Hermanas, Sevilla, que me llama para decirme que ha hablado con mi hija Lourdes -la que ha adoptado un niño colombiano- y que había iniciado la tramitación para adoptar tres niñas de la India. « ¿Tres de una vez?», no puedo por menos de asombrarme. «Sí -me contesta-; es preferible tenerlos seguidos. Es mi experiencia; he tenido doce hijos, pero ya están todos criados.» Como es natural, me hago repetir la cifra, y confirmado lo de los doce hijos, no me queda más remedio que descararme un tanto y preguntarle: «Perdóname, ¿pero es que tú eres rica por tu casa?» « ¡En absoluto! -se franquea la encantadora criatura-. Mi marido es ingeniero agrónomo, funcionario del Ministerio, y siempre hemos vivido de su sueldo. Bien es cierto que cada hijo vino con un pan debajo del brazo, excepto el último, que llegó con una panadería.» « ¿Qué clase de panadería?», pregunto cauteloso. «Se murió una tía que nos dejó herederos. Por eso me he decidido a adoptar esas tres niñas.» Tardo en reaccionar y termino por descararme del todo: «Por favor, ¿cuántos años tienes?» «Cincuenta -me contesta-, pero por la calle no me echan más de treinta y cinco.» ¿Qué se puede hacer ante un caso así? Pues lo que yo hice: pedirle una foto, a ser posible dedicada.
Estas llamadas, que yo califico de gozosas, las suelo comentar en familia, y alguna de mis hijas, de las que todavía andan peleando para que el niño se tome todo el biberón, me dice:
-¿No estará un poco loca esa señora?
-A Dios gracias, hija; a Dios gracias.
Porque son locuras que le reconcilian a uno con la vida, máxime cuando esa vida puede ser larga como consecuencia de mi condición de marido consorte, de una mujer que tiene que estar evacuando constantemente consultas de sus hijas y nietas.
 
José Luis Olaizola, premio Planeta, colaborador de Arvo.
 
www.arvo.encuentra.net
 

 
LOS NIÑOS PAGAN LAS CONSECUENCIAS CUANDO SUS PADRES NO SE CASAN

El grupo ministerial del gobierno inglés especializado en temas de familia ha sido suprimido. David Blunkett, presidente del subcomité que lo reemplaza, ha reconocido que no se reabrirá el debate sobre el matrimonio y la estructura familiar. Estos temas se han convertido en una “zona prohibida” para los políticos.
Y sin embargo, existen pruebas de peso que muestran que esta materia debe ser discutida: los niños que crecen en familias en que falta uno de los padres están en constante desventaja y, por otra parte, las parejas casadas permanecen unidas durante más tiempo.
Parece que el gobierno británico desea evitar la discusión de estos temas, pues ello exigiría una declaración explícita sobre la importancia del matrimonio, algo que causaría divisiones en el gabinete. Pero el problema no se prevé que vaya a desaparecer. El número de niños nacidos fuera del matrimonio crece continuamente, y corresponde ahora al 40% de los nacimientos en Gran Bretaña. Y quienes aducen que la vida familiar simplemente está cambiando, y no declinando, o que la cohabitación es “el nuevo matrimonio”, están ignorando los hechos.
La cohabitación es una condición transitoria. En los cinco años posteriores al nacimiento de un bebé, el 52% de estas parejas se ha separado, comparado con el 8% de las parejas casadas. Se estima que uno de cada cuatro niños británicos está viviendo en familia monoparental, el doble que en países como Francia o Alemania. Es, por tanto, cada vez más urgente que se discuta el futuro de estos niños.
Por otra parte, la mortalidad infantil es sustancialmente mayor en niños de familias monoparentales o de parejas de hecho que entre los nacidos en el matrimonio. También tienen más posibilidades de nacer con bajo peso, sufrir problemas psicológicos y accidentes infantiles, e incluso mayor riesgo de abuso infantil.
Una serie de estudios realizados durante mucho tiempo, ha demostrado una conexión estable entre familias rotas y delincuencia, así como una mayor propensión al crimen juvenil entre niños nacidos de madres adolescentes y parejas separadas.
Según un informe de 1998 de la Fundación Joseph Rowntree, los niños de familias separadas demuestran un menor rendimiento académico, tienen mayor propensión a comportamientos problemáticos y depresión, comienzan su vida sexual a una edad más temprana y caen con mayor facilidad en el consumo de tabaco, drogas y alcohol.
El estudio también concluyó que la muerte de uno de los padres, a largo plazo, llega a causar menos daño en un niño que el divorcio o la separación de sus padres.
La Sociedad de la Infancia reveló el año pasado que los niños que viven en familias “reconstruidas” se escapan de casa tres veces más que los niños que viven con sus padres naturales; por su parte, los hijos de familias monoparentales lo hacen el doble de veces. Muchos de estos niños terminan en la calle. Y como cada vez son más los niños que no pueden crecer junto a sus dos padres, carecen de un modelo sobre el que construir sus propias vidas. De este modo, las niñas de familias rotas tienen el doble de posibilidades de convertirse en madres adolescentes, y en general, los hijos que han vivido la separación de sus padres son mucho más propensos a que sus propias relaciones de adulto terminen rompiéndose.
Los costes emocionales y de comportamiento que ocasiona en los niños la ruptura familiar, deberían ser razón suficiente para una nueva política familiar, y también, por qué no, las enormes implicaciones económicas.
Al mismo tiempo que la familia basada en el matrimonio sigue declinando, el presupuesto destinado a servicios sociales sigue aumentando. Los últimos datos muestran que el 73% de las familias monoparentales se sostiene públicamente, frente al 11% de parejas con niños. Así pues, en la medida en que las familias monoparentales aumenten, el deseo del gobierno de terminar con la pobreza infantil seguirá siendo un sueño. Además, mientras el Estado sigue apoyando económicamente las alternativas al matrimonio, aumentan las rupturas familiares y, por tanto, las demandas de beneficios estatales.
En conclusión, es urgentemente necesario un programa de reformas que restaure la estabilidad familiar. Se podría empezar educando a los niños sobre el valor del matrimonio y revalorizando la paternidad. Necesitamos cambiar la estructura de seguridad social que desincentiva el matrimonio y la paternidad responsable. El sistema fiscal debe reconocer el valor del matrimonio, siguiendo el ejemplo de Francia o Alemania, que combina un sistema de ayudas familiares con la reducción de impuestos para declaraciones conjuntas.
En América, ante la evidente relación entre familias rotas, ausencia de la figura paterna e índices de criminalidad, se ha producido un cambio de actitud que ha inspirado un apoyo de todos los partidos a las iniciativas a favor del matrimonio. Las estadísticas recientes muestran que estas medidas han comenzado a evitar el declive de la familia. Y sin embargo, en Gran Bretaña, parece existir un consenso de todos los partidos para silenciar la “palabra M”.
Jill Kirby, Centre for Policy Studies, autora del libro “Broken Hearts: Family Decline and the Consequences for Society”
 
Fuente: The Telegraph, Reino Unido
 
www.mujernueva.org
 

 
ONU: CHILE ACEPTA EXCLUIR A LOS PADRES EN LOS PROGRAMAS DE SALUD PARA MENORES.
Juan C. Sanahuja 
 
La ONU insiste en conculcar la patria potestad e imponer a todos los países el aborto para las adolescentes. Estados Unidos parecería que no apoyará estos planes; los países de América Latina insisten en impulsarlos.
 
Como informó la agencia ACI, (15-03-02), Thomas Jacobson, representante para América Latina de Focus on the Family (organización evangélica pro-vida) advirtió al gobierno chileno que sus representantes en las reuniones preparatorias para la sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre la Infancia (Niño+10-mayo), organizada por la UNICEF, apoyan el reconocimiento del supuesto derecho al aborto para las adolescentes y la exclusión de los padres de los planes de salud para jóvenes.
Jacobson, que se entrevistó con importantes funcionarios del gobierno del presidente Lagos, advirtió que el Grupo Río, en el que se encuadran todos los países latinoamericanos, la Unión Europea y Canadá, siguen insistiendo en el acceso de los menores a los “servicios de salud sexual y reproductiva” y “a los cuidados obstétricos de emergencia”, términos que se usan para evitar la palabra aborto. La administración Bush ha manifestado su oposición a los planes de la UNICEF.  
El representante evangélico, declaró además, que esos países insisten en el reconocimiento universal del derecho al aborto lo que obligaría a los gobiernos a liberalizar las leyes que lo prohíben o lo limitan, con el agravante que en este caso se trata del acceso de las adolescentes excluyendo a sus progenitores, con la excusa del “derecho a la confidencialidad de los servicios médicos”. 
Lo cierto es que, además, el 23 de enero pasado, Chile presentó ante el Comité de seguimiento de la Convención de Derechos del Niño su segundo informe periódico dando cuenta del su cumplimiento de los compromisos asumidos al ratificar la Convención. Adelantándose a las recomendaciones del Comité los representantes chilenos aclararon que, aunque en su país se hicieron grandes progresos en la implementación de los derechos de los niños, aún se podría mejorar en varias áreas. 
El informe fue presentado, por Cecilia Pérez, Ministro de Cooperación y Planeamiento de Chile y una numerosa delegación.  
El Informe 
En el informe se refleja no sólo la postura del gobierno chileno, sino también los intereses del Comité sobre la situación en Chile, por ejemplo, la edad mínima establecida legalmente para asesoramiento médico o jurídico sin consentimiento de los padres; y sobre el modo de encararse en el país el tratamiento médico o las intervenciones quirúrgicas sin el consentimiento de los padres; etc. 
A lo que el informe contesta: “199. Respecto del asesoramiento médico, no existe en nuestro país ninguna regla especial que regule esta materia. No obstante, en la práctica toda persona puede ser objeto de asesoramiento médico, sin que se exija con carácter obligatorio el asentimiento de sus padres o representantes legales”. 
El informe chileno es quizás, de todos los informes que hemos leído de distintos países, el más complaciente con el Comité, y se esfuerza por demostrar que ese país acata los dictados del Comité. 
“692. Hay que recordar que en Chile el aborto está prohibido por ley, por lo tanto los abortos que se producen son clandestinos o disimulados en otra dolencia, situación que no siempre permite actuar en forma oportuna”. 
“700. Las actividades de planificación familiar se integraron al Programa de Salud Materno Perinatal en 1967 con el objeto de combatir las complicaciones del aborto provocado. Esta actividad la desarrollan principalmente las matronas, dedicándose aproximadamente un 40% de los recursos disponibles de la atención primaria del programa a esta actividad. El método preferido por la población es el DIU (Tcu 380), ya que lo usa el 80% de las usuarias controladas. El sistema mantiene bajo control de planificación familiar a un 16% de las mujeres en edad fértil que atiende el SNSS, pero se estima que alrededor de un 57% de la población de Mujeres en Edad Fértil (MEF), usa algún método, aunque no estén bajo control en el sistema sanitario”. 
“705. La conducta reproductiva de las mujeres ha variado: ha habido una reducción de la fecundidad de 4,9 hijos promedio por mujer en 1965 a 2,5 en 1995. La concentración de nacimientos de orden uno y dos es del 71% y se constata una acumulación de la fecundidad en mujeres jóvenes (60% de los nacidos vivos provienen de mujeres entre los 20 y 29 años)”. 
“707. El descenso de la natalidad ocurrido en los últimos 25 años en Chile es atribuible en gran parte a la educación alcanzada en paternidad responsable por parte de la población y a la accesibilidad a los servicios de planificación familiar que están incorporados al Programa de Salud Materno y Perinatal del Ministerio de Salud desde 1976, actual Programa de Salud de la Mujer desde 1995”. 
“708. (...) se estima que la relación entre la población urbana y rural se mantendrá. Para lograr lo anterior, se confía en la política de planificación familiar recién revisada, que aumentará el acceso de la población a los servicios y a una política de población que espera la migración interna en ciudades de tamaño intermedio”. 
“709. En relación con la atención sanitaria preventiva, no existe atención diferenciada por sexo. Los(as) adolescentes son atendidos(as) en los consultorios del Ministerio de Salud sin diferenciación con respecto a los niños y niñas, salvo en aquellos lugares donde se está implementando el Programa de Salud Integral del Adolescente, creado en 1996, el que ha tenido una lenta instalación”. 
“710. En relación con los servicios de planificación de la familia, éste sigue siendo un tema controvertido. Legalmente sólo existen normas antiguas que no tienen ninguna operatividad. Las normas son anteriores a 1973 y dicen que los adolescentes tienen derecho a pedir métodos de anticoncepción y planificación de la fecundidad siempre que vayan acompañados de sus padres. Como es fácil comprender, en la práctica esto no se da porque un adolescente que pide anticonceptivos no quiere, normalmente, que los padres se enteren. El servicio está sujeto actualmente al criterio del médico o matrona que los atiende”. 
“712. Sin embargo, el Gobierno desde 1995 está implementando un programa intersectorial de prevención del embarazo adolescente, a través de jornadas de conversación de afectividad y sexualidad (JOCAS), en diversos establecimientos educacionales del país. En éstas, el tema de la planificación de la fecundidad suele emerger en la conversación, y los agentes educativos dan la información orientadora requerida por los adolescentes. Las JOCAS, en el nivel escolar, son una propuesta que los liceos asumen voluntariamente con el acuerdo de la Dirección y el Centro de Padres. No son una imposición. Si el liceo no quiere implementarlas, no se hacen”. 
“714. Paralelamente, el Ministerio de Educación está proponiendo en los objetivos fundamentales y contenidos mínimos de la educación, que los liceos y colegios implementen programas de educación sexual”. 
“719. Con respecto a los niños, se participó en la formulación intersectorial de la política de sexualidad del Ministerio de Educación, en cuyo marco se efectúan programas de educación sexual adaptados a las características de los establecimientos escolares. Desde el nivel ministerial se proponen las jornadas de conversación sobre afectividad y sexualidad (JOCAS), intersectoriales, que promueven la discusión sobre el tema en la comunidad escolar”. 
“720. Se han elaborado materiales educativos sobre afectividad, sexualidad y VIH/SIDA específicos para niños, adolescentes y jóvenes (...)”. 
“773. También ha propendido a que se elimine la discriminación de las adolescentes embarazadas y/o madres en el sistema escolar (...)”. 
Como respuesta al informe, el Comité publicó el 1 de febrero, un informe sobre Chile, con sus conclusiones formales escritas. Concluding Observations of the Committee on the Rights of the Child: Chile 01/02/2002.CRC/C/15/Add.173. Dice entre otras cosas: 
40.-El Comité recomienda al Estado parte: “(a).-Disponga de los recursos apropiados y desarrolle políticas y programas comprehensivos para mejorar la situación de la salud de todos los niños sin discriminación, en particular centrándose más en el cuidado médico primario y descentralizando el sistema de cuidado de la salud. (b).-En orden de prevenir la morbi-mortalidad de los niños y la tasa de mortalidad materna, proveer adecuados servicios de cuidado de la salud, prenatales y postnatales, y, desarrollar campañas de información para padres acerca de la salud y la nutrición básicas del niño, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y el saneamiento ambiental, la planificación familiar y la salud reproductiva, especialmente en áreas rurales”. 
Salud Adolescente: “41.-Mientras que observa el desarrollo de una política nacional para la salud adolescente desde 1999, el Comité está preocupado por la disponibilidad limitada de los programas y servicios en el campo de la salud adolescente, incluyendo la salud mental, especialmente en las áreas rurales y la carencia de suficientes programas de prevención e información en las escuelas. Además expresa su preocupación por los altos índices de embarazos tempranos y la falta de información, asesoramiento y programas preventivos sobre salud reproductiva, incluyendo la carencia al acceso adecuado a los contraceptivos, en particular en la áreas rurales. También señala el creciente número de niños y adolescentes que usan drogas y el creciente número de casos de HIV/SIDA entre la juventud”. 
“42.- El Comité recomienda al Estado parte: (a).-Implementar en una forma efectiva la Política Nacional para la Salud Adolescente, especialmente en áreas rurales, e incrementar los esfuerzos para promover la salud adolescente, incluyendo la salud mental, las políticas y, en particular con respecto a la salud reproductiva y al abuso de sustancias y fortalecer el programa de educación para la salud en las escuelas. (b).-Emprenda un estudio comprensivo y multidisciplinario para evaluar el alcance y la naturaleza de los problemas de la salud adolescente, incluyendo el impacto negativo de las ETS y del HIV/SIDA, y la continuación del desarrollo de políticas y programas adecuados a ello. (c).-Emprenda otras medidas, incluyendo la asignación de recursos humanos y financieros adecuados para evaluar la eficacia de los programas de entrenamiento en la educación para la salud, en particular al cuidado de la salud reproductiva y al desarrollo de consejo y asesoramiento sensible y confidencial para los jóvenes; facilidades para el cuidado y la rehabilitación sin el consentimiento paterno cuando esto es para el mejor interés del niño y; (d).-Buscar la cooperación técnica entre otros del Fondo para la Población de las Naciones Unidas, UNICEF, OMS y el UNAIDS”. (...) FIN, 21-03-02 
 
Fuentes: Propias; UN Wire 4-02-02; UN Press Release, 23-01-02, 01-02-02; Concluding Observations of the Committee on the Rights of the Child: Chile. 01/02/2002. CRC/C/15/Add.173. Vid. Noticias Globales 404, 444, 459.
 
Noticias Globales 17/02, 21 de marzo 2002; Editor: Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja; E-mail: jcs@arnet.com.ar; http://www.puertovida.com/noticiasglobales; Tel/Fax: (54-11)-4813-5320; (54-11)-4811-1678 
 

DEFENSA DE LA VIDA
 
LA   DEFENSA   DEL   MÁS   DÉBIL
 
María del Carmen  Barrera  Battaíni
 
El 25 de marzo se celebra el Día Internacional del Niño por Nacer. Día de profunda reflexión sobre la defensa de la vida del ser concebido, que aún no ha abandonado el vientre materno y que merece el respeto y la protección de todo ser humano y toda la sociedad. Esta fecha ya ha sido declarada oficialmente por las autoridades de otros países latinoamericanos (Argentina, Costa Rica, Nicaragua) y esperamos que a la brevedad nuestro país se sume a tal justa iniciativa.
Para los cristianos, el 25 de marzo es una jornada de singular relevancia, pues recordamos la Anunciación del Ángel Gabriel a la Virgen María y  aquel Sí pronunciado por la joven que cambiaría el curso de la historia de la humanidad.
Es necesario tener presente, sin embargo, que la defensa de la vida humana desde sus inicios (la concepción) hasta la muerte natural no es patrimonio exclusivo de los cristianos, ni se trata de una cuestión religiosa o meramente ética o filosófica. La defensa de la vida constituye un principio de humanidad, que está por encima de credos o convicciones espirituales, políticas, o morales. No defendemos al más débil o inocente sólo porque somos cristianos, sino por justicia e igualdad. Nadie tiene el derecho a decidir sobre la eliminación de la vida del otro, ni el Estado puede propiciar , incentivar o llevar a cabo medidas que atenten contra la vida humana en cualquier etapa de la misma.
En la actualidad, la “cultura de la muerte” ha cobrado tanta difusión y naturalidad en todos los campos de la actividad humana, que la vida del ser más inocente como lo es un bebé provoca rechazo, incomodidad, cuando no ironía. No son pocas las mujeres  que se sienten discriminadas y excluídas por su condición de madres. En nuestro mundo globalizado de hoy , pareciera que algunos quisieran transformar el gran don de la maternidad en un estorbo, una patología. Resulta extraño que con vehemencia y determinación se reivindique la igualdad de derechos y oportunidades, salud, vivienda y salario dignos, libertad de expresión etc., que son absolutamente compartibles y elementales, pero a la hora de defender el derecho por excelencia, el derecho primario, sin el cual los demás son irrelevantes: el derecho a la vida, algunos prefieran usar eufemismos (tales como “interrupción voluntaria de la gravidez” , “poner fin al embarazo”) o elijan el silencio.
La ciencia ha comprobado y demostrado que el embrión es un ser humano único e irrepetible (distinto genéticamente de su padre y madre) que sólo requiere de  tiempo y cuidado para completar su desarrollo. En el embrión se encuentra ya todo el código genético completo del individuo, que permite detectar su carácter, psicología, emotividad, afectividad y enfermedades futuras. Las exitosas intervenciones quirúrgicas efectuadas en el útero materno para sanar anomalías graves del embrión son contundentes al respecto. Si no se trata de vidas humanas, entonces ¿qué son? ¿Cuándo, en qué momento el embrión deja de ser cosa para transformarse en persona humana? ¿Es cuestión de días, meses? ¿Quién o qué determina  aquí hay un objeto y a partir de ahora se transforma en persona? ¿Por qué entonces proteger al bebé a partir de una fecha arbitraria y no desde el inicio de su existencia?
Jerôme Lejeune, uno de los más prestigiosos genetistas  a nivel mundial, así como tantos otros, lo expresó claramente: “Cada uno de nosotros comienza a existir en un momento preciso en el que toda la información genética necesaria y suficiente la recoge una sola célula : el óvulo fecundado, y éste es el momento de la fecundación. No hay la menor duda de ello y sabemos que esta información está inscrita en un tipo de listón que llamamos ADN” . “No veo ninguna diferencia entre la persona inicial que usted era en el momento de la concepción y la persona que usted es ahora. Usted era y es un ser humano”.
Si consideramos  erróneamente que el embrión es una “cosa” (así como lo es un libro o un disco de nuestra propiedad) nos sería lícito enajenarlo, destruirlo, mutilarlo, tirarlo, experimentar con el, congelarlo, etc. Pero como ninguna vida humana es en esencia un “objeto”, ni en sus inicios ni en sus últimas fases, su eliminación, interrupción o destrucción (con técnicas más o menos sofisticadas) siempre fue es y será un homicidio (revestido con la agravante situación de indefensión de la víctima).
Este 25 de marzo es una fecha especial para reflexionar y agradecer el don de la vida (aun en las situaciones difíciles y a veces angustiosas) y nadie puede permanecer indiferente. Nadie es producto de la casualidad.
Toda vida humana tiene un valor incalculable, sin importar las circunstancias en que fue concebida. “Matar” nunca fue ni será la “solución” (fácil y rápida) aun en situaciones de extrema carencia.
Busquemos “soluciones humanas” de ayuda y solidaridad verdaderas, materializadas en actos concretos: más guarderías, más comedores infantiles, más ayuda a las familias numerosas, rebaja de la canasta familiar, más facilidades para las jefas de familia, más centros de ayuda a niños discapacitados, flexibilización (en lo que sea posible) de la adopción, creación de fuentes de trabajo, apoyo afectivo y espiritual a la mujer embarazada, respeto a la maternidad, y dignificación de la  mujer entre otras tantas. Y no sólo es indispensable el apoyo institucional,  también defendemos la vida con actitudes y pequeños gestos cotidianos de servicio  y generosidad. 
Debatir sobre quién tiene derecho a vivir (porque fue “deseado”, “esperado” o es  “sano”, “inteligente”, “rubio” o “legítimo) y quién no tiene ese derecho porque carece del “grado óptimo de certificación”, no sólo es discriminatorio, arbitrario e injusto , sino que constituye el signo más evidente de primitivismo  y decadencia humana.
¿Por qué no debatir y concentrar nuestros esfuerzos en la implementación de medidas que mejoren la existencia de la mujer embarazada y de su hijo o hija?
El 25 de marzo también es el día de la mujer, creada por Dios, con la misma dignidad, inteligencia y raciocinio que el hombre. La mujer, que siempre será madre (aunque su fecundidad no depende de si tuvo o no partos ni de cuántos). La mujer, que a la par del hombre  (pero sin perder su individualidad, riqueza, profundidad y autoridad) está también llamada a desarrollar todas sus potencialidades y a crear una nueva humanidad, una civilización de justicia y respeto por los más débiles y olvidados.        
 

 
EL NIÑO POR NACER
 
Hugo O.M. Obiglio
 
La familia, célula de nuestra sociedad, entra en este tercer milenio fragmentada y con una pérdida de identidad inquietante. Al reparo de una dialéctica alarmante, las conferencias internacionales han introducido el concepto de género, para desarticular al de familia. Se olvida que la “familia, comunidad de padres e hijos, surge normalmente por la fecundidad del matrimonio y está fundada, como éste, en la naturaleza creada por Dios (diferencia y ordenamiento de los sexos, mandato de fecundidad, moralidad sexual).”[1] El resultado de ese mandato de fecundar se expresa en una nueva vida humana.
Fiel al objetivo de preservar la vida humana desde sus inicios, nos hemos propuesto últimamente abordar el tema, en ocasiones, de una manera insólita. La enumeración de nuestras múltiples tentativas resultaría tediosa, pero también poco práctica porque hasta el presente vivo la sensación de no haber logrado alcanzar formalmente mi objetivo. Quizás hoy esté más cercano a él[2].
Alguien dijo en esta última década que ningún lugar en el mundo era menos seguro que el útero de una madre gestante. Analizando con detención esta sorprendente observación llegamos a la conclusión de que debemos hacerla nuestra como una triste realidad del mundo que hoy nos toca vivir. Meditando sobre las razones que llevaron a hacer tan angustiante afirmación para la humanidad, no podemos separar la misma de una respuesta que se centra en la transformación cultural a que nos ha llevado el sustituir el curso natural de la naturaleza por la libre e irresponsable intervención técnica del hombre.
Surgen entonces dos interrogantes:
El primero es: ¿qué hombre quiere llegar a ser el hombre? La respuesta a este interrogante de ninguna manera es clara, tampoco precisa, puesto que, y esta es la segunda pregunta, pareciera que el hombre no sabe ya más quién es. ¿Cómo podemos pensar en lo que quiere el hombre, si ni siquiera sabe quién es?
Si no tratamos de precisar por todos los medios esta problemática existencial, se agregarán a la inseguridad de la vida del no nacido, la que acompaña a la del minusválido, al discapacitado mental, del que se encuentra en la etapa final de su vida, y la de aquel a quien la sociedad o él mismo considera como indigna su calidad de vida presente o futura.
Días atrás leí unas líneas que escribiera el Cardenal Paul Poupard (Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura) en el periódico francés “Le Figaró”. El artículo comenta una anécdota vivida con motivo de la Conferencia que S.S. Juan Pablo II pronunciara en la UNESCO en junio de 1980.  A raíz de la misma el Cardenal Poupard relata emocionado: “En  la UNESCO, el poeta Pierre Emmanuel me toma fuertemente del brazo durante el extraordinario discurso que escuchamos junto a los representantes de la cultura del mundo entero: ‘Se debe afirmar al hombre por él mismo. Se debe amar al hombre porque es hombre’ [3]”.
Esta afirmación, de ser comprendida en profundidad, pienso que será el argumento de mayor valor para soportar esta dura prédica que hace a la dignidad de la vida humana naciente.
Desde el punto de vista antropológico, el Magisterio de la Iglesia ha hablado en múltiples oportunidades sobre la absolutez del principio de la dignidad suprema y de la intangibilidad de toda vida humana, por ser la vida de una persona.
Este principio humano supone que el hombre, por su propia naturaleza, es un ser singularmente vinculado con el Creador[4]. El alma humana, por su espiritualidad e inmortalidad postula una intervención directa de Dios, y este postulado claro y terminante para la teología católica orienta la ética y la bioética. Para nosotros “el hombre es la única creatura en la tierra que Dios ha ‘querido por sí misma’, y el alma espiritual de cada hombre es ‘inmediatamente creada’ por Dios; todo su ser lleva grabada la imagen del Creador. La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta la ‘acción creadora de Dios’ y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin; sólo Dios es Señor de la vida humana desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente[5]”.
Resulta indiscutible en la actualidad que el cuerpo se inicia en el momento de la fusión de los gametos, uno del padre y otro de la madre, dando como resultado un nuevo ser, es decir un hijo. Reiterando estos hechos la vida comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el espermatozoide penetra el óvulo, produciendo una nueva unidad como lo es el huevo fecundado, llamado cigoto.
El embrión unicelular es el ovocito activado[6] por acción del espermatozoide. Esta irrupción de vida que se genera por interacción de las gametas masculina y femenina[7] marca el inicio del desarrollo del cuerpo humano y se evidencia por las sucesivas divisiones, organizadas y asimétricas, guiadas por el mismo embrión unicelular que se desarrolla independiente en el cuerpo de su madre[8]. Contiene y conserva a la vez como en su memoria un diseño-proyecto bien definido con la información esencial y permanente para la gradual y autónoma realización de dicho proyecto.
La inseguridad que vive el nascituro en su habitat natural, que es el útero de su madre, es consecuencia del sentir de una sociedad liberal, democrática y pluralista en la mayoría de los casos, o en su defecto de una sociedad autocrática, que soportan las conductas de sus conciudadanos en una moral hedonista que opera dentro de una ley positiva que en oportunidades va más allá de lo que nos ordena la ley moral.[9]
En este sentido viene a mi memoria lo dicho en la Encíclica Veritatis Splendor [10]: “En algunas corrientes del pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. En esta dirección se orientan las doctrinas que desconocen el sentido de lo trascendente o las que son explícitamente ateas. Se han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema de juicio moral, que decide categórica e infaliblemente sobre el bien y el mal. Al presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia se ha añadido indebidamente la afirmación de que el juicio moral es verdadero por el hecho mismo de que proviene de la conciencia. Pero, de este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de “acuerdo con uno mismo”, de tal forma que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral”.
Una forma de indefensión del nascituro es el silencio natural que lo acompaña en toda su vida intrauterina. Al hablar de silencio me refiero al que no puede expresarse por medio de la voz.
Al silencio lo acompaña la soledad del nascituro, soledad relativa puesto que la interacción madre-hijo, el sentir de la embarazada, que es portadora de una nueva vida, hace que esta soledad sea aparente, puesto que en realidad se convierte en un particular diálogo de amor.
La cultura de la muerte, que se ha hecho carne en la conducta de nuestra sociedad, lleva a través de esa trilogía que es el silencio, la soledad y la indefensión, a la muerte del nascituro. Sabemos hoy que los abortos directos en el mundo son más de 70 millones por año, y que los químicos - algunos de ellos calificados displicentemente como la “píldora del día después”- , elevan el número de muertes anuales a más de 200 millones. Debemos agregar a estas cifras las que surgen como consecuencia de la aplicación de una nueva tecnología biomédica, me refiero a la FIVET (Fecundación in Vitro y transferencia de embrión). A veinte años de la aparición en Inglaterra de Louise Brown, quien fuera el primer bebé de probeta, y luego en 1982 con el nacimiento en Francia de Amandine, el ajuste de esta tecnología ha llevado a aumentar en muchos miles el número de muertes inocentes provocadas con otro fin, como es el de querer tener un hijo a cualquier costo. No sólo este kabuki de vida y muerte acompaña a la procreación artificial sino que debemos también considerar las muertes que en soledad pero no en el útero materno ocurren cuando se criopreserva un embrión[11]. Resulta entonces difícil admitir que el mundo olvide su pasado histórico reciente y asuma pasivamente este genocidio que año a año tiene un perfil creciente  y sin parangón en la historia de la humanidad.
Decía Bécquer en uno de sus versos: “la soledad es el imperio de la conciencia”[12] y con sorpresa me encuentro que el título de esta poesía es: “El caudillo de las manos rojas”. Aquí sí podríamos preguntarnos: ¿rojas de sangre, y de sangre inocente?
El afirmar que existen tantas bioéticas como antropologías uno maneje, se ha convertido casi en el estribillo con que inicio todo curso vinculado a esta disciplina, y no puede ser de otra manera, ya que “un pequeño error en los principios se hace grande al final”, expresión aristotélica mencionada en el excelente trabajo “Los tres (o cuatro) ‘principios de la bioética’ ¿son válidos?“[13] de Camilo Tale.
Dice Sgreccia al referirse a los modelos de Bioética, que para aquél que observa el panorama de la Bioética actual “no le es difícil comprobar que nos encontramos ante una pluralidad de criterios irreconciliables entre sí. El pluralismo se refiere tanto a la antropología de referencia como a las teorías de fundamentación del juicio ético”[14]. Es por ello que resulta de capital importancia el que por encima del análisis de los problemas de la bioética en particular precisemos con antelación en qué valores y sobre qué principios soportamos el juicio ético caracterizándolo con el “es lícito” o “ilícito”[15].
La existencia de varios modelos de bioética no debe ser pretexto para aplicar el que resulte más conveniente a la particularísima circunstancia que nos toque vivir, sino que ha de ser un desafío a la razón en la búsqueda de la verdad, es decir, que es obligación nuestra ir al encuentro de aquel modelo que consideremos como el más apropiado para respetar,  fundamentado objetivamente en el valor de la vida humana y la dignidad de su persona. Nuestra adhesión a este modelo llamado personalista, nos hace dejar de lado al modelo socio-biológico, al subjetivista y al pragmático-utilitarista, cuyas vivencias son las que dominan hoy el mundo de la Etica Biomédica.
Finalizamos estas líneas con una propuesta concreta en defensa de una vida que se inicia. Me refiero a la necesidad de contar con un estatuto del embrión humano. En el mismo, como comentara Colombo, el deber de respetar la vida y la integridad de ese solitario nascituro compromete una tutela jurídica que se funda en dos presupuestos: el primero la completa inocencia del embrión y su pertenencia a la categoría de ser dotado de una vida humana personal, y el segundo de naturaleza probabilística se encuentra en la “incontestable” observación de S.S. Juan Pablo II, cuando afirma: “basta la sola probabilidad de encontrarse de frente a una persona para justificar la total prohibición de cualquier intervención tendiente a suprimir el embrión humano[16]”. No es el momento para desarrollar esta doble afirmación que nos lleva a asegurar que nuestra bioética personalista es una bioética de la verdad[17].
Recordemos que “desde siempre el derecho ha custodiado con predilección al indefenso, al débil, a quien está de alguna forma en una situación desfavorable”. Inspirado en esta exigencia de justicia se han elaborado tres principios que pertenecen al derecho penal, al derecho laboral, y al derecho de las obligaciones respectivamente. Me refiero a los principios in dubio pro reo, in dubio pro operario, y favor debitoris. En virtud del primero, in dubio pro reo, y tal como lo expresa el art. 3 del Código Procesal Penal de la Nación, “en caso de duda deberá estarse a lo que sea más favorable al imputado”. En aplicación del segundo, in dubio pro operario, la Ley de Contrato de Trabajo expresa en su art. 9 que “en caso de duda sobre la aplicación de normas legales o convencionales prevalecerá la más favorable al trabajador”. Y el Código de Comercio Argentino, en su art. 218 inc. 7, reza que “en los casos dudosos (...) las cláusulas ambiguas deben interpretarse siempre en favor del deudor”. La exigencia de justicia que subyace debajo de estos principios debe ser llevada también al terreno de la bioética. Por eso, y como una de las aplicaciones del mismo, creo que es necesario admitir la existencia del principio in dubio pro nasciturus, “en caso de duda, debe estarse a lo que sea más favorable al por nacer”[18].
Quisiera finalizar mi exposición haciendo mención a dos afirmaciones vinculadas con el tema, una de orden espiritual y la otra poética.
La de orden espiritual, tiene que ver una vez más con lo que nos dice S.S. Juan Pablo II en su carta encíclica Veritatis Splendor [19]: “La relación que hay entre libertad del hombre y ley de Dios tiene su base en el ‘corazón’ de la persona, o sea, en su conciencia moral: ‘En lo profundo de su conciencia - afirma el Concilio Vaticano II -, el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándolo siempre a amar y hacer el bien y a evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado’ (cf. Rom 2, 14-16)”[20].
Y por último la de orden poético, donde citaremos a Jacinto Benavente en aquel texto que dice: “el entendimiento es la conciencia de la verdad, el que llega a perderla entre las mentiras de su vida es como si se perdiera a sí mismo, porque ya nunca volverá a encontrarse ni a conocerse, y él mismo vendrá a ser otra mentira”[21].


[1]  HÖRMANN, K.; Diccionario de Moral Cristiana, Barcelona, Herder, 1985, pag. 425.
[2]  Conferencia dictada por el Dr. Hugo O.M. Obiglio, La soledad del nascituro. Bioética de la verdad.
    I Jornadas de Derecho Natural, 16-17/10/98, San Luis.
[3]  LE FIGARO, “Le Saint-Pere et la culture”, 5 de octubre de 1998, p. 13.
[4]  Cf. VIAL CORREA; La Iglesia frente a los problemas de la bioética contemporánea, Sgo. de Chile, 29.nov. 1997.
[5]  Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción “Donum Vitae”, N° 5.
[6]  BOSCH, Margarita; El Derecho, 26 de enero de 1999.
[7]  Witaker and Swann, Development 117, pp. 1-12 (1993).
[8] BOSCH, Margarita; Actas de la Jornada por la Vida, Bs.As., EDUCA, 1999.
[9]  CHARLESWORTH, MAX; La bioética en una sociedad liberal, Cambridge University Press, 1996.
[10]  Encíclica Veritatis Splendor, N° 32.
[11]   CHATEL, M.M.; El malestar en la procreación, Buenos Aires, Nueva Visión, 1996.
[12]  BECQUER, G.A; El caudillo de las manos rojas, p.900 del Diccionario de frases célebres, Barcelona, Sintes, 1971.
[13]   “El Derecho”, Bs.As., 26 de agosto de 1998, p.1.
[14]   SGRECCIA, E; Manual de Bioética,  México, Ed.Diana, 1era. edición, p.60.
[15]  Cf. ibídem.
[16]  S.S. JUAN PABLO II; Encíclica “Evangelium Vitae” (25 de marzo de 1995), n.60.
[17]  Cf. COLOMBO, R.; La natura e lo statuto dell’embrione umano, Medicina e Morale 1997/4: 761-767.
[18] MORELLI, M.; El hombre y la bioética. La vida humana y los tratados internacionales de derechos humanos. Separata de Persona, Sociedad y Derecho, Ediciones del Copista, 1999
[19]  Carta Encíclica Veritatis Splendor, n° 54.
[20]  Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 16.
[21]  PROS, J.S; Diccionario de frases célebres, Barcelona, Sintes, 1971, p.201. (Benavente: Los intereses creados).
 
(Enviado por Jorge Scala)
 

 
"CUM LAUDE" EN TENACIDAD
 
Jacques Stein (New York Times)
 
Brooke Ellison, con una tesis sobre la capacidad de superación,es la primera tetrapléjica que se licencia en Harvard
 
EL PAIS, 15 de Mayo, 2000. La tesis que Brooke Ellison presentó esta primavera en la Universidad de Harvard, The element of hope in resilient adolescents (El factor esperanza en adolescentes con gran capacidad de recuperación), es un análisis científico rico en datos. Pero la historia de la propia autora podría haber servido de caso práctico.
Atropellada por un coche el día que comenzaba el séptimo curso y con pocas esperanzas de sobrevivir, Ellison se despertó tetrapléjica tras 36 horas en coma, y entre sus primeras palabras incluyó dos preguntas: "¿Cuándo puedo volver al colegio?" y "¿Tendré que repetir?". Aunque no recuperó la sensibilidad de cuello para abajo, Ellison no perdió ningún curso, y el próximo mes culminará su increíble odisea educativa licenciándose en Psicología y Biología por Harvard con una media de sobresaliente.
Ellison, una alegre joven de 21 años, con una voz fuerte y a veces áspera, afirma que no hay nada de extraordinario en sus logros, ya sean éstos manejar su silla de ruedas y el cursor de la pantalla de su ordenador tocando con la lengua un teclado numérico situado en un soporte en el velo del paladar, o ser seleccionada por sus compañeros para dar el discurso de licenciatura.
Además, según casi todas las autoridades universitarias, es la primera tetrapléjica que obtiene un título de Harvard. "Simplemente así es mi vida", explica con el ruido de fondo de un ventilador que introduce aire en su tráquea hasta los pulmones 13 veces por minuto. "Siempre he pensado que, sean cuales sean las circunstancias a las que me enfrento, es simplemente cuestión de seguir viviendo y no dejar que lo que no puedo hacer defina lo que puedo hacer".
A quienes busquen un héroe en esta historia Ellison les sugiere centrarse en su madre, Jean Marie, de 48 años, que ha estado sentada en todas las clases al lado de su hija desde el octavo curso. Jean Marie Ellison dejó a su esposo y a su hijo adolescente en Stony Brook, Nueva York, y se trasladó a la habitación de su hija, en una residencia de Harvard, el primer día del primer curso; no se han separado prácticamente ni un minuto desde entonces. La señora Ellison ha sido mucho más que una enfermera las 24 horas del día. Aunque su hija dictaba sus trabajos trimestrales en un ordenador activado por la voz y hacía toda la investigación posible en Internet, la madre pasaba las páginas de libros como El corazón de las tinieblas. "No tengo una señal especial", explicó Brooke Ellison, "simplemente digo: mamá, pasa la página". También ha servido a su hija de mano, levantando la suya bien alto cuando Brooke tenía algo que decir en clase. "Yo soy sus músculos", dice J.M. Ellison; "ella es el cerebro".
Aunque fue una estudiante formidable en el instituto, Brooke no esperaba llegar a Harvard, que fue la única universidad a la que se presentó, además de la universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook. "Pensé que si me aceptaban enmarcaría la carta", dijo. Ellison vivió en el campus los cuatro años, estudió con profesores de renombre, fundó un grupo de defensa de los discapacitados y asistió a la fiesta de final de carrera de su residencia. Pero es la primera en decir que su madre y sus hermanos son sólo la primera línea de un equipo de gran talento que hizo posible su graduación.
Una vez admitida, dice, Harvard hizo esfuerzos hercúleos para garantizar su asistencia, proporcionándole becas no sólo para apoyar el salario de su padre como administrativo en una oficina de la Seguridad Social, sino también para pagar sus costosas necesidades médicas. Los técnicos equiparon su habitación con una cama de hospital, un pequeño ascensor hidráulico, un timbre y una puerta con apertura electrónica. Cuando se matriculó en una clase de historia de la ópera, hubo que trasladarla, porque el edificio no tenía acceso para sillas de ruedas.
Como uno de sus ídolos, el actor Christopher Reeve, Brooke Ellison reconoce que tiene momentos de tristeza, especialmente cuando sueña con clases de baile, que en la niñez eran su pasión. Cuenta que nunca ha querido conocer al hombre que la atropelló con su coche cuando volvía caminando a casa desde el colegio, el accidente que le fracturó el cráneo, la columna vertebral y casi todos los huesos grandes del cuerpo. Pero dice que no le guarda rencor. "Si tuviese que guardar rencor durante 10 años", explica, "sería extenuante".
 
 

 
ONU: LA PERVERSIÓN DEL LENGUAJE (PREPARANDO RÍO+10 VII)
 
Juan C. Sanahuja 
 
El lenguaje de los documentos de las Naciones Unidas, a medida que pasa el tiempo, es menos claro. Sus funcionarios oscurecen intencionalmente el modo de expresar algunos conceptos, para conseguir llevar a cabo los planes de “reingeniería social global” sin oposición.  
Muchísimo más importantes que las conferencias y reuniones internacionales, son las mesas redondas, las reuniones de expertos, los acuerdos entre los miembros de los comités de los tratados internacionales, en los que se decide arbitrariamente el contenido de los términos que después se volcarán en los documentos presentados para el acuerdo de los países miembros. 
Se trata de un modo premeditado, totalitario, de engañar, para que los estados no sepan a ciencia cierta cuáles son los verdaderos compromisos que contraen en las conferencias internacionales. Recordamos las mesas redondas de Glen Cove y de Kampala, en las que se decidió que los tratados de derechos humanos, incluían el “derecho a la salud reproductiva”, es decir “el derecho al aborto”. (Vid. Noticias Globales 478 y 479). 
Así ahora, se ha reforzado la decisión de no hablar explícitamente de “salud reproductiva” y de “educación sexual”, sino solamente de salud y educación, englobando en esas palabras, los términos “salud reproductiva”, “servicios de aborto”, “servicios de salud reproductiva para jóvenes”, sin tener en cuenta a sus padres, etc. La decisión de generalizar este modo de decir, que no es nuevo, se tomó hace pocos días en un encuentro organizado por la OMS. 
El pasado 5 de febrero, se realizó una reunión conjunta de la Organización Mundial de la Salud con el Consejo Económico Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), bajo el nombre genérico de “mesa