Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia
 
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“Las primeras víctimas de una educación, que se ha llamado "la abstinencia educativa" son los mismos jóvenes, cuyas vidas pierden espesor, y es la misma sociedad, que se desgarra las vestiduras cuando es ya tarde, y habiendo ayudado a provocar, con la complicidad de los medios de comunicación, una atmósfera de permisividad que lleva al desenfreno. (...) Hay que transformar la cultura permisiva y banalizadora en una formación, en una campaña de liberación, en una libertad que no de las espaldas a la verdad.”
Card. Alfonso López Trujillo

CONTENIDO

Publicación N° 06/03

EDITORIAL
 
MAMÁ, POR UN TIEMPO NO ESPERES NIETOS...
- ¡Pero cómo! Tu madre ya está vieja y quisiera ver crecer a sus nietos... ¿Por qué esa decisión?
- ¡Pero mamá, si nos acabamos de casar! Además, para empezar, el país está en crisis. ¿Cómo vamos a pensar en traer un hijo al mundo en estas condiciones? Por otra parte, tenemos que terminar de pagar el apartamento; y luego tenemos que comprar auto. Como si fuera poco, ambos queremos hacer un posgrado, así que quizá nos vayamos de viaje por unos años. A nuestro regreso, pensá que tenemos que encontrar nuevamente empleo, y que tendremos que dedicar muchísimo tiempo a nuestros trabajos. Porque lo primero es realizarnos como personas. Finalmente, cuando tengamos nuestra vida organizada, casa, auto y trabajo estable, podremos pensar en encargar un hijo. No se por qué te extrañas tanto, mamá: ¿acaso nunca oíste hablar de la "paternidad responsable"? Yo quiero tener un hijo sólo cuando pueda mantenerlo bien.
 
Crisis... ¿pero qué crisis?
 
En todas las épocas han habido crisis Pero nunca como ahora se han puesto como excusa para evitar el nacimiento de los hijos. Es lógico que un matrimonio se preocupe por el futuro de su prole, por la educación que les podrán dar, por los alimentos y la ropa que tendrán que comprarles a sus hijos... Y más en momentos de crisis. Sin embargo, cuando los posibles obstáculos que se presentan llevan a un matrimonio a cegar las fuentes de la vida, lo primero que uno se pregunta es: ¿y entonces, para qué se casaron?
Porque lo natural en cualquier matrimonio -a menos que tenga dificultades físicas o psíquicas para engendrar- es tener descendencia. Procuar un espaciamiento en el nacimiento de los hijos, es legítimo cuando se hace por causas muy graves; pero la excesiva preocupación por el futuro, la ansiedad por poseer bienes materiales, o la más moderna inquietud por la "realización personal", no parecen ser causas muy graves, sino más bien excusas egoístas: primero yo, y después los hijos. Lo que nos lleva a otra pregunta: ¿de qué crisis estamos hablando? ¿De la crisis económica o de la crisis de valores que vive nuestra sociedad? ¿De la crisis económica o de la crisis de la familia, con un creciente y preocupante número de divorcios, uniones de hecho, familias monoparentales y "nidos vacíos", no por no poder, sino por no querer?
El egoísmo es quizá la razón por la que en muchos países del mundo, quienes más acuden a la anticoncepción son "los ricos", y los que menos la utilizan son "los pobres". Sucede que estos últimos, viven mucho menos preocupados por tener o no tener bienes materiales, que no les cambian la vida. Si les cambia la vida el tener o no tener hijos, pues con frecuencia, sus hijos, so lo único que tienen, y por ellos sacrifican todo.
 
Los bienes materiales
 
A nadie se le esconde que el materialismo y el consumismo existen. Ambos son problemas sociales tan graves y actuales como -quizá- la explotación de los trabajadores en los comienzos de la Revolución Industrial. En aquella época se usaba a las personas, se las hacía trabajar sin descanso en horarios muy extensos y en pésimas condiciones laborales. No importaba que fueran hombres, mujeres o niños: lo importante era lograr una buena rentabilidad para las empresas. Si no aguantaban, si morían por el camino, se contrataba a otra persona. El beneficio propio era lo único que importaba a quienes se veían como dueños absolutos de sus empresas -y de las vidas de sus empleados-, olvidando que somos simples administradores de unos bienes que tienen un destino universal, y que todos estamos llamados a disfrutar. 
Actualmente, aquella salvaje forma de explotación está casi extinguida. Pero otras formas de opresión y abuso han surgido. Por ejemplo, si los bienes tienen un destino universal ¿con qué derecho vamos a negar a otros la posibilidad de vivir?; ¿cómo negarnos a compartir con ellos los bienes que nos tocó administrar, pero de los que no somos dueños absolutos? ¿por qué en lugar de reducir el número de invitados al banquete, no nos apretamos un poco el cinturón, se manera de invitar a más personas al banquete? No tenemos derecho a decidir quien nace y quien no nace, ni a decidir quien es engendrado y quien no. Sí podemos participar en la tarea procreadora, pero con la conciencia clara de que la decisión última no nos corresponde a nosotros sino a Dios (para los creyentes) o a la naturaleza (para los no creyentes). Lo nuestro no es crear o eliminar, sino administrar bien lo que se nos da.
 
Egoísmo vs. entrega
 
Hoy como ayer, las personas merecen respeto en virtud de su dignidad. No pueden venir, ni dejar de venir al mundo, en función de nuestros cálculos de beneficio/costo. Los esposos que recurren a la anticoncepción con el único fin de obtener placer, sin necesidad de asumir las posibles consecuencias (los hijos que puedan engendrar), están explotando o manipulando de alguna manera al cónyuge -a quien no se entregan total y desinteresadamente- y a los hijos que podrían haber sido engendrados si activamente no se les hubiera impedido . Todo hombre y toda mujer, tienen derecho a ser concebidos, a nacer, a vivir y morir con dignidad de persona.
Quienes por razones graves (situaciones de desempleo, enfermedad, etc.) recurren a los métodos naturales con el objetivo de espaciar el nacimiento de los hijos, o incluso de evitar nacimientos futuros, están en las antípodas de quienes utilizan anticonceptivos. Primero, porque la anticoncepción supone la utilización activa de barreras artificiales que impiden la generación de nuevos embriones. Salvo fallos imprevistos, ninguna puerta queda abierta a la vida. Segundo, porque en la inmensa mayoría de los casos, los métodos anticonceptivos no se utilizan para espaciar los nacimientos ante situaciones de extema gravedad, sino para eliminar las posibles consecuencias de un rato de placer. Tercero, poque quienes recurren a la anticoncepción se van como impregnando de una mentalidad contraceptiva -consecuencia del uso repetido de estas técnicas- que les lleva a pasar con frecuencia, de los anticonceptivos a los abortivos, y de los abortivos al aborto quirúrjico, para evitar un embarazo "no deseado" si fallaron las alternativas anteriores.
Por su parte, quienes usan los métodos naturales para espaciar el nacimiento de los hijos, tienen en cuenta los ritmos de la naturaleza y las condiciones en que las probabilidades de engendrar son mínimas, pero no las eliminan artificialmente: siempre dejan una puerta abierta. Además, los métodos naturales no generan una mentalidad anticonceptiva, sino más bien procreativa, en la medida que los esposos siempre están de alguna manera, abiertos al mandato de la naturaleza (para los no creyentes) o del Creador (para los creyentes).
 
Paternidad responsable vs. paternidad inconsciente: ¿cuál es cuál?
 
Desde nuestro punto de vista, padres responsables, son aquellos que asumen la responsabilidad por los hijos que engendran, por su formación integral, por sus necesidades reales. Son aquellos que dan muestras de su responsabilidad, respetando la dignidad personal de su cónyuge -no usándolo como objeto de placer- y de sus hijos -permitiéndoles vivir-.
Padres irresponsables -caricatura de los anteriores- parecen ser aquellos tan, pero tan exquisitamente "responsables", que no traen hijos al mundo para que -entre otras cosas- no hayan más personas dañando el medio ambiente... Para no hacerse responsables de sus actos, utilizan anticonceptivos como quien come caramelos, y naturalmente (¿o antinaturalmente?), tienen pocos hijos. En lo posible, uno sólo, porque los hijos son "una gran responsabilidad".
No deja de ser paradójico que por regla general, algunos pretendan llamar "responsables" a los padres que no quieren hacerse responsables de sus hijos -y por eso los evitan-, e "inconscientes" a los padres que generosa y libremente, asumen la enorme responsabilidad de criar proles numerosas. En un intento por tergiversar el verdadero significado de la paternidad responsable, se ha llegado a identificar "responsabilidad" con egoísmo, y generosidad con "inconsciencia". A tanto ha llegado la hipocresía, que los responsables son tenidos por locos y los cómodos por sensatos.
 
Conclusión 
 
Pueden existir razones de peso para espaciar el nacimiento de los hijos. Pero no es lícito hacerlo en cualquier situación y ante el menor problema, sino sólo cuando se trate de problemas realmente graves que así lo aconsejen. 
No es lícito asimismo, utilizar cualquier método con el fin de espaciar los nacimientos. Es cierto que los abortivos (DIUs, píldora del día después, RU 486, etc.) son aún peores que los anticonceptivos (píldoras, preservativos, etc.), puesto que los primeros matan la vida concebida y los segundos evitan la concepción.
No obstante, todos los anticonceptivos tienen, sin excepción, un denominador común: son inmorales, desde que rompen la necesaria relación que debe existir entre acto conyugal y apertura a la procreación. El acto conyugal debe ser una manifestación de amor y entrega entre esposo y esposa, y como tal, debe estar abierto a la generación de nuevas vidas. Una cosa es que la procreación naturlmente no se produzca -por realizar el acto conyugal en circunstancias en las que muy difícilmente se engendran nuevas vidas-, y otra que se evite a toda costa interponiendo barreras físicas o químicas.  Si voluntaria y artificialmente se obstruye la capacidad procreativa de quienes se unen en el acto conyugal, la entrega no es total, y la experiencia muestra que a la larga, los esposos se vuelven desconfiados el uno del otro, hasta llegar en no pocas ocasiones, al divorcio. Pero si en lugar de la voluntad humana, son los ritmos de la naturaleza quienes impiden la concepción, marido y mujer no tienen de que preocuparse, puesto que dejaron una puerta abierta a la vida.
Por último, se advierte sobre la ambigüedad en el uso del término "paternidad responsable": originalmente, este término significa asumir las consecuencias de traer uno o varios hijos al mundo, y no "ahorrar hijos" para no tener que enfrentar la responsabilidad que implica su manutención y formación hasta que puedan valerse por sí sólos. Paternidad responsable significa invitar a muchos al banquete, no quitarles los asientos y los platos que les corresponden: administrar con justicia y responsabildad recursos escasos, significa dar a cada uno lo suyo, no guardar los fondos en la cuenta privada del administrador...
 
AVE FAMILIA  
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
TRES HURRAS POR EL MATRIMONIO
 
Los datos prueban el valor de una institución asediada

LONDRES, 8 de marzo de 2003 (
ZENIT.org).- Gran Bretaña ha celebrado la Semana Nacional del Matrimonio del 9 al 16 de febrero. El evento, organizado por un grupo privado y ya en su séptimo año, había sido apoyado en el pasado económicamente por el gobierno. Ya no. Este año, las autoridades públicas retiraron su apoyo y el dinero, informó el diario Telegraph el 1 de febrero.
Los líderes religiosos no se dejaron intimidar. Dieron su firme apoyo a las actividades, según una nota de prensa de los organizadores el 4 de febrero. El líder anglicano Rowan Williams, el nuevo arzobispo de Canterbury, afirmó, «cuando una pareja declara públicamente su amor mutuo en el matrimonio, y promete estar unida durante toda la vida, no sólo est algo para sí mismos. Están haciendo un gran regalo a toda la sociedad, diciéndoles a todos de lo que es capaz el amor. Éste es un regalo que hay que celebrar y espero que esta semana nos dé muchas oportunidades para afirmar la visión que el matrimonio proclama».
Igualmente, el cardenal Cormac Murphy-O’Connor, primado católico de Inglaterra y Gales, observaba: «El amor matrimonial y el compromiso son todavía el ideal al que nosotros como sociedad aspiramos y queremos que nuestros hijos aspiren. La Semana del Matrimonio es una oportunidad para nuestra sociedad de celebrar y renovar nuestro compromiso por el matrimonio, y para reconocer nuestra responsabilidad a la hora de encontrar mejores formas de apoyar a las parejas casadas, especialmente en momentos difíciles».
Otros líderes religiosos que apoyaron el acontecimiento incluían al Rabino jefe Jonathan Sacks; el reverendo Joel Edwards, director general de la Alianza Evangélica; y Indirjit Singh, editor del Sikh Messenger.
Una de las actividades de la semana fue la firma de una «Política Comunitaria por el Matrimonio», firmada por un grupo de funcionarios de registros civiles y cerca de 25 líderes de iglesias en la ciudad de Bath. Una nota de prensa del 8 de febrero por parte de los organizadores explicaba que esperan extender esta iniciativa a otras ciudades en un futuro cercano.
El documento contiene cuatro puntos principales:
Los organizadores pidieron un mayor apoyo del gobierno para ayudar a los matrimonios a permanecer juntos. Harry Benson, que dirige un proyecto de apoyo al matrimonio en Bristol, afirmaba: «El estado gasta 15.000 millones de libras (23.700 millones de dólares) para tratar los fracasos de los matrimonios rotos – con todo por cada 3.000 libras gastadas en una ruptura familiar sólo se gasta 1 para intentar conservar a las familias unidas».

Datos recientes
 
Una colección de ensayos, publicada en Estados Unidos el año pasado, «Marriage, Health and the Professions», contenía numerosos estudios que muestran las ventajas del matrimonio. En un ensayo, Linda J. Waite defendía que estar casados mejora la salud física y psíquica y alarga la vida.
Waite también afirmaba que cohabitar no proporciona las mismas ventajas, puesto que las partes, con frecuencia, continúan enganchadas a prácticas malsanas, como el abuso de drogas y alcohol. Observaba: «Sentir que uno es querido y cuidado mejora el bienestar emocional, disminuyendo la depresión y la ansiedad, y fomentando recursos psicológicos tales como la autoestima, el dominio y la confianza».
Los críticos del matrimonio argumentan en ocasiones que son principalmente los hombres y los niños, no las mujeres, quienes se benefician. Pero los datos de una encuesta de 1996 del Australian Bureau of Statistics sobre 10.600 adultos sugieren otra cosa, observaba el Canberra Times el 18 de septiembre. Los datos de Australia muestran que las mujeres con menos problemas mentales de salud están casadas, trabajando y criando a los hijos.
La investigación cubría la depresión, desórdenes bipolares, manías, desórdenes de ansiedad, abuso de drogas y alcohol. Las mujeres casadas sin hijos que trabajan tienen un 14% de probabilidades de tener uno de estos problemas, mientras que las mujeres casadas con trabajo e hijos tienen un 12%. Las probabilidades de un desorden mental en las mujeres son mucho más altas si están solteras. Estar solteras y sin trabajo es el peor estado.
La investigación fue llevada a cabo por David de Vaus, del Instituto Australiano de Estudios de la Familia. Afirmó que la extensa creencia de que las mujeres se empobrecen por el matrimonio se basaba en datos de Estados Unidos de los años 60. Las investigaciones recientes, por el contrario, han demostrado que las personas «ancladas en papeles bastante fundamentales» –paternidad, pareja y trabajo- lo llevan mejor que las que no lo están.
El matrimonio no sólo es importante para los individuos implicados, sino también para la sociedad en general, observa el erudito americano James Q. Wilson. En su reciente libro «The Marriage Problem», observa: «No es el dinero sino la familia el fundamento de la vida pública».
Wilson observa las duras críticas levantadas contra la familia tradicional, y la expectativa de muchos de que el matrimonio está destinado a desaparecer, para ser reemplazado por formas alternativas de unión. También toma nota de la combinación de sexo barato, divorcio fácil y gastos de bienestar que afectan dolorosamente al matrimonio.
Sin embargo, los niños de familias que cohabitan o tienen sólo a la madre o al padre sufren más en comparación con las familias con los dos padres, afirma. Wilson cita numerosos estudios que señalan una gama de problemas a los que tienen que hacer frente los niños criados fuera de matrimonios estables, que incluyen resultados educativos más pobres, abusos sexuales, problemas físicos y psicológicos, y una mayor tendencia a cometer crímenes. Y las ventajas de la cohabitación «son sobre todo ilusorias», arguye.

Consolidar los lazos
 
Otros ensayos en «Marriage, Health and the Professions» se ocupan de cómo puede ayudarse a los matrimonios. William J. Doherty, director del programa de terapia matrimonial y familiar en la Universidad de Minnesota, y Jason S. Carroll, profesor adjunto en el programa de desarrollo matrimonial, familiar y humano en la Universidad Brigham Young, trataron el tema de la terapia marital.
En su opinión, los terapeutas maritales han abandonado la defensa del compromiso y la estabilidad maritales, adoptando en su lugar una postura neutral sobre el tema. Doherty y Carroll piden mayor atención a la dimensión comunitaria del matrimonio, y que se evite una perspectiva individualista. «Nuestro campo no puede ser intelectualmente honesto o profesionalmente responsable a menos que insistamos abiertamente en el significado moral, espiritual y comunitario más profundo del matrimonio», concluían.
Y en cuanto al lado espiritual del matrimonio, David P. Larson y James P. Swyers, presidente y consultor, respectivamente, en el Centro Internacional para la Integración de Salud y Espiritualidad, insisten en la importancia de la religión en la consolidación de los matrimonios.
Numerosos estudios demuestran que una vida religiosa activa tiene consecuencias positivas al ayudar a las parejas a ajustarse y perseverar en sus matrimonios. La religión también juega un papel positivo al reconciliar matrimonios con problemas. Finalmente, los autores concluyen que el compromiso religioso se asocia con un mayor compromiso personal en el matrimonio.
El gobierno de Estados Unidos anunció recientemente su apoyo a algunos programas matrimoniales llevados a cabo por organizaciones religiosas. Como parte de la iniciativa de proporcionar fondos federales a las organizaciones con base religiosa, el secretario de servicios sanitarios y humanos, Tommy Thompson anunció más de 2,2 millones de dólares en subvenciones a 12 estados y a una variedad de organizaciones religiosas, sin ánimo de lucro y tribales, informó Associated Press el 2 de enero.
Entre ellas hay dos organizaciones y una agencia estatal que acentúan la importancia de un matrimonio sano para el bienestar de un niño. Una organización, en Pennsylvania, recibió 177.373 dólares para trabajar con las organizaciones de las iglesias locales para proveer de educación matrimonial y otros servicios a las parejas no casadas.
Sin embargo, el libro de Wilson concluye que los subsidios del gobierno no serán suficientes para restaurar matrimonios. Lo que se necesita, argumenta, es una esfuerzo unido de familias, iglesias, barrios y medios de comunicación para desviar a la cultura de su actual hostilidad hacia el matrimonio. El debate sobre cómo lograrlo continuará. Lo que está fuera de dudas es la importancia del matrimonio como parte de los fundamentos de la sociedad.
 
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CÓMO LA DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA ROBA A LOS NIÑOS SUS OPORTUNIDADES DE PROSPERIDAD FUTURA
 
Patrick Fagan (*)
 
Mucho del debate acerca del gap creciente entre ricos y pobres en América se centra en el cambio del entorno laboral, el coste de vida y la estructura legal y fiscal que constituye el nervio de los empresarios y empleados.  Pero la literatura sobre las ciencias sociales demuestran que la causa raíz de la pobreza y la disparidad de ingresos está innegablemente vinculada a la presencia o ausencia de matrimonio.  Las familias rotas ganan menos y experimentan niveles menores de alcance educativo.  Peor aún, transvasan la perspectiva de ingresos más magros y de inestabilidad familiar a sus hijos, asegurando un ciclo continuo, cuando no en expansión, de tensión económica.
Sencillamente, el hecho de que los padres de un niño estén y permanezcan o no casados tiene un efecto abrumador en su futura prosperidad y la de la próxima generación.  Desafortunadamente, el incremento en el número de los niños nacidos en el seno de familias rotas en América -de 12 de cada 100 nacidos en 1950 hasta un nivel de 58 de cada 100 nacidos en 1992- se ha convertido en un ciclo aparentemente irrompible que el gobierno federal no sólo continua ignorando, sino que incluso promueve a través de ciertas  políticas.
Numerosos investigadores académicos y sociales han demostrado cómo el camino para lograr un ingreso estable y decente aún es el tradicional:  escolarización completa, obtención de un trabajo, contraer matrimonio, tener hijos... en ese orden.  Obviamente, el viaje hacia una fuente de ingresos segura puede descarrilar por las diversas elecciones que los niños van haciendo a medida que crecen, tales como abandonar el colegio o quedar embarazadas antes del matrimonio.  Pero por lo general, los niños que crecen en una familia estable con los dos padres, tienen mejores perspectivas para conseguir ingresos seguros cuando adultos.
Gracias a los recientes avances en los métodos conforme a los cuales los científicos y los economistas solían recolectar información, los investigadores están adoptando una visión intergeneracional más amplia de la gente pobre de América.  Desde esta atalaya, se ha comprobado que las políticas federales de las tres décadas pasadas han promovido la dependencia de la ayuda social, las familias monoparentales respecto a las compuestas por padres unidos en matrimonio, y han desperdiciado los beneficios de un vigoroso mercado libre y una economía fuerte.   Hoy, el futuro económico y social de los niños en las clases media y humilde está siendo minado por una cultura que promueve el sexo en la adolescencia, el divorcio, la cohabitación y los hijos extramatrimoniales.
Afortunadamente, el gobierno federal y los distintos estados y comunidades locales pueden jugar un papel importante en el cambio de esta cultura para asegurar que todos los niños alcanzarán su potencial económico pleno, y no languidecer en la trampa de la pobreza.
 
El vínculo entre divorcio y pobreza
 
Para comprender la importancia del matrimonio en la prosperidad, y cuáles son los factores determinantes de un matrimonio estable, es importante mirar primero a la evidencia que rodea a los efectos de sus alternativas -divorcio, cohabitación e hijos extramatrimoniales- sobre los niños y sobre los ingresos.
Tristemente, casi la mitad de las familias americanas experimentan la pobreza tras un divorcio, y el 75% de las mujeres que solicitan la ayuda social lo hacen a consecuencia de un matrimonio o una relación extramatrimonial rotas.
El divorcio tiene muchos efectos perniciosos sobre el nivel de ingresos de las familias y las futuras generaciones.  Sus efectos inmediatos pueden verificarse en la información reportada en 1994 por Mary Corcoran, una profesora de ciencias políticas en la Universidad de Michigan:  "Durante los años que los niños viven con los dos padres, los ingresos de sus familias mediaron 43600 $, y cuando estos mismos niños han pasado a convivir con un solo progenitor, los ingresos de sus familias eran como media de 25300$.  En otras palabras, los ingresos del hogar de un niño han caído como media un 42 % tras el divorcio.  En 1997, 8.15 millones de niños vivían con un progenitor divorciado.  Ha habido un incremento del 354 % desde 1950. 
Aún siendo tan considerable esta reducción de ingresos, este hecho apenas llama la atención pública en cuanto a la relación entre la ruptura matrimonial y la pobreza.  Considere el lector, por comparación, la reacción a un decrecimento parecido en la economía nacional.  Cuando la productividad en la economía americana cayó un 2.1 % entre 1981 y 1982, se le dio el nombre de recesión.  Y cuando la economía se contrajo un 30.5 %, de 141 millones de dólares a 103 millones (en dólares constantes de 1958) entre 1929 y 1933, a esto se le llamó la Gran Depresión.  Sin embargo, todos y cada uno de los años que han transcurrido en durante los últimos 27, más de un millón de niños han experimentado el divorcio en sus familias, con una reducción asociada de los ingresos familiares que osciló entre el 28 y el 42%.  No es de extrañar que tres cuartas partes de las mujeres que solicitan ayuda social lo hacen a consecuencia de una ruptura matrimonial.
Comprensiblemente, las madres que son empleadas al tiempo de su divorcio tienen muchas menos posibilidades de convertirse en receptoras de la ayuda social que las madres que no trabajaban.  Y las madres que no desarrollan actividad laboral al tiempo de su divorcio tienen tantas posibilidades de tener que acudir a la beneficencia como las madres solteras que pierden sus empleos.  El divorcio es el factor principal en la determinación del alcance de las "rachas de pobreza", particularmente para aquellas mujeres cuyos ingresos familiares antes del divorcio estaba en la mitad de abajo de la estadística de distribución de ingresos.  El divorcio, por lo tanto, plantea la mayor de las amenazas para las mujeres procedentes de familias de bajos ingresos.  Dicho sencillamente, el divorcio se ha convertido en algo demasiado extendido, y afecta a un número de niños cada vez mayor. 
En los años 50, la tasa de divorcios era menor en grupos de altos ingresos;  en los 60 hubo una convergencia de tasas entre todos los grupos socioeconómicos.   En 1975, por primera vez, más matrimonios terminaron en divorcio que en muerte. Desde 1960, ha habido un cambio significativo en el ratio de niños privados de padres casados por razón de fallecimiento comparados con los que fueron privados de ellos por divorcio.  Comparados con el número de niños que han perdido a un padre por fallecimiento,  mas del 15%, el 150% y el 580% respectivamente, han perdido a un padre a consecuencia de un divorcio en 1960, 1986 y 1995.
El divorcio está vinculado a un buen número de problemas serios que van más allá del problema económico inmediato que constituye la pérdida de ingresos.  Por ejemplo, las hijas de padres divorciados tienen muchas más probabilidades de quedar embarazadas y tener hijos fuera del matrimonio, particularmente si el divorcio sucedió durante los años de mitad de adolescencia y dos veces más probabilidades de convivir sin casarse que los hijos de padres casados. Además, el divorcio parece influir en una reducción de los logros educacionales  de los niños afectados, debilitando su salud física y psíquica y predisponiéndoles a una rápida iniciación sexual y a mayores niveles de inestabilidad matrimonial.  También incrementa la posibilidad de no casarse nunca especialmente en el caso de los chicos .
Para una madre con hijos, el divorcio incrementa su responsabilidad financiera y, normalmente, sus horas de trabajo fuera de casa.  El divorcio unido a las horas de trabajo adicionales también disminuyen sus recursos para ejercer la maternidad.  Estos stresses adicionales cobran su peaje:  las madres solteras experimentan niveles más altos de enfermedades físicas y mentales, adicciones e incluso suicidio tras el divorcio.  Todos estos factores tienen su efecto sobre la renta familiar. 
Además, las consecuencias del divorcio fluyen de generación en generación, ya que los hijos del divorcio tienen mayores probabilidades de experimentar los mismos problemas y de trasladarlos, a su vez, a sus propios hijos.  Es significativo que estos efectos sean marcadamente diferentes del efecto que la muerte de un padre casado tiene sobre sus hijos:  de hecho, tales niños tienen menores posibilidades que la media de divorciarse de adultos.
 
Divorcio y generación de patrimonio familiar. 
 
Poca investigación se ha realizado respecto al efecto del divorcio en el patrimonio familiar acumulado con el tiempo por un hogar, pero un estudio de la Corporación Rand, indica que el efecto puede ser dramático:  la estructura familiar está fuertemente vinculada al bienestar económico que se tiene al alcanzar los sesenta años de edad.
Incluso cuando se combinan los patrimonios de los dos hogares divorciados, el estudio RAND muestra que su base patrimonial es la mitad que la de las parejas casadas.
Reflexionándolo, esto tiene sentido.  Tras un divorcio, el mayor patrimonio -el hogar familiar- es frecuentemente vendido y su importe empleado en financiar el divorcio y establecer nuevos hogares.  Adicionalmente, la evidencia indica que el ingreso de hogares divorciados con hijos cae significativamente, disminuyendo así la probabilidad de incrementar el patrimonio.
 
Cohabitación y divorcio. 
 
Nuestra comprensión de los efectos de la cohabitación sobre los ingresos deriva, a la fecha, principalmente de sus relaciones significativas con el divorcio.  La gente que convive antes del matrimonio duplican las tasas de divorcio de las parejas que no cohabitan antes del matrimonio, y cuatro veces esa tasa si se terminan casando con otra pareja distinta a aquella con la que cohabitaron. Además, muchos de estos jóvenes adultos expresaron inseguridad acerca de su futuro en común.  Es un factor directo e indirecto a la vez en cuanto a la reducción de los ingresos familiares. 
Hoy día, hay más americanos que nunca que conviven antes del matrimonio -una media de 1.5 años.  Hombres y mujeres en su veintena y treintena están viviendo juntos en la misma proporción que antes, pero con una diferencia significativa:  muchos más cohabitan ahora que los que se casan. 
La proporción de matrimonios precedidos por un periodo de cohabitación se incrementó del 8% a finales de los 60 hasta el 49% en 1985.  Más de la mitad de los americanos en la treintena viven hoy en régimen de cohabitación, y más de la mitad de los matrimonios recientes han sido precedidos por una cohabitación.  Larry Bumpass, un profesor de la universidad de Wisconsin-Madison, en el Centro por la Demografía y la Ecología, destacaron en un comunicado a la Asociación de la Población de América que "el sexo, la forma de vida y la paternidad dependen cada vez menos del matrimonio".
Una razón que explica este cambio en los valores americanos reside en los padres que se divorcian:  sus hijos tienen mayores probabilidades de cohabitar antes del matrimonio.  En 1990, el 29% de los que siempre habían vivido con sus padres casados habían cohabitado antes del matrimonio, pero entre el 54% y el 62% de los hijos del divorcio cohabitaban antes del matrimonio.  
La cohabitación dobla la tasa de divorcio, y las tasas vuelven a doblarse de nuevo en el caso de quienes cohabitan antes del matrimonio con una persona que luego no será su futuro cónyuge.  El 40% de las parejas que cohabitan tienen hijos en casa, y el 12 % de todas las parejas que cohabitan tienen hijos biológicos durante la cohabitación.   Más de la mitad de los adultos (56%) que viven juntos fuera del matrimonio, tienen hijos y luego se casan, acabarán divorciándose.  Cerca del 80% de los hijos que han vivido en un hogar en el que sus padres cohabitaban pasarán una parte de sus infancias en un hogar monoparental. 
Dado este alto nivel de rupturas, la cohabitación puede ser un buen indicio de la futura debilidad en los ingresos de un hogar, y de la situación económica y social de los hijos de estas uniones.  El problema se agrava aún más por la creciente aceptación cultural de lo que antes solía describirse como "relaciones ilícitas".  Larry Bumpass descubrió que para para principios de los 90, sólo el 20% de jóvenes adultos desaprobaban el sexo prematrimonial, incluso para jóvenes de 18 años, y que sólo uno de cada seis lo desaprobaba explícitamente bajo cualquier circunstancia.
 
Los Riesgos y las Tasas de Divorcio.
 
El riesgo de divorcio está directamente vinculado a factores en los antecedentes familiares, tales como el divorcio o la cohabitación de los propios padres, o haber ser hijo de una madre muy joven. 
La investigación demuestra también que el divorcio está vinculado al nivel de educación.  En general, cuanto más nivel educativo posee una persona tiene menos posibilidades de divorciarse.  Las tasas de divorcio son 1/3 menores entre mujeres que han completado el ciclo de bachiller superior, y un 80% menores entre mujeres que han completado la universidad que entre las que no han completado su bachiller.  El divorcio también está vinculado a cocientes intelectuales menores. 
El riesgo de divorcio es mayor entre matrimonios de religión mixta y entre los que no asisten regularmente a los cultos religiosos.
El riesgo es el doble entre los que conviven antes del matrimonio, y aún se dobla si el cohabitante se casa con otra persona distinta de la que cohabitó.
Otros riesgos de divorcio incluyen un divorcio anterior.  Casarse con una persona que ya tenga una familia, casarse en la adolescencia (el divorcio es 2/3 menor entre las mujeres casadas después de los 25 años que entre las que se casaron de adolescentes);  y, especialmente, casarse embarazada en la adolescencia. 
En general , cuanto mayores son los ingresos de un hombre en relación con los de su esposa, más alta es la tasa de matrimonio y menor la de divorcio.  Para las mujeres, las tasas de matrimonio son mayores en áreas locales que ofrecen menores alternativas al matrimonio.  Cuanto más ganan las mujeres, menos atractivo les parece, por lo general, el matrimonio.  Como dijo el profesor Larry Bumpass, de la Universidad de Wisconsin en su discurso presidencial a la Asociación  de la Población de América, "si el matrimonio no asegura una familia biparental para los hijos ni tampoco una seguridad económica vitalicia para la mujer, la importancia de casarse para 'legitimar' un nacimiento es mucho menor".  Esto podría aplicarse a todos los matrimonios en general, no sólo a los matrimonios a la fuerza. 
Las tasas de divorcio se duplican para matrimonios jóvenes, si el marido se halla desempleado en algún periodo de su primer año de matrimonio, y es el 50% mayor nuevamente si ambos están desempleados.  Si el desempleo se debe a la prolongación de su educación, no obstante, no hay incremento en el riesgo para ese matrimonio.  Los datos del censo de 1980 muestran que una de cada cuatro esposas ganaron más o sólo ligeramente menos que sus esposos.  El 40% de las esposas que tenían cinco o más años de educación universitaria ganaron más o sólo ligeramente menos que sus esposos. 
La tasa de esposas incorporadas al mercado laboral se ha visto acompañada por un incremento en las tasas de divorcio:  El número de esposas incorporadas al mercado laboral pasó del 18% en 1950 al 64% en 1992.  Durante el mismo periodo, la tasa de divorcio pasó de uno de cada cuatro a uno de cada dos matrimonios.
 
Bibliografía:
 
Larry L. Bumpass, Teresa Castro Martin, and James A. Sweet, "The Impact of Family Background and Early Marital Factors on Marital Disruption," Journal of Family Issues, Vol. 12, No. 1 (March 1991), pp. 22-42.
Tom Luster and Harriette Pipes McAdoo, "Factors Related to the Achievement and Adjustment of Young African American Children," Child Development, Vol. 65, No. 4 (April 1994), pp. 1080-1094
Charles Murray, Income Inequality and IQ (Washington, D.C.: American Enterprise Institute, 1998).
Darwin L. Thomas and Gwendolyn C. Henry, "The Religion and Family Connection: Increasing  Dialogue in the Social Sciences," Journal of Marriage and the Family, Vol. 47 (May 1985), pp. 369-370.
Larry L. Bumpass, "What’s Happening to the Family? Interactions Between Demographic and Institutional Change," Presidential Address to the Population Assocation of America, Demography, Vol. 27, No. 4 (November 1990), pp. 483-498.
Paul C. Glick, "Fifty Years of Family Demography: A Record of Social Change,"J. of Marriage and Family, Vol. 50  (1988), pp. 861–873.
Larry L. Bumpass, James Sweet, and Andrew Cherlin, "The Role of Cohabitation in Declining Rates of Marriage,"  Journal of Marriage and the Family, Vol. 93 (1995), pp. 913-927.
F. Furstenburg, J. Brooks-Gunn, and P. Morgan, Adolescent Mothers in Later Life (Cambridge, U.K.: Cambridge University Press, 1987), and "Adolescent Mothers and Their Children in Later Life," Family Planning Perspectives, Vol. 19, No. 4 (July/August 1987).
Daniel T. Lichter, Felicia B. LeClere, and Diane K. McLaughlin, "Local Marriage Markets and the Marital Behavior of Black and White Women," American Journal of Sociology, Vol. 96, No. 4 (January 1991), pp. 843-867.
Steven L. Nock, "Commitment and Dependency in Marriage," Journal of Marriage and the Family, Vol 57 (1995), pp. 503-514.
June O’Neill, "Can Work and Training Programs Reform Welfare?" J. of Labor Research, Vol. 14, No. 3 (1993), pp. 265-281. - Bureau of the Census, Statistical Abstract of the United States, 1996, Table No. 90.
 
(*) Fundacion heritage - no. 1283 - 11 Junio 1999 - Artículo original en inglés (con gráficos) en:

http://www.heritage.org/library/backgrounder/bg1283es.html


¿SI SE PUEDE?
Marcia Ameriot

Leyendo los diarios esta semana, me encontré un testimonio de una madre española que terminó siendo la motivación de este artículo. Decía “Soy una mamá no productiva; bueno, en realidad debo ser no productiva por ser mamá. Mi marido me ha comentado lo de la famosa ayuda de los 100 euros a las mamás trabajadoras, y que sus compañeras con niños pequeños ya la habían solicitado; las mujeres sin hijos decían que por 100 euros no se iban a animar a tenerlos. Hace pocos días recibí de la Tesorería de la Seguridad Social una hoja con mi vida laboral, 6.680 días, más de 18 años, ¡ah, entonces sí que era productiva! En las últimas entrevistas de trabajo, al decir la edades de las dos niñas pequeñas, 18 meses y 3 meses, o al verme embarazada de esta última, casi se quedaban horrorizados, incluso se han permitido decirme que ya pararía, o que vaya patinazo. Una vez, dos días antes de firmar el contrato, fui a ver al jefe de personal para comunicarle que estaba embarazada; se quedó extrañadísimo de cómo podía haberme despistado y no controlado el tema. ¡Llevábamos un mes negociando el trabajo!, y en sólo un minuto pasé de ser la persona ideal para dirigir su oficina, a una persona no apta, sólo por estar embarazada. Ni qué decir tiene que ya no hubo trabajo.”
Paradójicamente, según el Instituto “Families and Work” de Nueva York, las compañías más exitosas en Estados Unidos son las que tienen la proporción más alta de mujeres empleadas y ocupando gerencias.
Para Carly Fiorina, la flamante CEO de la Hewlett Parker, eso no es ninguna novedad. Ocupando desde 1999 la dirección de la empresa y el primer lugar de una lista de los 50 directivos más poderosos del mundo de los negocios, la carrera de Fiorina parece ser la prueba de que, cuando tienen la oportunidad y el talento, las mujeres pueden llegar hasta donde quieran.
Pero si historias como la de la mujer de negocios más poderosa del mundo parecen ser excepción en un mercado laboral adverso para la mujer, como lo hace notar el testimonio que encabeza nuestro texto, hay buenas noticias. Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) informa que, en América Latina, la desproporción de sueldos entre hombres y mujeres bajó de 32% a 22% en la última década. Y que en Estados Unidos y Europa la diferencia es inferior a 10 puntos percentuales. Según especialistas, en 20 años no habrá ya diferencias. Algo notable, si consideramos que las barreras culturales contrarias a la entrada de la mujer en el mundo del trabajo comenzaron a caer hace relativamente poco tiempo. En un primer momento, las mujeres participaban en el mercado solamente como secretarias, telefonistas y enfermeras, para nombrar tres campos netamente femeninos. Hoy, ocupan ya puestos que antes eran considerados imposibles de ser ejercidos por mujeres, como la ingeniería y la alta tecnología. Ya se dice que no hay un complot machista en el mercado, que cuando ocupan la misma función y cuentan con un mismo currículum, las mujeres reciben el mismo sueldo que los hombres. Que lo que pasa es que como están desde hace menos tiempo en el mercado de trabajo, es natural que las mujeres tengan un currículum menos cualificado y menos experiencia que su colegas varones.
¿Es así de sencillo? No parece. En realidad, las mujeres siguen llevando la desventaja en los procesos de selección no solamente por contar con menos experiencia laboral y un curriculum más pobre. Muchas empresas creen que la atención que tienen que dar a la casa, al marido y a los hijos podría ser un impedimento para desarrollar bien su trabajo. Nada más equivocado.
“El actual mercado de trabajo exige profesionales creativos y polivalentes, lo que es una de las principales características femeninas”, afirma Simon Franco, uno de los más famosos consultores de negocios, presidente de la TMP Wordwide para América Latina. Y nos explica bien lo que significa el concepto de polivalente para él: “desde muy temprano, las mujeres aprenden el arte de la versatilidad, acumulando funciones y ejerciendo al mismo tiempo los roles de hija, madre y esposa”.
La economista Christina Larroudé confirma el hallazgo: investigó la vida de 51 mujeres de éxito en el mundo ejecutivo y concluyó que, para ascender profesionalmente, no hace falta imitar a los hombres: que lo que el mercado acoge y premia son justamente características bastante femeninas como la capacidad de relacionarse con los demás, de sacar adelante al otro, de trabajar en equipo. Además, agrega otras cualidades de las mujeres ejecutivas: son más perseverantes, más perfeccionistas y más constantes. Incluso la inseguridad, que en principio podría ser uno de los puntos débiles de la mujer, le cosecha victorias en el trabajo porque le hace ser menos impulsiva y contar con más información antes de tomar alguna decisión.
Pero, si es así, ¿por qué la maternidad sigue siendo considerada un obstáculo para la carrera profesional? Es interesante notar que una encuesta de la misma OIT descubre que, mientras el 95% de los ejecutivos son casados y tienen o pretenden tener hijos; la mitad de las mujeres que ocupan cargos de dirección no tienen hijos. Más claro que el agua.
El choque entre la maternidad y la carrera, además de ser real en el mercado de trabajo, parece que empieza a jugarse primero en la cabeza de la mujer. Hay estudios que afirman que la mujer se hace dos promesas que cree ser capaz de cumplir. La primera en la casa, queriendo que no se note que trabaja fuera. Y la segunda en el trabajo, haciendo creer al jefe que no habrá ningún cambio ahora que tiene hijos. Y, claro, no puede cumplir ninguna de las dos. Necesitará mucha ayuda en casa para que el tiempo que pasa fuera sea compensado de alguna manera. Y en el trabajo, tendrá que contar obviamente con unas condiciones que le faciliten la vida como madre y trabajadora.
Además, madre se es para toda la vida, no solamente durante el embarazo y el parto. Y la mujer, la empresa y los gobiernos tienen que acordarse de ello si quieren que haya equilibrio entre el mundo laboral y la vida familiar.
El plan ideal de estudiar, hacer carrera, después casarse y aprovechar al máximo la vida a dos y al fin tener hijos, parecería perfecto si no fuese por un detalle: a esas alturas, la mujer pudo haber dejado atrás su mejor momento biológico para un embarazo. Y el hijo que colmaría su proyecto de vida no llegaría con tanta facilidad. Todavía queda una pregunta para la mujer: ¿Vale la pena postergar la maternidad por una carrera profesional cuando las dos no son compatibles?
www.mujernueva.org
 

DEFENSA DE LA VIDA 

 
DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA IX ASAMBLEA GENERAL DE LA PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA
 
Juan Pablo II
 
Amadísimos miembros de la Academia Pontificia para la Vida:
1. La celebración de vuestra asamblea me ofrece la ocasión de dirigiros con alegría mi saludo, expresándoos mi aprecio por el intenso empeño con el que la Academia para la vida se dedica al estudio de los nuevos problemas, sobre todo en el campo de la bioética.
Doy las gracias en particular al presidente, profesor Juan de Dios Vial Correa, por las amables palabras de saludo que me ha dirigido, así como al vicepresidente, monseñor Elio Sgreccia, diligente y valioso en su entrega a la tarea que se le ha confiado. Saludo también con afecto a los miembros del consejo directivo y a los relatores de esta importante reunión.
2. En los trabajos de vuestra asamblea habéis querido afrontar, en un programa articulado y denso de reflexiones complementarias entre sí, el tema de la investigación biomédica, afrontándolo desde el punto de vista de la razón iluminada por la fe. Es una perspectiva que no restringe el campo de observación, sino que más bien lo amplía, porque la luz de la Revelación ayuda a la razón para lograr una comprensión más plena de lo que es propio de la dignidad del hombre. ¿No es el hombre quien, como científico, promueve la investigación? A menudo el hombre es también el sujeto en el que se realiza la experimentación. En cualquier caso, es siempre él el destinatario de los resultados de la investigación biomédica.
Es un hecho reconocido por todos que los adelantos de la medicina en la curación de las enfermedades depende prioritariamente de los progresos de la investigación. En particular, es sobre todo de este modo como la medicina ha podido contribuir de manera decisiva a derrotar epidemias letales y a afrontar con éxito graves enfermedades, mejorando notablemente, en grandes zonas del mundo desarrollado, la duración y la calidad de la vida.
Todos, creyentes y no creyentes, debemos rendir homenaje y expresar nuestro sincero apoyo a este esfuerzo de la ciencia biomédica, que no sólo nos permite conocer mejor las maravillas del cuerpo humano, sino que también favorece un nivel digno de salud y de vida para las poblaciones del planeta.
3. La Iglesia católica quiere expresar también su gratitud a los numerosos científicos dedicados a la investigación en el ámbito de la biomedicina. En efecto, muchas veces el Magisterio les ha solicitado su ayuda para la solución de delicados problemas morales y sociales, recibiendo una colaboración convencida y eficaz.
Quisiera recordar aquí, en particular, la invitación que el Papa Pablo VI dirigió, en la encíclica Humanae vitae, a los investigadores y científicos, para que dieran su contribución "al bien de la familia y del matrimonio", tratando de "aclarar más profundamente las diversas condiciones favorables a una honesta regulación de la procreación humana" (n. 24). Es una invitación que hago mía, subrayando su permanente actualidad, que se ha acentuado debido a la creciente urgencia de encontrar soluciones "naturales" para los problemas de infertilidad conyugal.
Yo mismo, en la encíclica Evangelium vitae, pedí a los intelectuales católicos que estuvieran presentes en los ambientes privilegiados de la elaboración cultural y de la investigación científica, para promover en la sociedad una nueva cultura de la vida (cf. n. 98). Precisamente con esta perspectiva instituí vuestra Academia pontificia para la vida, con la tarea de "estudiar, informar y formar en lo que atañe a las principales cuestiones de biomedicina y derecho, relativas a la promoción y a la defensa de la vida, sobre todo en las que guardan mayor relación con la moral cristiana y las directrices del magisterio de la Iglesia" (motu proprio Vitae mysterium, 4).
Por consiguiente, en el ámbito de la investigación biomédica, la Academia para la vida puede constituir un punto de referencia y de iluminación no sólo para los investigadores católicos, sino también para cuantos deseen trabajar en este sector de la biomedicina para el bien verdadero de todo hombre.
4. Renuevo, por tanto, mi apremiante llamamiento para que la investigación científica y biomédica, evitando cualquier tentación de manipulación del hombre, se dedique con tesón a explorar caminos y recursos para el apoyo de la vida humana, la curación de las enfermedades y la solución de los problemas siempre nuevos en el ámbito biomédico. La Iglesia respeta y apoya la investigación científica, cuando tiene una orientación auténticamente humanística, evitando toda forma de instrumentalización o destrucción del ser humano y manteniéndose libre de la esclavitud de los intereses políticos y económicos. La Iglesia, al proponer las orientaciones morales indicadas por la razón natural, está convencida de que presta un valioso servicio a la investigación científica, ordenada a la consecución del bien verdadero del hombre. Desde esta perspectiva, recuerda que no sólo los objetivos, sino también los métodos y los medios de la investigación deben ser siempre respetuosos de la dignidad de todo ser humano, en cualquier etapa de su desarrollo y en toda fase de la experimentación.
Hoy, tal vez más que en otros tiempos, dado el enorme desarrollo de las biotecnologías también experimentales en el hombre, es necesario que los científicos sean conscientes de los límites insuperables que la tutela de la vida, de la integridad y de la dignidad de todo ser humano impone a su actividad de investigación. He hablado muchas veces de este tema, porque estoy convencido de que callar ante ciertos resultados o pretensiones de la experimentación en el hombre no le está permitido a nadie, y mucho menos a la Iglesia, a la que la historia y quizá los mismos cultivadores de la ciencia podrían imputarle mañana su posible silencio.
5. Deseo dirigir, en especial, unas palabras de aliento a los científicos católicos para que, con competencia y profesionalidad, den su contribución en los sectores donde es más urgente una ayuda para la solución de los problemas que afectan a la vida y la salud de los hombres.
Mi llamamiento se dirige, en particular, a las instituciones y a las universidades que llevan el título de "católicas", para que se esfuercen por estar siempre a la altura de los valores ideales que han propiciado su origen. Hace falta un verdadero movimiento de pensamiento y una nueva cultura de perfil ético elevado y de valor científico irreprensible, para promover un progreso auténticamente humano y efectivamente libre en la misma investigación.
6. Es necesaria una última observación: crece la urgencia de colmar la gravísima e inaceptable brecha que separa el mundo en vías de desarrollo del mundo desarrollado, en lo que atañe a la capacidad de realizar la investigación biomédica, en beneficio de la asistencia sanitaria y en apoyo de las poblaciones afectadas por la miseria y por desastrosas epidemias. Pienso, de modo especial, en el drama del sida, particularmente grave en muchos países de África.
Es preciso tomar conciencia de que dejar a esas poblaciones sin los recursos de la ciencia y de la cultura no sólo significa condenarlas a la pobreza, a la explotación económica y a la falta de organización sanitaria, sino también cometer una injusticia y alimentar una amenaza a largo plazo para el mundo globalizado. Valorar los recursos humanos endógenos quiere decir garantizar el equilibrio sanitario y, en definitiva, contribuir a la paz del mundo entero. La exigencia moral relativa a la investigación científica biomédica se abre así necesariamente a un discurso de justicia y de solidaridad internacional.
7. Deseo que la Academia pontificia para la vida, que se dispone a iniciar su décimo año de vida, acoja este mensaje y lo transmita a todos los investigadores, creyentes y no creyentes, contribuyendo también de este modo a la misión de la Iglesia en el nuevo milenio.
En apoyo de este especial servicio, tan querido para mi corazón y tan necesario para la humanidad de hoy y del futuro, invoco sobre vosotros y sobre vuestro trabajo la ayuda constante de Dios y la protección de María, Sede de la Sabiduría. Como prenda de luces celestiales, os imparto de buen grado a vosotros y a vuestros familiares y compañeros de trabajo la bendición apostólica.
Discurso pronunciado el 24 de febrero 2003, y publicado en "L’Osservatore Romano", edic. semanal española, Viernes 7 de marzo de 2003, p. 7 
 

 
Propone siete compromisos a los investigadores en biomedicina

ROMA, 14 marzo 2003 (
ZENIT.org).- La Academia Pontificia para la Vida ha invitado a los investigadores del área biomédica y bioética a adherirse a un manifiesto que especifica el comportamiento que debe observar el investigador y las normas éticas que debe seguir en su trabajo.
La propuesta se incluye en un apéndice al comunicado final de la IX Asamblea general de la Academia --del 24 al 26 de febrero-- y es el fruto de los trabajos de la reunión celebrada sobre el tema «Ética de la investigación biomédica. Por una visión cristiana».
Podría representar «un signo de esperanza y de compromiso --según la premisa-- para una medicina verdaderamente “humanizada”, al servicio de la persona humana, en el pleno respeto de su dignidad y de sus derechos desde el primer momento de su existencia hasta su muerte natural».
«La referencia a los valores humanos y, en definitiva, a una visión antropológica y ética, es un elemento imprescindible que hay que situar como premisa para una investigación científica correcta, que sepa tener en cuenta las responsabilidades hacia uno mismo y hacia los otros», se lee en la propuesta de la Academia Pontifica para la Vida.
«Sin una referencia a la ética, de hecho, ciencia y tecnología pueden ser utilizadas tanto para matar como para salvar vidas humanas, tanto para manipular como para promover, tanto para destruir como para construir», advierte.
Los siete puntos del «Compromiso» dicen textualmente:
--«Me comprometo a adherirme a una metodología de investigación caracterizada por el rigor científico y por una alta calidad de la información facilitada».
--«No me adheriré a investigaciones en las que me podría encontrar en conflicto de intereses desde el punto de vista personal, profesional o económico».
--«Reconozco que la ciencia y la tecnología deben estar al servicio de la personal humana, en el pleno respeto de su dignidad y de sus derechos».
--«Reconozco y respeto todo tipo de investigación, y sus aplicaciones, que esté basado en el principio de “bondad moral” referido a la correcta visión de la doble dimensión corporal y espiritual del hombre».
--«Reconozco que a todo ser humano, desde el primer momento de su existencia (proceso de fertilización) y hasta su muerte natural, hay que garantizarle el respeto pleno e incondicionado que se debe a toda persona humana, en razón de su peculiar dignidad».
--«Reconozco la utilidad y la obligación de una seria y responsable experimentación en animales, realizada a la luz de determinadas reglas éticas, antes de aplicar al hombre nuevos métodos diagnósticos y terapéuticos, a causa de mi deber de tutelar la vida y la salud humana. Reconozco igualmente que el paso de la experimentación en animales a la fase clínica (en el hombre) debe verificarse sólo cuando las evidencias de la experimentación en animales garanticen suficientemente la inocuidad o la aceptabilidad de los eventuales daños y riesgos que tal experimentación implique».
--«Reconozco la legitimidad de la experimentación clínica en el hombre, pero sólo con unas condiciones precisas, entre las cuales está en primer lugar la protección de la vida y de la integridad física de los sujetos humanos sometidos a la misma. Será necesario que la experimentación esté siempre precedida por una información obligada, correcta y completa sobre el significado y evolución de aquella. Trataré a toda persona que se adhiera a una experimentación como sujeto libre y responsable, y nunca como un simple medio para la consecución de otros fines. Jamás aceptaré que una persona sea implicada en una experimentación sin que haya prestado su libre consentimiento informado».
La eventual adhesión personal a la propuesta –que supone la aceptación de los principios expuestos en el texto— puede comunicarse por correo electrónico (pav@acdlife.va) , por fax (+39 06 69882014) o por correo ordinario (Pontificia Accademia per la Vita, Via della Conciliazione 3, 00193 Roma, – Italia.
Es necesario indicar en la adhesión: nombre, apellidos, dirección, teléfono, fax, e-mail, profesión, lugar de trabajo y titulación académica.
 

Conclusiones de la Asamblea de la Academia Pontificia para la Vida

ROMA, 14 marzo 2003 (
ZENIT.org).- De acuerdo con la Academia Pontificia para la Vida, los medios empleados en la investigación biomédica deben respetar plenamente en cada individuo su inalienable dignidad de persona, el derecho a la vida y la integridad física sustancial.
Ello se deduce porque el bien integral del hombre debe ser siempre el fin último de dicha investigación, según se desprende del comunicado final sobre los trabajos de la IX Asamblea general de la Academia, celebrada del 24 al 26 del pasado febrero.
En la reunión, centrada en el tema «Ética de la investigación biomédica. Por una visión cristiana», se constató el «extraordinario desarrollo» de la moderna tecnología científica, que ha aportado beneficios impensables a la humanidad.
Sin embargo, en el campo biomédico y desde la perspectiva de su aplicación en el hombre, «la experimentación terapéutica y no terapéutica (...) comporta muchos aspectos y problemáticas, tanto de carácter científico como ético», afirma el comunicado.
Por ello es «necesario que la experimentación clínica (sobre seres humanos) esté precedida por una adecuada experimentación sobre animales», ésta última llevada a cabo, naturalmente, con normas éticas «que tutelen todo lo posible el bienestar de los ejemplares utilizados».
El documento de la Academia Pontificia para la Vida recalca que hay que prestar una atención particular a «los sujetos humanos más vulnerables», como es el embrión humano.
«Debido al carácter tan delicado de las etapas de su desarrollo, una eventual experimentación podría conllevar, a la luz de las posibilidades técnicas actuales, peligros muy elevados --y por lo tanto éticamente inaceptables-- de provocar daños irreparables o incluso la muerte».
«Es también absolutamente inaceptable --dice el informe— el motivo aducido por distintas personas relativo al carácter lícito de sacrificar la integridad (física y genética) del sujeto humano en estado embrional, llegando a destruirlo si es necesario, con el fin de obtener beneficios para otros seres humanos».
«Nunca es moralmente lícito llevar a cabo intencionadamente un mal, ni siquiera para conseguir fines en sí mismos buenos», declara.
En el comunicado se recomienda que se llegue a una normativa internacional, unificada en el contenido, «que esté fundada en los valores inscritos en la naturaleza misma de la persona humana».
«De esta manera –concluye--, se superarían las actuales disparidades que, en muchos casos, hacen posible el abuso y la instrumentalización de individuos y poblaciones enteras».
El texto íntegro del comunicado final de la IX Asamblea general se puede consultar, por el momento en italiano, en la página web de la
Academia Pontificia para la Vida.
 

 
LA NIÑA ROSA HA SIDO MANIPULADA MISERABLEMENTE
 
Jorge Scala
 
Los medios han sobresaturado sus espacios, con el caso de la niña cuyo nombre ficticio es "Rosa", para proteger su identidad. Sinceramente, despues de lo sucedido, me parece que utilizar un nombre ficticio patentiza la hipocresía de quienes la manipularon. Lamentablemente, el daño que le hicieron no podrá ser reparado en el futuro. Veamos:
La niña quedó embarazada y contagiada de dos enfermedades venéreas. Se le hicieron los controles médicos pertinentes, tanto en Costa Rica -su país de residencia-, como en su patria, Nicaragua. Tales estudios fueron serios desde el punto de vista científico, pues la niña estuvo internada para efectuarle los análisis y demás recursos de la medicina actual. La conclusión de los especialistas fue unánime: la vida de Rosa no corría ningún peligro. En su país, la Asociación Médica Nicaragüense, diversos profesionales y un centro médico se ofrecieron a prestarle en forma gratuita todos los cuidados médicos pertinentes, para salvar la vida de ambos seres humanos involucrados (Rosa y su bebé).
En esto irrumpe un grupo de feministas fundamentalistas de Nicaragua, cuyo nombre prefiero omitir, y hacen "desaparecer" a la niña y sus padres, para anunciar luego en tono triunfal, que habían matado al bebé de Rosa, librándola de él; como si esa criatura inocente fuera su peor enemigo... Pretendieron justificar el homicidio, sosteniendo que se trató de un "aborto terapéutico". Nada más falso. En efecto:
El art. 165 del Código Penal de Nicaragua dice textualmente: "El aborto terapéutico será determinado científicamente por tres facultativos por lo menos, y deberá contar con la aceptación del cónyuge o pariente más cercano para fines de ley". En medicina la terapia es toda acción que tiene por fin la curación de un enfermo o la prevención de una enfermedad. Obviamente, si se trata de un aborto "terapéutico" resulta obvio que la terapia no puede ser para la criatura, que muere irremisiblemente. Entonces, la curación o prevención de una enfermedad tiene que ser para la mujer embarazada. Ahora bien, como el embarazo no es una enfermedad, sino todo lo contrario, la prueba fehaciente de la verdadera "salud sexual" de un varón y una mujer; la enfermedad debe ser algo distinto que el embarazo en sí mismo. Y, además, como el aborto implica la muerte de otro ser humano, debe tratarse de una enfermedad mortal para la mujer, de la que sólo podría verse librada, en caso de abortar.
Está claro que, con el avance de la medicina, desde hace unos 50 años no existe más ningún caso de aborto terapéutico, pues hay otras alternativas al aborto, para conservar la vida de la mujer embarazada. Pero, además de esto; es preciso recordar que Rosa fue auscultada por dos equipos médicos completos, los cuales aseguraron que su vida no corría peligro alguno. Por tanto, a la violencia de la violación -pues a su edad no puede prestar ningún consentimiento para las relaciones sexuales-, se le ha añadido la violencia de haberle asesinado un hijo; lo cual dejará en ella huellas imborrables, que la ciencia médica denomina síndrome post-aborto.
Y toda esta violencia moral -aún más brutal que la física-, sobre una niña pequeña, fue efectuada por un organismo que, supuestamente, defiende los intereses de las mujeres... Es preciso ser honestos, esa ONG lo único que defiende es la despenalización del aborto; a cualquier costo: si para ello hay que destruir la vida de una niñita; pues "bienvenida sea Rosa"... Y que quede claro que las feministas de género no defienden a las mujeres, porque -estadísticamente-, la mitad de las personas humanas abortadas -matadas en el vientre de sus madres-, son mujeres... 
 

 
EL ABORTO Y SU INCIDENCIA EN EL RECONOCIMIENTO Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA (1° Parte)
 
Florencia Beltrán 
González: (en adelante, G) G: Acabo de oír su ponencia en la conferencia, y no puedo más que felicitarla. Estuvo excelente.
Pérez: (en adelante, P) P: Le agradezco mucho.
G: A propósito, usted no tendría inconveniente de retirarnos a una sala continua puesto que me gustaría profundizar en algunos de los temas que trató, ya que además de parecerme muy interesante y polémico, me gustaría aclarar algunos puntos que no comprendí.
P: Por supuesto, es un placer hablar con usted.
G: Empecemos por el principio, si le parece, ¿qué entiende usted por aborto?
P: En cuanto a la pregunta que usted me hace, en lo que a mi respecta, el aborto es matar la vida biológica de una persona aún no nacida, teniendo en cuenta que desde la concepción hay vida humana, es decir, que desde el seno materno el hombre es persona, ya que si no lo es de entrada nunca llegará a serlo. En pocas palabras, desde el momento de la concepción, la madre no sólo lleva una “masa” de células, o como dicen, un “producto”, sino que lleva en sus entrañas el misterio de una nueva vida humana que es única e irrepetible. A su vez, no hay que olvidar que la ciencia ha demostrado que el embrión es un ser humano que posee desde su concepción una identidad propia.
G: Comprendo, debido a que tiene identidad propia, es que es lógico exigir que dicha identidad sea jurídicamente reconocida, ante todo en su fundamental derecho a la vida.
P: Así es, en efecto. Por cierto, el derecho a la vida, según el Tribunal Constitucional español, es el derecho fundamental esencial y troncal puesto, que sin él los demás derechos no existirían. En la  Declaración de La Haya se expresa al respecto que: “El derecho a la vida es el derecho del que se derivan todos los demás derechos”. Juan Manuel de Prada, nos aclara esta idea al considerar que la vida es "(...) la más alta misión del hombre; y que, por tanto, la obligación primordial del Derecho no es otra que protegerla. Podríamos afirmar, incluso, que la vida es el manantial del que brota el Derecho, la piedra angular sobre la que se asienta cualquier ordenamiento jurídico mínimamente elaborado. Cualquier otra libertad o derecho debe supeditarse al mantenimiento y salvaguarda de la vida, por la sencilla e inapelable razón de que, una vez extinguida ésta, los otros derechos y libertades se quedan huérfanos, como entelequias que han extraviado su razón de ser". Para comprenderlo mejor, piense en un gran edificio: el derecho a la vida constituiría, por decirlo de alguna manera, el primer piso, y sobre éste se elevarían los demás.
G: Continuando con dicho ejemplo, que me parece muy gráfico, ¿cuál sería el cimiento sobre el cual se apoya todo el edificio?.
P: El cimiento sería la Ley Natural, la naturaleza y la dignidad humana. Pero no hay que olvidar, para no malentender dicho ejemplo, que la Ley Natural, o como algunos sostienen, la ley no escrita, es la que deriva de la propia naturaleza humana. Dicha Ley …
G: Perdone que la interrumpa, pero para entendernos, ¿a qué llama Ley Natural?.
P: Para comprenderla, voy dejar hablar a Cicerón que lo explica de una forma muy clara y concisa  en su tratado Las Leyes. Allí expresa: En opinión de los sabios más eminentes, hay una Ley Eterna que rige el Universo que por medio de sabios mandatos y prohibiciones, y no procede de la inteligencia humana ni de la voluntad popular. También dicen que esta ley, que es la primera y la última, se identifica con la mente divina que obra racionalmente”. A su vez, indica que “(…) hay una distinción entre ley buena y ley mala, que sólo puede hacerse desde el criterio de la Naturaleza (…), pues ella nos dio inteligencia que descubre la relación de lo honoroso con la virtud, y lo deshonoroso con el vicio. Pues habría que estar loco para creer que estas cosas proceden de la opinión, y no de la naturaleza”.  En síntesis, la Ley Natural no es un invento de la cultura humana, sino que es un descubrimiento que el hombre puede realizar dentro de sí, siempre y cuando actúe de acuerdo con la recta razón También, hay que advertir que dicha Ley es : "El origen de esta ley no se puede justificar subjetivamente, pues no tendría validez universal, ni tampoco se podría justificar  por la simple presión social, pues entonces este orden moral variaría con el tiempo. Mas es imposible proceder al infinito en la serie de causas legisladoras objetivas que sean a su vez causadas. En consecuencia, debemos concluir la existencia de una primera causa legisladora, a la que llamamos ley eterna, y de un legislador que ha impreso en la propia naturleza humana estos principios del obrar moral" , como señala Gay Bochaca. Como indica Hervada en su Introducción Crítica al Derecho Natural, la razón no juzga como indiferentes todos los actos posibles, sino que, con independencia de las leyes humanas, emite juicios de obligación, debe hacerse esto, debe evitarse aquello. Juicios anteriores a la acción, que aparecen como una ley de obrar distinta muchas veces de las preferencias del sujeto. Por otra parte, es un imperativo moral porque califica y distingue lo que debe hacerse de lo que ha de evitarse. Y por tener todos los hombres una naturaleza común, la ley necesariamente regirá a todos.
G: En suma, recapitulando lo que ha dicho acerca de la Ley Natural, ésta se caracteriza por ser universal, objetiva y obligatoria. Pero, ¿cuál es el fundamento de la obligatoriedad?.
P: Teniendo en cuenta lo que expresé anteriormente, éste no puede ser ni las costumbres, o la conveniencia que apruebe todo tipo de cambio, sino la propia naturaleza humana. Como consecuencia de ello, se sostiene que es inmutable y permanente a través de los vaivenes propios de la historia. Y aunque se puede llegar a negar sus principios, “(…) no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades”, como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica en el Nº 1958. Ahora bien, quiero dejar bien claro, que la Ley Natural no es un invento del cristianismo, “La Iglesia no ha sido la autora (…), ni puede, por tanto, ser su árbitro, sino solamente su depositaria e interprete, sin poder jamás declarar lícito lo que no lo es por su intima e inmutable oposición al verdadero bien del hombre”, como indica  Paulo VI, en la Encíclica Humanae Vitae, nº 4 y 18.
G: O sea, que al no fundamentarse en las costumbres, al no depender de los vaivenes de la historia ni de la cultura, la Ley Natural no es relativista. En otras palabras, sería relativista si los derechos humanos no tuvieran un único y absoluto fundamento, si se dejasen impregnar de historicidad.
P: Así es. Los derechos humanos son la concretización histórica de un derecho natural metanormativo, es decir, que a través de la historia diversas circunstancias piden que se concreticen distintos derechos. Estos impregnan la historia, sin dejarse impregnar por ella. Esto significa que la historia no influye en el contenido del derecho, sino que dado las diversas situaciones históricas concretas, se aplican a ellas los derechos naturales.
G: Por otro lado, ¿cuál es la relación entre Ley Natural y derechos humanos?.
P: Los derechos humanos se desprenden de la naturaleza humana, son fruto de la Ley Natural. En pocas palabras, la Ley Natural expresa la dignidad de la persona y determina la base de los derechos humanos.
G: Si me lo permite, volviendo a los derechos humanos, uno de los grandes problemas al hablar de ellos es la noción que se tiene. Hay pues diferentes denominaciones, y cada fórmula implica una postura distinta, como ser la positiva y la iusnaturalista. Los positivistas, utilizan el término derechos fundamentales. El mismo hace referencia a los derechos ya positivizados, son pues los derechos reconocidos en un ordenamiento jurídico. El fundamento de los derechos humanos es la ley positiva, la cual los proclama y garantiza, por tanto, carece de identidad todo derecho que esta ley no proclama. En pocas palabras, el positivismo jurídico niega la Ley Natural y afirma que sólo existen leyes humanas, esto es, las que real y positivamente han sido elaboradas por los hombres.
P: Es cierto.Y no sólo eso. Además, la ley positiva se fundamenta para los positivistas, en la voluntad general. El grave problema que a esto le veo es que los derechos humanos son innegociables y no dependen del poder o de las mayorías, puesto que son preexistentes a las leyes positivas, y como se lee en la Declaración de Virginia de 1776, los hombres “cuando entran en estado de sociedad, no pueden privar o desposeer a su posteridad por ningún pacto”.
G: Y aún más, los positivistas no tienen presente otras características fundamentales de los derechos humanos, como sí lo hacen los iusnaturalistas. Tal como expresa la Declaración, que acabó de mencionar, los derechos humanos son innatos; dotados por el Creador, inalienables, como se lee en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776; sagrados, imprescriptibles, como afirma la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789; los mismos a su vez, “tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables”, según la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, y también,“los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser nacional de determinado Estado sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana”, según Declaración Americana de los derechos y Deberes del Hombre de 1948.
P: También los positivistas niegan que los derechos naturales sean la copia de la naturaleza y que los derechos positivos sean la continuación de la misma. Por dicha razón, se cometen millares de atrocidades, puesto que el no respetar los derechos naturales que son inherentes a la naturaleza humana se degrada el hombre y se deshumaniza la vida social. Conforme a ello, sostengo, que es muy clara la Declaración de los Derechos Humanos del Hombre y del Ciudadano cuando señala que “la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos”, a su vez, se lee en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie, ultrajes para la conciencia de la humanidad”.
G: Ahora bien, ¿Porqué no basta sólo la Ley Natural y es necesario que los derechos humanos sean positivizados?.
P: Porque el hombre es un ser inteligente y libre, y por tanto, pertenecen a su libre opción los medios que considere necesarios para alcanzar sus fines. La puntualización del derecho, su positivación, concreta la indeterminación que existe entre la realidad y la Ley Natural. Ésta apunta hacia unos fines y el Derecho de cada país debe implementar el sistema más justo para conseguirlos. Por otra parte, el orden social requiere la delimitación clara de los derechos y deberes de las personas, y por ello, los gobernantes deben promulgar leyes que posibiliten el orden y el desarrollo de la sociedad. Esas leyes, dado que el derecho positivo debe ser la continuación de la naturaleza, como expresé anteriormente, serán aplicaciones de la Ley Natural a la infinita variedad de situaciones que el hombre es capaz de crear, que por ser tan complejas requiere la pormenorización de la ley general.
G: O sea, que la legitimidad de las leyes se debe a que tienen por base la Ley Natural, es decir, que la ley humana sólo es verdadera ley cuando respeta la verdad sobre el hombre manifestada por la Ley Natural. Si se aparta de ella, se convierte en violencia, en ley del más fuerte al servicio de una autoridad corrompida. Como sostiene Cicerón: “(…) si todos los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos, las decisiones de los príncipes y las sentencias de los jueces, sería justo el robo, justa la falsificación, justa la suplantación de testamentos, siempre que tuvieran a su favor los votos o los plácemes de una masa popular (…)”.
P: Correcto. En efecto, los auténticos derechos humanos no son concesiones de los gobiernos, de los Estados, de las organizaciones internacionales. Tales instituciones deben expresan sólo lo que Dios mismo ha inscrito en el orden creado por El, es decir, lo que Dios ha inscrito en la conciencia, en el corazón de cada hombre.
G: Dado que el derecho natural está impreso en la naturaleza humana, ¿por qué todos no lo reconocen?
P: Porque todas las personas no saben igual de bien descubrirlo en su interior, por ello, se admiten errores en su conocimiento, aunque esto no implica que dichos errores atenten contra el valor y la propia existencia del derecho, es decir, que no pierde por ello su carácter de derecho imperativo. Por tanto, para que el derecho sea conocido por todos y practicado, es fundamental que se positivice. Aún más, el derecho natural exige ser reconocido, exige ser positivizado por nuestra propia naturaleza. Ahora bien, dado que el derecho natural se caracteriza por ser universal, no es un invento del hombre, y por tanto, no depende de las circunstancias históricas, ni de la cultura de los pueblos, aunque un derecho natural no esté positivizado, esto no implica que no sea derecho, y que las personas no exijan su cumplimiento.
G: Retomando el tema del aborto, de acuerdo a lo que acaba de expresar observo que es la propia dignidad humana quien exige que el derecho a la vida sea positivizado, y por tanto, comprendo el grave error de promulgar una ley a favor del aborto al estar en contra de la naturaleza y dignidad de la persona humana. Asimismo, va en contra de la justicia, si tenemos en cuenta que justicia y derecho están íntimamente relacionados ya que la justicia implica dar a cada uno lo suyo, y lo suyo es el derecho, lo que le corresponde, lo que es debido a la persona. Conforme a ello, se sostiene que la justicia sigue al derecho, que la justicia presupone al derecho.
P: Todo ello nos conduce a saber lo que le corresponde al otro, es decir, conocer qué es lo suyo de cada quien para poder dárselo. En efecto, el derecho es de la persona y para la persona, pero no es la negación de la persona. En el caso del aborto, lo que le corresponde al otro es el derecho a la vida. A esto agregaría, que nadie es dueño de la vida de nadie, teniendo en cuenta el carácter sagrado de la misma. Pero para darle lo que le corresponde al otro, hay primero que reconocer la vida, reconocer su significado pleno, para luego garantizar a todas las personas este derecho. Observo que es fundamental, considerar que la vida embrional es auténtica vida humana, o como afirma el jurista D’Agostino, “el embrión humano es uno de nosotros” y por ello, su vida tiene que ser protegida como cualquier otra vida humana. Concomitantemente, el ser humano desde su concepción es sujeto de derecho, desde dicho momento tiene una titularidad activa, o sea, es un sujeto activo en cuanto le corresponde por ejemplo, el ejercicio del derecho de la vida. A éste se agrega, como se señala en el documento denominado "Familia y Derechos Humanos", de 1998 el derecho "a la seguridad de su persona". A su vez, es vital tener en cuenta, que los niños no nacidos, como también los que están por nacer, no son capaces de defenderse por sí solos y por tanto, necesitan de manera muy especial ser defendidos. Esto comporta medidas desde el punto de vista jurídico.
G: Por fortuna hay muchas medidas jurídicas que se tomaron al respecto, aunque por desgracia en la segunda mitad del siglo XX se han firmado legislaciones a favor del aborto. Cabe citar por ejemplo, que la Declaración de los Derechos del Niño reconoce que “el niño, por su inmadurez física y mental, necesita especialmente salvaguardia y cuidado, incluyendo una apropiada protección legal, tanto antes como después del nacimiento” y “cada niño tiene el derecho inherente a la vida”.
P: A su vez, la Convención Internacional sobre los derechos del niño de 1989, menciona un concepto que desde mi punto de vista, es capital en este tema, y es el del “bien superior del niño”. Este criterio iluminador hunde sus raíces en la dignidad de la persona. El niño como cualquier persona es fin, no medio, instrumento, u objeto, sino que, como indiqué anteriormente, es sujeto de derecho. (CONTINUARÁ)

 
PENA DE MUERTE Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
 
Carlos Alvarez Cozzi

Introducción

A fines del 2000, la Agencia Internacional de Noticias ZENIT, desde Roma, nos hacía saber que el 2 de noviembre de ese año, Día de Todos los Santos, se ejecutaba en el Estado de Texas (Estados Unidos de América) en el corredor de la muerte de la tristemente célebre cárcel de Huntsville a Jeffrey Dilligham, quien fuera condenado a la pena capital por el asesinato de la señora Koslow el 12 de marzo de 1992. Con posterioridad a ello, reiterando la política de la pena capital, también en Estados Unidos, como sabemos, fue ejecutado Timoty Mac Veight, de lo cual nos informó ampliamente la prensa internacional.
El referido cable de ZENIT informó que las autoridades de la penitenciaría, a diferencia de otras veces, permitieron que un sacerdote católico y dos diáconos celebraran, sin el control cercano de los guardias, la última eucaristía del condenado, quien se había convertido a Dios en la Cárcel.
Los clérigos que acompañaron al condenado manifestaron que les dio una gran satisfacción abrazar a Jeffrey y saber que muy pronto él abrazaría a Jesús. Y también dijeron que al ver la conversión de este hijo de Dios ya quisieran tener ellos la fe que él tiene. Luego de haber recibido los santos sacramentos y antes de ser ejecutado, ¡oh paradoja!!!, el condenado manifestó en su acción de gracias: “Te doy gracias Señor por las maravillosas promesas que nos haces con tu Palabra y por haberlas podido recibir con tu gracia. Gracias, Padre Celeste por sacarme del brazo de la muerte y por llevarme a tu Casa”.
La narración de los hechos despertó mi sensibilidad como cristiano y como jurista y me impulsó a compartir con ustedes, queridos hermanos lectores, estas reflexiones.

Somera referencia sobre la pena de muerte en el derecho penal comparado

En las legislaciones penales del planeta se encuentran Estados que prevén la pena capital, como es el caso –entre muchos otros de Europa, Asia, Africa y América aún lamentablemente- de los Estados Unidos de América ya referido. Otros Estados, como nuestro hermano Chile, han abolido recientemente la pena de muerte y previeron como pena máxima la cadena perpetua.
Afortunadamente hay otros países, como con orgullo puedo afirmarlo del Uruguay, que prohibieron la pena de muerte dando a dicha norma rango constitucional y tampoco tienen como pena máxima la cadena perpetua sino que ésta es treinta años de penitenciaría. Se han escrito ríos de tinta en la doctrina penal sobre argumentos a favor y en contra de la pena capital que no podemos desarrollar en este artículo por razones de espacio pero que parten de la base, los unos, acerca de la necesidad de castigar al autor de delitos graves y proteger al mismo tiempo a la sociedad agredida por el reato, y los otros acerca de la barbaridad que significa que el Estado quite la vida al delincuente en lugar de procurar su re-educación además naturalmente de arrogarse el derecho de quitar la vida que sólo es de quien da la misma, que es Dios Padre. Nosotros nos pronunciamos en forma categórica en contra de la pena de muerte por éstas y muchas otras razones, en un todo acorde con la Doctrina de la Iglesia sobre el tema.

Doctrina de la Santa Iglesia Católica sobre la pena de muerte

De varios textos del Magisterio de la Santa Iglesia se desprende que los pretensos argumentos a favor de la pena capital no son tales. Que la vida humana es un don sagrado de Dios y que el hombre, por mas grave que sea el dolo cometido por el delincuente, no puede arrogarse el derecho de quitarla sin ofender gravemente al Creador. Así es que el pretendido valor ejemplar de la pena de disuadir a los delincuentes no es tal. Está demostrado que el índice de criminalidad no ha descendido sensiblemente en los países que tienen implantada la pena capital. El pretendido valor retributivo de la pena de muerte tampoco es tal porque a la progresión de delitos debería seguirle una progresión de penas, para ser realmente retributiva, y quitar la vida, que es el primer derecho del ser humano, hace imposible cualquier otra pena porque ya resulta imposible aplicarla. Asimismo el pretendido valor defensivo de la pena de muerte tampoco es tal porque no está demostrado que la mera existencia de un hombre pueda perturbar el orden público. Lo que puede llegar a afectarlo es, en cambio, la actividad de esa persona, para lo cual basta con mantenerlo inactivo, encarcelado por el tiempo que sea necesario, conforme a la legislación. Tampoco puede alegarse un pretendido valor correctivo a la pena de muerte, desde el momento que ésta no corrige ni sana a nadie porque directamente lo priva de su derecho a la vida. Como fundamento bíblico encontramos que Ezequiel 33,11 dice: “Yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado cambie de conducta y viva”.
La Iglesia, por medio de su Magisterio Jerárquico, a lo largo de la historia, se ha expresado limitativamente y en contra de la pena de muerte, en especial últimamente Su Santidad Juan Pablo II lo ha hecho en “Evangelium Vitae”. En efecto, el Catecismo (Constitución Apostólica Fidei Depositum”) en su No.2267 expresa: ”La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto, las vidas humanas. Pero si los medios incruentos basta