Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia

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 Montevideo - Uruguay 


"La experiencia es una dura escuela,
pero los tontos no pueden aprender de otras fuentes"
Benjamín Franklin
"¿Tu verdad? No, la verdad, 
y ven conmigo a buscarla,
La tuya, guárdatela"
Antonio Machado

CONTENIDO


Publicación Nº 07/02

EDITORIAL

 
¡¡¡PAZ!!!
 
Desde hace más de quinientos años hay quienes piensan que, si las guerras de religión engendran tantos males, más vale que no hayan religiones. Que no existan las religiones, o que todas valgan lo mismo. Pero hay religiones y religiones. Y hay hombres de religión convencidos y observantes de los preceptos de las diversas religiones, y hay fanáticos religiosos, intolerantes e intemperantes. Que no es lo mismo. Hay finalmente, promotores de guerras, fruto de esa corriente que ha decidido dejar de lado el problema de Dios, y que tiene su interés en un solo objetivo: lucrar con las guerras.
Así, mientras el Papa grita ¡PAZ!; mientras los líderes religiosos de distintos credos del mundo gritan ¡PAZ!, mientras el líder de la religión verdadera y los líderes de las religiones que son "destellos de verdad" se reúnen para rezar al único Dios, hay dementes, fanáticos religiosos, racistas y engreídos petulantes que gritan ¡GUERRA!, ¡GUERRA A LA PAZ!, porque no comprenden, no pueden comprender que la dignidad humana es una sola, y que por todos debe ser respetada.
 
Paz para las familias
 
Sin paz, no hay familia. En la guerra, las familias pueden llegar a estar más unidas espiritualmente, sí; pero siempre hay miembros que mueren, que desaparecen, que emigran, que son exiliados por la fuerza, que se separan. Mueren los cuerpos de los hombres en los campos de batalla, mueren los corazones de las mujeres durante la espera interminable y mueren los sueños de los hijos de la guerra. Muchas veces para siempre.
Familias rotas, divididas, ¡mutiladas! por la guerra. Por hombres que parecen no captar que el enemigo también tiene hijos, también tiene esposa, también tiene familia. Y también quiere la paz. Esa es la guerra en el frente de batalla. Lamentablemente, las guerras no las decretan los soldados que van al frente, sino los jefes de los estados. Si fuera por los primeros, nunca habría guerras. Pero los líderes del mundo, toman decisiones que afectan a miles y miles de hogares, cómodamente sentados en su despacho, ante un escritorio donde tienen una foto de su propia familia. Pero claro, es la única que a ellos les importa. Las demás, que revienten...
Familias mutiladas, e hijos que apenas tienen para comer; y no digamos para educarse, para crecer y desarrollarse íntegramente como personas. Ahí está nuestro querido Pontífice, hijo de la guerra como tantos. Él nos podría hablar horas y horas sobre su experiencia personal. Historias que luego de vividas -de sobrevividas- tienen sabor a aventura para un observador externo. Pero no para quien las vivió. Podría contarnos Juan Pablo II, cómo estudiaba el joven Wojtyla en las minas donde trabajaba, a la luz de un candil; cómo debió asistir a la universidad clandestina para formarse. Ningún pedagogo moderno recomendaría la guerra como el lugar más apropiado para educar y aprender; aunque al lado de los más bajos instintos -que dominan el panorama bélico- se den excepciones en las que afloran los más nobles y heroicos actos del ser humano.
 
Paz para la vida
 
Muchos mueren en el campo de batalla; cierto. Pero mueren también tras las trincheras: ancianos, viudas, mujeres y niños, víctimas de los bombardeos. Mueren las esperanzas de las novias, mueren muchos matrimonios que podrían haber sido, mueren los sueños de familias que se deberían haber formado. ¡Si no fuera por la guerra...! ¿Cómo es posible que empecemos este siglo XXI envueltos en guerras, en matanzas sin razón, cuando apenas ayer cerramos -para no volver a ser testigos de otra masacre similar- el libro del Siglo XX, el de los mayores horrores presenciados por el ser humano desde Adán hasta la fecha? Cierto que cuando Caín mató a Abel, mató a buena parte de la población mundial de su época. Cierto que cada hombre debe ser respetado como si fuera toda la humanidad, a quien representa. Pero nadie puede negar que el Siglo XX -con todos sus adelantos tecnológicos- fue el más terrible, el más inhumano, el que menos respetó la vida, durante las guerras y luego de las guerras. Ahora, ya no por religión, sino por ambición, por ateísmo, por odio a la religión, cualquiera que esta fuera.
Los nuevos humanistas, tienen mucho que aprender de aquellos que peleaban guerras de religión hace cinco siglos; porque al menos eran sinceros: no temían decir que el motivo de sus guerras era la religión. Hoy han cambiado mucho las cosas. En la era de la autenticidad y la  espontaneidad, de la sinceridad desaforada e impúdica, no son pocos los que levantan la bandera religiosa para enfervorizar a multitudes de ignorantes que van a la guerra sin tener claro por qué pelean realmente. Pero una cosa sí es clara: los "mandamases" del mundo no arman guerras por religión, sino por ambición. Si las religiones del mundo -y en primer lugar la verdadera- tuvieran más espacio para desarrollarse y crecer, más hombres serían menos ambiciosos y habrían menos guerras. Pero esto no es de recibo para quienes quieren más y más para ellos, para quienes fomentan la guerra, que sólo es para ellos, una forma más de control poblacional.
 
Paz para el corazón
 
Después de explicar por qué nos repugna tanto la guerra, por qué es necesaria la paz, vamos a aventurarnos en un terreno que no se caracteriza por ser tan políticamente correcto como el anterior: y es que la paz, no se puede conseguir -ni se puede exigir- a cualquier precio. A nadie le sirve la paz de los cementerios.
Hay estados y personas que no admiten cualquier tipo de paz y está bien que no lo admitan. Los judíos, por ejemplo, no hubieran admitido una paz que implicara impunidad para los nazis que los llevaron a los campos de exterminio. Del mismo modo, parece lógico que los palestinos no admitan seguir retrocediendo y retrocediendo, metro a metro, kilómetro a kilómetro, como lo vienen haciendo desde hace más de cincuenta años. No lo admiten y es comprensible, aunque no compartamos en absoluto los métodos que utilizan para demostrar sus razones. Es una pena que tengan tan poco criterio para hacer valer sus argumentos. A todos nos repugnan los ataques suicidas contra civiles que nada tienen que ver en las guerras de quienes gobiernan sus pueblos. Si los palestinos hubieran abandonado las prácticas terroristas, si hubieran seguido peleando con piedras en lugar de kamikazes, hace rato el mundo entero les habría respaldado y forzado a las tropas de Sharon a retirarse de los territorios ocupados. 
Es posible comprender el dolor, el sufrimiento, la exclusión y el exterminio que viene padeciendo el pueblo palestino desde que buena parte de su territorio fue cedido por la ONU al nuevo Estado de Israel. Da para preguntarse que pasaría si a la mitad de los 900 millones de católicos que vivimos dispersos por el mundo, se nos ocurriera ir a vivir a Tierra Santa, a los pagos donde nació Nuestro Señor Jesucristo. O a Roma, la Sede de Pedro. ¿Acaso los habitantes actuales no tendrían derecho a molestarse? ¿Acaso no se molestan muchos europeos con la invasión de inmigrantes de diversos países del mundo? Claro que de allí a la guerra hay un gran trecho. Pero habrá que conceder que las relaciones entre conquistadores y conquistados, entre invasores e invadidos, dependen del trato mutuo entre las partes, especialmente de cuanto se hagan querer -u odiar- los nuevos vecinos.
Ciertamente el Estado de Israel no va a desaparecer; y el Estado Palestino -a menos que el mundo apruebe un nuevo genocidio- tampoco. Por tanto, la única solución posible, es aprender a convivir en paz. Los romanos lograron conquistar a muchos pueblos permitiendo que mantuvieran sus creencias, costumbres, tradiciones e instituciones: conquistaban los territorios, pero respetaban a las personas que los habitaban; ¿por qué no aprender de ellos?.
Que conste que respetamos profundamente las creencias de nuestros "hermanos mayores en la fe". Tienen todo el derecho a integrarse en cualquier sociedad, con sus creencias y tradiciones. En Uruguay al menos, siempre se les ha recibido bien. Hay hombres y mujeres pertenecientes al pueblo hebreo sumamente valiosos, profundamente respetuosos de la vida y la familia. No tenemos que decir cuan importantes y fundamentales son esos valores para nosotros. Y también es cierto que por lo general, los israelíes han tratado mejor a los cristianos de todas las nacionalidades en su país que los palestinos en el suyo.
Pero tenemos derecho a discrepar con la forma en que ciertas autoridades israelíes -no todas- encaran hoy los temas políticos. No podemos juzgar, por cierto, la intención subjetiva de los gobernantes de Israel; pero nos atenemos a los hechos objetivos: desde hace cincuenta años hay un clima de hostilidad entre los palestinos -a quienes fue recortado su territorio- y los israelíes -nuevos ocupantes de territorios que antes pertenecían a Palestina-. Según el gobernante de turno en Israel, las tensiones disminuyeron o aumentaron. Este es probablemente, el momento de mayor violencia en esta ya demasiado larga historia. Las cosas tienen que cambiar, porque el pueblo israelí y el pueblo palestino, quieren la paz. Las mayorías silenciosas y sensatas no tienen por qué soportar las guerras provocadas por minorías alienadas y violentas.
Es lamentable que Sharon provenga del pueblo esclavizado por los nazis, y se convierta en esclavizador de sus vecinos. Por algo hay muchos judíos prestigiosos y muy bien intencionados, dentro y fuera de Israel, que no comparten su actitud, que deploran su política. Hace un par de meses quedó claro en un acto por la paz, que desde el recrudecimiento del conflicto -gracias a los "buenos oficios" del actual Primer Ministro israelí- los muertos palestinos eran más de quinientos, mientras los israelíes apenas pasaban los cien.  Esto demuestra que muchos medios de comunicación, han presentado durante largo tiempo, sólo una cara de la moneda: aquella en la que -a juzgar por las imágenes- siempre hay más muertos israelíes que palestinos. Hasta hace poco, sólo los ataques suicidas sobre israelitas parecían ser noticia. Actualmente la información es un poco más equilibrada, porque llega un momento en que la verdad es tan evidente que no se puede ocultar. Pero hasta hace muy poco, los "malos" de la película, eran siempre los palestinos.
En medio del fuego cruzado entre israelíes y palestinos, hay miles de cristianos, ya nacidos en Israel, ya nacidos en Palestina. Muchos de ellos son perseguidos desde hace décadas por el fundamentalismo islámico. Pero para un buen número de cadenas desinformativas, ellos no son noticia. Grave error del integrismo musulmán; porque no es posible obligar a las conciencias: sólo es posible formarlas, convencerlas, conquistarlas. Nunca coaccionarlas. Menos aún perseguir a las personas y matarlas por pensar diferente. Alguien dijo, y con razón, que "con la violencia no se vence ni se convence"
Estos crímenes perpetrados por palestinos, árabes y musulmanes fundamentalistas de diversas nacionalidades, no ocupan nunca las primeras planas. Salvo a las agencias cristianas de información, a nadie parece importarle las persecuciones de cristianos en los países musulmanes donde el cristianismo está prohibido; ni el exilio masivo de al menos dos millones de cristianos en los últimos veinte años de los territorios de Medio Oriente; ni las matanzas de cristianos en el Norte de Arabia; o en Afganistán, por no hablar de las Molucas y Filipinas. Los medios masivos de comunicación, sólo parecen recordar de vez en cuando, los alevosos ataques ingleses sobre los niños irlandeses, camino de la Escuela. Y eso ahora, porque en otro tiempo, las noticias se referían casi exclusivamente a los ataques del IRA.
La guerra no tiene justificación alguna, salvo para los fabricantes de armas, que son los únicos que ganan algo en todo esto: dinero, ¡siempre el dinero! Pero a veces las guerras se generan después de años de injusticias, después de años de soportar persecuciones, después de ver muchas vidas y muchas familias destruidas sin razón, por regímenes totalitarios, fundamentalistas o directamente racistas. Después de años -digámoslo de una vez- de soportar entre otras cosas, la desinformación, la mentira y las "leyendas negras" que poderosas cadenas de "información" ponen en el aire con el fin de dividir al mundo entre buenos y malos, cuando todos tenemos la misma dignidad humana, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Judíos, palestinos y árabes, blancos y negros, asiáticos y europeos, altos y bajos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres: todos salimos de las manos del mismo Creador, todos somos seres humanos, somos personas y por tanto, sujetos de derecho. La única paz para el corazón en estos casos, en que reinan el atropello y la barbarie, proviene de la esperanza de terminar con la mentira y con la injusticia que a tantos y tantos perjudica. De todos los bandos, de todas las edades, de todas las religiones, de todos los colores, de todas las razas...
 
Conclusión
 
Para finalizar, afirmamos una vez más nuestro repudio a la guerra, a la violencia y a los que viven de ella, a los que fomentan de un modo o de otro el odio y la matanza entre seres humanos, entre personas. Como se vio, intentamos ser objetivos. Nos da mucha pena la actitud de los protagonistas del conflicto de Medio Oriente, y de todos los conflictos de las otras guerras que se libran alrededor del mundo. Por eso, desde este humilde artículo, hacemos un llamado en primer lugar a la JUSTICIA, a la SOLIDARIDAD y al DESARROLLO, fuentes verdaderas de PAZ para los hombres de todos los credos, de todas la razas, de todos los tiempos. Ha llegado la hora de decir con el Papa:
 
¡¡¡NO A LA GUERRA QUE SE HA DECLARADO CONTRA LA PAZ!!!
 
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
EL COLEGIO, FAMILIA DE FAMILIAS
 
Tomás Melendo
 
1. La familia, ámbito natural de la educación
 
a) Dos supuestos básicos
Me ha parecido casi de justicia encuadrar esta intervención en el marco de unas palabras pronunciadas hace ahora ya más de diez años, en circunstancias análogas a las actuales, por Carlos Cardona. De una parte, porque el mensaje que entonces él transmitió seguirá siendo siempre un punto de referencia para el buen desarrollo de la tarea propia de cualquier centro educativo. De otra, más personal, porque sus enseñanzas en esta y otras materias han constituido para mí el meollo de mi formación filosófica y un apoyo, de hermano mayor más incluso que de amigo, en el despliegue de mi vida profesional, familiar y humana.
Las afirmaciones de don Carlos solían ser tajantes, casi entrecortadas, en la misma medida en que sabían ir directas al núcleo de las cuestiones que abordaba. Y, así, por ejemplo, sostenía: "Por su condición de persona, el hombre —todos, pero cada uno— tiene derecho a ser educado. Y la familia es el lugar primordial de esa educación humana. Los padres —y en su caso, derivadamente, los hermanos— son los primeros educadores. Este derecho-deber que les incumbe es primario, original, intangible, indelegable e insustituible. La familia es anterior al Estado, que la presupone: la persona se incorpora a la sociedad política desde la familia y por la familia. Y lo mismo vale respecto de cualquier otra organización asociativa", incluidos, añado yo, los centros de enseñanza.
Algo más adelante, Cardona apuntaba: "Un grave obstáculo para la debida educación de la persona está constituido precisamente por una irresponsable abdicación de los padres, con dejación de su derecho-deber educativo: por ignorancia o falta de la debida preparación (sobre todo ética), por egoísmo, por múltiples presiones externas, por exceso de trabajo fuera del hogar (no raramente materialismo práctico que hace del padre —y ahora frecuentemente también de la madre, y esto es mucho más grave— el gran ausente del hogar, a cambio de determinados beneficios económicos que permiten un cierto nivel superior de vida). Aquella abdicación puede ser también debida a la degradación ética del ambiente social. Y por último, también muchas veces, esa dejación puede ser consecuencia del ataque frontal legislativo a la institución familiar, propio de las ideologías estatalistas de cualquier signo".
 
b) Dos principios y una tendencia
Sentado lo cual, y tras un par de esclarecimientos sucesivos, se aventuraba a "establecer los siguientes principios:
primero: no se trata de que los profesores (y la entidad que sea, es igual) sean ayudados por los padres a "sacar adelante el colegio" (económicamente, con su colaboración personal, etc.);
segundo: se trata, en cambio, de que los profesores (y la entidad que sea, es igual) ayuden a los padres a "sacar adelante la familia" en aquel aspecto esencial de sus deberes —tarea primordial del matrimonio— que es la educación de los hijos: deber intrasferible que origina un derecho indelegable".
A lo que aún agregaba: "Me parece que orienta bastante la misión educativa del centro docente, y de su profesorado, decir que entran de alguna manera en el ámbito familiar, y que el colegio, en cierto modo, es una extensión del ámbito familiar".
A mi entender, desde hace un par de lustros hasta ahora, la situación con que nos encontramos los educadores no ha hecho sino refrendar las afirmaciones de don Carlos. En lo relativo al asentamiento de los principios: la familia es el ámbito natural y insustituible de la educación de las personas. Y en lo que concierne a las tendencias de hecho en las que se movía y se sigue moviendo la sociedad; a saber: a) una cada vez más clara "delegación" en el colegio de la propia misión educativa por parte de muchos padres; y b) un cierto "acostumbramiento" de los profesionales de la enseñanza ante este estado de cosas, que les lleva con relativa frecuencia a pedir a los padres que "les echen una mano" para sacar adelante las tareas que el colegio propone o asume, con la mejor de las intenciones, pero a veces en detrimento de las que competen a la familia… a la que de este modo no sólo no se estimula, sino que a veces se le impide crecer.
Unamos a estos hechos otra realidad que, por desgracia, me parece también incontrovertible: el debilitamiento progresivo de la institución familiar en los últimos años. No sólo como cuestión de facto, cosa ya inquietante por sí misma, sino también como pretensión de iure, por cuanto de forma más o menos voluntaria y premeditada, institucionalmente se están intentando borrar los contornos de lo que constituye una auténtica familia. Como declaraba Juan Pablo II el 6 de enero del presente año, estamos ante "una cultura que corre el peligro de perder, de modo cada vez más preocupante, el sentido mismo del matrimonio y de la institución familiar". Y esto segundo —la pérdida del sentido de la familia de institución matrimonial— no sólo intranquiliza, sino que debe mover a la acción a cualquier ciudadano responsable: más, en la medida en que su relación con la vida familiar resulte más estrecha; más todavía cuando ese nexo, como en el caso que nos ocupa, es algo institucional.
Y aquí es donde la pregunta que pretende vertebrar el conjunto de mis reflexiones surge espontánea: ¿cómo podrá el colegio subsistir como prolongación de las familias cuando a éstas les amenaza el riesgo —cierto, aunque sin duda superable— de desaparecer como tales?; ¿en qué sentido y bajo qué condiciones podrá el colegio, como apunta el título de esta conferencia, seguir cumpliendo su misión en cuanto familia de familias, en cuanto "familia" al servicio de las familias?
 
2. Devolver el protagonismo a las familias
 
a) Enseñar a "ser familia"
La respuesta a estos interrogantes me parece tan fácil de enunciar como, por desgracia, difícil de llevar a cabo. Pero, al mismo tiempo, pienso que resulta de todo punto ineludible. Más aún, esencial e irrenunciable. Por eso lo he escogido como tema de mi intervención ante ustedes. Se trata, en esencia, de hacer conscientes a los padres de que su papel en la educación de los hijos, y en la vida de la sociedad, es de una trascendencia radical, casi infinita, y no puede ser realizado más que por ellos.
Como a su modo la del propio estado, la tarea del colegio en la educación de los niños podría calificarse de "subsidiaria", siempre que esta palabra se entienda en su acepción más cabal. Y esto lleva consigo dos conocidas consecuencias: los profesionales de la educación: a) han de suplir a los padres y hermanos allí donde éstos no actúen, aun cuando fuere por voluntaria dejación de sus funciones propias; además, y como deber de ningún modo secundario, b) han de esforzarse con todavía mayor empeño en reducir su propio protagonismo, devolviendo en cuanto sea posible a la familia el que por esencia les corresponde y, lo que es más actual y más arduo, "obligando" amabilísimamente a los padres a asumir las responsabilidades que por naturaleza, y de manera indelegable, les son propias.
En cuanto familia de familias, y siéndolo él mismo muy certera y verazmente, el colegio ha de asumir hoy la obligación de "enseñar a sus familias a ser auténticas familias"… teniendo claro que, como la experiencia demuestra, es muchísimo más sencillo "hacer" uno mismo que "hacer hacer" a los demás. Resulta más fácil suplir a los padres allá donde estos no pueden o no quieren llegar que plantarles cariñosamente cara para hacerles caer en la cuenta de que son ellos los responsables de la educación de sus hijos… y de que deben obrar en consecuencia. Más fácil el suplantar, decía; pero a la larga o incluso a la corta, menos eficaz y, si se me apura, absolutamente inútil.
 
b) La familia es también para los "grandes"
En más de una ocasión he intentado poner de manifiesto, siguiendo en esto sugerencias del Romano Pontífice, que la familia resulta insustituible para el desarrollo e incluso la existencia de la persona en cuanto tal en todos y cada uno de sus niveles de desarrollo: desde la total indigencia del recién concebido, pasando por la inseguridad y las dudas del niño o del adolescente, hasta la aparente firmeza autónoma del adulto, la plenitud del hombre y la mujer en sazón y la fecunda pero frágil riqueza del anciano.
Desde este punto de vista, tal vez pudiera ser una buena táctica hacer comprender a los padres, de la manera que en cada caso dicten las circunstancias, que la familia es imprescindible no sólo para que sus hijos alcancen la madurez mientras son más o menos pequeños e inexpertos; sino también para que ellos —el padre y la madre, hechos y derechos y en muchos casos auténticos "triunfadores" en la vida profesional o incluso pública— "se realicen" en verdad como personas (que es el objetivo terminal de cualquier existencia humana, y sin cuyo logro ninguna de ellas goza del más mínimo sentido).
La idea de la familia-refugio ha ocupado un papel de preeminencia durante mucho tiempo en la sociedad occidental desarrollada. El ámbito familiar resultaría indispensable como remedio para la debilidad del ser humano y justo en la proporción en que sus miembros se encuentran necesitados de esa protección y apoyo. Pero esto, que no deja de encerrar una buena dosis de verdad, no es ni de lejos lo más serio que puede afirmarse de la familia. El hecho de que el Dios creador del Universo se nos haya revelado como Familia y el que ese divino "modo de Ser" no constituya en absoluto ni una arbitrariedad ni un capricho —¡cómo podría serlo!—, debería constituir una certerísima pista a la hora de orientar nuestro conocimiento sobre las relaciones entre familia y persona.
Si la Trinidad personal de todo un Dios, en el que ninguna perfección puede faltar, "tiene que" constituirse como Familia, está claro que ésta no deriva de indigencia alguna, sino, al contrario, de la misma plenitud y fecunda sobreabundancia del ser personal que, por naturaleza, se encuentra llamado el don, a la entrega. Por eso, cuanto más perfectos van siendo un hombre o una mujer, más necesitan de la familia como el ámbito en el que, sin ningún tipo de reservas ni trabas, pueden dar y darse… con la seguridad de ser acogidos justo como personas.
 
c) Por encima de toda actividad…
Las palabras del Pontífice al respecto no pueden ser más claras: "El hombre —asegura—, por encima de toda actividad intelectual o social por alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realización integral, su riqueza insustituible en la familia. Aquí, realmente, más que en cualquier otro campo de su vida, se juega el destino del hombre".
"Por encima de toda actividad intelectual o social por alta que sea…; más que en cualquier otro campo de su vida". También Juan Pablo II es tajante, porque, como la espada de que hablan las Escrituras, sabe prescindir de todo lo superfluo y adentrarse hasta la médula de las realidades que esclarece. Pero, en este caso concreto, los padres y las madres de familia pueden fácilmente "experimentar" lo que el Pontífice afirma. Pueden caer en la cuenta de que equivocan el rumbo cuando, incluso con toda sinceridad y la mejor de las voluntades, descuidan la atención directa e inmediata de los demás miembros de su familia para dedicarse a otras tareas, profesionales o sociales, en las que incluso alcanzan el éxito más absoluto… buscando con franca generosidad el bien de los otros. Porque ese triunfo no es capaz de ahogar la especie de desazón íntima que les asalta siempre, en los momentos más honda y sentidamente humanos, por el hecho de desatender el ámbito familiar, en el que, en expresión del Papa, habría de encontrar "su realización integral, su riqueza insustituible".
Hoy es misión de los profesionales de la enseñanza, y misión prioritaria, hacer saber a los padres que la familia resulta imprescindible para el íntegro desarrollo de sus hijos —incluidas casi siempre las calificaciones— porque en primer término lo es también para él o para ella como padre o como madre. Explicando, como de pasada, que un padre insatisfecho por no desarrollarse en plenitud dentro de su propio hogar no puede aportar auténtica vida ni apoyo sólido a ninguno de los hijos que en ese mismo hogar han venido a la existencia y en el que encuentran también la principal palestra para su robustecimiento personal y la base ineludible para el despliegue enriquecedor en cualquier otro ámbito de su vivir.
3. La familia, definida por el amor
 
a) El amor entre los cónyuges, en la raíz de la vida familiar
Para seguir avanzando sin necesidad de perderme en demostraciones de lo que, por otro lado, resulta bastante obvio, citaré de nuevo unas palabras del actual Pontífice: "En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor. Por esto la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor".
Queda clara, entonces, la substancia de las obligaciones de los padres con respecto a sus hijos. Pero también es obvio, aunque en apariencia paradójico, que el primero de esos deberes no se dirige primordialmente a la prole, sino que se instaura en el interior del propio matrimonio. De manera expresa, cuando sea necesario, los profesores y directivos han de exponer convincentemente que la primera —y casi la única— cosa que un hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí.
Se trata de una idea expresada con brillante sencillez por Carlos Llano: como la educación de los hijos no es sino la más genuina expresión del amor de los padres hacia ellos, y como este amor no puede ser a su vez sino el desarrollo del amor mutuo entre los esposos (animado por el amor a Dios —igual que el hijo es la síntesis viva del padre y de la madre, y de Dios, que pone el alma—), el que los cónyuges se amen de veras constituye el núcleo esencial, y casi el todo, de su misión dentro de la familia.
Llano escribe: "La conditio sine qua non para que la familia se constituya como ámbito formativo del carácter de los hijos es el amor firme de los padres, con las notas propias que los clásicos le asignaron desde antiguo: constans, fidus, gravis (Cicerón): el amor familiar ha de ser constante, lleno de confianza y responsable, si quiere poseer valor formativo […]. La inducción del carácter es, diríamos, una emanación del amor conyugal, una extensión —casi un apéndice— suyo: los padres no tendrían otra cosa que hacer más que amarse de manera constante —con todos los atributos que la fidelidad acarrea—, llena de confianza —con las notas que esa apertura lleva consigo— y responsable —con las características que siguen a la responsabilidad—. Habría después, sí, recomendaciones, sistemas, técnicas, fórmulas, procesos y recetas positivas para lograr el objetivo" de formación "de los hijos, pero todas las recomendaciones para ello serán apenas una cabeza de alfiler en el profundo y extenso universo del amor familiar en que se desarrollen. Al menos, puede afirmarse sin equivocación que tales recomendaciones, sistemas, técnicas, fórmulas, procesos y recetas serán bordados en el vacío si no se dan dentro del espacio del amor familiar, la primera e imprescindible condición, y casi la única".
Los directivos y profesores están hoy más obligados que nunca a insistir en este extremo, porque desafortunadamente ni se presenta claro para la inteligencia ni fácil de instaurar en la vida vivida. Y, sin embargo, se trata de algo muy cierto y de radical relevancia: lo más importante que tienen que hacer los esposos con vistas al desarrollo y la felicidad de sus hijos es quererse el uno al otro, de forma creciente, con un amor que trascienda las discrepancias de carácter, las pequeñas incomprensiones, las dificultades, las pretendidas afrentas… La marcha de la entera familia, en cada uno de sus componentes, viene casi por entero determinada por el amor mutuo que se ofrenden los padres. Amor conyugal, amor familiar, escribí en cierta ocasión como título de un ensayo sobre el tema que nos ocupa. Y el sentido de la expresión estaba claro: la calidad del amor familiar —del paterno-filial y del fraterno, antes que nada— se encuentra determinada por las características y la categoría del hábitat que origina el cariño mutuo de los cónyuges.
Con metáfora que raya un tanto en lo cursi podría decirse: desde que sale del útero materno, donde el líquido amniótico lo protegía y alimentaba, el niño necesita imperiosamente de otro "útero" y otro "líquido", sin los que no podría crecer y desarrollarse; a saber, los que promueven el padre y la madre cuando se quieren de veras. Fuera de ese ambiente es muy difícil, por no decir imposible, que el muchacho progrese de la manera pertinente, hasta conquistar la estatura inefable de la persona cuajada que por naturaleza está llamado a adquirir. Y el colegio, por más que lo pretenda y luche por lograrlo, a duras penas colmará el déficit causado por el vacío de amor de los padres.
 
b) "El" derecho esencial de los hijos
"Hacemos que no le falte de nada, y sin embargo…". Expresiones como ésta se oyen a menudo en los colegios, proferidas por matrimonios que se vuelcan aparentemente sobre sus hijos —alimentos sanos, reconstituyentes, clases particulares, juegos, vestidos de marca, vacaciones junto al mar, diversiones, etc.—, pero se olvidan de lo que éstos más necesitan: que los propios padres se amen y estén unidos… y que ese amor se desborde, genuino y eficaz, hacia cada uno de los hijos.
La primera de la dos cuestiones, a la que he dedicado el parágrafo precedente, podría ilustrarse con una anécdota acaecida en un colegio público hace todavía muy poco tiempo. Me la comentaba el profesor protagonista del suceso. El chico iba mal. Se le veía descentrado, rebelde, inquieto. Llamaron a sus padres, divorciados, que acudieron sin embargo juntos a la cita. Comenzaron a darle vueltas al asunto. Se trataba de definir lo que al hijo le hacía falta para mejorar. Los padres y el profesor acumulaban sugerencias. El muchacho callaba, retraído y en apariencia ausente. Al cabo de un buen rato sin avanzar apenas, el chico no pudo más y, entre gritando y llorando, les espetó: "¡Lo único que necesito es que os queráis de verdad!".
Amor, pues, entre los padres. ¿Y del amor hacia el hijo? Este extremo debe tratarse con suma delicadeza. Porque no es oro todo lo que reluce… aunque reluzca con la mejor de las intenciones. De acuerdo con la ya clásica descripción aristotélica, se ama a una persona cuando se procura y se le ofrenda lo que es bueno para ella. Realmente bueno. No, esto debe quedar claro, lo que viene a suplir una falta de auténtica dedicación al ser querido, poniendo coto a sus quejas, sino lo que efectivamente lo hace crecer, lo mejora, acercándolo con eficacia a su cumplimiento como persona. A este amor nuestros hijos tienen derecho, un derecho absoluto.
Pero no tienen derecho, por ir directamente al grano, ni al premio desmesurado por las buenas calificaciones —éstas deberían ser de por sí gratificación más que suficiente—, ni a la paga también desmedida, ni a las noches locas e incontroladas del fin de semana, ni a la prendas de marca tiranizadas por la moda, ni a las vacaciones por encima de nuestras posibilidades económicas (o de lo simplemente razonable), ni a la moto o al coche cuando todavía no son responsables en otros ámbitos de su existencia, ni… ni…
¡A lo único que nuestros hijos tienen derecho, un derecho del que nadie debería intentar hacerles prescindir, es, diciéndolo con tres palabras, a nuestra propia persona!: a nuestro tiempo, a nuestra dedicación, a nuestro real interés por lo que les ocupa y preocupa, a nuestro consejo no impuesto ni avasallador, a nuestro diálogo, al ejercicio razonado de nuestra autoridad, a nuestra intimidad personal, a conocer nuestros momentos de exaltación y nuestras derrotas, a introducirse efectivamente en nuestras vidas en lugar de crear para ellos, con nuestro hermetismo descuidado y a veces un tanto vanidoso, una existencia independiente…
Y todo lo que sea "intercambiar" esa entrega comprometida por regalos irresponsables que acarician lo menos noble de su yo y los conducen a centrarse en sí mismos y en la satisfacción de sus caprichos, equivale, en el sentido más fuerte y literal de la expresión, a comprar a nuestros hijos y, como consecuencia, a prostituirlos, tratándolos como cosas y no como personas. Lo que, sea dicho por ahora de pasada, destruye cualquier ambiente de familia, porque la lógica del "intercambio", del do ut des mercantilista e interesado es lo más opuesto a la gratuidad del amor que debe imperar en el hogar.
 
c) La persona como "regalo esencial"
Cito muy a menudo unos versos de La voz a ti debida, de Pedro Salinas, porque encierran, con toda la brillantez de la poesía lograda, la quintaesencia más genuina de la donación personal y del sentido definitivo de cualquier regalo. "¿Regalo, don, entrega? —se pregunta el poeta— / Símbolo puro, signo / de que me quiero dar. / Qué dolor, separarme / de aquello que te entrego / y que te pertenece / sin más destino ya / que ser tuyo, de ti, / mientras que yo me quedo / en la otra orilla, solo, / todavía tan mío. / Cómo quisiera ser / eso que yo te doy / y no quien te lo da".
¿Por qué la quintaesencia del regalo? Sugeriré tan solo en la línea que nos incumbe. Aunque todos tenemos conciencia de nuestra propia pequeñez e incluso de la mezquindad ocasional de algunos de nuestros comportamientos, la índole personal de cada sujeto humano lo eleva a una altura tan prodigiosa, tan disparatada, que hace que también para él resulte válido, plenamente efectivo, el siguiente aforismo: "es tanta la perfección radical de la persona, que nada se muestra digno de serle regalado si resulta menor que… ¡otra persona!; cualquier realidad distinta que se le ofrende se queda corta, permanece muy por debajo de lo que la densidad personal reclama".
Por eso, el regalo sólo realiza su función en la medida estricta en que en él se encuentre comprometida, y como encarnada, la persona que lo hace. Esto lo sabían muy bien las culturas antiguas, por ejemplo, la griega; y, así, cuando Telémaco intenta retener a Atenea, disfrazada de forastero, y le ofrece "un presente, un regalo inestimable y hermoso que será para ti un tesoro de mí, como los que hospedan dan a sus huéspedes", Atenea, la de los "ojos brillantes", le contesta: "No me detengas más, que ya ansío el camino. El regalo que tu corazón te empuje a darme, entrégamelo cuando vuelva otra vez para llevarlo a casa. Escoge uno bueno de verdad y tendrás otro igual en recompensa".
Todo ello, por desgracia, se ha ido abandonando en el mundo "civilizado" de hoy. Y los grandes almacenes —con sus ofertas ya dispuestas y bien embaladas— no ayudan mucho a reparar esa pérdida. No obstante, también ahora sigue siendo cierto que, con independencia absoluta de su valor material, un regalo vale lo que valga la persona que se ha implicado en él. ¿Recuerdan la escena memorable de El club de los poetas muertos, cuando los mismos enseres de escritorio, regalados por dos años consecutivos al co-protagonista, salen volando, por despecho, desde lo alto del pequeño cavalcavia que une dos edificios? Estamos ante un ejemplo elocuente de lo que, por desgracia, prolifera en nuestra cultura: el regalo se utiliza a menudo —incluso entre padres e hijos, y esto es lo que ahora nos atañe—, no como manifestación de amor y símbolo de entrega, sino como medio para aplacar la propia mala conciencia por la escasa atención que prestamos a quienes deberíamos querer, y para "comprar", como antes insinuaba, a unos hijos a los que no se atiende como es debido y de los que sobre todo se desea, a veces de manera sólo semiconsciente, "que nos dejen vivir en paz nuestra vida".
En el extremo contrario, emociona todavía el embeleso con que recibe la madre esos cuatro trazos mal dispuestos que el hijo o la hija de muy poca edad le ofrece con ocasión de su santo o cumpleaños o del día de la madre. Bosquejo que no vale nada, absolutamente nada… excepto toda la persona del niño, que se ha volcado en su elaboración durante una, dos o más semanas. Las madres aprecian efectivamente la valía de esa muestra de entrega —¡infinita, como la persona misma del hijo!—, aunque su precio comercial sea nulo y menos que nulo.
De este género ha de ser el amor mediante el que los padres extraigan lo mejor que existe, a veces bastante en bruto, en el corazón ontológico de todos y cada uno de sus hijos. Y todo lo que no sea alzarse hasta las cimas de este auténtico afecto de entrega personal comprometida, además de hacer vana la tarea de formación dentro de la familia, tornará muy penosa e irrelevante la labor que se pretenda llevar a cabo en y desde el colegio.
 
4. ¡Personalmente!
 
a) La familia, personas entre personas
Para adentrarme en el último extremo al que quiero referirme en este rato de conversación, acudiré de nuevo a unas palabras de Juan Pablo II: "La familia, en cuanto es y debe ser siempre comunión y comunidad de personas, encuentra en el amor la fuente y el estímulo incesante para acoger, respetar y promover a cada uno de sus miembros en la altísima dignidad de personas, esto es, de imágenes vivientes de Dios. Como han afirmado justamente los Padres Sinodales, el criterio moral de la autenticidad de las relaciones conyugales y familiares consiste en la promoción de la dignidad y vocación de cada una de las personas, las cuales logran su plenitud mediante el don sincero de sí mismas".
Al nexo indisoluble que liga las realidades de la familia, el amor y la persona he dedicado mi atención en multitud de ocasiones. Habiendo tratado ya someramente lo que corresponde a la institución familiar en cuanto reino del amor, extraigamos ahora algunas de las consecuencias que derivan de la índole estrictamente personal —de personas-personas, explico a menudo— que compete a cada uno de sus miembros.
La primera y más neta podría enunciarse como sigue: para que la familia actúe como tal y cumpla el cometido esencial que le compete de educación de sus miembros, éstos han de establecer entre sí relaciones estrictamente personales. Se ha dicho durante siglos que el diamante se pule sólo con el diamante. Hoy día, con los avances galopantes de la técnica, supongo que esa afirmación resultará ya superada. Pero lo que es hoy verdad, lo ha sido en el pasado y lo será siempre es que la educación de la persona, el proceso de acrisolamiento que saca maravillas de su fondo y pule y da brillo a las riquezas depositadas en él, únicamente puede llevarse a término desde otra persona y poniendo en juego los resortes más configuradoramente personales de una y otra. Y esto, repito, ayer, hoy y siempre, por más que evolucione la cultura y el dominio técnico sobre la naturaleza alcance cotas que en el momento presente, tras las revoluciones progresivamente aceleradas de las últimas décadas, ni siquiera alcancemos a sospechar.
Pero aquí es conveniente evitar malentendidos. Cuando hablo de solicitar a la persona desde la persona no me estoy refiriendo sólo al uno a uno, al boca a boca, que por lo común no falta en el seno de las familias… a pesar del cada vez más inquietante peligro de incomunicación mutua. También a eso, si se me apura, pero a mucho más. De lo que se trata es de comprometer la propia vida, nuestra vida más personal, para requerir lo que en los demás individuos —nuestros hijos, en el supuesto que nos ocupa— existe también de más estrictamente personal: a saber, su inteligencia y, sobre todo, su voluntad; su capacidad de amar, de querer y construir el bien de los otros en cuanto otros. Así es como Dios reclama una respuesta de cada uno de nosotros: apelando a nuestra individualidad, sin concesiones al anonimato y, por ende, a nuestro entendimiento y a nuestra voluntad, que son las potencias más propiamente personales e individualizadoras.
Con palabras más cercanas. Lo que se nos pide siempre, pero en particular como padres de familia, es que nos pongamos personalmente en juego, en peligro, que estemos dispuestos a sufrir… justo para poder amar y cumplir así el cometido esencial e ineludible de cualquier familia que aspire a serlo de veras. ¿Para poder amar? Sí. La cuestión no es sencilla, y requeriría bastante más espacio del que disponemos en este acto. Pero son muchísimas las personas, de características muy diversas, que aseguran en la teoría y en la práctica esta ley fundamental: el sufrimiento, el dolor, es un medio imprescindible para el acrisolamiento del amor. Tenemos un Ejemplo paradigmático en Jesucristo. Y, por el momento, nos basta añadir a él estas palabras de Juan Pablo II: "En la intención divina los sufrimientos están destinados a favorecer el crecimiento del amor y, por esto, a ennoblecer y enriquecer la existencia humana. El sufrimiento nunca es enviado por Dios con la finalidad de aplastar, ni disminuir a la persona humana o impedir su desarrollo. Tiene siempre la finalidad de elevar la calidad de su vida, estimulándola a una generosidad mayor".
 
b) Una aplicación concreta: confiar en los hijos
De ahí que, en la familia y fuera de ella, el proceso educativo, que es siempre función de amor, no puede llevarse a cabo sin una cierta dosis de sufrimiento propio y ajeno; y de ahí que ponerse en juego consista, por ejemplo, en depositar real y efectivamente nuestra confianza en cada uno de nuestros hijos, apostando con decisión por su deseo y su capacidad de mejora, y estando dispuestos a perder y dolernos con su derrota. Ya que el amor —es una de las pocas verdades que vio claramente Freud— torna vulnerables a quienes aman.
Y esclarezco el ejemplo. Todos los que nos movemos en estas lides sabemos bien que sin confianza recíproca cualquier intento de formación resulta vano. Pero lo que a veces se nos escapa es que semejante confianza ha de ser real, sin fisuras, y justamente con ese hijo que nos plantea más problemas y justo en los aspectos en que más deja que desear (incluidos los estudios). Ahí, precisamente, es donde hemos de depositar el vigor de nuestra esperanza, sin fingimientos, confiando con toda nuestra alma en que el chico o la chica, dispuesto a luchar con todas sus fuerzas, podrá al término vencer, con la ayuda de Dios y con nuestro pobre auxilio. Y cuando fracase, porque muchas veces fracasará, nosotros, que nos hemos comprometido personalmente en sus escaramuzas, fracasamos también con él. Y, lejos de pronunciar en tono de conmiseración el triste y desresponsabilizante "ya te lo había advertido", sufrimos en lo más hondo con el descalabro, porque, al habernos identificado con el hijo a través de la confianza sincera en él depositada, es tan suyo como nuestro; y, echando mano de nuestros mayores recursos como personas adultas, nos rehacemos del fracaso y del dolor, y rehacemos al muchacho… y volvemos a depositar toda nuestra confianza, real, sin ardides ni triquiñuelas, en el chico.
Sólo en ese clima, incompatible con la despreocupación "ocupadísima" de quien no encuentra tiempo más que para sus actividades personales (ya sean en el ámbito de la profesión, ya en el de la vida social, las diversiones y entretenimientos, los propios hobbies, etc.), es posible el crecimiento y la maduración fecundas de quienes tenemos encomendados en el seno de nuestra familia. Porque tanto en el interior del matrimonio como en las relaciones paterno-filiales, lo decisivo es "soportar", en el sentido fuertemente solidario de servir de apoyo, y no "soportar", en la acepción de aguantar sufridamente los defectos, la incompetencia o la falta de madurez del otro.
 
Conclusión: una tarea sumamente difícil, pero inesquivable
Las que he trazado hasta el momento han sido sólo unas pinceladas en el amplio campo de las posibilidades de ayuda a los padres por parte de los directivos de los centros de enseñanza. Ni de lejos agotan el tema, ni tan siquiera el que he elegido, por su relevancia y actualidad, como núcleo de mis reflexiones. Ahora quisiera cerrarlas al hilo de unas palabras de quien sin duda alguna constituye la mayor autoridad mundial en lo que a familia y educación se refiere: Juan Pablo II.
Casi al inicio de su pontificado, el Papa actual lanzó al vuelo una frase de apariencia inocua, pero en la que se condensa el núcleo de la revolución del amor que su antecesor Pablo VI y él mismo vienen preconizando. "Cual es la familia —aseguraba ya en 1979—, tal es la nación, porque tal es el hombre". Arrimando descaradamente el ascua a mi sardina, pero sin traicionar el sentir del Romano Pontífice, estimo que ese convencimiento, que sitúa en el seno del matrimonio el camino de la reconversión del entero Occidente, podría traducirse para nosotros por la convicción que sigue: "Cual es la familia, tal es el colegio, porque así es la persona" (y no a la inversa: de ahí que la función prioritaria del colegio hoy día, incluso para asegurar su propia subsistencia sin desvirtuar su naturaleza "familiar", sea la de revitalizar a la familia).
Y por si quedaran dudas acerca de la viabilidad de esta nueva versión, me gustaría concluir trayendo a la mente otras palabras del Pontífice, profundas y audaces, pronunciadas el pasado 15 de diciembre, en el Jubileo de las familias: "Al ser humano —resonó de nuevo la voz del Papa— no le bastan relaciones simplemente funcionales. Necesita relaciones interpersonales, llenas de interioridad, gratuidad y espíritu de oblación. Entre estas, es fundamental la que se realiza en la familia: no sólo en las relaciones entre los esposos, sino también entre ellos y sus hijos. Toda la gran red de las relaciones humanas nace y se regenera continuamente a partir de la relación con la cual un hombre y una mujer se reconocen hechos el uno para el otro, y deciden unir sus existencias en un único proyecto de vida".
Quiero repetir las palabras resaltadas en la cita. Toda la gran red de relaciones entre los hombres se alimenta y adquiere su tono de la que se establece en el ámbito matrimonial. Todas. Incluidas, qué duda cabe, aquellas que componen esa prolongación de la familia que constituye el colegio.
Pero por desgracia, como más de una vez hemos sugerido, el matrimonio no goza en nuestro tiempo de la buena salud que sería de desear. Estimo por eso que vuestra principal misión como directivos, la que las circunstancias actuales os han asignado probablemente por encima de vuestras naturales obligaciones institucionales, consiste en hacer eco, con el ejemplo y con la palabra, a la conocida exhortación de la Familiaris consortio: "Familia —¡matrimonio!—, ¡sé lo que eres!".
 
Conferencia pronunciada el 17 de febrero de 2001 en Barcelona por el Dr. Tomás Melendo (Universidad de Málaga), para directivos y profesores de la Institució Familiar d'Educació.
 

SEXO Y FAMILIA
Pedro Beteta

Decorados de Hollywood
Es corriente ver, en las películas del Oeste, una ciudad con su calle mayor transitada por carruajes, jinetes, y personas que caminan o entran y salen de la cantina, de la oficina del sheriff, de la barbería o de esa tienda que vende de todo. Pero todo es más falso que Judas. Son puertas, cartón piedra y tablas que pronto saltarán por los aires cuando llegue la pelea de turno. No son casas auténticas sino puertas y un decorado montado con tablones que simulan hogares y estancias inexistentes pero que exige el guión.
Desgraciadamente, la familia, hoy, la ven muchos también así. Se muestra como un montaje frágil que está saltando por los aires, hecha añicos, ante la explosión sexual incontrolada porque no aciertan a ver la solidez de la institución a que da lugar el sexo: la familia. Al hogar familiar que origina el matrimonio se accede por la puerta del sexo pero hay quien confunde el edificio verdadero de una sólida casa con la abatible y débil puerta que conduce al decorado de una cantina donde reina el placer del güisqui y el juego cuando no es la chirriante puerta de la cuadra. ¡Qué desconocimiento de la dignidad humana y, por tanto, del sexo y de la afectividad quienes comercian con este equívoco!
Chesterton, con gran acierto, afirmó que “el sexo es un instinto que produce una institución; y ese instinto es positivo y no negativo, noble y no ruin, creador y no destructor justamente por lo que esa institución que produce. Esa institución es la familia: un pequeño estado o comunidad que, una vez iniciada, tiene cientos de aspectos que no son de ninguna manera sexuales. Incluye adoración, justicia, comprensión, educación, camaradería, descanso. El sexo es la puerta de la casa, pero la casa es mucho más grande que la puerta. Hay quienes prefieren jugar con amores livianos en el portal, sin entrar nunca en la casa; pero ni siquiera ellos son tan tontos que digan que el mundo no contiene casas, sino sólo puertas, o que la gente no tiene sentido hogareño ninguno, sino tan sólo sexualidad”.

Películas "de vaqueros" y la familia 
¿Cómo se explica la actitud aberrante del hombre entorno a la familia? Por necedad como dice Chesterton. Por la necedad del pecado. El pecado entontece, y hemos pecado desde los albores de la humanidad, para seguir después pecando un día tras otro. Ese proceso ha desembocado, a lo largo de todas las épocas, en deterioros -y no pequeños- de la dignidad del hombre. Y sigue siendo muy difícil en la actualidad hablar de sexualidad pues la época de hoy está caracterizada por un enloquecimiento que, pese a tener la explicación que queda dicha, se ve favorecida por una verdadera explotación del instinto sexual.
La libertad de que gozamos los hombres posee la capacidad de imponerse a la naturaleza y justificar el instinto bestial; de violentar la inteligencia con razonadas sinrazones para oponerse a las leyes naturales que reclaman el auténtico amor de la fidelidad conyugal. Es un hecho constatado en todo el mundo que nunca ha habido tantos problemas de integración social en los niños y adultos como ahora. La inmadurez afectiva de los jóvenes y de los que no lo son tanto, inteligencias preclaras que quedan inutilizadas o la abundante mendicidad humana de placer que espera sedienta el fin de semana o la oportunidad para las movidas, la droga, la fornicación o el adulterio, así como la bestialidad de cualquier género, tienen su origen en el deterioro de la familia.
En definitiva, que hemos construido ciudades falsas del Oeste donde todos son puertas, pólvora mojada y actores que hacen unas cosas previstas por el guión hasta que oyen, al final de la jornada, el último grito de “¡Corten!" Ante la necedad de confundir el hogar con la puerta de acceso, la familia con el sexo, se hace más necesario que nunca profundizar en la dignidad de la persona humana y, por tanto, en la dignidad del sexo, de su corporeidad y de la institución a que da lugar.

El sexo no es un tema tabú para el cristiano
A la Iglesia se le acusa a veces de hacer del sexo un tema tabú, pero la verdad es bien distinta, ya que a través de la historia, el pensamiento cristiano ha desarrollado una visión armónica y positiva del ser humano, reconociendo la función significativa y preciosa que la masculinidad y feminidad ejerce en la vida del hombre. El fundamento está en la misma naturaleza humana al haber sido creada a imagen y semejanza del mismo Creador. La sexualidad juega un papel precioso y significativo en la vida de los hombres y de las mujeres, pero no son banales los comportamientos inhumanos o moralmente inaceptables de la homosexualidad, el amor libre o la anticoncepción, por ejemplo.
El hombre y la mujer, creados en singular y ocurrente unidad de espíritu y cuerpo, a imagen y semejanza de Dios son constituidos personas que se diversifican por su estructura psico-fisiológica. Relata el libro del Génesis que Dios al ver a Adán en su soledad primera dijo: “no es bueno que el hombre esté sólo” (Gén 2, 20), a continuación se narra la creación de una ayuda semejante a él: la mujer. A poco que se reflexione en estas palabras divinas se descubre que Dios para aliviar la soledad del hombre podía haber creado otros hombres, y así ninguno de ellos estaría ya sólo. Pero no. Creó una ayuda “semejante” pero no idéntica. Creó otro sexo, el femenino, la mujer.
Esa realidad creadora de Dios nos dirige hacia su finalidad, nos encamina hacia la razón u objeto de tal acción: procrear en compañía. Será compañero el uno de la otra y cooperarán con Dios en el alumbramiento de nuevos seres humanos. Efectivamente, el ser humano lleva la marca de la masculinidad y de la feminidad. Y al mismo tiempo que es marca de diversidad, es también indicador de complementariedad instintiva. Este atractivo del instinto se deduce de las palabras del hombre que, arrebatado de entusiasmo al ver a la mujer apenas creada, transportado de satisfacción al ver a la mujer -un ser semejante a él- exclama: “Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne”(Gén 2, 23).

El instinto sexual es básico para el matrimonio
La diversidad y, a la vez, la complementariedad psico-física están en el origen de la riqueza heredada por la humanidad ya que le es propia a los descendientes de Adán y Eva en el desplegar de toda su historia. La antropología se hace especialmente intensa en este momento ya que tocamos el punto nuclear del que toma vida el matrimonio: la unión del hombre y la mujer. El matrimonio quedó instituido por el Creador desde el principio: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; se unirá a su mujer: y vendrán a ser los dos una sola carne”(Gén 2, 24). “Una sola carne”, una sola realidad por la comunión personal que se expresa tanto con la unión espiritual de voluntades como con la corporal.
La sexualidad posee una estructura psicológica y biológica destinada tanto a la comunión entre el hombre y la mujer como al nacimiento de nuevas personas. Respetar tal estructura no es biologismo ni moralismo, sino atención a la verdad del ser humano. Se ha de pedir, pues, a cada uno que respete la sexualidad en su naturaleza profunda. La sexualidad, como dimensión inscrita en la totalidad de la persona, constituye un lenguaje al servicio del amor y no puede, por tanto, ser vivida como puro instinto. Debe ser gobernada por el hombre como ser inteligente y libre.
Junto con la inteligencia y una voluntad libre que nos permite conocer y amar al Hacedor, Dios nos ha dado el cuerpo con la posibilidad de participar, al engendrar, de su poder creador. Dios ha querido servirse del amor conyugal para traer nuevas criaturas al mundo y aumentar el cuerpo de su Iglesia. El sexo no es una realidad en forma alguna vergonzosa, sino un regalo divino que se ordena la vida, al amor y a la fecundidad.
Matrimonio y familia están profundamente unidos a la dignidad de la persona humana. No proceden sólo del instinto o de la pasión, ni siquiera sólo del sentimiento, sino de una decisión libre de la voluntad, de un amor personal, por el cual los esposos no sólo se convierten en una sola carne, sino también en un corazón y en una sola alma. La comunidad física y sexual, realidad grande y bella, es digna del hombre sólo en el ámbito exclusivo y definitivo vínculo personal de fidelidad dentro del matrimonio.
La familia es una comunión personal que evoca la única realidad divina de un Dios que vive en comunión de Personas y al que nos asemejamos. El único Dios y Creador es personal y familiar. Al ocuparnos de la familia humana, encontramos que Dios es una Familia de tres Personas. Juan Pablo II comenta: “Se ha dicho, en forma bella y profunda, que nuestro Dios en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo”.

Más temida la verdad que la muerte
El hombre tiene más miedo a la verdad que a la muerte -decía Kierkegaard- y se entiende. Se comprende porque la verdad repugna más a la mentira causada por el pecado original que a la muerte que es una de sus consecuencias. Y la verdad del amor es excluyente de cualquier egoísmo. Juan Pablo II, decía en confidencia de padre a esos que huyen de conocer la verdad sobre el mismo hombre: “Escucha en el fondo de tu corazón a tu conciencia que te llama a ser puro: es serio el compromiso del matrimonio, es el cimiento de un sólido edificio. Un hogar no se puede alimentar del fuego del placer que se consume rápidamente, como un puñado de hierba seca. Los encuentros ocasionales son simples caricaturas del amor, hieren los corazones y escarnecen el plan divino”.
La familia, aunque sólo fuera mirada como un hecho planetario, avalado por datos que aportan todas las comunidades humanas, algunas incluso ancestrales; incluso por la tradición oral y escrita adquirida desde los más antiquísimos documentos históricos hasta los actuales, no puede dejar de ser considerada como una institución humana fundamental. La fidelidad a la indisolubilidad matrimonial, que hoy para algunos no resulta comprensible, es igualmente expresión de la dignidad incondicional de la persona. No se puede amar sólo de prueba, no se puede aceptar a una persona sólo a título de experimento y por un tiempo.
No se oculta la dificultad añadida al pecado original que tiene también el cristiano por sus propios pecados pero eso no quita poder vencer con la gracia de Dios que nos viene en los Sacramentos debidamente recibidos; sobre todo, los de la Reconciliación y la Eucaristía. En Nigeria, el Papa defendió el matrimonio, comprendiendo la dificultad que tenían quienes le escuchaban dadas sus costumbres ancestrales. Y les decía: “Es comparable a una montaña muy alta, que sitúa a los esposos en las inmediatas cercanías de Dios; hay que reconocer que la ascensión a dicha montaña exige mucho tiempo y mucha fatiga. Pero ¿podría ser esta una razón para suprimirla o rebajar su altura?”. Un periodista interrumpió para decir que lo que pedía a esa gente era un imposible. Juan Pablo II, sonriente, respondió: “Imposible, no; muchos lo hacen; ciertamente no es fácil, pero es que ser cristiano auténtico es difícil. En Africa y fuera de Africa...”.

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GRAN BRETAÑA: UN ESTUDIO PONE EN DUDA QUE PROMOVER LOS ANTICONCEPTIVOS REDUZCA LOS EMBARAZOS DE ADOLESCENTES

Aceprensa, 13.III.02
 
El gobierno se propuso reducirla a la mitad para el año 2010. Con este fin facilita el acceso de las jóvenes a anticonceptivos, principalmente mediante los centros de planificación familiar. Tal método es “completamente erróneo y descaminado”, según concluye un estudio publicado en la revista Journal of Health Economics (4-III-2002). Los investigadores han descubierto que hay más embarazos de adolescentes donde más se difunden los anticonceptivos.
Pocos días antes, el gobierno publicó la estadística nacional de embarazos precoces correspondiente al año 2000. La tasa total ha bajado de 44,7 embarazos por mil menores de 18 años en 1999 a 43,6 por mil el año siguiente. Pero entre las más jóvenes (menos de 16 años) ha habido una subida del 8,2 al 8,3 por mil.
El estudio anteriormente citado aporta otros matices de interés sobre la cuestión. Realizado durante 14 años en 16 regiones del país, compara la tasa de embarazos y la promoción de anticonceptivos entre las jóvenes. Resulta que entre una y otra cosa hay proporción directa. Por ejemplo, en el noreste el índice anual de visitas a los centros de planificación familiar entre las chicas de 13-15 años es elevado: 45 por mil. Allí, la tasa de embarazos entre las jóvenes de las mismas edades es del 11 por mil, notablemente superior a la media nacional. En cambio, en Oxford las visitas a los centros de planificación están en el 26 por mil anual, y los embarazos, en el 6 por mil.
El profesor David Paton (Nottingham University Business School), coordinador del estudio, ofrece una explicación: “Aunque es posible que la planificación familiar consiga que las adolescentes sexualmente activas tengan menor probabilidad de quedar embarazadas, parece que a la vez favorece un aumento del número de chicas que inician relaciones sexuales” (Daily Telegraph, 4-III-2002). Esto, concluye, arroja serias dudas sobre la eficacia de la política oficial.
 
 

DEFENSA DE LA VIDA

 
ONU: LA CARTA DE LA TIERRA, LEY UNIVERSAL. PREPARANDO RÍO+10 (IX)

 

Juan C. Sanahuja

 

La Carta de la Tierra, el proyecto panteísta anticristiano, que como declaró M. Gorbachov -uno de sus impulsores-, es el nuevo paradigma ético que sustituirá a los 10 Mandamientos, amenaza convertirse en ley universal en la Cumbre de Desarrollo Sustentable (Río+10), convocada por la ONU, para septiembre.

Reproducimos infomaciones oficiales sobre el proyecto Carta de la Tierra.

 

1. El Consejo Asesor-Consultivo del Secretario General de la ONU da su apoyo decidido a la Carta de la Tierra.

El Segundo Encuentro del Consejo del Secretario General de la ONU para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Río+10), se realizó en New York, el 5 de febrero de 2002. Una de las decisiones clave de la reunión fue darle un fuerte y decidido apoyo a la Carta de la Tierra. El Consejo Asesor de Kofi Annan, acordó movilizar a todos los asistentes a la Cumbre, para que la Carta sea reconocida y formalmente incorporada a los acuerdos de Sud Africa.

Los panelistas miembros que participaron fueron: Kamla Chowdhry; Severn Cullis-Suzuki; Viktor Danilov-Danilyan; Jocelyn Dow; Yolanda Kakabadse; Lydia Makhubu; Geping Qu; Ernst Ulrich von Weizsaecker; Bert Diphoorn, representando al Príncipe Guillermo de Holanda. La especialista en monos Jane Goodall; Hisashi Owada; Moeen Qureshi; y Joseph Warioba no pudieron asistir.

El Secretario General, Kofi Annan, estuvo presente. La presidencia de la reunión fue de Ernst Ulrich von Weizsaecker. El encuentro contó con el apoyo de Nitin Desai, Secretario General para la Cumbre (Río+10) y Sub-Secretario General para los Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

El Secretario General abrió el encuentro reclamando, como fruto de la Cumbre de Johanesburgo (Río+10), fuertes compromisos y pasos prácticos que permitan realizar las metas comunes de desarrollo sustentable, "que necesitamos para el mundo". Se refirió a una lista de 10 puntos, que señaló en su informe al Comité Preparatorio, siendo el primero la "globalización". Elogió la Declaración de las Naciones Unidas del Milenio, "la cual enfatiza los valores, la seguridad, la erradicación de la pobreza y el cuidado del medioambiente".

El panel de asesores, delineó algunos temas que deben ser incorporados en la Cumbre, uno de ellos: "Darle un fuerte apoyo a la Carta de la Tierra, que ya ha sido adoptada por un significativo número de autoridades locales y de grupos de la sociedad civil", y "movilizar los recursos necesarios para que sea formalmente reconocida e incorporada por la Cumbre".

El próximo encuentro del panel será en Jakarta, durante la cuarta conferencia preparatoria para la Cumbre, del 27 de mayo al 7 de junio, y "los panelistas encargados en nombre del Secretario General de incluir en la discusión los valores proclamados en la Carta de la Tierra, y las metas de la Declaración del Milenio son: Severn Cullis-Suzuki, Jocelyn Dow, Yolanda Kakabadse, Kamla Chowdhry".

Los principios de la Carta de la Tierra deberán guiar las reflexiones y las decisiones sobre, "Desarrollo sustentable y espiritualidad, necesidad de mirar más allá de las razones económicas"; "Pobreza, salud y educación como problemas graves de los países menos desarrollados".

"El panel remarcó la importancia de la espiritualidad en el contexto de la sustentabilidad como también dentro del conocimiento científico. Los gobiernos no pueden promover solos los valores espirituales, necesitan trabajar con un amplio sector de la sociedad, inclusive con el sector privado, las universidades y las organizaciones de grandes raíces espirituales, y con una vasta red espiritual". De ahí la importancia de la Carta. (La Cumbre de Johanesburgo, amenaza en convertirse en un gran encuentro de todas las corrientes de la new age).

2. El 24 de enero de este año, el Arca de la Esperanza, que lleva en su interior el texto de la Carta de la Tierra, fue llevada en procesión por las calles de New York y entró en las Naciones Unidas para "estar presente" en la conferencia preparatoria de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Río+10). Se exhibió en el Hall de las Naciones Unidas, el 19 y el 20 de febrero, y "retornó" al Interfaith Center de New York.

"El 31 de enero, el Arca, la Carta y el Libro Temenos, fueron presentados en las Naciones Unidas, en la conferencia de las ONG's, Paz y Medio Ambiente", y agrega la información oficial: "el mensaje de la Carta de la Tierra, se introdujo en el lenguaje y los pensamientos de las ONG's, las cuales son 'el espíritu y la mente' de los delegados de las Naciones Unidas".

"En los meses siguientes, liderando la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Río+10) de Johanesburgo, (Sud África, 24 de agosto al 4 de septiembre de 2002), la Iniciativa de la Carta de la Tierra continuará informando la Agenda de la Cumbre".

Sigue diciendo la información oficial: "Es significativo que el mismo día que nosotros caminábamos con el Arca de la Esperanza llevando la Carta de la Tierra y el Libro Temenos hacia las Naciones Unidas, el Papa lideraba la gran oración de inter confesional por la paz, en Asís. Todos pertenecemos y estamos unidos como la Familia de la Tierra. La Carta de la Tierra es la Luz que nos guiará a todos hacia el futuro".

3. El afán de captar comunidades cristianas en apoyo su proyecto panteísta por parte de los promotores de la Carta, se manifiesta también en las últimas noticias oficiales, (para más datos vid., por ejemplo, NG 424).

"Las escuelas de las Hermanas de Notre Dame decidieron este año, iniciar una campaña educativa enfocada sobre la Carta de la Tierra. Las Hermanas, en toda Norteamérica, recibirán copias de la Carta de la Tierra que estudiarán e implementarán dentro del trabajo que realizan. Las escuelas de las Hermanas de Notre Dame, tienen una larga y sostenida tradición de trabajo por la justicia y la paz. Los temas de economía y justicia social dentro de la Carta de la Tierra, fácilmente se incorporarán a sus emprendimientos. Además, muchas de las Hermanas trabajan en la educación formal e introducirán la Carta de la Tierra en los curricula de sus estudiantes".

"El cuidado de la Tierra es también parte de la misión de servicio de las Escuelas de las Hermanas de Notre Dame. La esperanza del comité Provincial es que la Carta de la Tierra ayude a las escuelas de las Hermanas de Notre Dame para trabajar, dentro de sus ministerios, más activamente por la Tierra".

En el mismo sentido, la información oficial continúa diciendo, "los miembros del Comité Ejecutivo de Pax Christi Internacional aprobaron, en Bruselas, el 10 de marzo, la incorporación de la Carta de la Tierra al ideario de su organización. El Comité aceptó la carta después de sus filiales de Alemania y Estados Unidos. Según esta organización, el documento asegura el ideario de la protección del medio ambiente y el desarrollo para un mundo justo, sustentable y pacífico. Pax Christi es conocida por su trabajo en el área de la desmilitarización, los derechos humanos y la ecología". (Pax Christi dista mucho de ser una organización cristiana).

4. El Foro de los Diálogos de la Tierra, se celebró del 21 al 23 de febrero de 2002, en Lyon, Francia, organizado por Maurice Strong, presidente del Consejo de la Tierra, y Mikhail Gorbachev, presidente de Cruz Verde Internacional, las dos organizaciones que dieron origen a la carta.

El tema en discusión fue, "Globalización y el Desarrollo Sustentable: ¿la Ética es el eslabón perdido?". En la reunión se insistió en que la Carta de la Tierra es la solución a los problemas éticos que plantea la globalización. La carta fue definida como "documento de los pueblos, que provee un sistema ético para guiar las opciones de los individuos, las empresas y los estados". (Justamente, el interés de los impulsores de la carta en organizar reuniones de "consenso" en las que ésta se acepte, es para presentarla como "el documento de los pueblos").

El Foro recomendó el uso de la Carta de la Tierra como un contenido obligado en la educación en todos los niveles. Se describió a la Carta como la raíz de las bases éticas necesarias para el cumplimiento de la agenda del desarrollo sustentable y como una guía para las negociaciones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Río+10), y los pasos que le sigan. Asistieron más de 1000 participantes.

En los dos días de discusiones del Foro, se organizaron 8 mesas redondas simultáneas que analizaron 4 temas: los cambios éticos en la promoción del desarrollo sustentable; el rol de las normas éticas en la promoción del desarrollo sustentable; las recomendaciones para la acción e implementación de las políticas y las estrategias para la Cumbre de Johanesburgo y más adelante.

El Foro se realizó bajo el patrocinio de Lionel Jospin, Primer Ministro de Francia, la Ciudad de Lyon y la Comunidad Urbana de Lyon. Contando con la presencia del mismo Jospin; Gérard Collomb, Alcalde de Lyon y Presidente de la Comunidad Urbana de Lyon; Raymond Barre, Ex Primer Ministro de Francia y Ex-Alcalde de Lyon; Mikhail Gorbachev, Presidente de Green Cross International; Maurice Strong, Fundador y Presidente del Earth Council Institute.

La organización estuvo a cargo de Grenn Cross International (GCI), el Earth Council y el World Council Former Foreign Ministers (Consejo Mundial de Ex-Ministros de Asuntos Exteriores), en colaboración con el Earth Charter Secretariat; UNESCO; el Centre for Respect of Life and Enviroment (CRLE); el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD); la World Conservation Union (IUCN); el United Nations Enviroment Programme (UNEP); la Global Legislators Organization for a Balanced Enviroment (GLOBE); el Center for International Enviromental Law (CIEL); el Belaggio Forum y varias ONG's francesas. Contó, también, con el apoyo del Consejo Regional de Rhône-Alpes. FIN, 01-04-02

 

Fuentes: Propias; Earth Charter News Flash, 11-03-02, 21-03-02; Second Meeting Secretary General's Advisory Panel for the World Summit on Sustainable Development, 5-02-02; The Ark of Hope News, 7-02-02, 13-01-02, 14-01-02. Vid. NG 462, entre otros.

 

Noticias Globales 20/02, 1 de abril 2002

Editor: Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja

E-mail: jcs@arnet.com.ar; http://www.puertovida.com/noticiasglobales

Tel/Fax: (54-11)-4813-5320; (54-11)-4811-1678 


 
UN DERECHO PRIVADO
Cecilia Castañera
“Lo mejor para todos es que la sociedad impida que continúe la especie de los manifiestamente incapaces, en vez de tener que ejecutar a un degenerado, o un hijo del delito, o dejarlo que muera de inanición por su idiotez”
Cualquiera que leyese esta declaración, aseguraría que se trata de alguno de esos locos exaltados, obsesionado por ideas xenófobas y racistas. Sin embargo, grande sería su sorpresa al constatar que no fue un enajenado mental quien lo dijo, sino un digno juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos allá por 1926. Declaración, por otro lado, que si ahora nos resulta un poco espeluznante, es sin embargo fácilmente comprensible en el contexto ideológico de ese país a inicios del siglo pasado.
Efectivamente, las esterilizaciones forzadas comenzaron en Estados Unidos ya en 1907, desde que se aprobó la primera ley a favor de la eugenesia en el Estado de Indiana. A partir de ese momento se inició una dramática carrera de cifras contadas por millares en todo el país, que competirían con las otras tristísimas cifras operadas por el nazismo alemán. Así lo ha confirmado un estudio realizado en la Universidad de Yale y publicado en la prestigiosa revista médica “Annals of Internal Medicine”, que ha escandalizado todavía más a la democrática sociedad americana al afirmar que dichas prácticas no pertenecen a un pasado tan lejano, porque se aplicaron hasta bien entrados los 60, y con una intencionalidad claramente eugenésica: eliminar de la sociedad a deficientes físicos y mentales o a personas inclinadas “naturalmente” al delito.
También el otro lado del océano se ha visto salpicado por escándalos semejantes, como lo ha revelado la prensa al sacar a la luz los trapos sucios de países tan “civilizados” como Suiza, Austria, Suecia o Noruega, donde fue frecuente la esterilización en minusválidos hasta la década de los 70.
Nunca Charles Darwin pensó que su teoría sobre la selección natural de las especies animales fuera a tener tan fervientes adeptos, y mucho menos que semejante teoría inspirase la práctica eugenésica entre los seres humanos: una selección de seres humanos obrada indiscriminadamente por los más fuertes sobre los más débiles.
La esterilización involuntaria de inspiración eugenésica, para lograr una sociedad más “humana” para unos cuantos, despoja a la persona de parte de su sexualidad, es decir, paradójicamente, de parte de su “humanidad”; sexualidad que, no lo olvidemos, no es un simple añadido, sino un componente esencial de la persona. Y habría que preguntarse si es posible humanizar una sociedad mediante métodos esencialmente “inhumanos”; es decir métodos que expolian a parte de la sociedad de una propiedad ahora sí “privada”, irrumpiendo brutalmente en sus cuerpos sin su consentimiento.
Los países recientemente inculpados reconocen humildemente que lo hecho era sin duda digno de condena, pero en parte se descargan la culpa diciendo que, en definitiva, son hechos que pertenecen más a la historia que a ellos.
Sin embargo, no podemos ignorar que la esterilización eugenésica es hoy, ya no en países “civilizados”, sino en países “tercermundistas”, una práctica masiva, habitual, legalizada y financiada por los que “ayer” la aplicaron en el mundo civilizado.
 
Fuente: Mujer Nueva
 
 

 
IPPF GENOCIDA
 
El espíritu que anima a la IPPF ya estaba en las obras de su fundadora, favorable al racismo y al homicidio de los débiles

Muchos han oído hablar de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés). Pero quizás no sean muchos los que sepan que esta organización es la que más promueve el aborto en todo el mundo.
Menos todavía son los que saben cuál era la mentalidad de la fundadora de la filial estadounidense de la IPPF: Margaret Sanger.
Margaret Sanger, neoyorkina, publicó varias obras y dirigió La Revista para el Control de la Natalidad (The Birth Control Review) durante la primera mitad del siglo XX. En esas publicaciones, ella y sus colegas, además del adulterio y la fornicación, promovieron el aborto, la anticoncepción y la esterilización para "purificar" la raza, es decir, por motivos eugenésicos.
A continuación reproducimos algunas de las afirmaciones de Sanger, para que se conozca de qué clase de "árbol" surgió el "fruto" de la IPPF:
"Lo más misericordioso que una familia numerosa puede hacer con uno de sus miembros más pequeños es matarlo" (1).
"No queremos que nadie se entere de que queremos eliminar a la población negra y el ministro religioso es el hombre que puede aclarar esa idea, si alguna vez se le ocurre al más rebelde de sus miembros" (2).
"Más hijos para los capacitados; menos hijos para los incapacitados, ésa es la esencia del control de la natalidad" (3).
Si el lector conoce el inglés, en la página web de Human Life International encontrará muchas otras terribles afirmaciones de Sanger y sus colegas. Si algunos de nuestros lectores traduce algunas de estas afirmaciones, por favor envíennos una copia para divulgarlas y colocarlas en nuestro sitio web.
Al mismo tiempo debemos poner a todos sobre aviso de que las publicaciones y afirmaciones de Sanger y sus colegas contienen material moralmente ofensivo. Para los que dudan de si la IPPF hoy en día sigue los pasos de su fundadora, basten los siguientes datos:
-- El Dr. Alan Guttmacher, ya difunto, y que inmediatamente sucedió a Margaret Sanger en la presidencia de la filial de la IPPF en Estados Unidos, afirmó: "Simplemente transitamos por la senda que la Sra. Sanger nos ha marcado" (4).
-- Faye Wattleton, que fue presidenta de la filial estadounidense de la IPPF durante los años 80, expresó que se sentía "orgullosa" de "caminar tras las huellas" de Margaret Sanger (5).
-- El Presidente de la filial en Nueva York es nada menos que Alexander Sanger, nieto de la fundadora (6).

Notas:

1. Margaret Sanger, Woman and the New Race (Nueva York: Brentano’s, 1920. Reimpr. : Geo. W. Halter, 1928), 67.
2. Margaret Sanger, citado en Madeline Gray, Margaret Sanger: A Biography (Nueva York: Marek, 1979), 326.
3. Margaret Sanger, The Birth Control Review, mayo de 1919.
4. Citado en Morgan Scott LaTrobe, The Path of Destruction (Cleveland: The Ohio Life Alliance Fund, 1974), 4.
5. Faye Wattleton, "Humanist of the Year Acceptance Speech," The Humanist, julio-agosto de 1986.
6. The New York Times, 4 de mayo de 1992.
 
(Enviado por ippf@laonu.com)
 

PARA REFLEXIONAR

PARECE HABERSE DECLARADO LA GUERRA A LA PAZ, GRITA EL PAPA EN PASCUA
Pide a todo creyente «construir una humanidad más justa y fraterna»
 
CIUDAD DEL VATICANO, 31 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II lanzó en esta Pascua un grito de esperanza en Cristo, desde la plaza de San Pedro, dirigido a todo el mundo y, en especial a Tierra Santa, donde «¡parece como si se hubiese declarado la guerra a la paz!».
«La guerra no resuelve nada», afirmó el Papa antes de impartir su bendición «Urbi et Orbi» (a la ciudad de Roma y al mundo), «¡nadie puede quedar callado e inerte; ningún responsable político o religioso!».
La columnata de Bernini no lograba abrazar en la mañana de este domingo a los más de cien mil peregrinos que vinieron a rezar y a alentar al Santo Padre en la misa de Resurrección. Sus palabras fueron transmitidas en directo por 63 canales de televisión de unos cincuenta países.
El pontífice se encontraba en mejores condiciones de salud que en los días precedentes y, contradiciendo la expectativas, celebró personalmente la eucaristía de la mañana del domingo de Pascua, después de haber presidido la vigilia pascual de la medianoche que había durado tres horas.
La plaza se había convertido en un auténtico jardín, adornado por decenas de miles de flores, regaladas por floricultores holandeses.
En su mensaje de Pascua, que leyó en italiano con voz clara y firme, presentó la paz que anunció Cristo con su resurrección.
«La paz "a la manera del mundo" --lo demuestra la experiencia de todos los tiempos-- es con frecuencia un precario equilibrio de fuerzas, que antes o después vuelven a hostigarse», constató.
«Sólo la paz, don de Cristo resucitado, es profunda y completa, y puede reconciliar al hombre con Dios, con sigo mismo y con la creación», añadió el obispo de Roma.
Por eso, invitó a «todos lo creyentes del mundo» a unir «sus esfuerzos para construir una humanidad más justa y fraterna» y a que «sus convicciones religiosas nunca sean causa de división y de odio, sino sólo y siempre fuente de fraternidad, de concordia, de amor».
El Santo Padre pidió a los cristianos dar «testimonio de que Jesús ha resucitado verdaderamente» trabajando «para que su paz frene la dramática espiral de violencia y muerte, que ensangrienta la Tierra Santa, sumida de nuevo, en estos últimos días, en el horror y la desesperación».
«¡Parece como si se hubiese declarado la guerra a la paz! --afirmó-- Pero la guerra no resuelve nada, acarrea solamente mayor sufrimiento y muerte, ni sirven retorsiones o represalias».
«¡Nadie puede quedar callado e inerte; ningún responsable político o religioso!», denunció. «Que a las denuncias sigan hechos concretos de solidaridad que ayuden a todos a encontrar el mutuo respeto y el tratado leal».
Karol Wojtyla mencionó también las situaciones de otros países en los que «resuena el grito que implora auxilio, porque se sufre y muere». Ese clamor, recordó, se hace particularmente intenso en «Afganistán, probado duramente en los últimos meses y dañado ahora por un terremoto desastroso».
No olvidó tampoco la situación de otros países del planeta, «donde desequilibrios sociales y ambiciones contrapuestas golpean a innumerables hermanas y hermanos nuestros».
El pontífice concluyó el mensaje como había comenzado su pontificado hace más de 23 años, el sexto más largo de la historia: «¡abrid el corazón a Cristo crucificado y resucitado, que viene ofreciendo la paz! Donde entra Cristo resucitado, con Él entra la verdadera paz».
Tras su mensaje, pronunció su felicitación pascual en 62 idiomas, en particular en hebreo y árabe.
«Os deseo a todos una buena y feliz fiesta de Pascua, con la paz y la alegría, la esperanza y el amor de Jesucristo resucitado», dijo el Papa en castellano. Sus palabras, fueron acogidas por los típicos gritos de «Juan Pablo II, te quiere todo el mundo», pronunciados por los numerosos españoles y latinoamericanos presentes.
ZS02033104
 
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PELIGRO DE QUE LA ONU SE CONVIERTA EN UN «GOBIERNO MUNDIAL»

Para monseñor Schooyans, representante del Vaticano ante Naciones Unidas, «bajo el disfraz de responsabilidad compartida, invita a los Estados a limitar su soberanía»

La Iglesia católica, a través de monseñor Schooyans, especialista y hombre de confianza del Vaticano en asuntos relativos a Naciones Unidas, globalización y mundialización, ha lanzado el grito de alarma ante «la ambición de la ONU por entronizar un sistema de pensamiento único, en el que se legitime y cree un gobierno mundial en el que las agencias de la institución podrían transformarse en ministerios». El Vaticano considera por boca de monseñor Schooyans que «bajo el disfraz de responsabilidad compartida, la ONU invita a los Estados a limitar su justa soberanía».

A. Rosal - Madrid (20/03/02).-
La denuncia realizada por parte de la Iglesia católica sobre la «peligrosa» dirección que está tomando las Naciones Unidas, es clara y contundente: «Estamos frente a un proyecto gigantesco ¬ha manifestado monseñor Schooyans¬, que ambiciona realizar la utopía de Kelsen, con el objeto de legitimar y crear un gobierno mundial único , en el cual las agencias de la ONU podrían transformarse en ministerios. Así la FAO se transformaría en el Ministerio Mundial de la Agricultura; UNIDO se convertiría en el Ministerio Mundial de la Industria, e ILO en el Ministerio Mundial de Asuntos Sociales. En otros casos serían necesarias instituciones completamente nuevas: éstas podrían incluir una Policía Mundial, una Corte Internacional de Justicia, etcétera. Nos aseguran que es urgente crear un nuevo gobierno mundial , político y legal, y es preciso apurarse para encontrar los fondos para ejecutar el proyecto».
Según señala monseñor Schooyans, miembro del Pontificio Consejo para la Familia, y también, del Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismos dependientes de la Santa Sede, «dicha superestructura internacional que pretende la ONU fue desarrollada en un informe del PNUD en 1994. El texto, escrito por Jean Tinbergen, Premio Nobel de Economía en 1969, considera que los problemas de la humanidad ya no pueden ser resueltos por los gobiernos nacionales, por lo que necesitamos un gobierno mundial».
«Una ONU peligrosa»
La Iglesia considera que esta tendencia que ha adoptado la ONU es peligrosa. «Bajo el disfraz de la globalización, la ONU organiza en su beneficio un futuro gabinete del mundo . Bajo el disfraz de responsabilidad compartida , esta institución invita a los Estados a limitar su justa soberanía. De esta manera Naciones Unidas se presenta cada vez más como un superestado mundial. Tiende a gobernar todas las dimensiones de la vida, del pensamiento y de las actividades humanas, ejerciendo un control cada vez más centralizado de la información y del conocimiento».
Otro de los puntos que denuncia la Iglesia sobre Naciones Unidas es que «esta institución ya no hace caso a las referencias fundacionales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que instauraba una nueva forma en las relaciones internacionales, está en desuso. De aquí en adelante los derechos humanos son el resultado de procedimientos consensuales. Se argumenta que no somos capaces de alcanzar la verdad respecto de la persona, y que inclusive dicha verdad no es accesible o no existe. Los nuevos derechos humanos , según la ONU, surgirán a partir de procedimientos consensuales que pueden ser reactivados indefinidamente».

Una religión que tenga «alma global»
La ONU está en proceso de elaborar un documento muy importante sistematizando una interpretación de la globalización. Se trata de la «Carta de la Tierra», de la cual innumerables borradores ya fueron divulgados y cuya redacción se encuentra en fase final. Dicho documento sería invocado no sólo para superar a la «Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948», sino también, según algunos, para reemplazar al propio Decálogo.
«Para consolidar dicha visión holística del globalismo ¬comenta monseñor Schooyans¬, deben ser allanados algunos obstáculos por parte de la ONU. Las religiones en general, y en primer lugar la religión católica, figuran entre los obstáculos que se deben neutralizar. Fue con ese objetivo que se organizó, dentro del marco de las celebraciones del milenio en septiembre del 2000, la Cumbre de líderes espirituales y religiosos. Se busca lanzar la Iniciativa unida de las religiones que tiene entre sus objetivos velar por la salud de la Tierra y de todos los seres vivos. Fuertemente influenciado por la New Age, dicho proyecto apunta a la creación de una nueva religión mundial única, lo que implicaría inmediatamente la prohibición a todas las otras religiones de hacer proselitismo. Para la ONU, la globalización no debe envolver apenas las esferas de la política, de la economía, del derecho; debe envolver el alma global». Representando a la Santa Sede, el cardenal Arinze no aceptó firmar el documento final, que colocaba a todas las religiones en un mismo pie de igualdad.

El amo del mundo
Alex ROSAL (20/03/02).- Muerto el comunismo, y agonizando sus ideólogos por angustia vital o reloj biológico, ya sólo quedan dos clases de profetas para este mundo nuestro de misses, grandes hermanos y artistas pre-embrionarios de Operación Triunfo: los Francis Fukuyamas de hoy, y el anhelo del «Fin de las ideologías», o eclesiásticos como Robert Hugh Benson, que ya hace un siglo, en 1904, pronosticó el surgimiento de un humanitarismo de tipo totalitario. En su novela fantástica de trama político-religiosa, titulada «El amo del mundo» (Rialp), Benson, hijo del primado de la Iglesia anglicana, y posteriormente convertido al catolicismo, nos transporta a una historia en el que un sacerdote romano lucha contra un régimen «humanitario» que intenta reducir a la Iglesia y al cristianismo a una inocua moral.
La profecía de Benson parece cumplirse en nuestros días, con esas Naciones Unidas de Kofi Annan transformándose en el sherif del mundo, además de ideólogo, dios, gestor, Gran Hermano... en definitiva, «El amo del mundo».
En el futuro régimen humanitarista que nos espera «el catolicismo no es perseguido ¬dice el filósofo italiano Augusto Del Noce¬, sino más bien, absorbido; pero si se cumplen ciertas condiciones, la sección de rito católico puede subsistir en el ecumenismo humanitario». Los humanitaristas ya han dejado claro el mensaje a los católicos: ¡podéis vivir pero recluidos en las sacristías o ayudando a los pobres; no se os ocurra proclamar vuestra verdad!
 
www.arvo.encuentra.com
 

 
LEONARDO MONDADORI, EL «POLANCO ITALIANO», DE ATEO RADICAL A CATÓLICO

El presidente del principal grupo editorial italiano, Leonardo Mondadori, apodado el «Polanco italiano», desvela en un libro titulado «Conversione. Una storia personale», publicado por su propia editorial, la famosa «editrice Mondadori», su extraordinaria experiencia religiosa: de ateo sin remedio a creyente que ha decidido vivir en castidad. Su testimonio público de fe católica ha revolucionado el ambiente laico de la cultura italiana. Otro converso, Vittorio Messori, ha sido su interlocutor en este libroentrevista que lleva vendidos 30.000 ejemplares en pocos días.
Leonardo Mondadori, presidente de la laica Mondadori, la casa editorial más grande de Italia, se ha convertido. Ha abrazado la mayor de las ortodoxias católicas, es decir, va a misa todos los domingos, tiene un director espiritual, frecuenta habitualmente los sacramentos y en particular la confesión, y por último, ha decidido -él, divorciado dos veces, hombre con fama de donjuán-, vivir soltero en castidad. Por si esto fuera poco, lejos de guardarse para sí este cambio de vida, ha decidido salir a la plaza pública contándoselo todo a Vittorio Messori.

«Temo la incomprensión»

P- ¿Por qué ha decidido hacer pública su experiencia?
R - Lo que me da miedo no es el riesgo de que me consideren pasado de moda. Lo que temo es que no me comprendan. Habrá alguno que dirá: míralo, tiene un tumor, se va a morir, y entonces se arroja en brazos de la religión.
P- Vittorio Messori, otro converso, dice en el libro que su vida cambió tras una experiencia parecida a una experiencia mística. ¿También a usted le ha sucedido algo semejante?
R- No, ninguna experiencia mística. Para mí ha sido un trabajo progresivo. Una sensibilidad que ha ido creciendo. Entendámonos, con muchas caídas, pero siempre con la voluntad de levantarme de nuevo.
P- Sí, pero habrá un día, una cara, un lugar, en definitiva, un hecho con el que comenzara todo, ¿o no?
R- Sí, recuerdo una comida con Pippo Corigliano, el responsable de las relaciones públicas del Opus Dei. Era en 1992, y en aquel tiempo, la religión no me interesa lo más mínimo, y menos aún la Iglesia. Pero sentía que mi vida estaba, ¿cómo decirlo?, llena de errores. Cargaba ya sobre mis espaldas dos divorcios, tres hijos de dos mujeres distintas. Corigliano me impresionó mucho.
Decidí tener otros encuentros con él. Incluso empecé a pedirle consejo. Él fue muy discreto. Me dijo: si estás abierto a estas cosas, te presentaré a un sacerdote.
P- ¿Y acudió a él?
R- Fui, naturalmente. Un cura excepcional. Me respetó muchísimo. Me empecé a fiar de él, a seguir sus sugerencias. Y poco a poco, siguiendo lo que me decía, me di cuenta de que encontraba las respuestas que buscaba. Me invadió un gran entusiasmo, quería cambiar toda mi vida de golpe. Y él, el sacerdote, con gran realismo, me frenaba: no tengas prisa, me decía, Dios no te pide imposibles, ve con calma.
P- ¿Qué le ha convencido de que el cristianismo es verdad?
R- Lo he respondido en parte: la constatación de que el Evangelio es realmente el manual de instrucciones para el uso del hombre. Que Jesucristo es realmente la respuesta a todos nuestros interrogantes. Que sólo quien sigue a Cristo se realiza plenamente. Ésta ha sido la primera «prueba» con la que me he encontrado. Además se añadió otra: la oración. He experimentado que cuando se pide algo a Dios con sinceridad y con recta intención, siempre nos escucha.
P- Cuenta en el libro, con emoción, el regreso a la confesión.
R- Sería más preciso decir el «descubrimiento» de la confesión. Sí, fue un gozo inmenso. Me acordé de cosas que había olvidado. Y luego me sentí en paz con Dios. Feliz.
P- Hoy muchos regresan a la religión pero eligiendo una especie de relación privada con Dios. Usted, en cambio, ha elegido la mediación de la Iglesia. ¿Por qué?
R- La Iglesia ha quedado como el último baluarte contra las locuras de nuestro tiempo. También aquí la vida me ha demostrado que quien sigue esa ortodoxia católica que funciona desde hace dos mil años, nunca queda defraudado.--
 
Michelle Brambila - Milán.-(Razón y Fe 3.IV.02) Selección de Almudena Ortiz . -
Piensa Un Poco - Miércoles 3 de abril de 2002
 
info@piensaunpoco.com

CORREO DEL LECTOR
----- Original Message -----
From: Jorge Scala
To: Vivir en Familia
Sent: Monday, April 08, 2002 11:34 AM
Subject: RE: INVITACION
 
Desde Cordoba me uno a la celebración en Montevideo. Un fuerte abrazo:
Jorge
----- Original Message -----
From: Teresa Miro
To: Vivir en Familia
Sent: Sunday, April 07, 2002 8:09 PM
Subject: Re: INVITACION
 
Gracias por la invitaciòn, me es imposible estar en ese horario, pero me uniré a uds. en la Misa del dìa. 
Ate.  Tere

----- Original Message -----
From: Diputado Jorge Barrera
To: Vivir en Familia
Sent: Monday, April 08, 2002 12:16 AM
Subject: Misa del Dia del Niño por Nacer
 
Asociacion Vivir en Familia:
De mi mayor consideracion
Por encontrarme en el exterior no puedo concurrir a la Misa del Niño por Nacer. Felicito la iniciativa de Vivir en Familia y reitero mi compromiso de defender la vida desde el momento de la concepcion.
Saluda a ustedes
Dr. Jorge Barrera
Diputado Lista 15

----- Original Message -----
From: Centro Universitario Cebil
Sent: Sunday, April 07, 2002 4:27 PM
Subject: pedido suscripción
 
Estimados Sres. de Vivir en Familia:
Con mucho interés solicito ser suscrito en el servicio de correo electrónico que ustedes propagan. Desde ya muy agradecido.
Pbro. Gerardo Echavarren

----- Original Message -----
From: Rita Barros Uriburu / Liliana Mónica Mazzoni
Sent: Wednesday, April 03, 2002 9:31 PM
Subject: Invitación IAEM
 
 Es nuestro deseo invitarlo muy especialmente a la videoconferencia que se llevará a cabo el martes 9 de abril a las 8.30 hs. en el Hotel Sheraton Buenos Aires, San Martín1225 - Ciudad de Buenos Aires. La misma tiene como tema central: "Respuesta de la mujer frente al impacto de la globalización" y contaremos desde Roma con las exposiciones de la On. Olimpia Tarzia, de la Dra. Angela Ales Bello y del P. Paolo Scarafoni, L.C. Rector del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum a quienes presentará el P. Gonzalo Miranda, L.C. Decano de la Facultad de Bioética.de dicha Universidad. Durante la misma haremos la presentación formal del Instituto de Altos Estudios para la Mujer.
Desde Buenos Aires hablarán la Sra. Sofía L.dePinedo, el Dr. Hugo O. M. Obiglio, cerrando este acto S.E.R. Mons. Jorge Lona, Obispo de San Luis.
En espera de contar con su presencia saludamos a usted muy cordialmente
Instituto de Altos Estudios para la Mujer

----- Original Message -----
From: Jurado Pastor
To: Vivir en Familia
Sent: Wednesday, April 03, 2002 2:34 PM
Subject: Pedido

A traves de mi hijo, recibi los numeros 1, 2 y 3 de vuestra publicación, y ruego me incoporen a la lista de distribución.-
Desde ya muchísimas gracias !!!
Pastor R. Jurado Cilley

Vivir en Familia es una publicación que se distribuye en forma gratuita por correo electrónico. Sus objetivos son:
  • DEFENDER LA VIDA DESDE LA CONCEPCIÓN HASTA LA MUERTE NATURAL
  • BRINDAR FORMACIÓN E INFORMACIÓN PARA EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

La Asociación Vivir en Familia es una asociación civil sin fines de lucro, con personería jurídica en trámite desde el mes de mayo de 2001.
 
Redactor Responsable:
Ing. Agr. Álvaro Fernández
 
Colaboran regularmente con la Revista:
 
Dr. Eduardo Casanova
Dr. Esc. Pedro Montano
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