Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia
 
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"Nada hay más terrible que una ignorancia activa." 
J. W. Goethe
"La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia."
Amos Bronson Alcott

CONTENIDO


Publicación N° 07/03

EDITORIAL
 
MAMÁ, DEFINITIVAMENTE, NO ESPERES NIETOS...
-¡Pero m´hija! ¿Te has vuelto loca? ¡Si apenas tenés 27 años!
-No mamá. Con Carlitos lo pensamos mucho y llegamos a la conclusión de que un hijo nos complicaría mucho nuestra realización personal. Tendríamos que estar pendientes de él, no podríamos viajar todo lo que nos exigen las empresas en las que trabajamos, y naturalmente nos quitaría la oportunidad de hacer carrera y de seguir obteniendo ascensos... Y como sabés, ambos trabajamos de 7 de la mañana a 10 de la noche 6 días a la semana. Por tanto, cuando tenemos vacaciones, queremos disfrutarlas en soledad y a lo grande. Un hijo nos quitaría la posibilidad de ahorrar para viajar por el mundo y de descansar cuando queramos, donde queramos y por el tiempo que queramos. Por otra parte, las píldoras y los preservativos fallan. Tenemos unos amigos que por no tomar la decisión a tiempo -pobrecitos-, ahora tendrán que cargar con un hijo no planificado. Aunque no sé si lo tendrán: están pensando en abortar... 
En fin, la decisión ya está tomada: mañana tengo cita con el médico, y me voy a ligar las trompas. Por las dudas, como el procedimiento a veces falla, Carlitos se va a hacer una vesectomía la semana que viene.
 
Mentalidad contraceptiva
 
"La nena" ha vuelto a las andadas. Ahora ha decidido que los hijos molestan, y recurrirá lisa y llanamente a la estirilzación. Es la cumbre de una mentalidad contraceptiva  que comenzó a forjarse en la secundaria, con los programas de educación sexual orientados al "sexo seguro"; que continuó durante el noviazgo -o fuera de él-, con el uso de métodos anticonceptivos para "evitar los embarazos no deseados"; que siguió durante algún tiempo en el matrimonio -o en la unión libre- bajo el eufemístico seudónimo de "paternidad responsable" (término manoseado si los hay); y que no contenta con el "éxito" logrado hasta el presente, ahora quiere eliminar toda posibilidad de engendrar vida en el futuro.
 
"Profesionalitis"
 
Con poco más de 20 años, "la nena" piensa que lo tiene todo muy claro: "sabe" que su único objetivo en la vida es ser una profesional exitosa, y que los hijos son una molestia, un obstáculo para su carrera y para su "relación de pareja". Ella quiere gozar al máximo de la vida, quiere evitar cualquier tipo de sufrimiento, contratiempo o molestia, quiere encontrar el placer sin necesidad de tener que pensar, ahora o en el futuro, en la responsabilidad que implica criar un hijo. En síntesis: que la paternidad responsable, no es para ella... 
¿Quién podrá negar la importancia de estudiar para conseguir un buen empleo y de desarrollarse profesionalmente en estos tiempos de crisis? Nadie en su sano juicio podría cuestionar lo necesario y urgente que es obtener los ingresos suficientes para mantener y mejorar el nivel de vida de sus familia. Pero de ahí a que el trabajo pase a ser una especie de religión que se lleva casi toda nuestra vida y nuestra dedicación, sin que podamos disponer de tiempo para entregarnos a Dios, al cónyuge, a los hijos o al prójimo, hay una buena distancia. Hay muchas personas que trabajan largas horas porque no tienen más remedio: unos deben alimentar a sus familias más o menos extensas; otros sólo pueden acceder a paupérrimos salarios y necesitan hacer muchas "horas extras", etc. Quisieran sinceramente, pasar más tiempo con su esposa y con sus hijos, y disfrutan en grande los pocos momentos libres que tienen para convivir con ellos. 
Pero hay al mismo tiempo, personas que sólo ambicionan ganar dinero y adquirir poder para pasarla bien, para aparentar, para "ganarle" a "rivales" que ni conocen, para ser "mirados y admirados" por sus dotes profesionales o por su capacidad para amorralar vintenes. Durante las vacaciones y los pocos tiempos libres de que disponen para vivir en familia, pasan nerviosos, pegados al celular, averiguando si subieron o bajaron las acciones de tal o cual empresa. Son los mismos que cuando se divorcian, o cuando los hijo que por error tienen se apartan de ellos, se preguntan: "¿En qué fallé? ¡Si hice todo lo posible para que lo tuvieran todo!" Todo, menos amor, dedicación y verdadera entrega... De Dios y del prójimo, apenas tienen noticia. Excepto quizá, cuando asisten a una boda, a un entierro o a un bautismo...
 
Todos a una: no a los hijos
 
Es sorprendente el escaso rigor científico con que ciertos médicos, sexólogos y opinólogos de toda ralea tratan tema de la eficacia de los diversos métodos anticonceptivos. Todo el mundo sabe -es evidente- que ninguno de estos métodos es 100% seguro. Ni siquiera la esterilización. Pero todos difunden la idea de "sexo seguro" con preservativo, o de "anticoncepción segura" con la píldora o con la definitiva "ligazón de trompas".
Al parecer, los intereses económicos de ciertos laboratorios y de los fabricantes de anticonceptivos, se unen a los de los países ricos que ven en el crecimiento demográfico de los países pobres, un grave problema. A este verdadero imperialismo demográfico, culrural y moral, se suman los "pseudoliberadores" sectores de izquierda de numerosos países que bregan por los presuntos "nuevos derechos"; en particular, por los "derechos sexuales y reproductivos". Todos buscan controlar hegemónicamente, el poder para sí; pero curiosamente, utilizan los mismos medios. Es como la materialización del "si no puedes vencerlos, únete a ellos"... En el medio, las personas de buena voluntad se ven bombardeadas de uno y otro lado por mensajes que atentan contra la vida: "no tengas hijos porque se te limitan tus posibilidades profesionales", dicen los hedonistas; "no tengas hijos porque peligra la sobrevivencia de las ballenas", dicen los ecologistas; "no tengas hijos porque peligra la paz en el planeta", dicen los pacifistas; "no tengas hijos porque son el medio que usa tu marido para esclavizarte en las tareas del hogar", dicen las feministas. Si no fuera por el Magisterio de la Iglesia y por todos aquellos que respetan la ley natural, el mensaje sería casí único: no a los hijos, no a la familia
 
Inferencias erróneas
 
Dicen que "la culpa no es del chancho, sino del que le rasca el lomo". Y "la nena", es un producto típico de la sociedad en la que se crió, de los valores -televisivos y cinematográficos- que moldearon su personalidad. Según ella, sus amigos son desgraciados porque deberán cargar con un hijo "no planificado". ¡Cómo si los hijos fueran un muñeco -tipo Pinocho- que se fabrica cuando uno quiere! Si uno quiere, tiene hijos, y si no quiere, no los tiene. Así de simple. Si un hijo es engendrado "por error", lo mejor -para algunos- es eliminarlo; porque pobrecito, si no es deseado, va a sufrir mucho. Pero se olvidan -en su delirio contraceptivo- de considerar dos aspectos tan fundamentales como obvios: primero, de preguntarle al interesado si quiere "sufrir" su vida -hasta ahora no hay noticias de alguien tan desgraciado, que no haya tenido al menos una alegría que diera sentido a su existencia-; y segundo, de preguntarle a los padres -después de nacido el hijo- si han cambiado de opinión, si llena o no sus vidas de alegría y felicidad, de sentido y de satisfacción: con demasiada frecuencia, los hijos "no deseados" a priori, son inmensamente queridos a posteriori...
La decisión de "la nena" está tomada: ella no quiere tener hijos porque ha optado por dedicarse pura y exclusivamente a su carrera profesional y a disfrutar de la vida. ¿Perseverará en su empeño? ¿Qué ocurrirá cuando su "reloj biológico" haga sonar las campanas...? Pero este será tema de la otra nota editorial.
    
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
ACTIVISTAS HOMOSEXUALES AUMENTAN LA PRESIÓN PARA LOGRAR DERECHOS MATRIMONIALES 
Lucha para redefinir una sólida institución

BOSTON, Massachusetts, 22 marzo 2003
(ZENIT.org).- Los activistas de los derechos de los homosexuales continúan presionando para lograr la igualdad entre el matrimonio heterosexual y las uniones del mismo sexo. En Estados Unidos, se han iniciado procedimientos sobre este tema a primeros de este mes en la Corte Suprema de Massachusetts.
Una abogado, que representa a siete parejas del mismo sexo, espera que Massachusetts se convierta en el primer estado del país en aprobar matrimonios del mismo sexo, informaba el 5 de marzo el Boston Globe. Durante el primer día de las audiencias, la abogado Mary Bonauto dijo al tribunal: «La exclusión de los demandantes del matrimonio... viola el derecho fundamental que estos demandantes gozan con todos los demás en esta comunidad».
El caso de Massachusetts no es un caso aislado. El Globe observaba en un reportaje del 10 de marzo que cinco estados están ahora debatiendo la legislación que proponga el reconocimiento legal, de diversas formas, de parejas del mismo sexo. Y está siendo llevada a cabo una acción legal similar al caso de Massachusetts en Nueva Jersey.
Detrás de esta actividad hay una presión bien planeada a nivel nacional para ampliar los derechos de los homosexuales, explicaba el Globe. El primer paso es alcanzar los mismos derechos legales que las parejas heterosexuales. El segundo es desafiar la Ley federal de Defensa del Matrimonio de 1996, que afirma que el matrimonio sólo puede existir entre un hombre y una mujer, y permite a cada estado rechazar el reconocimiento de una relación homosexual que es reconocida en otro estado.
Una nota de prensa del 3 de marzo del presidente del Family Research Council, Ken Connor, comentaba que mientras los activistas homosexuales en Massachusetts reclaman el apoyo público para este caso, la legislatura estatal no ha logrado dar paso a leyes a favor de uniones del mismo sexo. Y precisamente el año pasado más del 60% de los residentes del estado apoyaron una propuesta prohibiendo el matrimonio homosexual.
En otros países, los activistas homosexuales han logrado éxitos políticos. En enero, Bélgica reconocía oficialmente los matrimonios del mismo sexo, con una mayoría sustancial, 91 contra 22, en la cámara baja del parlamento nacional apoyando la propuesta, informaba el 31 de enero Associated Press. La medida ya había logrado la aprobación del senado. Bélgica sigue los pasos de Holanda de hace dos años. Sin embargo, los legisladores belgas, al contrario de los parlamentarios holandeses, no han aprobado la adopción para parejas del mismo sexo.
En Suiza, el año pasado, el cantón de Zurich votó a favor de registrar civilmente las parejas del mismo sexo, informó Associated Press el 22 de septiembre. Los votantes del cantón más poblado del país votaron 63% contra 37% a favor de dar a las parejas del mismo sexo derechos anteriormente reservados a las parejas casadas. Ahora tendrán los mismos impuestos, beneficios hereditarios y de seguridad social que las parejas casadas.
Y en Suecia, la ministra de asuntos exteriores, Anna Lindh, anunció recientemente que quiere que las embajadas suecas registren las parejas del mismo sexo. De las 100 o más embajadas de Suecia, 21 están autorizadas a casar hombres y mujeres, si una de las partes es un ciudadano sueco, afirmaba Reuters el 7 de marzo. Ahora el gobierno quiere que estas embajadas extiendan su autoridad a las uniones homosexuales.
Suecia permite las uniones del mismo sexo en la forma de «parejas registradas» que da a las parejas los mismos derechos legales que a los heterosexuales casados. «Una vez que hemos establecido que un país acepta registrar la relación, comenzaremos a autorizar a nuestros funcionarios en aquellas embajadas», afirmaba Lindh. Francia, Israel y Portugal son los países que probablemente lo hagan, añadió.

Consideraciones canadienses

En Canadá, un comité parlamentario está escuchando propuestas para dar reconocimiento legal a las uniones del mismo sexo. El ministro de justicia, Martin Cauchon, presentó una propuesta escrita subrayando cuatro opciones, informaba el Globe and Mail el 7 de noviembre.
Las cuatro opciones son: modificar la definición de matrimonio para incluir a las parejas del mismo sexo; quitar al gobierno federal cualquier papel administrativo en el matrimonio y transferir las responsabilidades a las autoridades religiosas; crear uniones civiles federales; o mantener el status quo.
Este paso tiene lugar después de que los tribunales en algunas provincias hayan tratado el tema, con opiniones diferentes. Un tribunal en la Columbia Británica mantuvo que el matrimonio es entre sexos opuestos, pero tribunales en Ontario y Quebec encontraron que tal estándar es discriminatorio. Estos últimos tribunales suspendieron el efecto de sus decisiones durante dos años, para permitir al parlamento tratar el tema.
Están en curso las audiencias ante el comité permanente de la Cámara de los Comunes sobre Justicia y Derechos Humanos. Las organizaciones homosexuales han prometido que no presionarán a las iglesias para casar parejas del mismo sexo si el gobierno da reconocimiento legal a tales uniones, informaba el 5 de febrero el National Post.
En una testificación ante el comité, los responsables de la Comisión para los Derechos Humanos de Ontario y de las organización Igualdad para Gays y Lesbianas en Todas Partes afirmaron que todavía podrían apoyar una nueva ley del matrimonio, si contiene una cláusula que permita a las iglesias rechazar la celebración de las ceremonias.

A la defensa

El 13 de febrero, la Conferencia Episcopal Canadiense entregó un comunicado al comité. Los obispos comenzaban observando la vasta experiencia en temas de matrimonio de la Iglesia. El clero canadiense celebra cerca de 35.000 matrimonios cada año, observaban los obispos, y están implicados con los laicos en los cursos de enriquecimiento prematrimonial y matrimonial al igual que en consultoría matrimonial.
El comunicado afirmaba: «El matrimonio se funda en presupuestos antropológicos bien establecidos y enraizados en el ser personal del hombre y de la mujer». Parte de esto implica «la complementariedad y mutualidad de los dos sexos, y el amor por el otro que es sexualmente diferente y complementario».
Los obispos continuaban: «El hecho de que los seres humanos hayan sido creados hombre y mujer y la existencia de la fuerza creativa que fluye de esta realidad distingue a las parejas heterosexuales de las del mismo sexo».
El matrimonio heterosexual también provee del mejor ambiente para la estabilidad psicológica y emocional que es necesaria para el crecimiento de los hijos, continuaba el comunicado.
El comunicado reconoce los desafíos al papel tradicional del matrimonio. Las nuevas tecnologías permiten que las uniones del mismo sexo tengan hijos, hay un crecido número de uniones civiles, y los divorcios son más comunes. De hecho, el borrador de discusión presentado por el ministro de justicia observa que, debido a estos cambios, algunos discuten el propósito del matrimonio ha evolucionado de un «instrumento de estabilidad social» a «una expresión de consentimiento».
Los obispos rechazan esta posición, haciendo notar que muchas estadísticas recientes revelan que la gran mayoría de la gente se casará. Además, las uniones civiles tienen dos veces más probabilidades de acabar en separación que los matrimonios.
«Simplemente no hay evidencia alguna que pueda probar que el propósito primario del matrimonio haya evolucionado», afirman los obispos canadienses. «Lo que ha evolucionado es el deseo de algunas parejas del mismo sexo de cambiar la definición del matrimonio para tener acceso a la institución».
El comunicado luego observa la importancia de la dimensión social del matrimonio: «El matrimonio entre un hombre y una mujer es la unidad básica de la sociedad, el núcleo social en la que la mayoría de los niños nacen y crecen». Esta función tiene un «papel irreemplazable» en la sociedad y, a su vez, por esta contribución que el matrimonio hace se le reconoce y protege por la autoridad civil. «Esta reciprocidad tiene consecuencias demográficas, económicas, sociales e intergeneracionales que nosotros como sociedad ignoramos en nuestro peligro», advertían los obispos.
El comunicado reconocía que algunos matrimonios son imperfectos y que los niños pueden ser cuidados fuera de los matrimonios tradicionales. Pero observaba: «El matrimonio, sin embargo, ha durado siglos y continúa proporcionando el fundamento más seguro y estable para el futuro de la sociedad». Queda por ver si el parlamento prestará atención a estas sabias palabras.
ZSI03032203
 
www.zenit.org


 
EL ABUSO DE INTERNET: "TECNOAUTISMO" Y OTROS RIESGOS
 
Javier Arnal
Todo avance está sujeto al riesgo del primitivismo o resistencia ante lo nuevo y el papanatismo de proferir alabanzas sin fin. Cuando el avance es tecnológico, como es el caso de internet, parece que toda crítica o alerta sobre su abuso tenga un cierto "tinte" de ir contra de la ciencia, que suele ser lo único que se acepta como verdad en nuestros días.
Entre los que más utilizamos internet, sobre todo por razones profesionales, van aceptándose posturas que piden un uso racional. Y no digamos cuando se tiene alguna función directiva, pues se observa cómo no pocos trabajadores se refugian en internet, en más de una ocasión como una "navegación superflua" que aparenta ante sus superiores una actitud laboriosa, cuando lo que envuelve es una buena dosis de pereza para resolver o estudiar cuanto antes lo que debe sacar adelante en su trabajo. Curiosamente, estar delante de un ordenador parece sinónimo de estudio profundo.
En no pocas empresas, ha bastado que algún directivo se acercara a algún ordenador y, delante del trabajador, repasara el "historial" de internet de las últimas semanas. Salen consultas y "navegaciones" más que peregrinas, absurdas o innecesarias para el trabajo, y lógicamente se van adoptando medidas laborales.
Para algunos, internet es como un pequeño nuevo dios, cuando es un medio, que puede ser una gran ayuda o foco de pérdidas de tiempo, dinero y hasta salud. Una vez más, entre el uso y el abuso, la separación es más importante de lo que parece.
Internet puede ser el alimento diario de la superficialidad de algunos, que viven del momento y de la frivolidad de nuevas sensaciones o noticias en las que sólo la curiosidad innecesaria o malsana aparece como justificación.
El abuso de internet puede generar, incluso, patologías que hasta ahora no conocíamos, y esto va siendo admitido por psiquiatras y psicólogos. Desde luego, los niños son los más vulnerables ante estas nuevas enfermedades, que cultivan el "tecnoautismo", es decir, la incapacidad de expresar las emociones sin la ayuda de las nuevas tecnologías. Que haya un 20% de niños buscando amistades en la red presenta riesgos: sustituir la relación personal. Y no digamos el dato que revelan ya algunos estudios: más de la mitad de los chavales pasa cada día con los videojuegos un par de horas, ¡pero es que el 5% pasa más de cinco horas! No me negaran que son datos orientativos más que preocupantes. Son factores de desequilibrio, y también de dejación por parte de las familias, que son quienes han de educar a los chavales en el uso razonable de este nuevo medio, tan decisivo. Los educadores tienen su responsabilidad, pero menor que los padres.
Como ejemplo que avala cuanto he dicho, es suficientemente ilustrativo el reportaje que recogemos en el siguiente artículo de opinión sobre pornografía infantil y práctica de la pedofilia .
www.piensaunpoco.com
 

 
LA AVENTURA DE LA FAMILIA (*)
 
G. K. Chesterton
 
Hoy día no está muy de moda cantar las ventajas de la comunidad pequeña

La familia puede muy bien ser considerada, así habría que pensarlo al menos, como una institución humana fundamental. Todos admitirán que ha sido la célula principal y la unidad central de casi todas las sociedades que han existido hasta ahora, con la excepción, la verdad sea dicha, de algunas sociedades como aquella de Lacedemón que optó por la «eficiencia» y que, en consecuencia, ha perecido sin dejar ni rastro. E1 cristianismo, por enorme que fuera la revolución que supuso, no alteró esta cosa sagrada, tan antigua y salvaje; no hizo nada más que darle la vuelta. No negó la trinidad de padre, madre y niño. Sencillamente la leyó al revés, haciéndola niño, madre y padre. Y ésta ya no se llama la familia, sino Sagrada Familia, pues muchas cosas se hacen santas sólo con darles la vuelta. Pero algunos sabios de nuestra propia decadencia han lanzado un serio ataque a la familia. La han atacado, y me parece que de manera equivocada; y sus defensores la han defendido, y lo han hecho de manera equivocada. La defensa más común de la familia es que, en medio de las tensiones y cambios de la vida, resulta un sitio pacífico, cómodo y unido. Pero es posible otra defensa de la familia, y a mí me parece evidente; consiste en decir que la familia no es ni pacífica, ni cómoda, ni unida.

La familia como institución en el mundo moderno

Hoy día no está muy de moda cantar las ventajas de la comunidad pequeña. Se nos dice que debemos lanzarnos a por grandes imperios y a por grandes ideas. Hay una ventaja, sin embargo, en el estado, en la ciudad o en el pueblo pequeño que sólo los que quieren ser ciegos pasarán por alto. El ser humano que vive en una comunidad pequeña vive en un mundo mucho más grande. Sabe mucho más de las variedades feroces y las divergencias inflexibles de los hombres. La razón es obvia. En una comunidad grande podemos elegir nuestros compañeros. En una comunidad pequeña nuestros compañeros nos vienen dados. Así en todas las sociedades grandes y altamente civilizadas se forman grupos fundados sobre lo que se llama simpatía y que silencian al mundo real de modo más cortante que las puertas de un monasterio. Lo cierto es que no hay nada pequeño o limitado en el clan o en la tribu; lo que es de verdad pequeño y limitado es la pandilla o el corrillo. Los que forman un clan viven juntos porque todos se visten con el mismo tartán o porque todos descienden de la misma vaca sagrada; pero en sus almas, por una suerte divina de las cosas, siempre habrá más colores que en cualquier tartán. Los que forman una pandilla o un grupo viven juntos porque tienen el mismo tipo de alma, y su estrechez es una estrechez de coherencia y satisfacción espiritual, como la que hay en el infierno. Una sociedad grande existe para formar grupillos. Una sociedad grande es una sociedad para la promoción de la estrechez. Es una maquinaria para proteger al individuo solitario y sensible de toda experiencia de los amargos y fortalecedores compromisos humanos. En el sentido más literal de las palabras, es una sociedad para la prevención del conocimiento cristiano.
Podemos ver este cambio, por ejemplo, en la transformación moderna de lo que se llama el club. Cuando Londres era más pequeño, y sus barrios más reducidos y familiares, el club era lo que es todavía en los pueblos, lo opuesto de lo que es ahora en las grandes ciudades. Se consideraba entonces como un lugar en donde una persona podía ser sociable. Ahora el club se valora como el lugar en donde puede uno ser insociable. Cuanto más grande y elaborada es nuestra civilización tanto más deja de ser el club un lugar donde uno puede tener un argumento ruidoso, y se convierte en un lugar en donde uno puede comer a solas, por su cuenta, sin que nadie le moleste. El objetivo es que se sienta cómodo, y hacer a un hombre cómodo es hacerle todo lo opuesto a sociable. La sociabilidad, como todas las cosas buenas, está llena de incomodidades, peligros y renuncias. El club tiende a producir la más degradante de todas las combinaciones-el anacoreta de lujo, el hombre que combina la indulgencia voluptuosa de Lúculo con la soledad insana de Simeón el Estilita.
Si mañana por la mañana una enorme nevada no nos dejara salir de la calle en que vivimos entraríamos de repente en un mundo mucho más grande y mucho más insólito que cualquier otro que hayamos imaginado. Pero todo el esfuerzo de la persona moderna típica es huir de la calle en la que vive. Primero inventa la higiene moderna y se va a Margate. Luego inventa la cultura moderna y se va a Florencia. Después inventa el imperialismo moderno y se va a Tombuctú. Se marcha a los bordes fantásticos de la Tierra. Pretende cazar tigres. Casi llega a montar en camello. Y al hacer todo esto está todavía esencialmente huyendo de la calle en la que nació; y siempre tiene a mano una explicación de esta fuga suya. Dice que huye de su calle porque es aburrida. Miente. La verdad es que huye de su calle porque es demasiado excitante. Es excitante porque es exigente; es exigente porque está llena de vida. Puede visitar Venecia tranquilo porque para él los venecianos no son nada más que venecianos; los habitantes de su propia calle son hombres y mujeres. Puede quedarse mirando a un chino porque para él los chinos son algo pasivo que hay que mirar; si se le ocurre mirar a la vieja señora en el jardín de al lado, la anciana se pone en movimiento. Está forzado a huir, para decirlo en breve, de la compañía demasiado estimulante de sus iguales-de seres humanos libres, perversos, personales, deliberadamente diferentes de él-. La calle en Brixton resplandece demasiado y resulta abrumadora. Tiene que apaciguarse y calmarse entre los tigres y los buitres, los camellos y los cocodrilos. Estas creaturas, sin duda alguna, son muy diferentes de él; pero no ponen su figura o color o costumbres en decisiva competición intelectual con los rasgos suyos propios. No pretenden destruir sus principios y reafirmar los suyos. Los monstruos extraños de su calle en el barrio pretenden exactamente eso. El camello no contorsiona su anatomía hasta formar una espléndida mofa porque el señor Robinson no tenga una joroba; pero el culto caballero del número 5 sí que exhibe una mofa cuando advierte que el señor Robinson no tiene rodapié en su casa. El buitre no va a estallar de risa si no ve volar a un hombre; pero el comandante que vive en el número 9 se reirá a carcajadas de que tal hombre no fume. La queja que comúnmente tenemos que hacer de nuestros vecinos es que se meten en lo que no les concierne. No queremos decir realmente que no se metan en lo que no les concierne. Si nuestros vecinos no se metieran en lo que no les concierne, les pedirían de repente su renta y rápidamente dejarían de ser nuestros vecinos. Lo que realmente queremos decir cuando exigimos que no se metan en lo que no les concierne es algo mucho más profundo. No nos desagradan por tener tan poca fuerza y energía que no puedan interesarse en sus cosas. Nos desagradan por tener fuerza y energía suficientes para interesarse además en las nuestras. Lo que nos aterra de nuestros vecinos no es la estrechez de su horizonte, sino su espléndida tendencia a ensancharlo. Y todas las aversiones a la humanidad ordinaria tienen este carácter general. No son aversiones a su endeblez (como algunos pretenden), sino a su energía Los misántropos creen que desprecian a la humanidad por su debilidad, pero lo cierto es que la odian por su fuerza.

La gente ordinaria

Por supuesto, esta retirada de la brutal vivacidad y variedad de la gente ordinaria es algo perfectamente perdonable y excusable en tanto en cuanto no pretenda convertirse en una actitud de superioridad Pero cuando se califica a sí misma de aristocracia o esteticismo o de una superioridad sobre la burguesía, no hay más remedio en justicia que señalar su debilidad intrínseca. El fastidio es el más perdonable de todos los vicios; pero es la más imperdonable de todas las virtudes. Nietzsche, que es el representante más destacado de esta pretenciosa demanda del ser fastidioso, tiene en algún lugar de su obra una descripción-muy poderosa desde el punto de vista literario-del disgusto y desdén que le consumen al volver su mirada sobre gente ordinaria con sus rostros ordinarios, sus voces ordinarias, sus mentes ordinarias. Como decía, esta actitud es casi hermosa si podemos clasificarla como patética. La aristocracia de Nietzsche reúne todo el carácter sagrado que pertenece al débil. Cuando nos hace sentir que no puede soportar los rostros innumerables, las voces incesantes, esa omnipresencia abrumadora que pertenece a la muchedumbre, tiene la simpatía o aprobación de cualquiera que haya estado alguna vez enfermo en un barco o cansado en un autobús lleno de gente. Todos hemos odiado a la humanidad cuando hemos sido poco humanos. Todo ser humano ha tenido alguna vez a la humanidad en sus ojos como una niebla sofocante, o en sus narices como un olor sofocante. Pero cuando Nietzsche tiene la increíble falta de humor y de imaginación de pedirnos que creamos que su aristocracia es una aristocracia de músculos fuertes o una aristocracia de voluntades fuertes, se hace necesario mostrar la verdad de las cosas. Y la verdad es que es una aristocracia de nervios endebles.
Nos hacemos nuestros amigos; nos hacemos nuestros enemigos; pero Dios hace a nuestro vecino de al lado. De ahí que se nos acerque revestido de todos los terrores despreocupados de la naturaleza; nuestro vecino es tan extraño como las estrellas, tan atolondrado e indiferente como la lluvia. Es el Hombre, la más terrible de todas las bestias. Por eso las religiones antiguas y el viejo lenguaje bíb6lico mostraban una sabiduría tan penetrante cuando hablaban, no de los deberes con la humanidad, sino de deberes con el prójimo. El deber hacia la humanidad puede tomar a menudo la forma de alguna elección que es personal y aun agradable. Ese deber puede ser un interés nuestro; puede ser incluso un capricho o una disipación. Podemos trabajar en el barrio más pobre porque estamos especialmente preparados para trabajar en ese barrio, o porque así nos lo parece; podemos luchar por la causa de la paz internacional porque nos gusta mucho luchar. E1 martirio más monstruoso, la experiencia más repulsiva, pueden ser resultado de elección o de cierto gusto. Puede que estemos hechos de tal forma que nos encanten los lunáticos o que nos interesen especialmente los leprosos. Puede que amemos a los negros porque son negros o a los socialistas alemanes porque son unos pedantes. Pero hemos de amar a nuestro vecino porque está ahí-una razón mucho más alarmante para una obra mucho más seria-. E1 vecino es la muestra de humanidad que de hecho se nos da. Y precisamente porque puede ser una persona cualquiera, nuestro vecino es todo el mundo. Es un símbolo porque es un accidente.
No hay duda de que los hombres huyen de ambientes pequeños a tierras que son mortíferas de verdad. Pero esto es natural porque no están huyendo de la muerte; están huyendo de la vida. Y este principio se aplica a cada uno de los anillos del sistema social de la humanidad. Es perfectamente razonable que los hombres busquen alguna variedad particular del tipo humano, siempre que busquen esa variedad del tipo humano y no la mera variedad humana. Es perfectamente lógico que un diplomático británico busque la compañía de generales japoneses, si lo que quiere son generales japoneses Pero si lo que quiere es gente diferente de sí mismo, haría mucho mejor en quedarse en su casa y discutir de religión con la sirvienta. Es muy razonable que el genio del pueblo vaya a conquistar Londres si lo que quiere es conquistar Londres. Pero si lo que quiere es conquistar algo fundamental y simbólicamente hostil y además muy fuerte, haría mucho mejor en quedarse donde está y tener una pelea con el párroco de la iglesia. E1 hombre de la calle de barrio se comporta correctamente si va a Ramsgate por ver Ramsgate-algo bien difícil de imaginar-. Pero si, como él lo expresa, va a Ramsgate «para cambiar», entonces hay que decirle que experimentaría un cambio mucho más romántico y hasta melodramático si saltara por encima del muro al jardín de su vecino. Las consecuencias serían tonificantes en un sentido que va mucho más allá de las posibilidades higiénicas en Ramsgate.

Divergencias y variedades

Ahora bien, de la misma manera que este principio vale para el imperio, para la nación dentro del imperio, para la ciudad dentro de la nación, para la calle dentro de la ciudad, vale también para la casa dentro de la calle. La institución de la familia debe ser ensalzada precisamente por las mismas razones que la institución de la nación, o la institución de la ciudad, son en este respecto ensalzadas. Es bueno para un hombre vivir en una familia por la misma razón que es bueno para un hombre ser asediado dentro de una ciudad. Es bueno para un hombre vivir en una familia en el mismo sentido en que es algo hermoso y delicioso para un hombre ser bloqueado por una nevada en una calle. Todas estas cosas le fuerzan a darse cuenta de que la vida no es algo que viene de fuera, sino algo que viene de dentro. Sobre todo, todas ellas insisten sobre el hecho de que la vida, si es de verdad una vida estimulante y fascinante, es una cosa que por su misma naturaleza existe a pesar de nosotros. Los escritores modernos que han sugerido, de manera más o menos abierta, que la familia es una institución mala, se han limitado generalmente a sugerir, con mucha amargura o patetismo, que tal vez la familia no es siempre algo muy conciliador. Pero, qué duda cabe, la familia es una institución buena precisamente porque no es conciliadora. Es algo bueno y saludable precisamente porque contiene tantas divergencias y variedades. Es, como dice la gente sentimental, un pequeño reino y, como muchos otros reinos pequeños, se encuentran generalmente en un estado que se parece más a la anarquía. Es precisamente el hecho de que nuestro hermano Jorge no está interesado en nuestras dificultades religiosas, sino que está interesado en el «Restaurante Trocadero», lo que da
a la familia algunas de las cualidades tonificantes de la república. Es precisamente el hecho de que nuestro tío Fernando no aprueba las ambiciones teatrales de nuestra hermana Sara lo que hace que la familia sea como la humanidad. Los hombres y las mujeres que, por razones buenas o malas, se rebelan contra la familia, están, por razones buenas o malas, sencillamente rebelándose contra la humanidad. La tía Isabel es irracional, como la humanidad. Papá es excitable, como la humanidad. Nuestro hermano más pequeño es malicioso, como la humanidad. El abuelo es estúpido, como el mundo; y es viejo, como el mundo.
No hay duda de que aquellos que desean, correcta o incorrectamente, escapar de todo esto, desean entrar en un mundo más estrecho. La grandeza y la variedad de la familia les deja desmayados y aterrorizados. Sara desea encontrar un mundo que consista por entero en teatros; Jorge desea pensar que el «Trocadero» es un cosmos. No digo ni por un momento que la huida a esta vida más limitada no sea lo correcto para el individuo, como tampoco lo digo de la huida a un monasterio. Pero sí que es malo y artificioso todo lo que tienda a hacer a estas personas sucumbir a la extraña ilusión de que están entrando en un mundo que es más grande y más variado que el suyo propio. La mejor manera en que un ser humano podría examinar su disposición para encontrarse con la variedad común de la humanidad sería dejarse caer por la chimenea de cualquier casa elegida a voleo, y llevarse tan bien como sea posible con la gente que está dentro. Y eso es esencialmente lo que cada uno de nosotros hizo el día en que nació.
En esto consiste verdaderamente la aventura romántica, especial y sublime, de la familia. Es romántica porque es «a cara o cruz», porque es todo lo que sus enemigos dicen de ella, porque es arbitraria, porque está ahí. En la medida en que un grupo de personas haya sido elegido racionalmente habrá cierta atmósfera especial o sectaria. Cuando se eligen de manera irracional entonces uno se encuentra con hombres y mujeres sin más. El elemento de aventura empieza a existir; porque una aventura es algo que, por naturaleza, viene hacia nosotros. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos. E1 hecho de enamorarse ha sido a menudo considerado como la aventura suprema, el incidente romántico por excelencia. En la medida en que hay en ello algo que está fuera de nosotros, algo así como una especie de fatalismo alegre, esto es muy cierto. No hay duda de que el amor nos atrapa, nos transfigura y nos tortura. Rompe de verdad nuestros corazones con una belleza insoportable, como la belleza insoportable de la música. Sin embargo, en la medida en la que, por supuesto, tenemos algo que ver con el asunto, en la medida en la que de alguna forma estamos preparados para enamorarnos y en algún sentido para arrojarnos al amor, en la medida en que hasta cierto punto elegimos y hasta cierto punto juzgamos, en este sentido el hecho de enamorarse no es verdaderamente romántico, no es de verdad la gran aventura. En este sentido, la aventura suprema no es enamorarse. La aventura suprema es nacer. Allí nos encontramos de repente en una trampa espléndida y estremecedora. Ahí vemos de verdad algo que jamás habíamos soñado antes. Nuestro padre y nuestra madre están al acecho, esperándonos, y saltan sobre nosotros como si fueran bandoleros detrás de un matorral. Nuestro tío es una sorpresa. Nuestra tía es como un relámpago en un cielo azul. Al entrar en la familia por el nacimiento entramos de verdad en un mundo incalculable, en un mundo que tiene sus leyes propias y extrañas, en un mundo que podría muy bien continuar su curso sin nosotros, en un mundo que no hemos fabricado nosotros. En otras palabras, cuando entramos en la familia entramos en un cuento de hadas.

La aventura de lo inesperado

Este colorido, como el de un relato fantástico, debería pegarse a la familia y a nuestras relaciones con ella durante toda la vida. El amor es la cosa más profunda en la vida; más profundo que la misma realidad. Porque aun si la realidad resultara engañosa, a pesar de todo no se podría probar que es insignificante o sin importancia. Si los hechos fueran falsos, serían todavía muy extraños. Y este carácter extraño de la vida, este elemento inesperado y hasta perverso de las cosas tal como acontecen, permanece incurablemente interesante. Las circunstancias que podemos regular pueden hacerse mansas o pesimistas; pero las «circunstancias sobre las que no tenemos control» permanecen como teñidas de algo divino para aquellos que, como el señor Micawber, pueden invocarlas y renovar su fuerza. La gente se pregunta por qué es la novela la forma más popular de literatura; por qué se leen más novelas que libros científicos o de Metafísica. La razón es muy sencilla: es que la novela es más verdadera que esos otros libros. La vida puede a veces aparecer legítimamente como un libro científico. La vida puede a veces aparecer, y con mucha más legitimidad, como un libro de Metafísica. Pero la vida es siempre una novela. Nuestra existencia puede dejar de ser una canción; puede dejar de ser incluso un hermoso lamento. Puede que nuestra existencia no sea una justicia inteligible ni siquiera una equivocación reconocible. Pero nuestra existencia es, a pesar de todo eso, una historia. En el fiero alfabeto de toda puesta de sol está escrito, «continuará en el próximo». Si tenemos suficiente inteligencia, podemos terminar una deducción filosófica y exacta, y estar seguros de que la estamos acabando correctamente. Con poder cerebral adecuado podríamos llevar a cabo cualquier descubrimiento científico y estar seguros de que lo acabábamos correctamente.
Pero ni siquiera con la más gigantesca inteligencia podríamos terminar el relato más sencillo o el más tonto, y quedarnos seguros de que lo hemos terminado correctamente Ocurre así porque un relato lleva por detrás, no sólo la inteligencia, que es parcialmente mecánica, sino la voluntad, que en su esencia es algo divino. E1 escritor de una narración puede enviar a su héroe al calabozo en el penúltimo capítulo, si así lo desea. Puede hacerlo por el mismo capricho divino por el que el mismo autor puede ir al calabozo y después al infierno, si así lo escoge. Y la misma civilización, aquella civilización caballeresca europea que reafirmó la libertad en el siglo XIII, produjo lo que llamamos «ficción» en el XVIII. Cuando Tomás de Aquino afirmó la libertad espiritual del ser humano, creó todas las malas novelas que se encuentran en las bibliotecas circulantes.
Pero para que la vida sea para nosotros una historia o una historia de amor, es necesario que una gran parte de ella sea decidida sin nuestro permiso. Si queremos que nuestra vida sea un sistema, eso puede ser un fastidio; pero si queremos que sea un drama, es algo esencial. Puede ocurrir a menudo, sin duda alguna, que un drama sea escrito por alguien que no es muy de nuestro agrado. Pero nos gustaría todavía menos que el autor se presentara delante del telón cada hora más o menos y descargara sobre nosotros toda la preocupación de inventar por nuestra cuenta el acto siguiente. El ser humano tiene control sobre muchas cosas en su vida; tiene control sobre un número suficiente de cosas para ser el héroe de una novela. Pero si tuviera control sobre todas las cosas, habría tanto héroe que no habría novela. Y la razón por la que las vidas de los ricos son en el fondo tan sosas y aburridas es sencillamente porque pueden escoger los acontecimientos. Se aburren porque son omnipotentes. No puede tener aventuras porque las fabrican a su medida. Lo que mantiene a la vida como una aventura romántica y llena de ardorosas posibilidades es la existencia de estas grandes limitaciones que nos fuerzan a todos a hacer frente a cosas que no nos gustan o que no esperamos. En vano hablan los altivos modernos de estar en ambientes incómodos. Estar metido en una aventura es estar metido en ambientes incómodos. Haber nacido en esta Tierra es haber nacido en un ambiente incómodo, y por lo tanto, haber nacido en una aventura. De todas estas grandes limitaciones y estructuras que modelan y crean la poesía y la variedad de la vida, la familia es la más definitiva y la más importante. De ahí que sea malentendida por los modernos que se imaginan que la aventura podría existir en grado más perfecto, en un estado completo de los que ellos llaman libertad. Se creen que si un hombre hace un gesto sería algo sorprendente y asombroso que el Sol se cayera del cielo. Pero lo que es sorprendente y asombroso-la aventura romántica de la misma existencia del Sol-es que no se cae del cielo. Buscan estas gentes bajo toda forma y figura, un mundo donde no haya limitaciones-es decir, un mundo donde no haya contornos, esto es, un mundo donde no hay figuras-. No hay nada más despreciable y ruin que esa infinidad. Dicen que desean ser tan fuertes como el Universo, pero lo que realmente desean es que el Universo entero sea tan débil como ellos mismos.
www.arvo.net
(*) Publicado en el nº 14 de la revista Atlántida

DEFENSA DE LA VIDA 

 
 
Se reunirán el 16 y 17 de mayo en Madrid

MADRID, 30 marzo 2003 (
ZENIT.org).- Bajo el lema «No tengamos miedo», la Asociación Española de Farmacéuticos Católicos ha convocado el IV Simposio para reflexionar sobre el ejercicio de la profesión, el derecho a la objeción de conciencia y la realidad de los anticonceptivos.
A fin de dar conocer el Simposio, la Asociación ha enviado información a ocho revistas especializadas --aunque hasta el momento sólo una la ha publicado-- y 3.200 farmacéuticos han recibido ya cartas personalizadas.
En los próximos días, se repartirán 8.000 hojas informativas en todas las farmacias. Dada la importancia de los temas a debatir, los organizadores esperan la presencia de numerosos asistentes.
Entre las personalidades invitadas se encuentra monseñor Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.
El lema «No tengamos miedo» pretende animar a los profesionales del sector a enfrentarse valientemente a la nueva situación creada en los últimos años, que ha llevado ya a varios farmacéuticos a presentar objeciones de conciencia por vía judicial.
Los farmacéuticos católicos hacen suya la exhortación que Juan Pablo II ha dirigido a todos los fieles desde el inicio de su pontificado: «no tengáis miedo».
Por ello proponen este Simposio, en el que quieren dar a conocer a todos los farmacéuticos la postura moral de la Iglesia ante el problema de los anticonceptivos.
Igualmente desean informar sobre las actuaciones que, a través de la Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia del Personal Biosanitario (ANDOC), se están llevando a cabo en el ámbito legal para que el derecho a la objeción de conciencia sea reconocido.
Según José Carlos Areces Gándara, presidente de la Asociación Española de Farmacéuticos Católicos, «para los médicos es más fácil ejercer la objeción de conciencia que para nosotros».
De hecho, en el caso de los farmacéuticos la legislación aún no ha sabido dar respuesta a la nueva situación creada, en la que cuestiones como el aborto ya afectan de cerca el ejercicio profesional de los farmacéuticos.
Antes de la legalización del «Norlevo» --conocido como «la píldora del día después»-- y de la orden dictada por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía (junio 2001) que obligaba a las farmacias de Andalucía a tener la píldora, el problema de la objeción de conciencia parecía no afectar a los farmacéuticos, pero según Areces Gándara «esto ha cambiado».
Areces Gándara cree que «la moral de la Iglesia sobre la anticoncepción es poco conocida, se cree por adelantado que los anticonceptivos son magníficos y que el preservativo vale para mucho».
Sin embargo, continúa Areces, «aunque la Iglesia es clara y rotunda, tanto los católicos como los farmacéuticos tienen un gran desconocimiento sobre esta cuestión».
Respecto a la objeción de conciencia, Areces Gándara dice que «aunque la Carta Magna reconoce el derecho a la objeción de conciencia de todo ciudadano, y también es reconocido por el Código Deontológico de los Farmacéuticos, a la hora de la verdad hay un vacío legal».
Según Andoc, «casi todos los Colegios Oficiales de Farmacéuticos del país están aplicando los artículos del Código Deontológico y de la Constitución para defender a sus colegiados».
Al menos cinco farmacéuticos han presentado recursos ante la Justicia para que su derecho a la objeción de conciencia sea amparado.
Andoc revela que «en Andalucía, un 85% de la población está a favor de la objeción de conciencia para los farmacéuticos».
Más información:
http://www.farmaceuticoscatolicos.org.
 
 

 
 
Nieves García

Mientras caen las bombas sobre Bagdad, y en las calles hay violentas revueltas estudiantiles, cuando se escucha hablar tanto de paz, pero los hechos solo muestran violencia... es difícil pensar que el hombre es un ser para el amor. Hay que hacer un acto de fe: convencerse de algo que no se ve pero es. Creemos en el amor; más aún confirmamos que el hombre es un ser para el amor.
Han pasado 18 meses de los trágicos sucesos del 11 de septiembre. Ese día se oyeron mensajes de varias personas que, tanto desde los aviones antes de estrellarse como desde las torres, llamaron a sus seres queridos en el último instante de sus vidas . Sabían que se iban a morir. ¿Y cuales fueron los contenidos de esos mensajes? ¿De terror? ¿De venganza? ¿De odio? Al contrario, todos ellos fueron mensajes de amor. Cada uno decía que amaba a su esposa, o esposo, su madre, su hijo, que lo había amado y lo seguía amando. Esos mensajes quedaron grabados ya que muchos no encontraron a sus seres queridos en ese momento.
Una fuerza interior más grande que el instinto de supervivencia les movió a hablar del amor que llevaban dentro. Ninguno de ellos preguntó el valor de las acciones en bolsa, ni si ya se había tramitado el divorcio o adónde irían de vacaciones. A las puertas de la muerte, el hombre no disimula, transparenta lo más íntimo: su ser para el amor.
Los psicólogos norteamericanos hartos de ahondar en las raíces de la ansiedad y de la depresión, se han lanzado a la búsqueda de la fórmula mágica de la felicidad. Martin E. P. Seligman, adalid de la psicología positiva, afirma haberla encontrado y la ofrece en un libro que se vende estos días como la lotería: Authentic Happiness. Sostiene Seligman que la “felicidad auténtica” -la que perdura y no se esfuma de un día para otro- no hay que buscarla en el dinero ni en las posesiones. La fuente de la felicidad, asegura, está en las relaciones personales y en pequeños grandes detalles como estar enamorado, hacer un amigo, tener un hijo. Lo que para Seligman es una novedad, para todos era ya un hecho de experiencia.
El amor no es un problema cultural, no es un comportamiento aprendido en sociedad, es el fenómeno más universalmente extendido común a todos los hombres y mujeres, a través del cual se puede definir la humanidad. Es el fenómeno que ha roto los esquemas del tiempo, los límites geográficos. Donde hay un hombre, hay un ser capaz de amar, capaz de relacionarse en bien del otro. Los animales, por sofisticados que sean en la escala de los seres, no aman. No hay raza, ni tribu, ni cultura, ni sociedad, ni época en la que hombres y mujeres no hayan experimentado la necesidad de amar y ser amados; hombres que aman a mujeres, mujeres que mueren por dar a luz a sus hijos eligiendo conscientemente esta opción, amistades reales basadas en el desinterés, esposos que llegan a perdonar la infidelidad de su mujer, amándolas más allá del profundo orgullo herido, héroes de batallas que se sacrifican por otros a quienes no conocen... Podríamos llenar el mundo de magníficos relatos y biografías que son epopeya de la misma realidad: el hombre es un ser para el amor. La vida solo tiene sentido cuando se ama, y el amor consiste en la donación plena de sí mismo al otro buscando su bien objetivo. En consecuencia, el ser humano solo se realiza, es decir es feliz, exclusivamente, en la medida en que ama
No somos grandes por nuestra inteligencia; genios posiblemente haya muchos en el mundo, y así nos va. Ni se esconde nuestro valor en la conquista de una férrea voluntad que nos da seguridad personal; muchos la han tenido y no fueron felices. Ni el poder, ni el dinero, ni la educación colman el vacío interior con el que nacemos; recordemos la historia del hombre feliz que no tenía camisa. La grandeza de un ser humano proviene del grado de amor que lograr alcanzar en el transcurso de sus días, y el amor que “ejecuta”, que plasma, que actualiza en cada decisión. Inteligencia, voluntad, sensibilidad, ...toda la persona se ordena cuando se encuentra a sí misma como un ser para el amor, y lo actúa en lo concreto, en el aquí y ahora, con “éste” o con “ésta” que tengo a mi lado.
En la vida no sirven las máscaras para ser felices. Se es feliz cuando se ama, con desinterés a otros, buscando su bien. Se puede enmascarar el egoísmo de amor, así como la guerra disfrazarse de bandera de paz, pero no seremos felices, de verdad. Lo que verdaderamente deshumaniza al hombre es vivir, sufrir y morir sin amor.
La dignidad humana, a la que tanto se alude en cientos de discursos, nos viene dada por esta capacidad de amar. Cada hombre la posee, por eso es persona. Unos la desarrollarán menos, otros más. Estos últimos serán los hombres grandes, y aunque posiblemente sus nombres no se escriban en los libros, ellos escribirán la historia con la tinta invisible de la entrega y dejarán a su paso un mundo mejor. En la medida que nos realizamos en el amor, crecemos en dignidad. Esta experiencia nos hace libres y poseedores de nosotros mismos. Nadie nos puede coaccionar para amar. Yo lo decido libremente. Gandhi sabía de lo que hablaba cuando afirmó: “Ellos no pueden quitarnos nuestro autorrespeto si nosotros no se lo damos”. Mereció la pena que un hombre de su talla caminara sobre la tierra; el mundo fue mejor por su opción personal y seguramente él perteneció al grupo selecto de los que fueron felices.
Dominique Lapierre en su novela “La ciudad de la alegría” nos cuenta la experiencia del protagonista francés, que al llegar al cuarto de lámina que había rentado para acompañar a aquellos desgraciados de Calcuta, recibe la visita de una niña, vestida de andrajos que le ofrece su escudilla de arroz. Era el alimento que ella tenía para todo el día. ¿Quién le enseña u obliga a una pequeña de 6 años a pasar hambre para dar de comer a un desconocido? Detrás de la novela estaba la realidad.
¿Qué es el amor? Donación. ¿Cómo se vive? Con hechos concretos. No nos engañemos confundiendo el amor con un sentimiento, con un momento de liberación psicológica o un arranque esporádico de generosidad y altruismo. La donación depende de mi voluntad. Yo decido. Puede ser que no abunden los sentimientos ni las emociones, que no me entusiasme que mi marido llegue a casa, cuando llevamos 20 años casados, o que sienta pereza antes de hacer un favor a alguien. No importa. El amor no se siente, se vive y después, solo después... se siente, pero en lo profundo, en la intimidad del ser personal donde no entran los hombres y nace la paz y la alegría.
Vivir el amor duele; lo supo también Víctor Frankl, después de sobrevivir a un campo de concentración nazi y aún así compartía se atrevió a explicar:
"Por primera vez en la vida experimento la verdad de lo que tantos pensadores han trasmitido: la verdad de que el amor es, en cierto modo, lo último y lo más alto a que puede elevarse el ser humano...En la situación más triste que se pueda pensar en la cual no se puede uno realizar mediante acción ninguna, una situación en la cual la única actividad posible sólo puede consistir en sufrir con dignidad y gallardía, en tal situación el hombre puede realizarse en la contemplación amorosa ,mirando la imagen espiritual del ser querido que guarda en su interior. En este momento sé bien la verdad que contiene esta frase:"ponme como un sello sobre tu corazón ....Pues el amor es tan fuerte como la muerte."
Esta realidad es la que hace a la persona, persona humana. He leído muchas veces en esta página de
Mujer Nueva, un banner que dice “...para ti, que quieres un mundo más humano, en el que la mujer es la protagonista...”. Pues bien, el protagonismo femenino, es decir el papel único e irrepetible por el que se le puede dar a la mujer el Oscar de la Historia, consiste, en engendrar, educar, y modelar al hombre para se realice en el amor.
Naturalmente, la mujer como madre y esposa ya lo ha hecho a lo largo de los siglos en el ámbito de la familia, ahora urge que su aportación a la sociedad no se encierre en moldes que le vienen impuestos, sino que desarrolle ese genio femenino y tenga el coraje de ser lo que es, para humanizar la política, las leyes, la empresa, el mundo obrero, las universidades...Ojalá que ésta sea la verdadera aportación de la revolución femenina a la humanidad.
Si lo logramos seguiremos creyendo que el hombre es un ser para el amor...
Fuente: Mujer Nueva
Fecha: 2003-03-25
 
 

 
EL ABORTO Y SU INCIDENCIA EN EL RECONOCIMIENTO Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA (2° Parte)
 
Florencia Beltrán 

 

G: Así pues, la dignidad humana es el fundamento último de los derechos humanos. Pero, éste concepto es bien complejo, ¿Usted que entiende por dignidad humana?.
F: Para empezar, la dignidad del hombre proviene de que fue creado a imagen y semejanza de Dios. Por esta razón, decir que el hombre es digno quiere decir que es persona, o como señala Hervada, “es un término que se aplica al hombre para señalar una peculiar calidad de ser, para decir que es persona y no sólo individuo”. Por otra parte, la dignidad humana hace referencia a nuestra naturaleza humana, diferenciándonos de los demás seres, colocándonos en un plano superior, y en relación a ello, no hay que perder de vista que, el ser humano es el único ser sobre la Tierra que vale por sí mismo.  Yepes expresa, "cuanto más fijamos la mirada en la singular dignidad de la persona, más descubrimos el carácter irrepetible, incomunicable y subsistente de ese ser personal, un ser con nombre propio, dueño de una intimidad que sólo él conoce, capaz de crear, soñar y vivir una vida propia, un ser dotado del bien precioso de la libertad, de inteligencia, de capacidad de amar, de reír, de perdonar, de soñar y de crear una infinidad sorprendente de ciencias, artes, técnicas, símbolos y narraciones. Por eso, dignidad, en general y en el caso del hombre, es una palabra que significa valor intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe ser siempre respetado y bien tratado. En el caso del hombre su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás". De acuerdo a todo lo dicho, la dignidad humana hace referencia de la “preeminencia del ente sobre los demás entes por su intensidad de ser”, según Hervada.
G: Ahora comprendo, porqué Hervada, señala que la dignidad hace referencia a la excelencia, eminencia ontológica, a la grandeza, como también,  a la superioridad en el ser.
P: Exacto, y por ello, la dignidad humana pertenece a la esencia, a la naturaleza humana, y no a una condición individual de la persona, como ser la salud, la edad, el sexo, el poder adquisitivo que tenga, etc. Al pertenecer a la naturaleza humana, es propia de todos los hombres, es universal, y como consecuencia, no admite la dignidad ningún tipo de condiciones, ni de grados. Conforme a ello, todas las personas son iguales en dignidad, además, ésta permanece igual desde la concepción hasta la muerte.
G: Dado el valor capital del derecho a la vida, ¿cómo haría para hacerlo valer, para protegerlo y garantizarlo?.
P: Me remitiría a decir una sola palabra, pero muy significativa, EDUCACIÓN, y no me cansaría de repetirla. Observo que es esencial, la formación en esos derechos desde pequeños. Por otra parte, hay que cuidar de forma especial la formación de los legisladores, abogados, y de todos aquellos que tienen una influencia especial en este tema y de más está decirlo, que  también del resto de la población. Desde luego que esa labor es ardua, personalizada, pero no imposible, sino que implica todo un reto. Otra perspectiva a no perder de vista para protegerlo y garantizarlo, es tener en cuenta que el bien superior del niño exige su adecuada relación con la familia, fundada sobre el matrimonio, lugar de crecimiento personal, de afectos de solidaridad, lugar de derecho y de transmisión intergeneracional de la cultura. Por ello, es fundamental defender el valor de la familia, defender sus derechos, puesto que el crimen del aborto incide de forma negativa en la propia familia, dado que la familia y la vida no son dos campos separados, como indica el documento Familia y Derechos Humanos, de 1998. Para comprender bien esta relación, hay que entender previamente que el matrimonio es el pacto por el cual “el hombre y la mujer constituyen entre si un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, como señala el Papa en la Carta para las familias. De acuerdo a la relación entre la familia y la vida, sostengo como indicó el Vaticano en la ONU, en el presente año, que no hay defensa de los niños sin defensa de la familia.
G: Es bien cierto que al no proteger los derechos de la familia, no hay defensa del niño, de su derecho a la vida, ya que la familia es considerada como el santuario de la vida. El no proteger el derecho a la vida, es un signo de preocupante degradación, no puede ocultarse que esto produce una batalla contra la familia, contra sus derechos y que está causando grandes estragos. De acuerdo a ello, la familia debe ser protegida, cuidada teniendo en cuenta también, que es la unidad básica de la sociedad, la más importante y fundamental de todas las instituciones sociales. A su vez, no hay que olvidar, la función que la familia tiene respecto al niño, de los fines propios del matrimonio, además, si se ignora el derecho a la vida, la familia pone en peligro la integridad de sus miembros.
P: El admitir el aborto, lleva consigo que no se reconozca a la familia como institución primaria para la protección de los derechos del niño. Por otra parte, es desconocer a la familia como comunidad de vida y como comunidad natural. A su vez, el aborto repercute en que se trate a los miembros de la familia con fines utilitaristas, como si fueran objetos, y a su vez, se estaría violando el derecho de que “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”, como señala el art. 7 de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. En efecto, el aborto lleva consigo la discriminación de unos miembros de la familia, de los más indefensos, y por tanto, esto implica que no se considere iguales a todos sus miembros. Conforme a ello, el Preámbulo de la Declaración de los Derechos del Niño No Nacido, en la Asamblea del Parlamento de Europa, señala que “Todos estos derechos deben ser reconocidos a todo niño que va a nacer, sin ninguna excepción ni discriminación, basada en la raza, color, sexo, lengua, religión, origen nacional o social, estado de desarrollo, estado de salud o las características mentales y físicas ciertas o hipotéticas y toda otra situación que le concierna, o concierna a su madre o familia. La ley debe asegurar al niño, antes de su nacimiento, con la misma fuerza que después, el derecho a la vida inherente a todo ser humano. En razón a su debilidad particular, el niño que va a nacer debe beneficiarse de una protección especial”.
G: Esto es muy interesante, pero me parece importante recalcar que a diferencia de los demás miembros de la familia, el niño por nacer no puede hacer uso del ejercicio del derecho que indica el art. 8 de la declaración que mencionó. Este es: “Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley”.
P: Ya que el niño no se puede defender, es la familia la que lo tiene que hacer cuando se promulga una ley a favor del aborto. Ella es sujeto pasivo, o sea, que está obligada a respetar los derechos de la vida de sus hijos como de los ajenos, como también, a cooperar para hacer posible el ejercicio del mismo. Dicha concepción se fundamenta en el principio de solidaridad, por el cual se fomenta el carácter social y comunitario de la persona humana. Por otra parte, cuando un Estado promulga una ley despenalizando el aborto, no está reconociendo a la familia como santuario de la vida, no está protegiendo y defendiendo sus propios derechos, y a su vez, está obrando contra el principio de subsidiariedad del Estado.
G: Efectivamente. Como la familia  no dispone de todos los medios para alcanzar sus fines, surge el Estado, por tanto, éste está llamado a intervenir sólo allí donde la familia no es autosuficiente. Reitero, el Estado es sólo un medio de que la familia se vale para lograr sus fines. Como consecuencia, el fin del Estado se encuentra en el servicio a la persona, y no en su negación, éste pues debe respetar la naturaleza de la persona y facilitar el bien común del ser humano. La razón de ello radica en que la persona y la familia es anterior al Estado, ya que la familia no es producto de la evolución, de un invento humano, cultural, sino que es una institución que responde a una iniciativa divina, en unas palabras, es una institución natural y soberana porque constituye el núcleo fundamental del tejido social. La Carta de los derechos de la familia explica esto muy claro, allí se lee que “La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables”. Millán Puelles, da una noción del Estado que considero fundamental a tener en cuenta. La misma reza así: "El  problema del Estado no es ajeno al concepto de persona. Es preciso partir de este concepto si se quiere resolver dicho problema de una manera lógica y natural y no de un modo caprichoso y arbitrario. El Estado, en efecto, es el órgano que la sociedad necesita para coordinar la convivencia y subordinarla al bien común. Es, por tanto, el Estado esencialmente un medio de que la sociedad se vale para lograr su fin. Pero, a su vez la misma sociedad es, por su parte, un medio para la persona, y no al revés (...) De donde se desprende que el Estado, al que hemos considerado en último término su fin en el servicio a la persona". Además, no hay que olvidar que el Estado es sujeto pasivo u obligado, puesto que es el titular del poder y el custodio del ordenamiento jurídico. Tiene una función promocional de los derechos humanos. De acuerdo a lo dicho, el Estado debe reconocer y garantizar los derechos naturales y por tanto, inherentes que tiene la familia. Señala al respecto la Declaración de la Haya que: “Garantizar ese derecho es el deber supremo de los máximos dirigentes de todos los estados del mundo".
P: Por mi parte me atrevo a decir más. Las familias deben ser las primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia. Y, por ende, las familias deben tener una participación activa en la política familiar, y asumir la responsabilidad de transformar la sociedad; de lo contrario, son las propias familias las víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia.
G: En caso de que hubiera una ley a favor del aborto, lo cual implica que no se reconoce que “el matrimonio es la institución natural a la que está exclusivamente confiada la misión de transmitir la vida”, tal como se lee en la Carta de los Derechos de la Familia, ¿qué podría hacer las familias para hacer reconocer, defender, y proteger sus propios derechos?
P: Bueno, para empezar no hay una única posible solución, sino muchas. Por ello, voy a mencionar sólo unas. En primer lugar, frente a este caso donde se vulnera ampliamente el derecho a la vida, cabe la desobediencia legítima, dado que éste derecho es inherente a la dignidad de la persona humana y en caso de infringirlo quien se degrada es nada menos que la misma persona. Por otro lado, con el fin de salvaguardar los derechos humanos, las familias tienen el derecho a asociarse tal como lo indica el art. 20 de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, como también de unirse en rebelión y de llegar incluso a cambiar, a derrocar el gobierno, dado el concepto de subsidiariedad del Estado.
G: Por otro lado, hay países -si mal no recuerdo Uruguay es uno de ellos-, que por iniciativa popular se pueden derogar leyes haciendo uso de un referéndum, como también, la posibilidad de modificar la Constitución. Ambos procedimientos favorecen a que las familias puedan por iniciativa propia defender sus propios derechos.
P: Ciertamente. Pero, como muchas cosas en la vida, dicho procedimiento tiene su aspecto negativo. Es decir, por iniciativa del pueblo, en muchos países como es el caso de Uruguay, se puede reformar tanto la Constitución, como las leyes. Por contrapartida, observo que a causa de dicha iniciativa popular, o también, del Poder Ejecutivo y Legislativo se puede llegar a cometer abusos como aprobar una ley que despenalice el aborto, es decir, se puede llegar a formular leyes que vayan en contra de los derechos humanos, y el gran problema que observo en esto es que los derechos humanos no son negociables, no dependen del poder o de las mayorías. No hay que olvidar que el respeto de la persona es, por lo demás, lo que hace posible la participación democrática. Como enseña el Concilio Vaticano II, la tutela «de los derechos de la persona es condición necesaria para que los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa pública". Por otra parte, comparto con el Papa que si la sociedad no redescubre la ley natural, los derechos humanos quedarán al arbitrio de los intereses más influyentes. A su vez, también indicó en marzo del 2002 que “los derechos humanos deben ser referidos a lo que el ser humano es por naturaleza y según su propia dignidad, y no a las decisiones subjetivas de aquellos que gozan del poder de participar en la vida social o de aquellos que obtienen el consenso de la mayoría”. Esta falsa interpretación de los derechos humanos, señaló, “puede llevar también a los regímenes democráticos a transformarse en un totalitarismo sustancial”.
G: Aparte de las incidencias de aborto que ya mencionó, ¿qué otra conoce que desfavorezca en el reconocimiento y protección de los derechos de la familia?
P: En Estados Unidos, en concreto, hay leyes que le permiten a la mujer recurrir al aborto sin el consentimiento de su esposo. Es insólito que el propio padre no pueda ni siquiera tener la posibilidad, por medio de la persuasión, de impedir que se mate a su hijo. Esto obviamente afecta los derechos de la familia, puesto que interfiere en el vínculo indisoluble del matrimonio, además, de su misión de transmitir la vida. Por otra parte, el solo hecho de existir una ley que despenalice el aborto favorece a que el marido, empuje a su mujer hacia el aborto, negándole todo tipo de apoyo o aún amenazándola con el abandono si no se lo practica. Todo esto va no sólo en detrimento de la mujer, de sus derechos, sino de la misma institución del matrimonio y la familia. El aborto facilita el machismo y la explotación de la mujer por parte del hombre, pues le hace más fácil ser irresponsable y la convierte a ésta en un objeto sexual.
G: Viendo la realidad tal cual se nos presenta hoy en día ¿de quien depende principalmente el futuro de la humanidad en éste tema tan apasionante?
P: Le responderé con unas palabras que se lee en Familiaris Consortio: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”. Por ello el futuro de la humanidad depende del trato que se le da a la familia, de si se le reconocen y protegen los derechos que les son propios, y si se le reconoce su valor fundamental e insustituible. A su vez, hay que tener en cuenta que, una familia sana es el fundamento de una sociedad libre y justa, es por tanto, el mejor legado que podemos dejar a las próximas generaciones.
G: Le agradezco el poder dialogar con usted de un tema tan apasionante. Me llevo mucho material para reflexionar y profundizar.
P: Gracias a usted, he aprendido mucho en esta conversación, aunque si le parece podemos volver a discutir sobre este tema ya que quedaron muchos puntos en el tintero.
G: Hasta luego, y le animo a seguir profundizando en el tema ya que hay mucho por hacer.
P: Tiene usted toda la razón, hasta luego.
 

 
PARA REFLEXIONAR SOBRE LA EUTANASIA O SOBRE EL “SEUDO DERECHO DE MORIR CON DIGNIDAD”
 
Dra. Liliana A. Matozzo (*)
 
En el cap. 87 de Evangelium Vitae, el Santo Padre señala con absoluta sabiduría, que: "hay una actitud que debe animarnos y distinguirnos, hemos de hacernos cargo del otro como persona confiada por Dios a nuestra responsabilidad. Como discípulos de Jesús, estamos llamados a hacernos prójimos de cada hombre, teniendo una preferencia personal por quien es más pobre, está sólo y necesitado. Precisamente, mediante la ayuda al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado -como también al niño aún no nacido, al anciano que sufre o cercano a la muerte- tenemos la posibilidad de servir a Jesús, como El mismo dijo: "Cuanto hicistéis a unos de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicistéis" (Mt 25, 40)..."
“Estamos siendo testigos de la construcción multinacional de una de aquellas estructuras de pecado, de las que el Papa Juan Pablo II ha hablado. Una pequeña estructura puede ser pasada por alto como insignificante, y cuando llega a alcanzar el tamaño de un rascacielos se acepta como parte del paisaje urbano. Nuestra tarea es impedir la construcción de esta estructura a través de todo lo que esté a nuestro alcance, frenarla si fuera posible, desmantelarla, y aún más, reemplazarla con algo auténticamente misericordioso. Ello reclamará todo el esfuerzo y la creatividad de que podamos disponer para encontrar una solución. Si fracasamos, la probabilidad de que la eutanasia tenga lugar a nivel mundial, se convertirá en una certeza. Querámoslo o no, nosotros mismos tendremos tantas probabilidades de morir a manos de otro como por cualquier otra vía.  Mientras más jóvenes seamos en estos momentos, más probable será que ello ocurra en el futuro. Como dice el refrán: la vida que salves bien podría ser la tuya propia.”[1]
A muchas cuestiones sociales de caluroso debate, se las hace girar en torno de una opción, por ejemplo: darle a los homosexuales la opción del matrimonio, permitirle a la mujer optar por el aborto, darle a la gente la opción de morir dignamente. Todas son cuestiones de gran contenido ético. 
Las discusiones en torno de la eutanasia frecuentemente, se desenvuelven entre una montaña de acusaciones emocionales, esgrimiendo argumentos tales como que los más vulnerables de los seres humanos son víctimas de los militantes de la eutanasia, mientras que sus familiares deben combatir los arrebatos antivida de sus seres amados,  o que se plantea esta solución para sacarse una responsabilidad de encima con respecto a la atención médica, afectiva y económica que necesita un enfermo o anciano.  
Nadie puede eludir la cuota que le toca a nivel individual con respecto a su disposición de ser solidario y caritativo con el que sufre y carece de autovalimiento. 
Sintéticamente, la cuestión de la eutanasia gira en torno de sí el Estado debe legitimarla legalmente para eximir de responsabilidad a los que la practiquen, según las más variadas circunstancias y necesidades (que serán determinadas por el poder de turno). 
Algo así como que el Estado debe legitimar la acción de los verdugos para poner fin a vidas que no merecen ser vividas, aunque otros grupos hablen de la baja calidad de vida, de la autonomía de la voluntad o del respeto al deseo del enfermo, pero lo cierto es que no se pronuncia con tanta fuerza ningún movimiento que pretenda defender a ultranza el derecho del enfermo de curarse, o de acceder a cuidados paliativos o el del anciano de vivir hasta el último aliento. 
Es evidente que no se pueden tratar estos temas sin tomar una posición claramente definida. ¿Debe el Estado dar asistencia a la gente para poner fin a su vida?. ¿Es el suicidio una cuestión de opción, o de desesperación? 
¿Cuánta autonomía hay en aquel que pide morir?  
¿Y si sólo sufriera depresión?  
¿Qué requerimientos profesionales y técnicos sería necesario atender para establecer la línea de división entre la necesidad de tratamiento sicoterapéutico o la asistencia a morir?  
¿Y si el enfermo no quisiera tratar médicamente su depresión?  
¿Podría ser compulsivo el tratamiento médico?.  
¿Pasaría de ser la enfermedad a una causa que autorice al Estado a matar a alguien?.  
Esta, y ¿cuántas otras más...?.   
Siempre habría alguien diferente del enfermo que tendría que tomar la iniciativa (el verdugo institucionalizado: el Estado a través de quien practique la eutanasia o el suicidio asistido).  
Las cartillas médicas clasificarían a los profesionales entre aquellos que practicarían la eutanasia y aquellos que no. Esto mientras tanto se permita la objeción de conciencia y no se torne una práctica obligatoria para los médicos, y siempre que sean los médicos quienes deban practicarla. Tal vez, podrían hacerlo otros.  
De todos modos, nada podría salir peor que la muerte misma, así que no se requerirían calidades especiales en el sujeto que la practique. Tal vez poner una máscara facial y apretar un botón, mientras se lee la sección deportiva del periódico... 
De algo estoy segura: si al que pide morir se le diera una alternativa para vivir, éste no elegiría morir.
El discurso proeutanasia exalta el poder que le es reconocido a la gente a la autodeterminación sobre sus propios cuerpos. En la actualidad, la única opción legal para seguir vivo, aún sufriendo dolores intensos e irreversibles, hasta que el cuerpo colapse naturalmente, es no vivir en  Columbia, los Países Bajos, Japón u Oregón.
No es casual, que los mismos que luchan contra la despenalización del aborto, combatan la legitimación de la eutanasia. Es que las cuestiones del origen, transmisión, conservación y finalización de la vida, no son cuestiones de opción.
El sexo biológico no es una cuestión de opción, aunque se pretenda darle otra apariencia y asimilarlo a una cuestión de género.
Tomar posición entre, el origen, transmisión, conservación y finalización de la vida como un don divino, único de cada ser humano y de carácter indisponible y encarar esas mismas cuestiones como cuestiones de opción, es algo que marca exactamente la división entre un discurso pro-vida y otro promotor de la cultura de la muerte, donde la vida humana está al servicio de los más diversos intereses y se pierde toda noción de libertad, porque el hombre pasa a ser disponible para otros, quienes determinan hasta cuándo y en qué condiciones puede vivir. 
Frente a estas dos posiciones antagónicas e irreconciliables, cabe examinar la dura situación que están atravesando las organizaciones que promueven y defienden los derechos de grupos discapacitados o que padecen determinadas enfermedades. Prácticamente, más que avanzar,  están tratando de evitar caer en la pendiente resbaladiza de la baja calidad de vida (sentencia que parece estar inhibiendo a los seres humanos, de acceder a la satisfacción de las necesidades básicas, y más aún, del derecho de vivir).
Hace algunos años, durante la grabación de un programa televisivo donde se trataba el tema de la eutanasia, el conductor con muy mal gusto preguntó a una abogada parapléjica, la Dra. Ester Labatón,  (lamentablemente fallecida) que había concurrido en su camilla rodante a dar su testimonio: “¿a Ud. le parece que vale la pena vivir, así como Ud. vive, necesitando siempre de alguien, aún para poder hacer sus necesidades fisiológicas?”.
La mujer, quien había tratado durante toda su vida de vencer sus límites físicos, que había logrado además obtener un título universitario y presidía una organización de lucha en defensa de los discapacitados motrices severos, me miró con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: “realmente, ¿qué quiso decirme? ¿que para qué vivo molestando a los demás? ¿qué porqué mejor por qué no me mato?”.
Es obvio que algunas personas no pierden nunca la oportunidad de hacer sentir la diferencia: el poder del fuerte sobre el débil e indefenso.
Esa mujer, había hecho lo que muchos, con todas sus aptitudes físicas en forma, no hicieron. Era un ejemplo de superación, de fuerza, de lucha, de ganas de vivir, también de resignación frente a la adversidad. Se podía haber dejado un hermoso mensaje pro-vida de ese programa, pero lamentablemente la gente que consume lo que los medios de comunicación ofrecen, se quedan generalmente con el argumento del que está en perfectas condiciones. Tal vez algún día, la fuerza de las palabras derive de la verdad que hay en ellas, y no de la posición y apariencia de quien las dice. 
Los grupos que promueven el acceso al suicidio asistido tratan de publicitar casos donde aparece gente con enfermedades terminales, que padecen un sufrimiento intenso e irreversible, y que lo único que anhelan es poner fin a sus miserables vidas. Aunque esos casos existan, son una muy pequeña minoría. Muchos pacientes moribundos, que padecen fuertes dolores tienen adecuado acceso a medicina paliativa. Sería importante que el Estado garantizara el acceso igualitario de toda la población a la medicina paliativa.
Aquellos que podrían creer que quieren morir son individuos a quienes se los ha convencido que su calidad de vida es nula, o que ya no tienen dignidad porque deben recibir cuidados como un niño, o que deben imponerse ciertos estándares de dignidad para morir. Entre estos individuos, aparecen algunos que padecen Enfermedad de Huntington, Esclerosis múltiple, SIDA, Alzheimer, etc...
También focalizándose en la Familia, un grupo cristiano con gran protagonismo en las cuestiones sociales, representado por el Dr. Dobson, escribió: "En un margen de un 60-40 porciento, los oregonianos han autorizado a sus doctores a administrar dosis letales de veneno para matar pacientes... Por el momento, si Ud. es anciano o está enfermo, Oregón es el último lugar donde Ud. debería estar”.[2]
El Dr. Abraham Halpern, ex-presidente de la American Association of Psychiatry and the Law, y el Dr. Alfred Freedman, ex-presidente de la American Psychiatric Association, escribieron un artículo en el New York Times [3], diciendo que: “La Oregon’s Death with Dignity Act... debería ser rechazada. Genera una pendiente resbaladiza y seguramente resultará en asesinatos indignos e impiadosos”
El problema es que si se permite que algunos enfermos terminales mueran por eventuales leyes que dicten los Estados para matar a aquellos cuya vida no tenga valor, el Dr. Dobson dice: “Estaremos eventualmente matando a aquellos que no estén enfermos, a aquellos que no pidan morir, a aquellos que son jóvenes pero están deprimidos, a aquellos cuya vida se juzgue de baja calidad, y a aquellos que sientan la obligación de no ser una carga”.[4]
 
(*) Abogada, especializada en Bioética (lilimatozo@vianetworks.net.ar).
Publicado en Crónica y Análisis Periódico On Line (www.cronicayanalisis.com.ar).
 
[1] La eutanasia a nivel mundial, Padre Paul marx, OSB, Ph.D., Fundador y Director Ejecutivo de Human Life International. 
[2] James Dobson’s “Dr Dobson’s Study” for 1998-jan: http://www.family.org/docstudy/newsletters/a0000580. Html. Focus on the family.
[3]  A.L. Halpern.and A.M. Freedman, “Oregon’s Suicide Law Creates a Slippery Slope,” New York Times, New York, NY, 1997-NOV-2.
[4] James Dobson’s “Dr Dobson’s Study” for 1998-jan: http://www.family.org/docstudy/newsletters/a0000580. Html. Focus on the family.
 

 
COMISIÓN DE BIOÉTICA MÉDICA DEL CÍRCULO CATÓLICO DE OBREROS DEL URUGUAY
 
El día 14 de marzo de 2003 reaunudó sus sesiones la Comisión de Bioética Médica del Círculo Católico de Obreros del Uruguay. Durante la reunión, se trataron diversos temas. Entre ellos, se destacó el inminente lanzamiento público del Segundo Tomo en dos volúmenes de la obra "Derecho Médico", del Dr. Gustavo Ordoqui Castilla; se discutió sobre el problema de la guerra; se acordó seguir avanzando en el Código de Ética Médica del Círculo Católico; se informó sobre el caso de la niña nicaragüense violada y forzada a abortar por un grupo de feministas radicales, en contra de la opinión de la Asociación Médica Nicaragüense y de los especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad Americana; y se sugirió la difusión de las acciones de la Comisión por diversos medios de comunicación, entre ellos, el semanario "Entre Todos", Catholic.net y la Revista Virtual Vivir en Familia.
 

PARA REFLEXIONAR
 
TODA PERSONA ES DIGNA, NO TODA OPINIÓN ES VÁLIDA
 
Jesús Ballesteros (*)
 
El pensamiento de San Josemaría Escrivá —que es reflejo fidelísimo de su vida— es nítidamente cristocéntrico. El hecho de colocar a Cristo en el centro de todas las actividades humanas le lleva a subrayar, con énfasis y a lo largo de todos sus escritos, la igual dignidad de todos los seres humanos.
El aspecto de ese pensamiento que nos proponemos glosar, la recta comprensión de la libertad y su relación con la verdad y juicio, aparece reflejado en prácticamente todos sus escritos: en Camino[1], Surco[2] y Forja[3], en las homilías (Es  Cristo que pasa[4] y Amigos de Dios[5]) y, finalmente, en las diversas entrevistas que componen Conversaciones con Monseñor Escrivá[6]. De todos ellos hemos extraído ideas para glosar y conclusiones a considerar.
 
Toda persona es digna de respeto
 
La condición de hijo de Dios del ser humano, y por tanto,  de alter Christus,[7] tiene como consecuencia la idea de la igual dignidad humana que es, como su razón un favor divino, un regalo de Dios. “La conciencia de la magnitud de la dignidad humana —de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia hijos de Dios— junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino”[8].
A diferencia de lo que ocurría en el pensamiento estoico o en el kantiano, la dignidad no depende de la excelencia humana, o de las capacidades o destrezas de cada cual. Es dignidad ontológica, don de Dios, no ética o mérito humano.
Esa dignidad aparece especialmente realzada en los más indigentes, en aquellos que no pueden cuidarse por sí mismos: los niños y los enfermos. “—Niño, Enfermo— Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula? Es que para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él”[9]
San Josemaría criticó expresamente el neomaltusianismo en Conversaciones[10]: “se da la paradoja de que los países donde se hace más propaganda del control de natalidad —y desde donde se impone la práctica a otros países—son precisamente los que han alcanzado un nivel de vida más alto. Quizá se podrían considerar seriamente sus argumentos de carácter económico y social, cuando esos mismos argumentos les moviesen a renunciar a una parte de los bienes opulentos de que gozan en favor de esas otras personas necesitadas. Mientras tanto, se hace difícil no pensar que en realidad lo que determina esas argumentaciones es el hedonismo y una ambición de dominio político, de neocolonialismo económico”.
Al mismo tiempo, textos como el citado ponen de relieve cómo San Josemaría se adelantaba a criticar los riesgos inhumanistas que iban a presentarse en décadas sucesivas con la tendencia que dado en denominarse “personista”, en su pretensión de separar a las “personas”, consideradas dignas por su condición de autoconscientes y libres, de los simples “seres humanos”, no considerados dignos al faltarles la condición de autoconciencia, posición que conduce a la negación de derechos a los embriones, a los enfermos en estado de coma y a la justificación de la eugenesia a través de las técnicas de reproducción asistida.
El énfasis puesto por San Josemaría en la igual dignidad de todo ser humano no sólo se opone al “personismo”, sino que implica también una radical oposición a todo fundamentalismo. El fundamentalismo procede de la confusión entre religión y política a través de una interpretación monolítica y clerical del mensaje religioso y que en al ámbito cristiano buscaría extender los dogmas a campos que la Iglesia ha dejado a la libre discusión de los seres humanos, trayendo como consecuencia la negación de la autonomía de los asuntos temporales, y con ella, de la verdadera laicidad. “Nada más lejos de la fe cristiana que el fanatismo con el que se presentan los extraños maridajes entre lo profano y lo espiritual, sean del signo que sean. Ese peligro no existe si la lucha [ascética] se entiende como Cristo nos ha enseñado: como guerra de cada uno consigo mismo, como esfuerzo por servir a todos los hombres”[11].
La conexión entre el amor la verdad y la universalidad en el respeto al otro se manifiesta igualmente en un profético texto recogido en el mismo volumen de Homilías: “Rechaza el nacionalismo, que dificulta la comprensión y la convivencia: es una de las barreras más perniciosas de muchos momentos históricos. Y recházalo con más fuerza —porque sería más nocivo— si se pretende llevar al cuerpo de la Iglesia, que es donde más debe resplandecer la unión de todo y de todos en el amor a Jesucristo”[12].
Frente al nacionalismo excluyente escribiría en Camino: “Ser ‘católico’ es amar a la patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses ..., de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo. —¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto”[13].
En el pensamiento de San Josemaría la magnanimidad aparece íntimamente unida a la caridad e implica a un tiempo el deseo de hacer bien las cosas por Dios y el ensanchar la “atención al otro” hasta abarcar a todo el género humano. “No tengas espíritu pueblerino. —Agranda tu corazón, hasta que sea universal, ‘católico’. No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas”[14].
La universalidad del respeto a todo ser humano aparece reafirmada en la constante referencia a esa palabra “todos”, omnipresente en su obra.  “Una de las magnalia Dei[15], de las maravillas de Dios que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a todos los hombres de buena voluntad[16]. A todos los hombres que quieren unir su voluntad a la Voluntad buena de Dios: ¡No sólo a los ricos, ni  sólo a los pobres !, ¡a todos los hombres, a todos los hermanos! Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre. No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios”[17].
“Cuanto más cerca está de Dios el apóstol, se siente más universal: se agranda el corazón que quepan todos y todo en los deseos de poner el universo a los pies de Jesús”[18].
“Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo —que a veces te resulta tan difícil— sería una consecuencia del Gran Amor. —Y no te sentirías enemigo de nadir, ni harías acepción de personas”[19].
El respeto a la persona va unido a su carácter insustituible: “porque cada alma es un tesoro maravilloso; cada hombre es único, insustituible. Cada uno vale toda la sangre de Cristo”[20]. Se rechaza, por tanto toda posición cerrada y excluyente: “No existe en nuestra Obra ningún afán exclusivista, sino el deseo de colaborar con todos los que trabajan por Cristo y con todos los que, cristianos o no, hacen de sus vidas una espléndida realidad de servicio”[21]. Esta actitud responde al ejemplo de Cristo “... como sucede en el pasaje que estamos contemplando: Tú no haces distinción, le dicen; Tú has venido para todos los hombres; a Ti, nada te detiene para proclamar la verdad y enseñar el bien (cfr. Mt, XXII, 16)”[22].
La dignidad de la persona exige, ante todo, tratar a todo ser humano con respeto y evitar hurgar en la vida íntima de los demás, sin juzgar, ni ofender siquiera con la duda. San Josemaría se anticipa proféticamente a destacar, en un texto de 1961, la generalización de la tendencia a la pérdida del respeto a la intimidad de las personas: “No costaría trabajo alguno señalar, en esta época, casos de esa curiosidad agresiva que conduce a indagar morbosamente en la vida privada de los demás. Un mínimo sentido de la justicia exige que, incluso en la investigación de un presunto delito se proceda con cautela y moderación, sin tomar por cierto lo que sólo es una posibilidad. Se comprende claramente hasta qué punto la curiosidad malsana por destripar lo que no sólo no es un delito, sino que puede ser una acción honrosa, deba calificarse como perversión”[23].
Esa dignidad exige, a su vez, el reconocimiento de los restantes derechos humanos, tal y como los enuncia San Josemaría en un punto de Amigos de Dios: “Hemos de sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una existencia digna, a trabajar y a descansar, a elegir estado, a formar un hogar, a traer hijos al mundo dentro del matrimonio y poder educarlos, a pasar serenamente el tiempo de la enfermedad o de la vejez, a acceder a la cultura, a asociarse con los demás ciudadanos para alcanzar fines lícitos, y, en primer término, a conocer y a amar a Dios con plena  libertad, porque la conciencia —si es recta— descubrirá las huellas del Creador en todas las cosas”[24].
Pero al propio tiempo, destaca que la dignidad humana exige mucho más que la justicia: “cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios”[25].
 
No toda opinión es válida
 
La ilicitud del juicio al otro se fundamenta en la exigencia  de reconocimiento que ya afirmó Santo Tomás de Aquino al decir que “en cualquier hombre existe un aspecto por el que los otros pueden considerarle como superior, conforme a las palabras del Apóstol: ‘llevados por la humildad, teneos unos a otros por superiores’”. Desgraciadamente, esta humildad, que vale para las relaciones interpersonales y quizás también para las relaciones en las diversas comunidades, se ha querido trasladar al terreno de las ideas, abocando al relativismo.
Lo ha recordado recientemente el Cardenal Poupard: “En esto consiste precisamente la falacia del relativismo: en que transpone indebidamente la virtud de la modestia y de la tolerancia del ámbito personal al ámbito de las ideas. Un hombre humilde no debería considerarse superior a otro y un hombre tolerante debería soportar pacientemente los defectos del prójimo. Pero la humildad no se puede aplicar a las ideas, como si no hubiera unas mejores que otras, ni la tolerancia puede consistir en una aceptación de lo que es realmente erróneo”[26].
Esta profunda verdad ya había sido señalada por San Josemaría en sus escritos la señalar que la transigencia, el irenismo, el ceder ante el error en cuestiones esenciales, constituye un falso ecumenismo (cfr. Surco, n. 359 y siguientes) y se opone a la ortodoxia católica, la vez que implica falta de criterio y formación.
La universalidad en el respeto a la igual dignidad de todos los seres humanos va coherentemente unida al rechazo del relativismo, del falso ecumenismo. También aquí, el origen de la superación del relativismo tiene origen cristocéntrico. Como escribe en Conversaciones, “estar al día significa identificarse con Cristo: que no es un personaje que ya pasó; Cristo vive y vivirá por siempre: ayer, hoy y por los siglos (Heb. XIII, 8)”[27].
Igualmente en este punto puede decirse que los escritos del Fundador del Opus Dei tienen un tono anticipador, ya que constituyen una crítica avant la lettre de lo que podría llamarse postmodernidad decadente; es decir, la propuesta de que ‘todo vale’, de que todas las opiniones valen lo mismo, lo que conduce al desarme del individuo y de la sociedad para hacer frente a los errores y a los horrores. Sirva de muestra un texto muy gráfico contenido en Forja: “Los católicos  —al defender y mantener la verdad, sin transigencias— hemos de esforzarnos, en crear un clima de caridad, de convivencia, que ahogue todos los odios y rencores”[28]. O bien, este otro del mismo libro: “El error no sólo oscurece la inteligencia, sino que divide las voluntades. —En cambio, “veritas liberabit vos” —la verdad os librará de las banderías que agostan la caridad”[29].
Este es el modo adecuado de comprender lo que —con expresión valiente— San Josemaría designó como “santa intransigencia” [30] y que implica una lúcida crítica del relativismo y el nihilismo que se divisaban en la época en que se escribió Camino y que posteriormente han llegado a su apogeo, unidos al economicismo el consensualismo, que considera todo susceptible de transacción.
La etimología castellana de la palabra intransigencia supone precisamente, según el Diccionario de la Real Academia Española “la negativa a todo trato o transacción cuyo término resulte vil o deshonroso para la persona, o la verdad”. La crítica a la transacción basada en motivaciones economicistas aparece subrayada en el punto 400 de Camino: “...—Si tú vendieras armas de fuego y alguien te diera el precio de una de ellas, para matar con esa arma a tu madre, ¿se la venderías? ... Pues, ¿acaso no te daba su justo precio? ...”.
Al destacar la importancia de la intransigencia en defensa de la verdad, el Fundador del Opus Dei se anticipaba a escritos fundamentales de la doctrina de la Iglesia como la Humanæ vitæ [31] o la Veritatis splendor [32], en los que conjuga la misericordia con las personas y la intransigencia con el error. Así, puede leerse en ambas Encíclicas el siguiente texto: “No disminuir en nada la doctrina salvadora de Cristo es una forma eminente de caridad hacia las almas. Pero ello ha de ir acompañado siempre con la paciencia y la bondad de la que el Señor mismo ha dado ejemplo en su trato con los hombres, al venir no para juzgar sino para salvar (cfr. Io III, 17). Él fue intransigente con el mal, pero misericordioso hacia las personas”.
El respeto a la persona exige —al mismo tiempo— proporcionar formación doctrinal[33] y hacer corrección fraterna para sacar a las personas del error. Hay que armonizar —como hizo heroicamente San Josemaría— el respeto a la dignidad de las personas con la justa defensa de la verdad, defendiendo la verdad con caridad[34].
Hay que ser intransigente con el error y comprensivos con las personas. “Antes de advertir algo o de corregir, hemos de saber ponernos en las condiciones de esa persona que nos va a escuchar la advertencia: ¿cómo querría yo que me trataran si me encontrase en esa situación?”[35]. “Si viene a mí la persona más cargada de defectos, de errores, de odios, le atenderé con toda la fuerza de mi corazón, recordando que Jesucristo —así lo dijo Él— ha venido para salvar a los pecadores, a los enfermos; y todos somos enfermos y pecadores”[36].
Hay una conexión profunda entre la “intransigencia” así entendida, que conduce al respeto a toda persona como alter Christus, a la inalienabilidad de sus derechos y al rechazo de la tolerancia errónea, del planteamiento políticamente correcto, que lleva a considerar válida toda opinión y que, por tanto, conduce a dejar sin protección a los sin opinión.
Es por eso que la santa intransigencia va unida al valor que no se deja coaccionar o atemorizar por el qué dirán[37], que impide que la verdad sea proclamada[38]. “Cuándo está en juego la defensa de la verdad, ¿cómo se puede desear no desagradar a Dios y, al mismo tiempo, no chocar con el ambiente? Son cosas antagónicas: ¡o lo uno o lo otro! Es preciso que el sacrifico sea holocausto: hay que quemarlo todo ..., hasta el ‘qué dirán’, hasta eso que llaman reputación”[39].
Resulta perfectamente claro, por lo que venimos diciendo, que la intransigencia se opone también al fundamentalismo, ya que va dirigida —ante todo y sobre todo— hacia los propios defectos[40] y, al mismo tiempo, es tolerancia para los errores ajenos[41]. Existe una profunda conexión entre el respeto a la verdad —frente al error— y el respeto a la persona, que está basada en la aceptación de la propia pecaminosidad. Como dice San Juan en su Epístola, “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”[42].
“(...) Quien tiene la verdad no es sectario”[43], porque parte del convencimiento, como señalaba también San Josemaría, de que puede ser capaz de todos los errores y de todos los horrores.
Es por ello que la tarea del cristiano es ahogar el mal en abundancia de bien. “Tu vida, tu trabajo, no debe ser labor negativa, no debe ser ‘antinada’. Es, ¡debe ser!, afirmación, optimismo, juventud, alegría y paz”[44]. Hay que “ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.  —Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad”[45].
El respeto a todas las personas no debe confundirse con el respeto a las opiniones, que impide distinguir entre la verdad y error, entre el bien y el mal[46]. Exige, por el contrario, relativizar ante todo la propia opinión, que constituye un elemento esencial para “aprender a reírse de uno mismo”, clave del sentido del humor y una de las consecuencias no secundarias del humanismo cristiano. San Josemaría solía decir que “no había visto tonto más grande que un listo soberbio”[47], al tiempo que señalaba que “nadie puede ganar al cristiano en humanidad”[48].
Concluyendo: para San Josemaría es necesario estar abierto a la verdad de Cristo para juzgar acciones y opiniones, empezando por las propias. Pero ello no puede llevar nunca como consecuencia el juzgar a las personas. Estas son siempre dignas, porque son hijos de Dios y, por tanto, nada daña más la caridad y la justicia que la murmuración y la difamación[49]. Dicho con  su expresividad habitual: “Yo (...) estoy obligado a respetarle [a todo hombre] y, al mismo tiempo, a procurar encaminarle hacia la verdad”[50].
 
[1] Camino, 393-398, sobre la santa intransigencia.
[2] Surco, n. 359 y siguientes sobre el falso ecumenismo
[3] Forja, n.456.
[4] “El respeto cristiano a la persona y a su libertad”, “La lucha interior”, “El triunfo de Cristo en la humildad”.
[5] “La libertad, don de Dios”, “Vivir cara a Dios y cara a los hombres”, “Con la fuerza del Amor”.
[6] Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, nn. 22, 27, 29, 44 y 46.
[7] Sobre el cristocentrismo del pensamiento del San Josemaria Escriva, véase Antonio Aranda El bullir de la sangre de Cristo, Madrid, Rialp, 2000
[8] Es Cristo que pasa, n. 133
[9] Camino, n. 419
[10]  Conversaciones, n.94
[11] Es Cristo que pasa, n. 74
[12] Ibidem, n. 87. cfr. también Surco, n. 315 y siguientes.
[13] Camino, n. 525
[14] Ibidem. n. 7
[15] Símbolo Quicumque
[16] Act. II, 11.
[17] Es Cristo que pasa, n. 13
[18] Camino, n. 764
[19] Forja, n. 869
[20] Es Cristo que pasa, n. 80
[21] Conversaciones, n. 47
[22] Amigos de Dios, n. 159.
[23] Es Cristo que pasa, n. 69
[24] Amigos de Dios, 171.
[25] Ibidem, n. 172
[26] Inteligencia y afecto. Notas para una ‘paideia’ cristiana. Universidad Católica de Murcia. Noviembre de 2001, pág. 25.
[27] Conversaciones, n. 72
[28] Forja, n. 564
[29] Ibidem, n. 842.
[30]  cfr. Camino, nn. 394 a 400 y Surco,  nn. 571 y 600
[31]  cfr. n. 29
[32]  cfr. n. 95
[33] Cfr. Conversaciones, n. 2, 27, 29.
[34] Cfr. Testimonios recogidos en los Artículos del Postulador, Roma 1979, nn. 626 y 764.
[35] Citado en Javier Echevarría,  ‘Memoria del San Josemaría Escrivá’, Madrid 2000 (ed. Rialp), Pág. 138.
[36] Ibidem. Pág.. 285.
[37] Cfr. Camino, n. 390
[38] cfr. Surco, n. 600
[39] Surco, n. 34. cfr. también n. 243.
[40] cfr. Camino, 198
[41] cfr. Surco, n. 600
[42] I Io, I, 8
[43] Surco, n. 47
[44] Forja, n. 103
[45] cfr. Surco, 864
[46] cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Madrid 1997 (Ed. Rialp)
[47] cfr. cita en José Luis Soria, Maestro de buen humor, Madrid 1993 (ed. Rialp), Pág. 111
[48] Amigos de Dios, n. 93
[49] passim “El respeto cristiano a la persona y a su libertad”, en Es Cristo que pasa, n. 67 y siguientes.
[50] Conversaciones, n. 66
 
(*) Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política. Universidad de Valencia (España)
 

 
¿ES CREÍBLE LA PAZ DE LOS VIOLENTOS?
 
¿Se puede predicar la fraternidad con gente que vive a 5.000 kilómetros de distancia y al tiempo promover la violencia contra el vecino? Es evidente que no. Una actitud de este tipo constituye una estafa moral por la sencilla razón de que hace increíble toda intención pacífica; más todavía: instrumentaliza la paz al servicio de una ideología que aplica justificaciones distintas según lo que tenga en frente. Lo normal, lo humano, es que nos sintamos más movidos a la fraternidad con aquél que nos es más inmediato y más indiferentes con los que habitan en la lejanía. Todo esto viene a propósito de la violencia que ha venido desarrollándose contra locales y personas del Partido Popular, y que en algunos casos concretos ha llegado a extenderse, como en Zaragoza y en Madrid, a establecimientos comerciales. Nosotros discrepamos frontalmente y desde el primer día con el ataque militar unilateral a Irak, pero por la misma razón rechazamos las actuaciones que amenazan a personas de la fuerza política que gobierna España, unas prácticas que les impiden el uso legítimo de la palabra en el ámbito público o que las torturan con amenazas y coacciones.
Quien así actúa no sólo no está defendiendo la paz sino que perjudica de forma grave sus fundamentos y extiende la crispación a la sociedad española. Y esto también atañe a los partidos políticos, al Gobierno y a la oposición. Si la defensa del orden internacional por parte de unos y la de la paz y neutralidad por parte de otros han de conducir como hasta ahora a una crispación creciente de la sociedad española, más vale que se callen durante un tiempo y dejen a los ciudadanos articular pacíficamente sus posiciones, sus actitudes. Es una pretensión absurda pensar que se puede forjar la paz si el corazón no es pacífico y si ve en el adversario político un enemigo a quien hay que hundir, desprestigiar, matar -en definitiva- en su dignidad. La paz no es eso, sino que nace de la voluntad de construir la justicia y de crear condiciones para la reconciliación. La política española y, en otro plano distinto, algunos violentos en la calle están demostrando que el camino que siguen es exactamente el opuesto.
 
www.e-cristians.net


PARA SONREIR

 
SIETE HIJAS
 
En una entrevista de trabajo:
-¡Sí, señor, soy casado y tengo siete hijas!-
-¡Caramba! En estos tiempos, y con siete hijas... ¡Siete bocas que mantener!
-Catorce. Todas son casadas.
 
(En Selecciones del Reader´s Digest, Abril de 2003 - Guadalupe González, Navojoa, México) 
 

CORREO DEL LECTOR

----- Original Message -----
To: Vivir en Familia
Sent: Sunday, March 30, 2003 11:07 AM
Subject: Jornadas Servicio a la Vida
 
Queridos amigos en Xto.:
Queremos hacerlos participes de las próximas "Jornadas Nacionales de Capacitación para el servicio a la Vida", en la cual queremos dar respuesta concreta, en el servicio, a las leyes de Salud Reproductiva que atentan contra la Vida y la Familia.
Sabemos que por la distancia no nos podran acompañar fisicamente, aunque hay inscriptos hermanos de la vecina Uruguay y es posible que también vengan del Paraguay, pero les pedimos que lo hagan con vuestras oraciones.
Con la esperanza en el próximo encuentro, reciban un cordial saludo en Jesús y María Reina de la Familia.
Eleonora y Guillermo Suárez
ARGENTINA

----- Original Message -----
From: Carismática Misión
To: vivirenfamilia@adinet.com.uy
Sent: Wednesday, March 26, 2003 11:51 AM
Subject: DIREC.EN URUGUAY...
SEÑORES RESPONSABLES DE  LA REVISTA VIRTUAL VIVIR EN FAMILIA.
POR LA PRESENTE LES HAGO LLEGAR MIS MAS SINCEROS DESEO DE PROGRESO EN VUESTRA TAREA... LA VERDAD QUE EL CONTENIDO DEL MATERIAL ES MUY BUENO Y ES DE SUMA IMPORTANCIA PARA MI TAREA, ME HA DADO MUCHAS ORIENTACIONES DADO QUE SOY MINISTRO CARISMATICO ECUMENICO Y HOY POR HOY DE COMO SE ESTA MANEJANDO ESTE MUNDO MAYORMENTE CORRUPTO, Y CON UNA GUERRA EN LA CUAL MUEREN INOCENTES Y TRIUNFAN LOS MALVADOS, ES QUE NECESITAMOS MUCHO MATERIAL PARA LLEVAR NUESTRA MISION ADELANTE Y PUEDAMOS MOSTRARLE AL MUNDO UNA LUZ DE ESPERANZA EN LA CUAL SOLO LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD PODRAN OBTENERLA...
DIOS LOS PROTEJA Y BENDIGA, PARA QUE SIGAN FIRMES EN ESTA TAREA......
WALTER H. ESPINOSA   MINISTRO E/C
 
Si está Ud. interesado/a en uso de MÉTODOS NATURALES DE REGULACIÓN DE LA FERTILIDAD, y/o en organizar conferencias sobre los temas que se tratan en la revista, no dude en consultarnos:
Si quiere ver la página de la Campaña por la Vida, puede entrar en:
 

Visite "Fe y Razón", sitio web dirigido por católicos uruguayos: www.feyrazon.org
 
"Fe y Razón" es un sitio dedicado a tratar temas de religión y filosofía desde una perspectiva católica y a difundir el conocimiento de las vidas y obras de grandes pensadores cristianos.

En él Ud. tendrá la oportunidad de informarse y dialogar acerca de la relación entre la fe cristiana y católica y la razón humana.


 
Vivir en Familia es una publicación que se distribuye en forma gratuita por correo electrónico. Sus objetivos son:
 
DEFENDER LA VIDA DESDE LA CONCEPCIÓN HASTA LA MUERTE NATURAL
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