Revista Virtual de la
 Asociación
Vivir en Familia

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 Montevideo - Uruguay 


"Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada"
Edmund Burke
 
 
"A nadie le es lícito permanecer ocioso"
Juan Pablo II

CONTENIDO


Publicación Nº 8/01

EDITORIAL

 
MATERNIDAD, DIVINO TESORO
 
En la edición Nº 5/01 de esta revista, citábamos las sabias palabras de Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver, USA: "La fertilidad es la bendición original dada por Dios al hombre y a la mujer... Es un don divino. Los dones están pensados para ser dados y recibidos gratuitamente; nunca rechazados por una parte, y nunca reclamados por otra... La anticoncepción rechaza el don de la fertilidad. Las tecnologías reproductivas lo reclaman".
Si la fertilidad es un don, también lo es la maternidad, consecuencia directa de la apertura a la vida. Pero ser madre, hoy en día, no es tarea fácil. El permanente cambio social, corrientes culturales contrarias a la familia, e incluso favorables a la maternidad "por capricho", generan numerosos problemas, sobre los cuales intentaremos dar algunas ideas.
Debe quedar claro que la maternidad no es sólo asunto de la mujer: es una realidad que debe ser vivida por el padre y por la madre, con el apoyo de la sociedad. Esta afirmación puede ser novedosa, pero tiene sus razones.
 
La maternidad debe ser complementada por la paternidad
 
Para que la maternidad pueda desarrollarse normalmente, hace falta el apoyo del padre, hace falta que el padre viva su paternidad. Lo cual no significa tan sólo proveer el sustento del hogar, sino también ayudar a la madre de sus hijos en todo cuanto haga falta, cuando se lo permita su actividad laboral. A veces, el tiempo de que se dispone es escaso porque las dificultades económicas obligan a pasar muchas horas trabajando, separado de la familia; en esos casos, cobra mayor importancia la calidad de la atención a la mujer y a los hijos: es necesario luchar por adquirir ciertas virtudes, como espíritu de servicio, desprendimiento, generosidad y buen humor, de manera de hacer agradable la vida a los demás. El padre, para favorecer y apoyar la maternidad de su esposa, debería tratar, por todos los medios, de estar siembre disponible. El Santo Padre, hace referencia a la "deuda" que contrae el padre con la madre de sus hijos, quien durante nueve meses, se "encarga" de la gestación; esa "deuda", la debería pagar el varón una vez nacido el niño, ayudando a su mujer en tareas que faciliten la atención del niño por parte de la madre y la adaptación de la madre a la nueva situación.
 
La maternidad y el trabajo deben compatibilizarse lo mejor posible
 
Es importante que la mujer pueda alternar su maternidad con su carrera profesional. Para ello, es necesario en primer lugar, que el marido le brinde a su esposa, todo el apoyo que esta necesita para desarrollar su cultura y su capacidad profesional. Por otra parte, la mujer-madre debe disponer del tiempo suficiente para criar a sus hijos, sin que ello perjudique irreversiblemente su actividad laboral y/o cultural. Y al revés: el trabajo, no debería afectar negativamente la atención a los hijos.
Quizá las necesidades económicas que hoy vivimos, hagan difícil encontrar un equilibrio óptimo entre la dedicación de la mujer al trabajo y al hogar. Por eso, es más importante que nunca afirmar que el mundo laboral debe aprender a respetar el don de la maternidad; si no lo hace, corre serios riesgos de deshumanizarse. El ámbito del trabajo y el ámbito de la cultura, necesitan del "genio" de la mujer para ser más acogedores, más "vivibles", más "disfrutables". La mujer-madre, puede hacer una contribución peculiar en este sentido, si se la deja de tratar como a un hombre -también si ella misma deja de intentar parecerse al hombre-, y se respetan sus tiempos, si se facilita la adaptación de sus obligaciones laborales a su particular condición maternal. De este modo, aunque los empleadores no vean en este enfoque más que problemas inmediatos, a largo plazo podrán comprobar que las mujeres, además de trabajar más a gusto y rendir más, al poder vivir su maternidad como corresponde, enriquecerán con su experiencia maternal la actividad laboral.
 
La paternidad debe manifestarse en el hogar y en el trabajo
 
El padre, no sólo debe asumir un compromiso con la maternidad de su propia esposa, sin que debe asumir un compromiso con el respeto a la maternidad de las mujeres que trabajan con él, o para él. En la medida que respete, facilite y proteja la maternidad de sus compañeras o empleadas, será digno de llamarse padre en el sentido amplio del término. Lo mismo se puede aplicar a las mujeres que dirigen empresas o que trabajan fuera de casa; aunque por lo general, suelen ser más comprensivas. Los hombres, deben contemplar la especial atención que requiere la maternidad de aquellas mujeres que no son sus esposas, y las mujeres, de esas otras mujeres que no son ellas mismas. Lo contrario, implica incoherencia, propia de quienes viven -esquizofrénicos- una vida hacia el hogar, y otra completamente distinta, hacia el mundo.
 
La sociedad debe promover la maternidad
 
Proteger y apoyar la maternidad, es un deber social. La sociedad debe favorecer la maternidad, porque la maternidad cumple una función social: provee al mundo de nuevos seres humanos que, entre otras cosas, pagarán la jubilación de los patrones y compañeros de sus madres, de las enfermeras y los médicos que los traen al mundo, etc. Una especie que no se reproduce, tiende a la extinción. Y si bien los seres humanos somos unos cuantos, hay signos alarmantes de estancamiento y aún decrecimiento de la población para las próximas décadas. Al menos en los países desarrollados, y en los que sin serlo, tenemos indicadores sociales similares a los suyos.
Estas ideas, son sólo un pantallazo de un tema profundo, que estimamos debería encararse con seriedad y profesionalidad por parte de quienes tienen en sus manos la posibilidad de establecer políticas, de fijar estrategias, de salvaguardar derechos; derechos que van desde la no discriminación, hasta la celebración del Día de la Madre, que algunas organizaciones feministas con representación en la ONU pretenden eliminar... y no precisamente por ser un día "comercial".
 
La perspectiva del amor
 
Puede sonar extraño para algunos lectores, que habiendo dedicado el editorial a hablar de la mujer-madre, no hayamos hecho referencia alguna a la "perspectiva de género", tan difundida hoy en el mundo. Ello se debe a que desde nuestro punto de vista, las relaciones entre los cónyuges no deben basarse en "equilibrios de poder", ni en una "lucha de clases" de "oprimido" contra "opresor" al interior de la familia, sino en el amor de los esposos. El hombre y la mujer, capaces de amar y ser amados, son iguales en su dignidad porque comparten la misma naturaleza humana, porque son personas; pero, aunque en cuanto personas el marido y la mujer tienen idéntica dignidad, son esencialmente distintos en cuanto personas sexuadas. Esta diferencia entre iguales, hace que las relaciones matrimoniales, se basen en la complentación mutua entre marido y mujer, llamados a ser "una sola carne". Complementación que cuando se realiza armónicamente, se verifica en la entrega, en el respeto y en el amor de los cónyuges
Así, cuando el amor es sincero, el respeto total y la entrega absoluta, los esposos se abren a la fecundidad; pues sólo si están abiertos a la vida -a la maternidad-, los esposos son capaces de manifestar plenamente, además del amor mutuo, el amor que ambos tienen por los hijos que puedan venir y por sus semejantes.
 
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

MATRIMONIOS: TRES DE CADA DIEZ PAREJAS SE DIVORCIAN

Este promedio ubica a Uruguay en los guarismos de países desarrollados - Más de 6.000 divorcios al año - Aunque la ley que regula el divorcio data de 1907, el crecimiento de las rupturas maritales se inició en los '80.

Por Mariana Rethen (Diario El País)

Tres de cada diez casamientos que se concretan en Uruguay terminan en divorcio y la mitad de esas rupturas ocurren antes de los 10 años de matrimonio, según indican los datos de un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, al que El País tuvo acceso. Con un promedio de más de 6.000 divorcios al año, Uruguay se ubica en los guarismos de países desarrollados. El país presenta casi al mismo nivel que Francia, donde se disuelven un 31% de las uniones maritales, y la mitad que Estados Unidos, donde las rupturas alcanzan al 60% de las uniones. Si bien la ley que regula el divorcio data de 1907, el crecimiento vertiginoso de las rupturas matrimoniales no se presentó hasta la década de los 80, se señala. "La explicación de este aumento probablemente deba ser rastreada en el marco de profundas transformaciones culturales que afectan el conjunto del mundo occidental, en especial con una mayor valoración de la autonomía individual, y con la redefinición de las actitudes hacia el matrimonio; asimismo, la creciente inserción de la mujer en el mercado de empleo y la consiguiente alteración en la división tradicional de los roles conyugales (...)", apunta el estudio.

Causas y tiempos

Desde la aprobación de la primera ley de divorcio a principio de siglo hasta la actualidad, la legislación ha sufrido varias transformaciones. Se sumaron nuevas causales para que los cónyuges puedan presentar una demanda de divorcio y se acortaron los tiempos necesarios para concluir el proceso. Un divorcio se resuelve en cuestión de tres o cuatro meses siguiendo los procedimientos vigentes, aseguró a El País el ministro del Tribunal de Apelaciones de Familia, Ricardo Pérez Manrique. "Mientras que antes llevaba entre seis meses y un año, actualmente, con el Código General del Proceso que establece que las audiencias sean orales, es posible sacar un divorcio en pocos meses", agregó el entendido. Aunque una vez que se concluye el proceso la sentencia puede ser apelada por alguna de las partes, si se encuentra desconforme, "rara vez vez ocurre, pero si sucede eso el trámite se extiende a un año", explicó el magistrado. Si bien existen doce causales reconocidas por la ley para solicitar la disolución del vinculo matrimonial, en la mayoría de los casos se alude a la de "riñas y disputas porque es la que exige pruebas más flexibles, aunque encubre otras causales como injurias y adulterio". "La mayoría de las veces las parejas se presentan ante el juez con un acuerdo tácito entre las partes. Se finge el divorcio litigado, pero como están de acuerdo eso agiliza el proceso", explicó Pérez Manrique. El costo de una demanda de divorcio varía según el caso, pero en promedio ronda los U$S 500.

Repercusiones

El estudio de la Universidad de la República señala que "el aumento de los divorcios constituye una de las transformaciones recientes de mayor relevancia en lo que respecta a las relaciones familiares en el Uruguay". Las repercusiones son múltiples y se manifiestan en distintos aspectos: "La extensión del divorcio afecta la composición del mercado matrimonial, potencialmente más personas están en situación de buscar y eventualmente conformar una pareja, el rango de edades de los elegibles y sus posibles combinaciones, se vuelve más heterogéneo, contribuyendo a modificar el calendario de nupcialidad", sostiene el texto. La extensión del divorcio influye además sobre los patrones de fecundidad, especialmente cuando las rupturas se producen en las etapas en que se procesa el grueso de la reproducción. El núcleo familiar típico comienza a desdibujarse y se extienden las familias monoparentales cuya jefatura es ejercida por un individuo divorciado o separado, mayoritariamente mujer, señala el estudio. Con el aumento de los divorcios se incrementan también los hogares reconstituidos, fruto de segundas uniones, que en ocasiones incluyen hijos de los matrimonios anteriores. "Las consecuencias de este cambio sobre la estructura de los hogares y sobre la flexibilidad del ciclo de vida familiar son evidentes, en la medida en que el divorcio disuelve los hogares con mayor precocidad que la viudez, los hogares monoparentales involucran crecientemente la existencia de hijos con edades menores, asimismo al tratarse de jefes más jóvenes aumentan las probabilidades de que una nueva unión vuelva a recomponer el núcleo", apunta el texto. Respecto a las consecuencias económicas que el divorcio provoca en los miembros de la pareja, el estudio señala que si bien es escaso lo que se sabe las tendencias indican que "casi sin excepción las mujeres que experimentan un divorcio sufren un deterioro en su posición económica y que los niños cuyas familias se disuelven ven resentidas sus condiciones materiales de vida".

Ley de divorcio

  • El primer Código Civil del Uruguay (1869) proclamaba el carácter sacramental del matrimonio y establecía la indisolubilidad del vínculo conyugal, las leyes que regulaban la vida matrimonial se regían entonces por el derecho canónico.
  • En 1885 el matrimonio civil fue declarado obligatorio y la naturaleza sacramental fue eliminada de la normativa matrimonial.  
  • En 1907 se aprobó la ley que volvió posible el divorcio absoluto.
  • En 1913 se introduce la posibilidad del divorcio unilateral para la mujer.
  • Finalmente en 1978 se introduce la última modificación a la ley que rige actualmente, donde se establece la igualdad de ambos cónyuges en lo que respecta a la infidelidad.
  • Las causales reconocidas en esta ley son: el adulterio, la tentativa contra la vida del otro, por sevicias o injurias graves, por la propuesta del marido para prostituir a su mujer o de cualquiera de los cónyuges para prostituir a sus hijos. Cuando hay entre los cónyuges riñas y disputas continuas. Por una condena a más de 10 años de prisión. Por la separación del hogar durante más de tres años. Por la incapacidad mental permanente e irreversible. Por mutuo consentimiento de los cónyuges y por la sola voluntad de la mujer. 
Diario El País, 20 de mayo de 2001
 

BREVE SÍNTESIS DEL ESTUDIO "SOBRE REVOLUCIONES OCULTAS: LA FAMILIA EN EL URUGUAY"
Documento elaborado por Carlos Filgueira, con la colaboración de Alvaro Fuentes (CEPAL, 1996).
 
En el Uruguay, las tendencias recientes del cambio social, presentan características patológicas. Como ejemplos, se citan la creciente ilegitimidad de los nacimientos, el incremento de los índices de embarazo precoz y de "madres adolescentes", los actos de violencia pública y doméstica o el abandono de los hijos. Estos cambios se deben a procesos estructurales; por tanto, son más difíciles de modificar a corto plazo. La profunda transformación operada en la familia uruguaya, está signada por cambios que se dan a tres niveles:
 
Cambios en la estructura de la población
 
Los cambios en los patrones de reproducción, provocaron entre otras cosas, un cambio de la estructura de edades y un incremento en  el envejecimiento relativo de una población históricamente caracterizada por su nuclearidad, su baja tasa de fecundidad y su reducido tamaño. La familia nuclear tipo (padres e hijos), constituye hoy apenas el 37% de los hogares.
 
Cambios económicos
 
El número de hogares con aportantes múltiples al presupuesto familiar pasó en los últimos 20 años, de 33% a 50%. El trabajo y la independencia de la mujer, resienten el equilibrio natural de la familia. Al equipararse los ingresos de la mujer con los del varón, se deprecia el rol del hombre como aportante único, padre y esposo, lo cual erosiona el modelo normativo que definió históricamente las relaciones familiares. Como consecuencia, se incrementan las tensiones al interior de la familia y el hombre al perder protagonismo, se desentiende de sus responsabilidades familiares y contribuye así a la desorganización familiar, dejando de ser una referencia moral para las nuevas generaciones.
 
Cambios culturales
 
Tres grandes transformaciones sociales contribuyeron a cambiar los patrones normativos de la familia, legitimando "nuevos" comportamientos: I) Aumentó la frecuencia de las relaciones premaritales entre personas sin pareja estable y se afianzó una cultura que diferencia la sexualidad del matrimonio y la procreación. Así,  las mujeres de las clases medias y altas, retrasan su edad  promedio de casamiento y procreación, y adelantan el divorcio, pues quienes convivieron antes del matrimonio, tienen menor capacidad de adquirir compromisos duraderos. En cambio, en los sectores más pobres, se incrementan los embarazos precoces, las madres adolescentes y las madres solteras que conviven en hogares "de hecho". Esto tiene como consecuencia un progresivo incremento en el número de hijos ilegítimos. II) El divorcio creció extraordinariamente en los últimas 30 años; la sociedad uruguaya está inmersa en una “cultura del divorcio”, en la que predominan valores de materialismo, autorrealización e independencia. III) Los movimientos feministas, estimularon la legitimación de valores de igualdad entre hombres y mujeres, con lo cual contribuyeron a la deslegitimación y a la ruptura del sistema familiar de aportante único. Para tener una idea de las dimensiones de estos cambios y de cómo afectan a la familia, basta mencionar que:
La familia está sufriendo transformaciones culturales, económicas y sociales, debido a las influencias del contexto en que se desenvuelve. Si bien en Uruguay la familia construyó en el pasado un capital social importante. Ese capital se ha gastado, se consumido y debe ser renovado. En la actualidad, se está asistiendo a la formación de un círculo perverso de deterioro creciente de las reservas de capital social, sin que sea considerada suficientemente la necesidad de mantenerlo y renovarlo.
 

Un estudio sociológico muestra los beneficios personales y sociales de la unión matrimonial
 
EL MATRIMONIO MARCA LA DIFERENCIA
 
M. Ángeles Burguera