Revista Virtual de la
 Asociación
Vivir en Familia

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 Montevideo - Uruguay 


"Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada"
Edmund Burke
 
 
"A nadie le es lícito permanecer ocioso"
Juan Pablo II

CONTENIDO


Publicación Nº 8/01

EDITORIAL

 
MATERNIDAD, DIVINO TESORO
 
En la edición Nº 5/01 de esta revista, citábamos las sabias palabras de Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver, USA: "La fertilidad es la bendición original dada por Dios al hombre y a la mujer... Es un don divino. Los dones están pensados para ser dados y recibidos gratuitamente; nunca rechazados por una parte, y nunca reclamados por otra... La anticoncepción rechaza el don de la fertilidad. Las tecnologías reproductivas lo reclaman".
Si la fertilidad es un don, también lo es la maternidad, consecuencia directa de la apertura a la vida. Pero ser madre, hoy en día, no es tarea fácil. El permanente cambio social, corrientes culturales contrarias a la familia, e incluso favorables a la maternidad "por capricho", generan numerosos problemas, sobre los cuales intentaremos dar algunas ideas.
Debe quedar claro que la maternidad no es sólo asunto de la mujer: es una realidad que debe ser vivida por el padre y por la madre, con el apoyo de la sociedad. Esta afirmación puede ser novedosa, pero tiene sus razones.
 
La maternidad debe ser complementada por la paternidad
 
Para que la maternidad pueda desarrollarse normalmente, hace falta el apoyo del padre, hace falta que el padre viva su paternidad. Lo cual no significa tan sólo proveer el sustento del hogar, sino también ayudar a la madre de sus hijos en todo cuanto haga falta, cuando se lo permita su actividad laboral. A veces, el tiempo de que se dispone es escaso porque las dificultades económicas obligan a pasar muchas horas trabajando, separado de la familia; en esos casos, cobra mayor importancia la calidad de la atención a la mujer y a los hijos: es necesario luchar por adquirir ciertas virtudes, como espíritu de servicio, desprendimiento, generosidad y buen humor, de manera de hacer agradable la vida a los demás. El padre, para favorecer y apoyar la maternidad de su esposa, debería tratar, por todos los medios, de estar siembre disponible. El Santo Padre, hace referencia a la "deuda" que contrae el padre con la madre de sus hijos, quien durante nueve meses, se "encarga" de la gestación; esa "deuda", la debería pagar el varón una vez nacido el niño, ayudando a su mujer en tareas que faciliten la atención del niño por parte de la madre y la adaptación de la madre a la nueva situación.
 
La maternidad y el trabajo deben compatibilizarse lo mejor posible
 
Es importante que la mujer pueda alternar su maternidad con su carrera profesional. Para ello, es necesario en primer lugar, que el marido le brinde a su esposa, todo el apoyo que esta necesita para desarrollar su cultura y su capacidad profesional. Por otra parte, la mujer-madre debe disponer del tiempo suficiente para criar a sus hijos, sin que ello perjudique irreversiblemente su actividad laboral y/o cultural. Y al revés: el trabajo, no debería afectar negativamente la atención a los hijos.
Quizá las necesidades económicas que hoy vivimos, hagan difícil encontrar un equilibrio óptimo entre la dedicación de la mujer al trabajo y al hogar. Por eso, es más importante que nunca afirmar que el mundo laboral debe aprender a respetar el don de la maternidad; si no lo hace, corre serios riesgos de deshumanizarse. El ámbito del trabajo y el ámbito de la cultura, necesitan del "genio" de la mujer para ser más acogedores, más "vivibles", más "disfrutables". La mujer-madre, puede hacer una contribución peculiar en este sentido, si se la deja de tratar como a un hombre -también si ella misma deja de intentar parecerse al hombre-, y se respetan sus tiempos, si se facilita la adaptación de sus obligaciones laborales a su particular condición maternal. De este modo, aunque los empleadores no vean en este enfoque más que problemas inmediatos, a largo plazo podrán comprobar que las mujeres, además de trabajar más a gusto y rendir más, al poder vivir su maternidad como corresponde, enriquecerán con su experiencia maternal la actividad laboral.
 
La paternidad debe manifestarse en el hogar y en el trabajo
 
El padre, no sólo debe asumir un compromiso con la maternidad de su propia esposa, sin que debe asumir un compromiso con el respeto a la maternidad de las mujeres que trabajan con él, o para él. En la medida que respete, facilite y proteja la maternidad de sus compañeras o empleadas, será digno de llamarse padre en el sentido amplio del término. Lo mismo se puede aplicar a las mujeres que dirigen empresas o que trabajan fuera de casa; aunque por lo general, suelen ser más comprensivas. Los hombres, deben contemplar la especial atención que requiere la maternidad de aquellas mujeres que no son sus esposas, y las mujeres, de esas otras mujeres que no son ellas mismas. Lo contrario, implica incoherencia, propia de quienes viven -esquizofrénicos- una vida hacia el hogar, y otra completamente distinta, hacia el mundo.
 
La sociedad debe promover la maternidad
 
Proteger y apoyar la maternidad, es un deber social. La sociedad debe favorecer la maternidad, porque la maternidad cumple una función social: provee al mundo de nuevos seres humanos que, entre otras cosas, pagarán la jubilación de los patrones y compañeros de sus madres, de las enfermeras y los médicos que los traen al mundo, etc. Una especie que no se reproduce, tiende a la extinción. Y si bien los seres humanos somos unos cuantos, hay signos alarmantes de estancamiento y aún decrecimiento de la población para las próximas décadas. Al menos en los países desarrollados, y en los que sin serlo, tenemos indicadores sociales similares a los suyos.
Estas ideas, son sólo un pantallazo de un tema profundo, que estimamos debería encararse con seriedad y profesionalidad por parte de quienes tienen en sus manos la posibilidad de establecer políticas, de fijar estrategias, de salvaguardar derechos; derechos que van desde la no discriminación, hasta la celebración del Día de la Madre, que algunas organizaciones feministas con representación en la ONU pretenden eliminar... y no precisamente por ser un día "comercial".
 
La perspectiva del amor
 
Puede sonar extraño para algunos lectores, que habiendo dedicado el editorial a hablar de la mujer-madre, no hayamos hecho referencia alguna a la "perspectiva de género", tan difundida hoy en el mundo. Ello se debe a que desde nuestro punto de vista, las relaciones entre los cónyuges no deben basarse en "equilibrios de poder", ni en una "lucha de clases" de "oprimido" contra "opresor" al interior de la familia, sino en el amor de los esposos. El hombre y la mujer, capaces de amar y ser amados, son iguales en su dignidad porque comparten la misma naturaleza humana, porque son personas; pero, aunque en cuanto personas el marido y la mujer tienen idéntica dignidad, son esencialmente distintos en cuanto personas sexuadas. Esta diferencia entre iguales, hace que las relaciones matrimoniales, se basen en la complentación mutua entre marido y mujer, llamados a ser "una sola carne". Complementación que cuando se realiza armónicamente, se verifica en la entrega, en el respeto y en el amor de los cónyuges
Así, cuando el amor es sincero, el respeto total y la entrega absoluta, los esposos se abren a la fecundidad; pues sólo si están abiertos a la vida -a la maternidad-, los esposos son capaces de manifestar plenamente, además del amor mutuo, el amor que ambos tienen por los hijos que puedan venir y por sus semejantes.
 
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

MATRIMONIOS: TRES DE CADA DIEZ PAREJAS SE DIVORCIAN

Este promedio ubica a Uruguay en los guarismos de países desarrollados - Más de 6.000 divorcios al año - Aunque la ley que regula el divorcio data de 1907, el crecimiento de las rupturas maritales se inició en los '80.

Por Mariana Rethen (Diario El País)

Tres de cada diez casamientos que se concretan en Uruguay terminan en divorcio y la mitad de esas rupturas ocurren antes de los 10 años de matrimonio, según indican los datos de un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, al que El País tuvo acceso. Con un promedio de más de 6.000 divorcios al año, Uruguay se ubica en los guarismos de países desarrollados. El país presenta casi al mismo nivel que Francia, donde se disuelven un 31% de las uniones maritales, y la mitad que Estados Unidos, donde las rupturas alcanzan al 60% de las uniones. Si bien la ley que regula el divorcio data de 1907, el crecimiento vertiginoso de las rupturas matrimoniales no se presentó hasta la década de los 80, se señala. "La explicación de este aumento probablemente deba ser rastreada en el marco de profundas transformaciones culturales que afectan el conjunto del mundo occidental, en especial con una mayor valoración de la autonomía individual, y con la redefinición de las actitudes hacia el matrimonio; asimismo, la creciente inserción de la mujer en el mercado de empleo y la consiguiente alteración en la división tradicional de los roles conyugales (...)", apunta el estudio.

Causas y tiempos

Desde la aprobación de la primera ley de divorcio a principio de siglo hasta la actualidad, la legislación ha sufrido varias transformaciones. Se sumaron nuevas causales para que los cónyuges puedan presentar una demanda de divorcio y se acortaron los tiempos necesarios para concluir el proceso. Un divorcio se resuelve en cuestión de tres o cuatro meses siguiendo los procedimientos vigentes, aseguró a El País el ministro del Tribunal de Apelaciones de Familia, Ricardo Pérez Manrique. "Mientras que antes llevaba entre seis meses y un año, actualmente, con el Código General del Proceso que establece que las audiencias sean orales, es posible sacar un divorcio en pocos meses", agregó el entendido. Aunque una vez que se concluye el proceso la sentencia puede ser apelada por alguna de las partes, si se encuentra desconforme, "rara vez vez ocurre, pero si sucede eso el trámite se extiende a un año", explicó el magistrado. Si bien existen doce causales reconocidas por la ley para solicitar la disolución del vinculo matrimonial, en la mayoría de los casos se alude a la de "riñas y disputas porque es la que exige pruebas más flexibles, aunque encubre otras causales como injurias y adulterio". "La mayoría de las veces las parejas se presentan ante el juez con un acuerdo tácito entre las partes. Se finge el divorcio litigado, pero como están de acuerdo eso agiliza el proceso", explicó Pérez Manrique. El costo de una demanda de divorcio varía según el caso, pero en promedio ronda los U$S 500.

Repercusiones

El estudio de la Universidad de la República señala que "el aumento de los divorcios constituye una de las transformaciones recientes de mayor relevancia en lo que respecta a las relaciones familiares en el Uruguay". Las repercusiones son múltiples y se manifiestan en distintos aspectos: "La extensión del divorcio afecta la composición del mercado matrimonial, potencialmente más personas están en situación de buscar y eventualmente conformar una pareja, el rango de edades de los elegibles y sus posibles combinaciones, se vuelve más heterogéneo, contribuyendo a modificar el calendario de nupcialidad", sostiene el texto. La extensión del divorcio influye además sobre los patrones de fecundidad, especialmente cuando las rupturas se producen en las etapas en que se procesa el grueso de la reproducción. El núcleo familiar típico comienza a desdibujarse y se extienden las familias monoparentales cuya jefatura es ejercida por un individuo divorciado o separado, mayoritariamente mujer, señala el estudio. Con el aumento de los divorcios se incrementan también los hogares reconstituidos, fruto de segundas uniones, que en ocasiones incluyen hijos de los matrimonios anteriores. "Las consecuencias de este cambio sobre la estructura de los hogares y sobre la flexibilidad del ciclo de vida familiar son evidentes, en la medida en que el divorcio disuelve los hogares con mayor precocidad que la viudez, los hogares monoparentales involucran crecientemente la existencia de hijos con edades menores, asimismo al tratarse de jefes más jóvenes aumentan las probabilidades de que una nueva unión vuelva a recomponer el núcleo", apunta el texto. Respecto a las consecuencias económicas que el divorcio provoca en los miembros de la pareja, el estudio señala que si bien es escaso lo que se sabe las tendencias indican que "casi sin excepción las mujeres que experimentan un divorcio sufren un deterioro en su posición económica y que los niños cuyas familias se disuelven ven resentidas sus condiciones materiales de vida".

Ley de divorcio

  • El primer Código Civil del Uruguay (1869) proclamaba el carácter sacramental del matrimonio y establecía la indisolubilidad del vínculo conyugal, las leyes que regulaban la vida matrimonial se regían entonces por el derecho canónico.
  • En 1885 el matrimonio civil fue declarado obligatorio y la naturaleza sacramental fue eliminada de la normativa matrimonial.  
  • En 1907 se aprobó la ley que volvió posible el divorcio absoluto.
  • En 1913 se introduce la posibilidad del divorcio unilateral para la mujer.
  • Finalmente en 1978 se introduce la última modificación a la ley que rige actualmente, donde se establece la igualdad de ambos cónyuges en lo que respecta a la infidelidad.
  • Las causales reconocidas en esta ley son: el adulterio, la tentativa contra la vida del otro, por sevicias o injurias graves, por la propuesta del marido para prostituir a su mujer o de cualquiera de los cónyuges para prostituir a sus hijos. Cuando hay entre los cónyuges riñas y disputas continuas. Por una condena a más de 10 años de prisión. Por la separación del hogar durante más de tres años. Por la incapacidad mental permanente e irreversible. Por mutuo consentimiento de los cónyuges y por la sola voluntad de la mujer. 
Diario El País, 20 de mayo de 2001
 

BREVE SÍNTESIS DEL ESTUDIO "SOBRE REVOLUCIONES OCULTAS: LA FAMILIA EN EL URUGUAY"
Documento elaborado por Carlos Filgueira, con la colaboración de Alvaro Fuentes (CEPAL, 1996).
 
En el Uruguay, las tendencias recientes del cambio social, presentan características patológicas. Como ejemplos, se citan la creciente ilegitimidad de los nacimientos, el incremento de los índices de embarazo precoz y de "madres adolescentes", los actos de violencia pública y doméstica o el abandono de los hijos. Estos cambios se deben a procesos estructurales; por tanto, son más difíciles de modificar a corto plazo. La profunda transformación operada en la familia uruguaya, está signada por cambios que se dan a tres niveles:
 
Cambios en la estructura de la población
 
Los cambios en los patrones de reproducción, provocaron entre otras cosas, un cambio de la estructura de edades y un incremento en  el envejecimiento relativo de una población históricamente caracterizada por su nuclearidad, su baja tasa de fecundidad y su reducido tamaño. La familia nuclear tipo (padres e hijos), constituye hoy apenas el 37% de los hogares.
 
Cambios económicos
 
El número de hogares con aportantes múltiples al presupuesto familiar pasó en los últimos 20 años, de 33% a 50%. El trabajo y la independencia de la mujer, resienten el equilibrio natural de la familia. Al equipararse los ingresos de la mujer con los del varón, se deprecia el rol del hombre como aportante único, padre y esposo, lo cual erosiona el modelo normativo que definió históricamente las relaciones familiares. Como consecuencia, se incrementan las tensiones al interior de la familia y el hombre al perder protagonismo, se desentiende de sus responsabilidades familiares y contribuye así a la desorganización familiar, dejando de ser una referencia moral para las nuevas generaciones.
 
Cambios culturales
 
Tres grandes transformaciones sociales contribuyeron a cambiar los patrones normativos de la familia, legitimando "nuevos" comportamientos: I) Aumentó la frecuencia de las relaciones premaritales entre personas sin pareja estable y se afianzó una cultura que diferencia la sexualidad del matrimonio y la procreación. Así,  las mujeres de las clases medias y altas, retrasan su edad  promedio de casamiento y procreación, y adelantan el divorcio, pues quienes convivieron antes del matrimonio, tienen menor capacidad de adquirir compromisos duraderos. En cambio, en los sectores más pobres, se incrementan los embarazos precoces, las madres adolescentes y las madres solteras que conviven en hogares "de hecho". Esto tiene como consecuencia un progresivo incremento en el número de hijos ilegítimos. II) El divorcio creció extraordinariamente en los últimas 30 años; la sociedad uruguaya está inmersa en una “cultura del divorcio”, en la que predominan valores de materialismo, autorrealización e independencia. III) Los movimientos feministas, estimularon la legitimación de valores de igualdad entre hombres y mujeres, con lo cual contribuyeron a la deslegitimación y a la ruptura del sistema familiar de aportante único. Para tener una idea de las dimensiones de estos cambios y de cómo afectan a la familia, basta mencionar que:
La familia está sufriendo transformaciones culturales, económicas y sociales, debido a las influencias del contexto en que se desenvuelve. Si bien en Uruguay la familia construyó en el pasado un capital social importante. Ese capital se ha gastado, se consumido y debe ser renovado. En la actualidad, se está asistiendo a la formación de un círculo perverso de deterioro creciente de las reservas de capital social, sin que sea considerada suficientemente la necesidad de mantenerlo y renovarlo.
 

Un estudio sociológico muestra los beneficios personales y sociales de la unión matrimonial
 
EL MATRIMONIO MARCA LA DIFERENCIA
 
M. Ángeles Burguera
 
Hoy día es de buen tono mantener en público que el matrimonio es solo una opción entre otras y que la mera cohabitación debería tener los mismos derechos. Pero la realidad social prueba que el matrimonio todavía marca la diferencia. En el libro The Case for Marriage (1), publicado recientemente en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher muestran con datos los beneficios que a largo plazo supone el matrimonio para las parejas y para la sociedad. Beneficios que justifican que el matrimonio sea tratado como una opción social preferente.
 
En Estados Unidos el índice de fracasos matrimoniales es muy alto y, aun así, casi el 90 por ciento de los que se divorcian o separan continúa pensando que la boda abre un camino para toda la vida. ¿Por qué se da esta contradicción? Linda J. Waite y Maggie Gallagher han investigado el asunto en un libro que combina datos estadísticos, análisis sociológico y crítica cultural.
Su conclusión es que el matrimonio es lo más parecido a un seguro de vida de largo alcance. En conjunto, los casados gozan de mejor salud, tienen un estado emocional y psíquico más satisfactorio y están más estimulados a aumentar sus ingresos que los que viven solos o cohabitan. Estos efectos positivos sólo ocurren si la sociedad da un reconocimiento público al compromiso matrimonial. Y, ahí está el quid, porque según estas dos sociólogas, en las últimas décadas asistimos a un proceso de “privatización” de la relación matrimonial, que mina en sus mismos fundamentos el contrato más importante de una vida.
 
Una cuestión de salud pública
 
Junto a la falta de apoyo público al matrimonio, ha crecido la facilidad para divorciarse y han ganado aceptación social otras fórmulas de convivencia, como la cohabitación o la maternidad en solitario. Las autoras detectan que pocos consejeros dedican sus energías a fortalecer un matrimonio en crisis y los que deberían hacerlo –psicólogos, educadores, sacerdotes– parecen centrarse sólo en el beneficio emocional del matrimonio, como si éste fuera la única ventaja. De ahí que cuando “la aparente felicidad” disminuye, no hay argumento para frenar el “fracaso”.
Frente a esa visión reduccionista, Waite y Gallagher ofrecen en su obra un análisis pormenorizado de los principales efectos positivos del matrimonio y argumentan que la defensa del contrato matrimonial ha dejado de ser “una mera preocupación moral para convertirse en una cuestión de salud pública”. Por ello es importante advertir los beneficios a largo plazo del matrimonio, beneficios que arrancan del “poder transformante” de este compromiso: algo tan concreto como la fidelidad matrimonial.
 
Un seguro de vida que cubre todo
 
La seguridad de un matrimonio para toda la vida anima a los esposos a tomar decisiones conjuntas y a especializarse en tareas que facilitan la vida en común. Se trata de una complementariedad que supera con creces las posibilidades de un soltero –obligado a hacer frente a todas las necesidades con sus solos recursos– y también las de una pareja de hecho, en la que la duda sobre el futuro siempre actúa de freno y recorta las posibles economías de escala, pues se pretende a un tiempo nadar y guardar la ropa. En el ámbito financiero, el libro concluye que el ahorro de marido y mujer por el mero compartir energía, muebles y electrodomésticos, instalaciones, etc. puede suponer un aumento de hasta un tercio en el nivel de vida de ambos cónyuges.
Otra de las ventajas del matrimonio duradero es la de actuar como un auténtico “seguro de vida”, no sólo ante eventualidades como el paro, la enfermedad o la vejez. Una póliza que garantiza una atención global cuando marido o mujer enferman: el que quede sano “trabajará más para compensar los ingresos perdidos, facilitará cuidados personalizados al incapacitado o se encargará del trabajo de la casa que el otro ya no pueda hacer”.
Pero las mejores ganancias vienen de la exclusividad. La relación afectiva garantizada por el pacto matrimonial supera cualquier otra, no sólo en los aspectos más íntimos –la promesa de estabilidad reduce la incertidumbre– sino también en el apoyo constante en los momentos de dificultad o tensión. “El matrimonio y la familia –afirman las autoras– proporcionan un sentido de dependencia, el sentido de amar y ser amado, de ser absolutamente esencial para la vida y la felicidad de los demás”. Esto da una perspectiva diferente para afrontar los problemas que uno encuentra, “porque hay personas que dependen de ti, que cuentan contigo o se preocupan de ti”.
Al otro lado de este marco de ventajas, hay que situar el escaso apoyo externo a la estabilidad matrimonial.
De hecho, la mayoría de las guías para el divorcio e incluso de los manuales terapéuticos para los estudiantes aconsejan no considerar o minimizar el posible efecto negativo sobre los hijos, a la hora de aconsejar sobre la continuidad de un matrimonio.
Quizá uno de los aspectos más interesantes del libro sea la refutación –con datos– de la idea de que, si el matrimonio va mal, el divorcio es la mejor solución también para los hijos. Las autoras citan un estudio en el que se analizan las características de más de dos mil personas casadas, a lo largo de quince años. En la mayoría de los casos se llega a la conclusión de que tanto un matrimonio desgraciado como un divorcio reducen el bienestar de los hijos, pero, a largo plazo, el divorcio lleva a relaciones más problemáticas entre padres e hijos; aumenta la probabilidad de que los hijos se divorcien a su vez, y reduce también las posibilidades de éxito en la educación y en la carrera profesional de los hijos.
 
Divorcios inexplicables para los hijos
 
Un estudio más profundo de los efectos del divorcio distingue entre dos tipos de situaciones: los divorcios que ocurren en matrimonios con alto nivel de conflictividad y los que tienen lugar en hogares en los que las discusiones o la violencia no aparecen más que raramente.
“En el primer caso, los hijos pueden experimentar el divorcio –al menos psicológicamente– como un alivio; en el segundo, la experiencia de la ruptura familiar les supone un desastre absoluto e inexplicable”, se concluye. Y lo peor es que, entre los entrevistados, “sólo un treinta por ciento afirmaron haber tenido más de dos discusiones serias el mes anterior al divorcio”. Los datos resultan claros: “La mayoría de los divorcios en los que hay niños implicados no rompen matrimonios desastrosos sino matrimonios que, desde el punto de vista de los hijos, son, al menos, suficientemente buenos”.
Waite y Gallagher señalan también el papel que han tenido los abogados norteamericanos en la flexibilización de la legislación divorcista, hasta conseguir el divorcio unilateral, y sin necesidad de alegar ninguna causa.
Con la reforma introducida en Estados Unidos, resumen las autoras, “se requieren dos personas para casarse, pero sólo una para divorciarse a cualquier hora, por cualquier motivo y tan rápido como los tribunales puedan dividir las propiedades o definir a quién corresponde la custodia de los hijos”.
Todas estas amenazas están bloqueando el descubrimiento de las ventajas del matrimonio y hacen prevalecer una mentalidad defensiva.
La falta de interés hacia el matrimonio se refleja en la disminución de ayudas específicas para la familia basada en el compromiso matrimonial. La presión de algunas minorías combativas hace parecer discriminatorio el establecimiento de políticas favorables al matrimonio –es un asunto privado, de dos adultos, en el que nadie tiene derecho a intervenir–. Paradójicamente, otras formas de relación, como pueden ser las parejas de hecho, exigen como propias las ventajas sociales de los casados y los tribunales cada vez se sienten más proclives a considerar que puede ser incluso inconstitucional tratar de manera diferente a las parejas, en función de si están o no casadas.
Una opción social preferente Gallagher y Waite culminan su análisis con la sugerencia de unas líneas de actuación para reconocer al matrimonio como una opción social preferente. Hay que dejar de considerarlo como una opción privada más –aseguran– y verlo como lo que es: un compromiso público, un ideal moral y una institución social.
Por eso la primera propuesta se refiere a la necesidad de hablar sobre el matrimonio. En un momento en que muchas personas han dejado de usar la palabra “matrimonio”, los investigadores sociales y los expertos universitarios tienen una particular responsabilidad en analizar los efectos sociales del matrimonio. Por ejemplo, el cálculo del coste público de los fracasos matrimoniales proporcionaría datos para evaluar la oportunidad de muchas subvenciones o subsidios.
Otra de las sugerencias para fortalecer el matrimonio exigiría adecuar la política fiscal, de manera que no penalice a las familias con más de dos hijos, y reformar la legislación sobre el divorcio. Algo empieza a hacerse. El último capítulo recoge la experiencia reciente de dos Estados –Luisiana y Arizona– que en 1997 y 1998 establecieron leyes más restrictivas. En el primer caso, la reforma incluye un acceso limitado al divorcio, la prolongación de los períodos de espera y la obligatoriedad de asesoramiento familiar previo.
También ofrece la posibilidad de elegir entre la legislación existente –que permite el divorcio unilateral– y un nuevo tipo de contrato matrimonial que limita el divorcio a ciertos casos.
 
Cambios legales
 
También se sugiere el restablecimiento de un estatuto legal particular para el matrimonio, con un nuevo modelo de derechos y responsabilidades. En el nuevo modelo de matrimonio, “se debería reconocer –apuntan las autoras– que cuanto más tiempo se lleva casado, más interdependientes se hacen las vidas y el daño de una separación legal es también mayor. También se debería tener en cuenta que los derechos y responsabilidades del matrimonio cambian de manera fundamental cuando se tienen hijos que todavía no han alcanzado la edad adulta”.
Otro modo de abordar el fortalecimiento del matrimonio sería desaconsejar la maternidad en solitario, para lo cual los medios de comunicación y los personajes populares deberían dejar de presentarla como una opción más. Las consecuencias de estas campañas sobre las adolescentes pueden ser graves, sobre todo porque tener un hijo reduce las probabilidades de casarse posteriormente y complica las posibilidades de acabar los estudios.
Waite y Gallagher tienen también un mensaje para los hombres, quienes deberían tomar conciencia de los amplios beneficios del matrimonio. Estarían así más dispuestos a colaborar con sus esposas, pues muchas mujeres no encuentran ninguna ventaja en tener que trabajar para aportar ingresos y, a la vez, llevar la casa y ocuparse de los hijos. Los maridos deberían descubrir un nuevo beneficio: el de compartir la responsabilidad de ocuparse de la casa y de la familia.
 
(1) Linda J. Waite y Maggie Gallagher. The Case for Marriage. Doubleday. New York (2000). 260 págs. 24,95 dólares.
Linda J. Waite es profesora de Sociología en la Universidad de Chicago.
Maggie Gallagher es directora del Marriage Program en el Institute of American Values.
 
MATRIMONIO Y VIOLENCIA DOMÉSTICA
 
Una de las ideas difundidas por el feminismo radical es que el matrimonio coloca a la mujer en una situación peligrosa, con el riesgo de agresión o maltrato. Según este mito, los maridos ven a sus mujeres como una “propiedad”, susceptible de ser tratada con violencia. Siguiendo el razonamiento, las crecientes tasas de divorcio no serían más que un indicio de que por fin las mujeres pueden escapar de esta agresión y, en consecuencia, cualquiera que pretenda limitar o retrasar las causas de divorcio está amenazando literalmente la vida de las mujeres.
Aun reconociendo que la violencia doméstica es un grave problema, Waite y Gallagher concluyen que no hay ninguna evidencia científica que apoye la relación de ésta con el matrimonio. En primer lugar, consideran que se da una confusión terminológica por la que no se distingue entre el “maltrato a la esposa” o entre los cónyuges, y la expresión “violencia doméstica”, en la que se engloba todo tipo de agresiones, independientemente de su origen: maridos, novios, antiguos novios, conocidos, etc. También se incluyen aquí los ataques registrados en el marco de las parejas de hecho.
Las conclusiones del estudio confirman que, ante el riesgo de violencia, “el lugar más seguro para una mujer es el matrimonio”. “Si el matrimonio fuera la verdadera causa de la violencia contra la mujer, los resultados demostrarían que sufren un riesgo mayor y también se registrarían más casos de maridos que agreden a sus mujeres, pero muy pocos lo hacen”, afirman.
Por el contrario, abundantes investigaciones muestran que hay más riesgo de violencia para la mujer en las parejas de hecho. Por un lado, la mayoría de los hombres que mantienen estas relaciones son más jóvenes y tienen menos educación que los casados. Incluso filtrando las diferencias de educación, raza, edad y género, las personas que conviven tienen una propensión tres veces superior a la de los casados a mantener discusiones violentas.
Las parejas que cohabitan se encuentran mucho más aisladas socialmente que los matrimonios, aseguran las autoras. Es mucho más fácil que, cuando llegan los conflictos, las parejas de hecho tiendan a ser agresivas, puesto que no han invertido mucho en su relación y no tienen tanto que perder. M.A.B.
 
 

 
CONSEJO PONTIFICIO PARA LA FAMILIA: OPCIÓN DECISIVA DEL PAPA WOJTYLA
Se cumplen 20 años de la creación de este organismo vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, 31 mayo 2001 (ZENIT.org).- El 13 de mayo de 1981 el atentado de Mehmet Alí Agcá impidió a Juan Pablo II anunciar uno de sus novedades para la Curia romana que marcarían más claramente su pontificado: la creación del Consejo Pontificio para la Familia, que en este mes ha cumplido veinte años.
La crisis de la familia es sin duda una de las preocupaciones más claras del pontificado del Papa Karol Wojtyla. A este tema le ha dedicado algunos de sus documentos más importantes. Ahora bien, para que esta labor de reflexión pudiera hacerse más eficaz, pronto se dio cuenta de que necesitaba un brazo operativo: un Consejo Pontificio. Por ello creó un Consejo vaticano a quien le encargó la promoción de la pastoral y del apostolado en campo familiar, mediante la aplicación de las enseñanzas y orientaciones del Magisterio eclesiástico, para ayudar a las familias cristianas a cumplir su misión educativa y apostólica. Además, el Consejo sostiene y coordina las iniciativas en defensa de la vida humana en todos los estadios de su existencia, desde su concepción.
Otros argumentos de los que se ocupa el Consejo Pontificio para la Familia, según sus propios estatutos, son: educación sexual, demografía, anticoncepción y aborto; esterilización, ingeniería genética y diagnosis prenatal; homosexualidad, y problemas éticos y pastorales relacionados con el sida y otros problemas de bioética. El Consejo se ha convertido de este modo en una de las grandes novedades introducidas en estos 23 años por Juan Pablo II al gobierno central de la Iglesia, junto a la creación del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. La primera institución vaticana de este tipo, aunque con atribuciones menores, fue creada por Pablo VI, en 1973, cuando dio vida al Comité para la Familia.
Desde finales de 1990, Juan Pablo II ha puesto en la presidencia de este Consejo Pontificio al cardenal Alfonso López Trujillo (Colombia, 1935), un trabajador incansable, ex presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que ha dado un dinamismo inesperado a esta criatura del pontificado actual. Al genio del Papa y a las capacidades organizadoras del cardenal López Trujillo y de su equipo de colaboradores, entre quienes se encuentran el obispo Francisco Gil Hellín y monseñor Francesco Di Felice, respectivamente secretario y subsecretario del Consejo, se debe el éxito de los Encuentros Mundiales del Papa con las Familias. El último, tuvo lugar el 15 de octubre, día en el que 200 mil personas en Roma desafiaron una impresionante lluvia para encontrarse con el obispo de Roma. El próximo Encuentro mundial de las familias se celebrará en Manila, en el año 2003. Filipinas ya está preparando esta visita del Papa. El primer encuentro de estas características se celebró en Roma, en 1994. El segundo, tuvo lugar en Río de Janeiro, en 1997. En aquella ocasión los participantes superaron con creces el millón.
En estos momentos, como el cardenal López Trujillo reveló en el consistorio de Cardenales el 21 de mayo, el Consejo está preparando un diccionario de «nuevos» términos relativos a la sexualidad humana y familia, como son la «salud sexual» o «diferencias de género». Para realizar esta labor cuenta con la colaboración de unos cincuenta expertos de prestigio internacional, incluso no católicos. Otros documentos importantes publicados por este Consejo en estos veinte años, han sido «Familia, matrimonio y "uniones de hecho"» (21 de noviembre de 2000); «Familia y derechos humanos» (9 de diciembre de 1999); «Vademécum para los confesores sobre algunos temas de moral conyugal» (1997); «Preparación al Sacramento del Matrimonio» (1996); «Sexualidad Humana: Verdad y Significado» (1995); «Carta de los Derechos de la Familia» (22 de octubre de 1983). Pueden ser consultados en la página web del Consejo Pontificio para la Familia: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/family/index_sp.htm
 
ZS01053105


DEFENSA DE LA VIDA

La diputada Daisy Tourné pidió informes al MSP y planteará el asunto ante el Parlamento
 
DENUNCIAN ESTERILIZACIONES "PRECIPITADAS"
 
Loreley Nicrosi de la redacción de EL OBSERVADOR
 
Mujeres que en algunos casos apenas superan los 20 años de edad señalan que no contaron con las condiciones necesarias para meditar la decisión antes de ser intervenidas
 
Mujeres que fueron esterilizadas en instituciones públicas y privadas por presuntas indicaciones médicas "precipitadas", denunciaron su situación a la diputada del Encuentro Progresista (EP) Daisy Tourné, quien se dispone a plantear el asunto ante una comisión del Parlamento. Después de escuchar estos testimonios, la legisladora, que pertenece al Partido Socialista, inició una investigación personal y obtuvo un video científico filmado en 1988 en el cual varias mujeres que fueron esterilizadas dan su testimonio y plantean denuncias y situaciones similares a las que la diputada escuchó en los últimos días. Tourné indicó que si bien este tipo de intervención suele practicarse a mujeres de más de 30 años de edad, algunos de los testimonios que escuchó pertenecen a jóvenes que apenas superan los 20 años. Según dijeron estas mujeres, no tuvieron tiempo de meditar una decisión ya que la consulta para realizarles la esterilización tubárica "se les planteó en momentos previos a un parto o antes de practicar una cesárea", explicó Tourné. La legisladora cursó un pedido de informes al Ministerio de Salud Pública (MSP) para conocer el número de intervenciones quirúrgicas de esterilización tubárica que se practican en el país, las edades de las pacientes, la causal de las mismas y consultar si existe algún mecanismo por el que se acredite la voluntad expresa de la mujer a realizarse una intervención de ese tipo. Luego se propone plantear el tema en la Comisión de Género y Equidad de la Cámara de Diputados. Para Tourné el debate del tema en el Parlamento apunta a "conservar la libertad de opción que tiene la mujer, y al mismo tiempo darle garantías al cuerpo médico para que pueda proceder con los resguardos que corresponda".
 
"Alarma"
 
(...) De la indagatoria surgió un video científico realizado por el Centro de Televisión Científica de la Universidad de la República, en el cual un equipo médico evaluó el "impacto psicológico" que provocó a las mujeres la esterilización, que en algunos casos fue realizada por indicaciones médicas "precipitadas". En el video, que fue realizado en 1988, mujeres de distinta edad y condición social expresan su experiencia y las condiciones en que les consultaron si aceptaban realizarse una esterilización tubárica. Empero, Tourné señaló que pese al tiempo transcurrido desde la realización del video, las denuncias que recibió en los últimos meses mantienen las mismas características que los testimonios brindados hace 13 años. "No generalizo, pero me alarma, porque estamos presionando la vida de las mujeres", opinó Tourné. (...) A nivel médico se maneja como una de las causas de arrepentimiento tras una esterilización el hecho de que la mujer tenga menos de 30 años o que la intervención se le realice inmediatamente después del parto. Tourné dijo que si bien en el Hospital de Clínicas existe un formulario en el cual la mujer y su esposo deben dar "su consentimiento" para someterse a esa intervención, desconoce qué mecanismo se utiliza en el resto de las instituciones públicas. A nivel privado, indicó que en una de las principales mutualistas las eventuales esterilizaciones son analizadas por una comisión especial.
 
VENTAJAS, DESVENTAJAS Y ADVERTENCIAS DE LOS MÉDICOS
 
Esterilización femenina
 
Es un procedimiento quirúrgico en el que las trompas de Falopio, que transportan el óvulo desde el ovario hasta el útero, se bloquean (se atan y se cortan, se cauterizan, se cierran con un anillo o grapa). El bloqueo de las trompas de Falopio impide que los espermatozoides se unan con el óvulo, y por consiguiente se previene la fertilización. La esterilización pone fin a la fertilidad permanentemente (sólo 2% de fracaso después de 10 años)
 
Caracteríasticas
 
Eficaz y de efecto inmediato
Permanente
No tiene efectos sistémicos
No interfiere con el acto sexual
Tiene efectos beneficiosos que no se relacionan con la anticoncepción (protección parcial contra el cáncer del ovario y la EPI)
 
Desventajas
 
Posible arrepentimiento
Procedimiento quirúrgico (molestia por la operación)
No protege contra las ETS/VIH
Si la operación fracasa y la mujer queda embarazada, hay muchas probabilidades de que el embarazo sea ectópico
 
Motivos de arrepentimiento
 
Menores de 30 años de edad
Solteras o recién casadas
Deseo de tener hijos de otro sexo
Alguien las presiona a tomar la decisión
El compañero se opone
La intervención se realiza inmediatamente después del parto
Tienen limitado acceso a otros métodos