Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia

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 Montevideo - Uruguay 


"A veces, lavándonos las manos,
nos ensuciamos la conciencia." 
Anónimo

"Nada perturba tanto la vida humana
como la ignorancia del bien y el mal."
Cicerón


CONTENIDO


Publicación Nº 11/02

EDITORIAL

 
TIEM... POSMODERNOS
 
Cuando era estudiante de secundaria, me preguntaba como se denomininarían las etapas de la historia en el futuro. Porque si ésta es la era "contemporánea", ¿cómo se llamarían las eras subsiguientes? ¿Acaso quienes vivan en ellas no serán contemporáneos de su tiempo? Alguien parece haberse dado cuenta del problema, porque ahora no vivimos más en la era "contemporánea", sino en la era "posmoderna". Y aunque el nombre es poco original -como todos los "pos" y "neos"- y más antiguo de lo que parece, al menos tiene la ventaja de ubicarnos después del modernismo (que no se agota, dicho sea de paso, con el aparente comienzo de esta nueva era).
Ahora bien, ¿es esta era realmente nueva? ¿O simplemente revive viejos salvajismos, viejas costumbres tribales ajenas a los logros de la civilización occidental y cristiana? 
¿No hay acaso, una cultura de la muerte que promueve la matanza a gran escala de niños inocentes como en los tiempos de Herodes? ¿No hay acaso una cultura que fomenta la homosexualidad -que ya se practicaba en la vieja Atenas-, porque se la considera algo "normal"? ¿No hay acaso una esclavitud de la peor especie en la prostitución, como tal vez jamás se haya visto en la Historia de la Humanidad? ¿De qué "nueva era", de qué "posmodernismo" estamos hablando? ¿No sería más indicado hablar de "neopaganismo" o más bien, de "neosalvajismo"-? ¿O de "poscivilización", o "poscultura"?
Lamentablemente, para muchos, parece que la civilización ya fue; que la educación, ya fue; que lo verdadero y lo bueno, ya fueron, porque la verdad y el bien no existen... ¿No nos da un poco de vergüenza pertenecer a una sociedad donde el aborto se identifica con la liberación de la mujer -liberación en todo caso del sujeto material, pero nunca del recuerdo que pervivirá por siempre en su alma-? ¿No nos da un poco de asco que la homosexualidad se considere una conducta natural, y para colmo de males, se pretenda equiparar al matrimonio? ¿No nos preocupa seriamente que se aprueben y se fomenten las relaciones sexuales entre adolescentes siempre que sean capaces de evitar las "consecuencias"? ¿No nos cuestiona el hecho de que para muchos vale más el tener que el ser? ¿No nos rechina que se aprueben leyes que facilitan la reproducción asistida -en Uruguay casi a escondidas y con escasísima cobertura de prensa-, que no generan otra cosa que inmensos bancos de embriones donde los seres humanos son seleccionados a capricho del padre y/o madre? ¿O debo decir consumidor? ¿Hacia dónde vamos? ¿Quiénes están detrás de todo esto? ¿Es casualidad que todo venga junto en un paquete? ¿Qué hacemos cada uno de nosotros para cambiar este estado de cosas?
Ciertamente hay muchos hombres y mujeres que trabajan, que luchan, que se desviven por formar e informar a sus hijos -y a los ajenos- de la mejor manera posible. Pero siempre podemos dar un poquito más. Sobre todo en esta era, en estos tiempos "posmodernos" en que nos toca vivir -¡benditos sean, que no son malos los tiempos sino los hombres, que no hacemos que sean mejores!- la principal labor de los padres, es la formación de sus hijos. Y para ello es necesario que los padres estén muy bien formados y muy bien informados: para discernir y para ayudar a discernir a sus hijos el bien del mal, la verdad del falsedad, la solidaridad y la caridad de la debilidad y la complicidad, el respeto y la tolerancia de concesión y la aprobación, los derechos de los caprichos, lo necesario de lo superfluo, la igualdad del igualitarismo, la laicidad del laicismo y un largo etcétera...  
Colón no descubrió América por casualidad, como dicen algunos. El sabía a dónde iba, y sabía cómo ir. La "casualidad" -para los creyentes Providencia- fue que entre España y "las Indias" hubiera un continente de dimensiones insospechadas; pero no que Colón y sus bravos marinos navegaran con pericia hacia el Este, enfrentando y venciendo todos los peligros y amenazas del océano. Y llegó a Tierra, porque estaba bien formado en las artes náuticas y bien informado -brújula y sextante por medio- acerca del punto exacto en el que se encontraba.
Para llegar a buen puerto en todos los órdenes de la vida -principalmente en esta era "posmoderna"-, parece no sólo necesario, sino imprescindible volver a las fuentes: no dejar la educación de los hijos sólo en manos del colegio -de ningún colegio, por bueno que sea-, sino involucrarse a fondo. Dicen que Fray Ejemplo es el mejor predicador; y el ejemplo que más gustan imitar los chicos, el que más les llega, es el de los padres. Por eso es deber irrenunciable de los padres estar cada vez más empapados en la educación de sus hijos... si no quieren tener sorpresas, si no quieren preguntarse luego: ¿De dónde habrá sacado Fulanito esa idea? ¡Seguro que "eso" no se lo enseñamos en casa! En pocos días, el 28 de junio para ser exactos, probablemente tengamos que soportar alguna marcha o arenga de los aguerridos homosexuales locales, que en medio de estos fríos, salen medio desnudos a pasear su "orgullo". Y es bueno que los padres estén alerta, cuando menos para explicar de qué se trata todo ese asunto, con pelos y señales. Que si matar las cigueñas es bueno, hablar claro de estos asuntos con los hijos es mejor todavía.
En fin, pueden haber en la vida, obstáculos del tamaño de un continente... Aunque ése ya se lo llevó por delante Colón, y no parece haber otro semejante; por eso lo importante es saber hacia dónde vamos, que buscamos, cómo llegamos. Así no será casualidad el arribo a puerto; es más, casualidad sería que llegaramos a una apacible bahía allende el mar, sin saber como maniobrar un remo... Y sería verdadera casualidad: porque la Providencia no ayuda a quien no se ayuda a sí mismo.
 
AVE FAMILIA
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
 
Marta Rodríguez

La vida es una cadena interminable de sorpresas. ¿Quién hubiera imaginado que el siglo que logró la emancipación de la mujer y acuñó el término “women empowerment” moriría viendo nacer un club como el de la costa oeste de los Estados Unidos ? Me refiero al club de las “esposas sometidas”, surgido a partir del libro de la californiana Laura Doyle: “Surrendered wife”, y que propone como regla de oro del matrimonio feliz que la mujer “deje que sea el hombre quien lleve la batuta, desde la cuenta de ahorros hasta el dormitorio”. Amén.
Por lo visto, la experiencia traumática de los divorcios y las depresiones está desconcertando a las mujeres americanas. El papel de mujer desafiante no les ha dado sino disgustos dentro y fuera de casa, y por eso prefieren resucitar términos que habíamos decidido dar por obsoletos, como “sometimiento” o “cabeza de familia”. En definitiva afirman que una esposa sumisa es la clave de la felicidad de la pareja. Conclusión: tenemos que desandar unos 30 años de evolución familiar.
Autosuficiencia o dependencia. Enfrentamiento o sumisión. Parece que no encontramos el término medio. Y, sin embargo, sí lo hay. Es posible una tercera vía entre el “yo” y el “tú”: y es “nosotros”. Como diría aquel autor francés: “amar no significa mirarse a los ojos, sino mirar dos en una misma dirección”.
El libro de Doyle quisiera ser una panacea para los problemas de pareja, pero le falta algo de realismo antropológico. Su regla de oro: “sométete y tendrás paz y felicidad” parece más bien una receta para evitar el estrés que el camino firme del verdadero amor. Acabo de mencionar la clave de todo el misterio: el equilibro entre control y confianza, entre abnegación y satisfacción, está en esta palabrita que se supone es la razón por la que dos personas deciden vivir juntas el resto de su vida: el amor.
El amor no es sometimiento, sino donación. Una donación que muchas veces nos lleva a ceder por el simple placer de dar gusto al otro. Esto es aplicable a la mujer y al marido, cada uno según su estilo y características propias.
Algunos de los casos que menciona Doyle en su libro son reales y válidos. Las mujeres, además de muchos encantos y virtudes, tenemos una fuerte tendencia a querer controlar todo, incluida la ropa, los amigos o el modo de conducir de nuestros maridos. Ya sea con silencios estridentes o con palabras bien medidas, el caso es que logramos lo que queremos. Es una especie de tiránico chantaje del corazón, en la que nuestros compañeros se ven atrapados por ese ancestral “instinto de supervivencia”. Cuando las mujeres decidimos romper el círculo mezquino de nuestra sensibilidad y nos decidimos a dar en vez de recibir, los resultados son sorprendentes. Algunos llaman a esto sometimiento, pero es mucho más sencillo: es amor.
El amor también lleva al hombre a ceder. Cede cuando sacrifica un partido de fútbol por una visita a sus suegros, cuando se involucra en los quehaceres de su mujer , cuando se viste como a ella le gusta… La vida está hecha de estas concesiones anónimas.
La solución de los problemas matrimoniales no está en la sumisión mutua, sino en la generosidad en la entrega de ambos. Amar significa preocuparse más del otro que de uno mismo: es una opción antes que una renuncia.
El club de California tiene algunos ingredientes positivos. Nos recuerda el valor del sacrificio, que es la otra cara del amor. También trae a escena la importancia de los detalles para mantener la frescura del primer día, etc. Pero una vida sazonada con estos ingredientes no ha de considerarse una vida sometida, sino una vida enamorada.
Hombres y mujeres, recordémoslo una vez más. Palabras como “someter”, “autodeterminación” etc., son adecuadas para otros contextos, pero no para una relación de amor. En este campo importan más los propios deberes que los derechos.
 
 

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