Revista Virtual de la
Asociación
Vivir en Familia
 
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 Montevideo - Uruguay
 

"Queda tranquilo si asentaste una opinión ortodoxa, aunque la malicia del que te escuchó le lleve a escandalizarse. —Porque su escándalo es farisaico"
San Josemaría Escrivá de Balaguer
"Dios no es indiferente al bien y al mal; entra misteriosamente en escena en la historia de la humanidad con su juicio, que antes o después descubre el mal, defiende a las víctimas e indica el camino de la justicia"
Juan Pablo II (10/09/2003)

 
Recomendamos ver la sinopsis de la película The Passion, de Mel Gibson, en el siguiente sitio web:
http://www.passion-movie.com/images/ThePassion_lo.mov
 

CONTENIDO


Publicación N° 17/03

EDITORIAL

 
VERDADES A MEDIAS... ¿O MENTIRAS?
 
El martes 2 de setiembre, en el Paraninfo de la Universidad de la República, los estudiantes de la Facultad de Derecho organizaron una serie de presentaciones sobre el tema "Sustentabilidad del Proyecto de Ley de Salud Reproductiva (Aborto)". 
Antes de entrar en los comentarios sobre algunos aspectos particulares de este evento, queremos destacar un hecho que nos pareció sumamente positivo, y que -en nuestra opinión- demuestra la pureza de ideales de esa juventud a la que algunos critican tanto. Nos referimos al equilibrio perfecto que existió entre las posiciones a favor y en contra del aborto: tres panelistas estaban claramente decididos a favor y tres en contra del proyecto de ley de aborto. ¿Por qué nos llamó la atención este hecho? Sucede que hemos presenciado otros eventos relacionados con el tema aborto en dicha casa de estudios, y lamentablemente, en ninguno de ellos pudimos advertir un equilibrio tan claro y justo como este caso. En tales oportunidades, pudimos apreciar -por ejemplo- que tres que estban claramente a favor del aborto, dos a medio camino entre la aceptación y el rechazo, y uno -con suerte- que se oponía, pero que por una u otra causa, era un mal defensor de sus convicciones. Con lo cual el mensaje final, era claramente favorable al abortoEsta vez se hizo justicia, y nobleza obliga a destacar el hecho.  
 
Los equívocos mapas de la senadora Xavier
 
La primera en exponer fue la senadora Mónica Xavier, quien entre otros argumentos a favor de la legalización del aborto, mostró un mapa en el que estaban representadas las zonas del mundo en las cuales el aborto está legalizado y las zonas donde esta práctica no está legalizada. Luego mostró otro mapa con la distribución geográfica de la mortalidad materna por todo tipo de causas -no necesariamente aborto-. La conclusión que sacó la senadora Xavier al cruzar estos dos mapas, fue que en las regiones del mundo donde el aborto no está legalizado, hay más muertes maternas que en aquellas zonas donde el aborto sí está legalizado. Su conclusión fue que para reducir la mortalidad materna, habría que legalizar el aborto.
Lo que probablemente pasó desapercibido a muchos de los presentes -de lejos sólo se podían percibir grandes tendencias continentales en las cuales Uruguay, por su tamaño, pasa desapercibido-, fue que las regiones del mundo donde el aborto está legalizado, son aquellas ocupadas por los países del Primer Mundo. Por su parte, aquellas zonas donde el aborto no está legalizado -al menos totalmente- corresponden mayoritariamente a los países del Tercer Mundo. ¿Acaso no se le ocurrió pensar a la senadora Xavier, que si en el Norte rico hay menos muertes maternas que en el Sur pobre, ello no se debe a que el aborto está legalizado, sino a las tremendas diferencias en el desarrollo económico y tecnológico entre dichas regiones? ¿Debemos pensar acaso que el progreso material de los pueblos y el avance tecnológico son efecto de la legalización del aborto?
Cabe destacar que encontramos en Internet el mapa de muertes maternas presentado por la senadora Xavier (1). ¿Y saben qué? Es de 1990. En esa época, Uruguay se ubicaba en el rango de países que tenían entre 30 y 99 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos. Este rango, era el inmediatamente superior al de los países desarrollados (de 0 a 29).  Para 1997, ya nos ubicábamos en el rango inferior, con 25 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos (2). Hoy, en base a datos tomados de la página web de la Organización Panamericana de la Salud (3), podemos afirmar que en Uruguay, a noviembre de 2002, la tasa de muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, es de 11,1. Por tanto Uruguay, sin legalizar el aborto, ostenta la tasa de muertes maternas más baja de toda América Latina (desde México a Tierra del Fuego), y está -según el mapa presentado por la senadora Xavier- en el mismo rango de muertes maternas que los países desarrollados (de 0 a 29).
Podemos concluir entonces que ni la mortalidad materna -que viene disminuyendo en forma consistente (4)-, ni el aborto provocado en condiciones de riego, son en Uruguay problemas de salud pública que ameriten la legalización de esta práctica. Agradecemos a la senadora Xavier el haber despertado nuestra curiosidad luego de su exposición: de otra forma, quizá nunca hubiéramos dado con las cifras verdaderas.
 
Las medias "verdades" de la Prof. Dra. Graciela Duffau
 
Uno de los puntos fuertes del encuentro -luego de las brillantes disertaciones del diputado Jorge Barrera y de la Dra. María Lourdes González Bernardi-, fue la exposición del Dr. Gurtavo Ordoqui. Con claridad y energía se refirió al eufemístico proyecto de ley de "salud reproductiva", a las mentiras que se dicen sobre las cifras de muertes maternas, y a la posibilidad de que este proyecto figure en el libro Guiness, quedando para la posteridad como el peor proyecto de ley de aborto en el mundo, puesto que considera al aborto como "acto médico" y no respeta la objeción de conciencia institucional, pues obliga a todas las instituciones -incluso católicas- a realizar abortos.
El Dr. Ordoqui se refirió además, al hecho incontestable de que el proyecto de ley de aborto viola la Constitución de la República, en virtud del Pacto de San José de Costa Rica que obliga a respetar la vida "en general" desde la concepción. Estas palabras -"en general", se han interpretado de diferente manera: algunos -como el Dr. Ordoqui- dicen que se refiere al caso de los condenados a la pena de muerte, y otros, al caso de los niños no nacidos. He aquí el punto central del debate sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la ley.
A continuación, la Dr. Graciela Duffau, dejó de lado lo que tenía pensado decir, y dedicó buena parte del tiempo asignado para rebatir las afirmaciones del Dr. Ordoqui sobre el significado de estas palabras. La Dra. Duffau sacó a relucir las opiniones vertidas por los Dres. Cassinelli Muñoz, Gonzalo Aguirre y Gros Espiell, todos ellos profesores grado 5 de la Facultad de Derecho. En términos generales, hizo referencia a la opinión favorable de todos estos catedráticos hacia el proyecto de ley "en general"... Y comentó finalmente la convicción del Dr. Cassinelli Muñoz, acerca de la constitucionalidad de el proyecto de ley de aborto.
Pero, lo que no dijo respecto de las declaraciones del Dr. Aguirre y del Dr. Gros Espiell, fue que ambos cuestionaron seriamente puntos centrales de la ley. A modo de ejemplo citamos extractos de las declaraciones de ambos:
"El profesor Cassinelli Muñoz dice que la expresión "en general", de acuerdo con los antecedentes y con la discusión que se dio en la Conferencia en la que se aprobó la Convención Interamericana de Derechos Humanos, comúnmente conocida como Pacto de San José de Costa Rica, avala la interpretación de que la intención fue dejar una puerta abierta para que hubiera excepciones. Realmente, yo no lo puedo decir porque no he consultado esos antecedentes, pero respetando el texto parecería que no se puede interrumpir la vida humana desde el momento en que hay concepción." Si bien a continuación el Dr. Aguirre comente el error de afirmar que la defensa de un derecho humano fundamental e inherente a la naturaleza humana es una cuestión opinable, culmina su analisis afirmando que "en lo estrictamente jurídico no comparto el punto de vista del doctor Cassinelli Muñoz sobre la interpretación del artículo 72 y del Pacto de San José de Costa Rica."  
Es muy cierto que antes y después de esta afirmación, el Dr. Aguirre se deshace en elogios hacia este proyecto de ley -proyecto que nosotros consideramos lamentable-. Pero no es menos cierto que desde el punto de vista estricamente jurídico, Aguirre afirma que la ley es inconstitucional. Esto fue ocultado por la Prof. Dra. Graciela Duffau a los estudiantes de la Facultad de Derecho y al resto del público que asistió al encuentro en el Paraninfo de la Unviersidad.
 
Y como si esto fuera poco...
 
También ocultó la Prof. Dra. Duffau, las discrepancias del Dr. Gros Espiell con el proyecto de ley de aborto. En efecto, el eximio constitucionalista adimitió que: "si bien me complazco en elogiar el proyecto de ley y la línea que sigue, con toda sinceridad debo decir que discrepo radicalmente, de una manera absoluta, con su artículo 4º. Entiendo –y lo digo con sinceridad y convicción- que constituye un profundo error jurídico y humano el hecho de señalar que la mujer tiene derecho a decidir sobre la interrupción de su embarazo. Esta es una primera cuestión con la que estoy en desacuerdo. No debemos olvidar que para considerar el tema hay que tener en cuenta la Constitución de la República. A mi juicio el gran error en todo el análisis de este proyecto de ley, a nivel de la Cámara de Representantes, radica en que nadie citó el artículo 7º de la Carta -no lo podemos obviar- que dice que toda persona tiene derecho a la protección de su vida. O sea que la protección de la vida es un derecho de raíz constitucional que ninguna ley puede violar. Si hay vida antes del nacimiento -luego vamos a abordar el problema de cuándo comienza la vida- ninguna mujer puede violar ese derecho a la vida. Se trata de un mandato constitucional ineludible." (...) "Según el artículo 7º de la Convención Americana, el derecho a la vida tiene una garantía constitucional directa, y según el artículo 4º, una garantía constitucional indirecta." (...) "deseo agregar un último argumento que creo es importante. Las últimas interpretaciones del artículo 4º de la Convención Americana han dado un paso más que hacen reflexionar mucho, por lo menos a mí. Dicho artículo prohíbe que una mujer embarazada sea ejecutada. ¿Por qué? Porque si se la ejecuta, se estaría poniendo fin a dos vidas: la de la mujer y la otra que lleva dentro de sí, que es autónoma de la mujer. Lo que me eriza y me subleva es que pueda decirse que el problema de una vida humana que está dentro de una mujer es casi de propiedad de la mujer sobre su cuerpo. No; la mujer tiene derecho sobre su cuerpo pero no sobre una vida que está dentro de ella y que tiene un estatuto jurídico autónomo que debe ser respetado". Este último comentario lo realizó también el Dr. Ordoqui durante su exposición, y no fue refutado por la Dra. Duffau.
Es también muy cierto, que el Dr. Gros Espiell opina que el término "en general" abre las puertas a ciertas excepciones en el respeto del derecho a la vida -opinión que naturalmente no compratimos-, y que entiende que el aborto debería admitirse siguiendo criterios causales y no cronológicos -criterios que, curiosamente, sí admite para determinar el momento a partir del cual existe vida humana...-. 
Pero lo grave del caso, es que la Dra. Duffau ocultó en el Paraninfo de la Universidad, la parte positiva de las declaraciones de los Catedráticos Grado 5 de la Facultad de Derecho, por ser contrarias a los intereses que estaba defendiendo.
 
Los erróneos cálculos del Dr. Briozzo
 
Dicen por ahí que una mentira repetida muchas veces, pasa a ser considerada verdad por los incautos. Es preocupante constatar como una senadora de la República y una profestora de la Facultad de Derecho, se andan con vueltas y medias verdades al momento de exponer sus opiniones acerca de un proyecto de ley que trata de la vida humana, por no estar la verdad completa, al servicio de los intereses que dicen defender.
El mismo camino parece seguir el Dr. Leonel Briozzo, aquel que olvidando el principio del tercero excluído, el año pasado en el mismo Paraninfo de la Universidad recurrió al viejo y gastado argumento de la "mola" para negar que existe vida desde el momento de la concepción. En efecto, de acuerdo con el Diario La República del 5 de setiembre del corriente, el Dr. Briozzo dijo en la Comisión de Salud de la Cámara de Senadores, que en Uruguay hay 150.000 muertes maternas por año, mientras que la Sra. Lilián Abracinskas, una de las principales dirigentes feministas y proabortistas de nuestro medio, declaraba un par de años atrás, que en el Uruguay se realizan 15.000 abortos por año... ¿En que quedamos? ¿Son 15.000 o son 150.000? ¿Acaso hubo error de digitación nunca aclarado? No parece, puesto que el único estudio serio realizado en Uruguay sobre el tema -data de fines de la década del ´80- descubrió que en aquella época el número de abortos en Uruguay estaba en el entorno del 10% de los nacimientos (en Uruguay nacen entre 55.000 y 60.000 niños por año).
Para estar cierto de lo erróneo de los cálculos del Dr. Briozzo, basta considerar que con su criterio, por cada hijo vivo habrían en nuestro país, tres hermanos abortados. Una madre de 10 hijos -cosa común en el Pereira Rossell- tendría, siguiendo este criterio, unos 30 abortos encima... Si estos abortos se practicaron en condiciones de riesgo, entonces el número de muertes maternas en relación al número de abortos practicado es aún menos relevante (7 mujeres murieron por aborto provocado en condciones de riesgo entre 1996 y 2001).
No obstante, el Dr. Briozzo parece ser bastante más honesto, pues no oculta información"Tenemos una tasa de mortalidad materna de 2,3 cada 100.000, que es comparable con la de los países desarrollados -dice- pero, en la contracara, lo que queda excluido es la primera causa de muerte materna y, probablemente, nos ubica entre los primeros países del mundo. Desde el punto de vista numérico, está bastante claro que, si no hay cambios integrales de las políticas de salud, no se va a lograr el objetivo de reducir esa cifra". Este dato es sustancialmente menor al que nos brinda la Organización Panamericana de la Salud.
El problema de Briozzo es que saca conclusiones equivocadas, pues sus cálculos se basan en porcentajes de muertes maternas por aborto provocado en relación a otras causas de muertes maternas, y no relaciona tales muertes ni con el número de nacidos vivos, ni con el número de mujeres que mueren por otras causas en el país. Por eso concluye erróneamente, que "el Pereira Rosell presenta cifras asemejables a Etiopía y Nigeria en casos de muerte materna por aborto".
No dudamos que el Dr. Briozzo debe ser un excelente ginecólogo. Pero es un pésimo estadístico. Las cifras absolutas de muertes maternas en el estudio que el mismo Briozzo coordinó, y el índice de mortalidad materna por cada 100.000 nacidos vivos -que es como debe considerarse el asunto- son bien claros en cuanto a que la mortalidad materna -incluida aquella que es consecuencia del aborto provocado en condiciones de riesgo-, está al nivel de los países desarrollados que tienen legalizado el aborto. Es un grave error afirmar que las muertes maternas por aborto provocado constituyen un flagelo en Uruguay, simplemente porque en porcentaje, están menos controladas que otro tipo de muertes durante el embarazo, parto y puerperio. Es evidente que cuando la medicina mejora, las relaciones entre causas de muertes maternas cambian.
En consecuencia:
¿Cómo legalizar el aborto cuando -aparte de que es un homicidio especialmente agravado- éste ni siquiera constituye un problema de salud pública? 
¿Cómo votar una ley que es a todas luces inconstitucional?
En cierto modo comprendemos la actitud de quienes, carentes de argumentos serios en los que basar su postura, recurren al engaño, a la simulación, a las medias verdades.... O, lisa y llanamente, a la mentira...
 
ASOCIACIÓN VIVIR EN FAMILIA
 
(1) http://www.safemotherhood.org/facts_and_figures/maternal_mortality_ratios.htm).
(2) http://www.safemotherhood.org/facts_and_figures/health_around_the_world.htm 
(3) http://www.paho.org/spanish/clap/05mort.htm
(4) La existencia de "años atípicos" -como el 2001-, debe considerarse en el contexto de las tendencias generales.
 

MATRIMONIO Y FAMILIA

 
RESPUESTA DEL DR. GUSTAVO ORDOQUI A UN INTEMPERANTE ARTÍCULO DEL DR. ANTONIO MERCADER (EX-MINISTRO DE EDUCACIÓN Y CULTURA)
 
(La nota en cuestión se puede ver en: http://www.elpais.com.uy/03/09/05/termometro.asp?mnunot=nnacional+termometro)
 
5 de setiembre de 2003
 
Sr. Director del Diario El País
Don Martín Aguirre
Presente.-
 
De nuestra mayor consideración:
 
Motiva esta nota, la necesidad de efectuar algunas precisiones sobre un artículo periodístico titulado “Homosexuales y la iglesia: de mal en peor”, publicado en vuestro prestigioso diario el viernes 5 de setiembre del corriente. En el mismo se critica el folleto “La Iglesia y la homosexualidad”, incurriéndose en importantes errores que pasamos a enumerar:  
En la nota introductoria, firmada por Mons. Nicolás Cotugno, se presenta el contenido del folleto, donde se aclara perfectamente que consta de dos documentos del Magisterio de la Iglesia Católica (el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales” y las citas del Catecismo de la Iglesia Católica referentes a la homosexualidad). Además, se incluye un documento titulado “Homosexualidad”, extractado del Volumen I del Tomo II de la obra “Derecho Médico” (Montevideo, 2002) de nuestra autoría.  En esta introducción, el Arzobispo aclara que dicho documento, se propone “para facilitar la comprensión del Documento de la Iglesia”.
El articulista, en un error inexcusable le atribuye este documento nuestro a la Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal, lo que constituye un grave error, máxime teniendo en cuenta la cita que con toda claridad aparece en la página 11 del folleto.
Entrando al fondo del asunto, y dado que las críticas que se realizan refieren a un artículo escrito por nosotros, entendemos que se hace imprescindible responder a ellas:
1.       El periodista dice: “La Comisión reincide en catalogar la homosexualidad como enfermedad, en contra de la opinión científica mayoritaria”....... Fuimos nosotros y no la Comisión, quienes afirmamos –y lo reiteramos una vez más- que la homosexualidad, es en nuestra opinión, una enfermedad. Esta postura no es sólo nuestra, sino que se funda en la experiencia de un elevado número de especialistas de primera línea que se han pronunciado sobre el particular y a cuyas citas –contenidas en el documento- nos remitimos (ver n. 3).
2.       El articulista se pregunta: “¿Hay o no hay según la Iglesia un condicionamiento biológico en el que basar la tesis de la enfermedad”. pues según él, habrían afirmaciones contradictorias respecto a la incidencia o no de factores biológicos en la homosexualidad. A dicha pregunta contestamos:
a)       La cita textual del documento escrito por nosotros afirma lo siguiente: “Desde un punto de vista científico no existen pruebas concluyentes en el sentido de que el homosexual tenga una constitución biológica diferente al heterosexual, de manera que no hay ningún factor que determine per se las tendencias homosexuales.” (pág. 12) No se niega la posibilidad de que ciertos factores biológicos puedan condicionar las conductas homosexuales: sólo se afirma que ningún factor biológico puede determinar por sí mismo estas conductas. Entendemos por “condicionar”, influir de alguna manera, y por “determinar”, conducir inexorablemente a la realización de un acto. En este sentido, lo que se afirma es que el hombre es libre, y que no puede ser determinado por ciertas inclinaciones biológicas, por fuertes que ellas sean.
b)       Cuando se afirma que no hay pruebas concluyentes sobre el origen biológico de la enfermedad, es porque no las hay en forma tajante ni a favor ni en contra. No es contradictorio por tanto, afirmar que pueden confluir en la manifestación de la homosexualidad, causas biológicas junto a causas socioculturales, educativas, etc.  En algunos casos, ciertos condicionamientos biológicos pueden favorecer las inclinaciones homosexuales, lo cual es muy distinto de afirmar –como se dijo- que las determinan per se.
3.       Más adelante, el periodista intenta desautorizar el documento porque según él, no se citan para “confirmar asuntos tan espinosos” a “enjundiosos investigadores”.
a)       El articulista –quizá como producto de una lectura desatenta- olvida inexplicablemente más de 40 citas que avalan nuestras afirmaciones: incluimos, por ejemplo, las citas de los Dres. Socarides (pág. 13);  Van der Aardweg, Eckert, Friedman, Green, Heston, McConaghy, Rainer, Zuger y Parker (pág. 14); Apperson, Bene, Bieber, Fisher, Pillard, Sipova, Snortum, Fitzgibbons, Bradley, Eisenbud, Zucker, Hadden, Hockenberry, Whitman, Thompson, Newman, Beitchman, Engel, Finkelhor, Gundlach, Golwyn, Fergusson, Herrell, Parris, Zubenko, Gonsiorek, Bychowski, Kaplan, Berger, y de Beauvoir (pág. 16, nota 6); Ovesey, y Lief (pág. 18, nota 9).
b)       Se podrá estar o no de acuerdo con la experta opinión de estos científicos que han estudiado y tratado durante décadas el problema de la homosexualidad. Pero es absolutamente falso afirmar que no se cita a "enjundiosos investigadores". Las citas existen, aunque el articulista no les de importancia por estar, dichas autorizadas opiniones, en contra de sus creencias.
c)       Como si esto fuera poco, el periodista ignoró al parecer, una de las citas más importantes: la que recuerda cómo se excluyó la homosexualidad del manual DSM-IV de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). En la pág. 13 se afirma que esa decisión fue tomada por el 30% de los miembros de la APA. De acuerdo con el Dr. Socarides, psiquiatra, “la APA desconoció los conocimientos científicos y por razones meramente políticas, curó la homosexualidad por decreto.”
4.       El articulista afirma a continuación que “uno de los autores más citados por la Comisión, es un tal Michael Medved  quien lejos de ser una autoridad en temas de homosexualidad es un periodista de espectáculos del diario "The Washington Post".”
a)       Como ya se dijo, fuimos nosotros y no la Comisión quien incluyó las citas del periodista judeo-americano Michael Medved, pero en otro contexto:  las mismas no se toman como referencia científica para probar el origen de la homosexualidad ni para establecer si esta es o no una enfermedad. Antes bien, las citas de Medved se incluyen para aclarar a los fieles católicos y a la población en general, que existe una “agenda homosexual” y que hay quienes pretender imponer en todo el mundo una “cultura gay” (págs. 11 y 12).
b)       Hasta donde sabemos, citar a un periodista cuando habla de investigaciones sobre la realidad cultural de nuestro tiempo, no es un error de método científico. Cabe destacar además, que las citas de Medved fueron extractadas de una intervención suya en el simposio “Homosexuality and American Public Life”, organizado nada menos que por el American Public Philosophy Institute.
5.       El periodista, en su cúmulo de errores, dice: “al barrer, nuestra uruguayísima Comisión de Doctrina arremete contra el mundo” involucrando a la Fundación Rockefeller, Fundación Ford, el Banco Mundial y las Naciones Unidas con la “cultura gay”.
a)       Fuimos nosotros y no la Comisión quienes afirmamos –y reiteramos hoy- que estas organizaciones se utilizan para difundir en todo el mundo el homosexualismo como ideología.
b)       Es por todos conocido que en los organismos mencionados trabajan numerosos activistas homosexuales que promueven políticas favorables a la cultura gay y consiguen fondos para tales fines de fundaciones como las citadas.
6.       En otro párrafo del artículo se afirma que “con oronda ignorancia de la historia” se piensa que “la homosexualidad, lejos de ser aceptada, en realidad fue siempre condenada...”. Pero no provee de prueba alguna que contradiga nuestras afirmaciones y funden su acusación de ignorancia.
7.       Tampoco da citas científicas que contradigan nuestra afirmación acerca de que “cuando existe amistad sincera entre homosexuales, no tienen normalmente relaciones sexuales”.
a)       A esto contestamos con una cita de un trabajo titulado "SEXO, GENERO, IDENTIDAD SEXUAL Y SUS PATOLOGIAS", realizado por dos autoras españolas que no se caracterizan precisamente por escribir “manuales de bolsillo”-, “la conducta homosexual supone una menor relación personal y una mayor dependencia del sexo dada la tendencia a obtener una gratificación sexual inmediata: la consecuencia es que el número de compañeros sexuales se multiplica y que el intento de presentar a una pareja homosexual como el equivalente a un matrimonio feliz no pasa de ser una pretensión sencillamente imposible. El sociólogo alemán Dannecker, que se autodefine homosexual, declaró explícitamente que "la fiel amistad homosexual es un mito".”
b)       Con lo cual, parece quedar claro –lo dice un homosexual en contra de la opinión del periodista- que las relaciones homosexuales no conducen a amistades muy profundas. Y viceversa.
8.       El periodista afirma luego que los autores del trabajo “pudieron ahorrarse (...) alguna descripción brutal de los actos homosexuales, más propia de otro tipo de publicaciones que de un texto de origen eclesiástico”. A lo cual contestamos que:
a)       Como ya dijimos, el folleto publicado por la Iglesia uruguaya, incluye documentos eclesiásticos –que forman parte del Magisterio de la Iglesia universal- y documentos no eclesiásticos –el nuestro- que sólo pretenden contribuir a esclarecer la problemática de la homosexualidad.
b)       No nos sorprende por otra parte, que el articulista se escandalice ante citas que describen con toda crudeza en qué consiste una relación homosexual: es la misma actitud que adoptan quienes promueven el aborto, cuando califican de “terrorismo psicológico” a los videos que permiten conocer esta tremenda realidad...
9.       Decimos para concluir que nos llama poderosamente la atención como en un diario de prestigio como El País, se difunda un artículo como el comentado, que se caracterizó no sólo por el agravio infundado, los comentarios que partieron de frases sacadas de contexto y la tergiversación de información, sino que se llegó al extremo de confundir quien era el autor del texto que se criticaba.
 
Agradecemos al Sr. Director tenga la amabilidad de difundir esta nota de respuesta.
 
Prof. Dr. Gustavo Ordoqui Castilla
 

 
LA IGLESIA Y LOS HOMOSEXUALES
 
Roberto Fuentes
 
No soy católico (me cuento entre el 37% de uruguayos no creyentes) pero no me sorprendieron las declaraciones del posible futuro cardenal uruguayo Cotugno sobre la homosexualidad pues están de acuerdo con el pensamiento bíblico (y de muchas otras antiguas culturas) sobre el tema, aunque se distorsionaron aviesamente con titulares sesgados para hacerlas parecer ridículas o absurdas.
Nadie ha podido determinar si los homosexuales nacen o se hacen (hasta es posible que haya un poco de ambas cosas).
Pero aunque esa gente procura exagerar su número, los estudios científicos han mostrado que lejos de ser un 10% de la población, como proclaman, no llegan a ser un 2% de la misma en todos los países. Se han informado casos de homosexuales que querían dejar de serlo, "curados" o reasignados en su sexualidad por tratamiento por psicólogos, pero Cotugno jamás afirmó que tal desviación fuera en sí una enfermedad, sino que los católicos deberían tratarla como si lo fuera, por razones espirituales.
El poder del lobby homosexual ha llevado hasta que todos los años se realicen coloridas y bullangueras marchas de orgullo gay, que me parecen absurdas por ser similares a marchas de orgullo tuerto o de orgullo rengo, si las hubiera.
Pienso que los homosexuales deben poder vivir con total libertad sus inclinaciones sexuales anormales en tanto lo hagan con discreción y buen gusto, sin pretender hacer pasar su orientación sexual desviada como algo normal o biológicamente justificable.
Por ser una ínfima minoría, pienso también que los homosexuales militantes le están haciendo un muy flaco favor a los otros homosexuales al tratar por todos los medios, con pretensiones exageradas y absurdas como la de poder casarse legalmente o adoptar niños, de provocar una reacción popular que pueda anular muchas de las conquistas legítimas que han logrado en los últimos años.
La homosexualidad ha sido generalmente mal vista por casi todos los pueblos durante miles de años por muy buenas razones. Parece increíble que algunos de ellos piensen que pueden imponer la aceptación general de su desviación mediante la intimidación y el agravio.

 
LA HETEROSEXUALIDAD NO EXISTE
 
Néstor Martínez
 
No existe, porque así, al lado de la homosexualidad, parece que son dos opciones al mismo nivel, cuando en realidad lo que existe es la normalidad sexual, y la homosexualidad, que es una anormalidad.
No se es heterosexual, se es normal. De "heterosexualidad" se habla solamente desde que se habla más de la homosexualidad. La heterosexualidad es la normalidad vista desde el punto de vista del homosexual, o sea, desde el punto de vista de la anormalidad. Hablar de "heterosexuales"  es como hablar de "no daltónicos", o de "no vegetarianos".
El vocablo "heterosexual" es un de esos típicos inventos "no valorativos" de la supuesta tolerancia y objetividad modernas, que al final terminan siendo "antivalorativos", porque terminan equiparando lo normal con lo anormal, el bien con el mal y la verdad con el error.
Al decir "heterosexual", se está dando la impresión de que hay una materia prima amorfa, la sexualidad, que puede recibir tanto la "forma sustancial" de la "heteridad" o la de la "homoidad". Es un gran logro de la "cultura homosexual" (otra palabra...) el haber introducido estos usos lingüísticos que de entrada marcan la cancha con pintura de su color favorito.
No es así, por supuesto. La sexualidad humana es bipolar, es masculina o femenina. No hay heterosexualidad y homosexualidad; lo que hay es sexualidad masculina y sexualidad femenina, y además, desviaciones.
Todo este alboroto actual acerca de la homosexualidad es en buena medida cuestión de palabras, de prestidigitación verbal. Pensemos por ejemplo en la "homofobia". Etimológicamente parecería ser "rechazo a las semejanzas" o "a lo mismo". Sin embargo, se la usa más bien en el sentido contrario, de rechazo a los que son "diferentes". 
"Diferentes" es otra cuestión parecida. Diferentes somos todos, de alguien o de algo. Por eso, si hay "homofobia" ¿no habrá también "heterofobia"? Pero ahí ya caemos en la trampa lingüística señalada arriba. Hablemos mejor de "androfobia" y "ginofobia", o si no queremos ser tan griegos y cultos, de "machofobia" y "hembrofobia" (seguimos algo griegos, igual). ¿No sufren de esta patología muchos defensores del "orgullo gay"?
Por otra parte, es curioso que se utilice la expresión de "rechazo a la diferencia" a propósito del rechazo a la homosexualidad, la cual consiste justamente en la incapacidad de asumir la diferencia de los sexos. Es el homosexual, y no el hetero...perdón, el normal, el que apuesta por la uniformidad y se opone a la diversidad.
El ataque lingüístico alcanza cotas altas con lo de los cinco o seis sexos. O mejor, opciones sexuales. Otra palabra más. Las "opciones" serían: masculino, femenino, homosexual masculino, homosexual femenino y bisexual, que a su vez podría subdividirse en masculino y femenino.
Lo primero que llama la atención es que "masculino" y "femenino" aparezcan también fuera de su casilla propia. Al parecer, todas las "opciones" que no son ni masculinas ni femeninas son o masculinas o  femeninas...
Es interesante también que una de las "opciones sexuales" sea la bisexualidad. Algo así como la "doble opción". O "la opción que es dos opciones". Pero lo central aquí es que esas dos que integran el "bi" son, otra vez, lo masculino y lo femenino. A nadie se le ocurre, y sería muy complicado, que el bisexual fuese el que se relaciona tanto como homosexuales masculinos como con homosexuales femeninos. Además, que de todos modos aparecerían lo masculino y lo femenino al final. Y más complicado aún si el bisexual, en vez de ser solamente,.él o ella mismo o misma, masculino o femenino, fuese también homosexual masculino u homosexual femenino. Entonces tendríamos ocho "opciones", en vez de solamente seis.
Y en realidad, así sería necesariamente en esta hipótesis, porque el bisexual, siendo necesariamente masculino o femenino, siempre va a ser homosexual, masculino o femenino. O sea, que será a la vez homosexual y "heterosexual", por lo que vemos un argumento más para no llamar "heterosexualidad" a la normalidad.
Se nos puede objetar que no hemos entendido nada, que en realidad hay dos opciones básicas: la heterosexualidad y la homosexualidad, y seis derivadas: la heterosexualidad masculina, la femenina, la homosexualidad masculina, la femenina,  y la bisexualidad, masculina o femenina.
Pero si éstas son básicas, y las otras derivadas, no se ve que las derivadas sean combinaciones de las básicas. La combinación sería algo así como la "hetero-homosexualidad", que se cumpliría solamente en el caso del bisexual, así nomás,.a secas. Pero serían el hetero, el homo y el bisexual abstractos, geométricos, ideales, sin cuerpo. Falta algo de orden concreto, aquí,  para lograr todo el exhuberante despliegue de "opciones".  ¿"Hetero" de qué, y "homo" de qué?
Lo que falta, claro, es lo masculino y lo femenino. Pero entonces, son primitivos, y no derivados.
¿Lo primitivo, entonces, sería la masculinidad, la femineidad, la heterosexualidad, y la homosexualidad?.
Ahora bien, la masculinidad y la femineidad ¿son homosexuales, o heterosexuales, o ni una cosa ni la otra?
La ideología de "género" viene a decir, entre otras cosas, que no son ni una cosa ni la otra, sino que culturamente se configuran por una u otra "opción".
Pero eso  no es lo interesante. Lo interesante es que la diferencia varón-mujer es necesaria incluso para caracterizar las nuevas "opciones". Todo ese despliegue de "opciones", además, surge solamente porque se ha admitido el par "heterosexualidad-homosexualidad". Es decir, porque se ha admitido la homosexualidad, puesto que la heterosexualidad, como decíamos al comienzo,  no existe.
¿O sea, que al final lo que tenemos como básico es varón, mujer, y homosexual ?
Pero no hay paridad, tampoco. "Varón" y "mujer" tienen una configuración psicofísica completa. No así "homosexual", que debe pedir prestada, por así decir, parte de su configuración psicofísica a alguno de los otros dos. Tan es así esto, que debemos hablar de "homosexual masculino" o "femenino".
Pero entonces, no es tampoco primitivo. Es derivado. Lo primitivo es "varón" y "mujer". Y sólo lo primitivo es normal. Lo derivado es desviado.
 

 
UNA DECLARACIÓN DEPLORABLE
 
Bonifacio Rey
 
Con fecha 21 de agosto de 2003 el Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) emitió una "Declaración sobre la homosexualidad a propósito de declaraciones públicas del Arzobispo de Montevideo". A continuación transcribimos dicha declaración (en cursiva) y la comentamos casi punto por punto (en letra normal):
 
1. En la edición de “Búsqueda” del 14 de agosto de 2003, se difunde una entrevista al arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, donde se afirma que, “en cierto sentido”, la homosexualidad es una “enfermedad de quien sufre en el propio ser y en la propia carne los desvíos y la desvirtuación de lo que llamamos naturaleza humana”. Más adelante afirma: “Sería como –es peligrosa la comparación- cuando uno tiene una enfermedad contagiosa, que hay que ponerlo en cuarentena para que no contagie a otro. Pero no se trata de echarlo, de condenarlo, de que se muera. Se trata de aislarlo para curarlo. Y una vez curado, vuelve a la comunidad”.
 
La doctrina de la Iglesia Católica:
  • distingue cuidadosamente entre la tendencia homosexual (atracción sexual por personas del mismo sexo) y los actos homosexuales (relaciones sexuales con personas del mismo sexo);
  • considera a la primera como un trastorno psíquico y a los segundos como pecados, es decir como actos humanos contrarios a la voluntad de Dios y a la dignidad del hombre;
  • sostiene que la tendencia homosexual, aunque inclina hacia el pecado a la persona que la sufre, es un factor que sólo la condiciona pero no la determina, manteniendo ésta siempre su libertad esencial y por ende la responsabilidad moral por sus actos conscientes y voluntarios;
  • reconoce la autonomía de la ciencia, por lo cual no pretende suplantar a ésta en la determinación de las causas de orden biológico, psicológico o social de la tendencia homosexual y de las terapias más adecuadas para contrarrestar dichas causas en los órdenes citados.
Con respecto a las dos citas de Mons. Cotugno:
  • La primera se refiere a la tendencia homosexual, la cual, en cuanto anomalía instintiva involuntaria, puede ser considerada como una enfermedad. En cambio la conducta homosexual sólo puede ser llamada "enfermedad" en un sentido analógico. Dado el nivel cultural de los dirigentes del SMU, cabría suponer que saben que en el lenguaje cristiano es muy frecuente referirse al pecado como "enfermedad espiritual".
  • La segunda no se refiere a la homosexualidad, sino a la excomunión, como puede comprobarse fácilmente leyendo el texto completo de la entrevista en cuestión. Probablemente los dirigentes del SMU leyeron sólo el titular respectivo, una frase construida por "Búsqueda" que distorsiona totalmente el pensamiento del Arzobispo. No obstante, la grave falta de competencia o de ética periodística de "Búsqueda" no exime de responsabilidad a los dirigentes del SMU, quienes deberían haberse informado concienzudamente sobre los hechos antes de emitir esta durísima declaración contra supuestas afirmaciones de Mons. Cotugno.
2. La homosexualidad es una opción de la persona humana, dentro del libre ejercicio de los derechos humanos esenciales. No es una enfermedad. Ésta es la concepción actual que hace la Medicina y la Psiquiatría en el mundo de hoy, desde hace décadas.
 
Estas afirmaciones de los dirigentes del SMU contienen varios errores, ambigüedades y omisiones graves:
  • La tendencia homosexual no es ninguna opción de la persona humana, sino una condición que en cierto modo es recibida pasivamente.
  • El comportamiento homosexual sí es el resultado de una libre opción de la persona, pero no constituye de ninguna manera un derecho humano esencial (del mismo modo que la mentira, por ejemplo, es una opción libre pero no un derecho, aunque no siempre sea un delito). Desde el alto pedestal de su profesión, los dirigentes del SMU se pronuncian aquí a favor del homosexualismo, la ideología que pretende presentar a la homosexualidad como una alternativa a la heterosexualidad con el mismo valor moral que ésta. Es evidente que al hacerlo rebasan el ámbito de competencia del SMU, que no abarca el campo de la filosofía moral.
  • Hasta hace 30 años la homosexualidad era generalmente considerada como un trastorno psiquiátrico. En las últimas décadas esta situación ha cambiado, pero por razones ideológicas, no científicas. De todos modos muchos psiquiatras siguen considerando a la homosexualidad como un trastorno y siguen tratándolo como tal, logrando en muchos casos la curación del paciente.
3. Declaraciones del tenor de las del Arzobispo Cotugno, así como todas las expresiones de homofobia (nota 1: HOMOFOBIA: Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Diccionario RAE, 22ª. Edición, 2001, pág. 1225, Tomo II.), discriminación, abuso y agresión, son responsables de innumerables patologías en las personas que sufren dicha exclusión social, tanto psicológicas como físicas, terminando algunas de ellas en suicidios.
  • En este punto la declaración del Comité Ejecutivo del SMU se hunde en el pozo de la calumnia y la infamia:
  • A los dirigentes del SMU no parece importarles que el Evangelio de Jesucristo, cuyo anuncio es la razón de ser de la Iglesia Católica, sea un mensaje de amor, perdón y salvación destinado a todos los hombres sin excepción; ni parece importarles que sea una fuente inagotable de esperanza y de alegría para innumerables personas (incluyendo muchos homosexuales); ni tampoco les importa, al parecer, que la Iglesia se esfuerce de muchas maneras por ayudar a las personas homosexuales a alcanzar la plenitud humana y cristiana. Se insinúa aquí que la Iglesia Católica, en cuanto sigue condenando la conducta homosexual por ser gravemente inmoral, es culpable de homofobia y de excluir a los homosexuales, hasta el punto de que éstos se ven impulsados al suicidio.
  • Para cualquiera que quiera ver las cosas tal como son, es evidente que la profunda infelicidad que afecta a la mayoría de las personas activamente homosexuales brota del propio estilo de vida homosexual, no de la doctrina católica, a la que la gran mayoría de ellos no se adhiere. No se viola impunemente la naturaleza humana. Pero siempre es bueno tener un chivo expiatorio a mano y la Iglesia Católica es generalmente un buen candidato para ese rol. Sin embargo los dirigentes del SMU ignoran u olvidan cosas demasiadas obvias. Cualquier niño que haya leído el Catecismo podrá explicarles que la Iglesia Católica:
    • enseña a amar a las personas homosexuales, no a sentir aversión obsesiva por ellos.
    • condena el suicidio con tanta o más energía que la conducta homosexual.
    • enseña que Dios está siempre dispuesto a perdonar a cualquier pecador arrepentido, por graves que hayan sido sus pecados y que mientras hay vida hay esperanza de conversión.
4. Las leyes y nuestra sociedad toda, tienen una gran deuda con las personas con opciones sexuales diferentes ya que son objeto de discriminación y crueldad constante sin contar con un ámbito de defensa de sus derechos claramente definido, sin contar con espacios de expresión de sus derechos como personas, individuos productivos de la sociedad y ciudadanos de nuestro país.
  • Esta afirmación puede ser compartida por los católicos en la medida en que se refiera a la discriminación injusta y a verdaderos derechos humanos; pero debe ser rechazada en la medida en que suponga la condena de toda discriminación justa (cf. Artículo 8º de la Constitución de la República) o la existencia de un supuesto "derecho humano" a la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad o cualquier otra "orientación sexual".
  • Inversamente, se puede decir que las personas "con opciones sexuales diferentes" al matrimonio monogámico heterosexual fiel, indisoluble y abierto a la vida tienen una gran deuda con la sociedad en razón del daño que se hacen a sí mismos y a su entorno.
5. Durante siglos la homosexualidad se consideró como enfermedad, en Occidente, hasta que la evolución social, el conocimiento científico y las concepciones más actualizadas han puesto en su debido lugar a esta opción, despojándola de la carga que soportó por siglos de atraso, prejuicios y confusión.
6. Modernamente, y sobre todo a partir de la primera mitad de los años 80 (en el pasado siglo XX) la comunidad científica médica y psiquiátrica internacionales han mudado de opinión, como elemento fundamental de la evolución del pensamiento.
7. La American Psychiatric Association (APA) ha eliminado en la última clasificación de enfermedades mentales a la homosexualidad, como consecuencia de este proceso de revisión. (APA, DSM-IV Sourcebook, 1996).
  • La APA dejó de definir a la homosexualidad como una enfermedad en 1973 ("curándola por decreto") pero, como ya hemos dicho antes, esto no se debió a ningún avance científico, sino a la presión del lobby pro-homosexual. Todavía en 1977 un 69% de los psiquiatras estadounidenses discrepaba con esa decisión de la APA.
8. Las opiniones que el máximo representante de la Iglesia Católica Apostólica Romana en Uruguay expone, quedan claramente en oposición a lo que el avance de la ciencia determina.
9. Es lamentable que a esta altura del siglo XXI existan estos prejuicios, recubiertos de moral, o del prestigio y jerarquía intelectual que supone una investidura religiosa.
  • El Consejo Directivo del SMU falsea la situación real: No es "la ciencia" la que se opone a la doctrina moral sexual católica, sino un sector de la comunidad científica, en general bastante influido por el relativismo filosófico, moral y cultural.
  • Dicha doctrina no proviene de ningún prejuicio, sino que puede ser alcanzada tanto por medio de la fe en la Divina Revelación como por medio del recto ejercicio de la razón. De hecho son muchos los no católicos, no cristianos y aún no creyentes que reconocen la misma ley moral natural predicada por la Iglesia Católica.
10. En todas las comunidades existen ciudadanos y ciudadanas que han realizado libremente esta opción sexual, sin que por ello deban ser aislados, castigados o discriminados de manera alguna.
  • Es muy claro que Mons. Cotugno no ha propuesto nunca aislar, castigar o discriminar injustamente a las personas homosexuales. La presunción contraria de los dirigentes del SMU surge de una lectura superficial o sesgada de la entrevista en cuestión y de una inexcusable falta de diligencia para conocer la verdadera opinión del Sr. Arzobispo al respecto.
11. Justamente, la actitud de monseñor Nicolás Cotugno es claramente anacrónica (nota 2: ANACRONISMO: Error que consiste en suponer acaecido un hecho antes o después del tiempo en que sucedió, y, por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. Diccionario RAE, 22ª. Edición, 2001, pág. 145, Tomo I), porque está fuera de nuestro tiempo y puede inducir a error a la opinión pública en general y a sus fieles creyentes en particular.
  • Ahora los dirigentes del SMU se erigen en intérpretes infalibles de los signos de los tiempos y hacen gala de un paternalismo insolente, pretendiendo suplantar a los legítimos pastores de la Iglesia de Cristo. No parecen recordar que a la Iglesia Católica no le interesa estar a la moda ni adaptarse indiscriminadamente a la corriente dominante del pensamiento de cada época, sino sólo permanecer siempre fiel a Aquel que dijo: "Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
12. No importa aquí involucrar a la Iglesia y sus opiniones sobre sucesos históricos de los que fue protagonista y expresó décadas o siglos después su error y arrepentimiento, tales como la Inquisición, la quema de herejes en la hoguera y otras aberraciones de la fe religiosa.
  • En primer lugar, nótese la hipocresía desbordante de este pobre recurso literario (como la de quien escribiese, por ejemplo: "No te voy a decir el asco que me provocas"). Se les podría contestar en su mismo tono: "No importa aquí recordar que unos cuantos socios del SMU lucran con el sucio negocio del aborto y que otros tienen a cientos de seres humanos congelados en las heladeras de sus clínicas..."
  • En segundo lugar, nótese que se trata de una herramienta retórica muy conocida: el argumento ad hominem (o mejor, ad populum, porque en este caso su destinatario es el Pueblo de Dios), que consiste en descalificar la persona del adversario en lugar de argumentar contra sus ideas. Les faltó mencionar el "caso Galileo" para que el cliché anticatólico fuese perfecto. Dice la sabiduría popular que "en todas partes se cuecen habas" y la historia demuestra que la culpa es algo bastante bien distribuido entre los diversos grupos humanos; no obstante, si bien es "políticamente incorrecto" enrostrar públicamente con dureza las faltas pasadas de las diversas comunidades religiosas, filosóficas o políticas, se suele hacer una única excepción con la Iglesia Católica. Al parecer, tratándose de ella, no es necesario tomar ninguna precaución para evitar la crítica unilateral y sin matices, los juicios anacrónicos y otras faltas de objetividad.
  • En tercer lugar, nótese que se refiere a las "opiniones" de la Iglesia Católica, como si tuviesen el mismo valor que las opiniones vertidas por cualquiera en una charla de café.
13. La homosexualidad ha sido aceptada desde la más remota antigüedad por diversas culturas. Las civilizaciones griega, romana, sumeria, diversas etnias africanas, de Asia y Oceanía, las culturas precolombinas y otras la han practicado corrientemente.
  • Este párrafo es una perla poco corriente de supina ignorancia histórica. Según el Consejo Directivo del SMU civilizaciones enteras han practicado la homosexualidad (si eso fuera verdad no habría que buscar mucho las causas de su extinción). La verdad histórica es muy diferente: La homosexualidad ha sido rechazada en prácticamente todas las culturas y las épocas, salvo en unos pocos pequeños ámbitos, hasta la época presente, en la cual su aceptación va de la mano con la influencia creciente de ideologías materialistas, relativistas, individualistas y utilitaristas.
14. No se trata de promoverla como modelo de conducta. Tampoco de señalarla o condenarla, cualquiera sea el pretexto o circunstancia. Menos aún, de estigmatizarla como una enfermedad infectocontagiosa, pasible de cuarentenas y aislamientos, que sólo pueden ser planteadas por espíritus retrógrados e ignorantes.
  • He aquí una forma muy común de ambigüedad retórica: ¿Qué quiere decir "no se trata de promoverla, de señalarla o condenarla"? ¿Que el SMU no lo hace o que entiende que nadie debe hacerlo? No es posible saberlo, pero la frase suena bien y no compromete demasiado...
  • Los dirigentes del SMU vuelven a la carga con su lectura exenta de buena voluntad del falso titular de "Búsqueda". ¿Cómo pueden uruguayos inteligentes creer sinceramente que el Presidente de la Comisión para la Paz propone poner en cuarentena a los homosexuales (tal vez en algún campo de concentración)? ¿Y cómo pueden tratar a Mons. Cotugno de retrógado e ignorante sin temor a ponerse a sí mismos en ridículo?
15. Sólo los regímenes totalitarios, dogmáticos, los fundamentalismos de todas las ideologías y religiones, en todas las épocas y también en la nuestra, han repudiado, aislado y perseguido a los homosexuales, como a otras comunidades minoritarias (negros, judíos, gitanos o de otras etnias), desde la antigüedad y particularmente desde la Edad Media en Occidente, aún hasta nuestros días.
  • Continúa el tono panfletario: ¿Qué necesidad hay de afinar el análisis y distinguir entre el repudio a las prácticas homosexuales y el repudio a las personas homosexuales? Ello sería engorroso y haría perder fuerza a la argumentación. Pero sí es conveniente hacer mucho hincapié en la Edad Media, esa "edad oscura" en la que todos los males recrudecieron gracias a la Iglesia Católica.
16. Opiniones fundamentalistas de este talante han quebrado –lamentable y dolorosamente muchas veces en la historia- las normas de tolerancia, igualdad, libertad y fraternidad en que deben convivir los ciudadanos, siendo causantes esas actitudes de guerras civiles y religiosas en distintas partes del mundo.
  •  Si la doctrina moral católica, que expone la ley moral natural, hubiera sido respetada siempre y en todo lugar, no sólo no habrían habido homosexuales activos, sino tampoco guerras u opresión; pero resulta que -como también enseña el dogma católico- todos los hombres tenemos una inclinación al mal y pecamos con cierta frecuencia.
17. Con el debido respeto a todas las opiniones e instituciones, incluyendo los derechos de las minorías, estas manifestaciones que comentamos y no compartimos, son expresiones que enrarecen innecesariamente las reglas de convivencia que debemos respetar.
  • Con el debido respeto al Comité Ejecutivo del SMU, manifestamos que esta declaración suya que comentamos y no compartimos es una expresión que enrarece innecesariamente las reglas de convivencia que debemos respetar.
18. En estos tiempos de crisis es que debemos trabajar todos unidos, haciendo salir lo mejor de nosotros para poder lograr superar los obstáculos. No es momento de generar divisiones ni exclusiones, sino de integrar a todos y cada uno de los habitantes de nuestra Patria, libre y democrática, que se nutre con el aporte de sus ciudadanos sin hacer distinción de raza, credo, religión, género o identidad sexual. Insistimos en que la patología no está dada por la libre expresión de sentimientos, pensamientos u orientaciones, sino por la represión retrógrada, antidemocrática y anacrónica de personas que, con su accionar, lesionan a otros seres humanos a los cuales, este Sindicato, les brinda todo su apoyo y solidaridad.
  • En este final de antología, el Comité Ejecutivo del SMU insiste en:
    • rechazar, sin ninguna fundamentación racional válida, la caracterización de la conducta homosexual como un vicio moral;
    • condenar de un modo intolerante a quienes se animan a discrepar con su afirmación de la moralidad de la actividad homosexual;
    • insultar de un modo absurdo y grotesco a un alto dignatario de la Iglesia que congrega a casi dos tercios de los uruguayos. Al hacerlo insulta a cada uno de los dos millones de católicos uruuguayos. En lo personal nos sentimos ofendidos y exigimos una retractación pública.
  • Expresémosle que, si de verdad quiere apoyar a las personas homosexuales, flaco favor les hace atacando a quienes quieren ayudarlos a dejar de lado un estilo de vida antinatural que pone gravemente en riesgo su salud física, psíquica y espiritual y (sí, lo diremos, aunque se oigan risas impías) su salvación eterna.
Una reflexión final para los católicos:
  • Es de suponer que entre los socios del SMU hay católicos fieles al Magiterio de la Iglesia. Cabe esperar que hagan lo posible para hacer ver a sus directivos el serio error que cometieron al emitir esta deplorable declaración.
  • No nos hagamos ilusiones: La reciente ola de ataques políticos y mediáticos sin precedentes a Mons. Cotugno no apunta sólo contra eventuales excesos verbales del Arzobispo sino contra el núcleo mismo de la doctrina moral de la Iglesia Católica entera.
  • La Iglesia Católica ha sobrevivido a muy fuertes enemigos a lo largo de dos milenios; vana pretensión sería la de los dirigentes del SMU si ellos pensaran que van a hacer mella en la voluntad de la Iglesia de seguir siendo la fiel Esposa de Cristo.
  • Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Que Él nos conceda valor para no ceder ante la presión de los poderosos de este mundo cuando éstos intentan apartarnos del seguimiento de Cristo.

 
10 PUNTALIZACIONES SOBRE LA DECLARACIÓN DEL SMU ACERCA DE LA HOMOSEXUALIDAD
 
Álvaro Fernández
 
1. El primer punto de la declaración del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) sobre la homosexualidad, sigue sosteniendo que el Arzobispo de Montevideo se refirió al "aislamiento" de los homosexuales para que "no contagien".  Esto es erróneo. Quizá ello este error no sea responsabilidad directa del SMU, en tanto que fue el periodista del Semanario Búsqueda quien quitó la pregunta sobre la excomunión y dejó ligada la respuesta a una pregunta anterior sobre los homosexuales. El periodista descontextualizó la respuesta, e indujo a error a los lectores. El Sr. Arzobispo estaba respondiendo cuando habló de "aislamiento", de todos los casos de excomunión posibles. Y son muchos.
2. En el segundo punto, se afirma que la homosexualidad es una "opción de la persona humana", y que no es una enfermedad. En los puntos siguientes sigue desarrollando la idea de por qué hoy no se considera enfermedad a la homosexualidad. Sin embargo, se omite aclarar que -como bien dice el documento de la Iglesia sobre la homosexualidad-, que “sólo el 30% de la American Psychiatric Association participó de la votación decisiva que cambió la visión de la homosexualidad” (esto nos recuerda la forma en que ciertos gremios uruguayos resuelven sus problemas). En relación a este punto, el psicoanalista Dr. Charles Socarides, afirma que al haber declarado que la homosexualidad dejaría de ser considerada como una enfermedad mental “la APA desconoció los conocimientos científicos y por razones meramente políticas, curó a la homosexualidad por decreto”. Y cuatro años más tarde, una encuesta realizada entre los psiquiatras, arrojó que “el 69% discrepaba con el voto de la APA y todavía consideraba a la homosexualidad como un trastorno”. Es decir, que la exclusión de la homosexualidad como enfermedad del DSM-IV se debió mucho más al lobby homosexual que presuntos descubrimientos científicos de la medicina moderna. Lo mismo sucedió con el informe Warnock, cuando un grupo de científicos -no "la ciencia"- tuvo que definirse sobrbe el inicio de la vida humana...
3. Se diga lo que se diga, las enfermedades son enfermedades. Y esto no está sujeto a "opinión": ¿qué sucedería si mañana el lobby de quienes padecen Mal de Alzheimer o Prakinson incidiera de tal forma en las asociaciones psiquiátricas al punto de lograr que dichos males dejaran de tratarse como enfermedad? ¿Alguien optaría por padecer Parkinson? Sería muy bueno poder curar todo tipo de enfermedades por decreto; pero es imposible ir contra la realidad.
4. Otro error que se comete en el segundo punto de la declaración del SMU, es achacar a la "homofobia", los suicidios de los homosexuales. De acuerdo con la opinión de prestigiosos psicólogos, en muchas ocasiones las tendencias homosexuales de algunas personas se manifiestan cuando estas padecen graves cuadros depresivos. Por tanto, es allí donde debe buscarse la causa del suicidio, y no en la presunta discriminación de los obsesivos homófobos... A propósito, ¿por qué, si la homofobia es una enfermedad psiquiátirica -una aversión obsesiva hacia las personas homosexuales-, se cita como fuente para definirla el Diccionario de la Real Academia Española y no el DSM-IV publicado por la APA? 
5. Como está claro para todo buen entendedor -para todo aquel que no tenga prejuicios infundados ideológicamente- la Iglesia Católica no discrimina ni discriminará injustamente a nadie. Ni a los pecadores arrepentidos, ni a aquellos que padecen una enfermedad.
6. Por otra parte, entendemos que si el Sindicato Médico del Uruguay yerra cuando manifiesta que la homosexualidad no es una enfermedad -o cuando menos una disfunción, una discapacidad-, ¿qué podemos esperar cuando empieza a hablar de historia, de inquisiciones y de hogueras? Basta estudiar un poco de esta materia para darse cuenta el papel positivo que jugó la Inquisición en su tiempo. Entre otras cosas, cabe destacar que esta institución llevaba a los acusados a juicio para evitar los linchamientos populares, con lo cual se salvaron muchas vidas inocentes. En este sentido, el SMU cae en un gravísimo ancacronismo, que según la definición de la RAE, es un error que consiste en suponer acaecido un hecho antes o después del tiempo en que sucedió, y, por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. (Diccionario RAE, 22ª. Edición, 2001, pág. 145, Tomo I.). Esta cita aparece al pie de la Declaración del SMU. Es curioso como por un lado, el SMU juzga la actitud del Arzobispo como atada al pasado, sin relación con el presente -cuando en realidad se trata de una doctrina incambiada e inmutable, como toda enseñanza verdadera-; y por otro, el mismo SMU juzga el pasado desde el punto de vista de quien vive en el presente. Esto sí es, a todas luces, un anacronismo..  
7. Es cierto que la Iglesia pidió disculpas por sus errores. ¿Qué institución está libre de cometerlos en 2000 años de historia? Por otra parte ¿qué otra institición, qué otra religión siguió su ejemplo? ¿Es que nadie más se equivocó?  Además, cabe suponer que si la Iglesia pidió perdón por todos los errores cometidos por sus fieles, también lo pidió por aquellos que afirmaron y que afirman, dentro de la Iglesia, doctrinas contrarias a la del Magisterio respecto de la homosexualidad...
8. Luego, como no podía ser de otra manera, se invoca el viejo y querido "fundamentalismo". Está maléfica palabrita se nos endilga a quienes afirmamos que existen verdades objetivas, y bienes y males objetivos, actos intrínsecamente desordenados